lunes, 15 de septiembre de 2008

Videncia: Tratado Sobre Magia Blanca

Tratado Sobre Magia Blanca
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul



REGLAS PARA LA MAGIA

REGLA UNO

El Ángel Solar se recoge en sí mismo, no disipa su fuerza, sino que en profunda meditación se comunica con su reflejo.

REGLA DOS

Cuando la sombra ha respondido, el trabajo prosigue en profunda meditación. La luz inferior es proyectada hacia arriba; la luz su¬perior ilumina a los tres, y el trabajo de los cuatro prosigue.

REGLA TRES

La Energía circula. El punto de luz, producto de la labor de los cuatro, crece y aumenta. Miríadas se reúnen en torno de su calor resplandeciente, hasta que merma su luz y su fuego disminuye. Después será emitido el segundo sonido.

REGLA CUATRO

El sonido, la luz, la vibración y la forma se entremezclan y fusio¬nan, y así el trabajo es uno. Prosigue de acuerdo a la ley, y nada puede impedir que avance el trabajo. El hombre respira profun¬damente. Concentra sus fuerzas y arroja de sí la forma mental.

REGLA CINCO

Tres cosas preocupan al Ángel Solar antes de que la envoltura creada descienda; la condición de las aguas, la seguridad de aquél que así crea y la constante contemplación. De ese modo están aliados para el triple servicio, el corazón, la garganta y el ojo.

REGLA SEIS

Cuando el ojo se abre, los devas de los cuatro inferiores sienten la fuerza, son expulsados y pierden a su amo.

REGLA SIETE

Las fuerzas duales son vistas en el plano donde debe descubrirse¬ el poder vital; los dos senderos enfrentan al Ángel Solar; los polos vibran. Aquél que medita debe hacer una elección.

REGLA OCHO

Los Agnisurias responden al sonido. El flujo y el reflujo de las ¬aguas. Que el mago cuide de no ahogarse en el punto donde la tierra y el agua se unen. El punto medio, que no es seco ni hú¬medo, debe proporcionar el lugar donde él asiente sus pies. Donde se unen el agua, la tierra y el aire, ése es el lugar en que debe hacerse el trabajo mágico.

REGLA NUEVE

Después sobreviene la condensación. El fuego y las aguas se en¬cuentran; la forma se dilata y crece. Que el mago ubique su forma en el sendero apropiado.

REGLA DIEZ

A medida que las aguas bañan la forma creada, éstas son absorbi¬das y utilizadas. La forma acrecienta su fuerza; que el mago con¬tinúe hasta que su trabajo sea suficiente. Que los constructores ex¬ternos cesen su trabajo y los constructores internos inicien su ciclo.

REGLA ONCE

Aquel que trabaja con la ley, tiene ahora que llevar a cabo tres co¬sas: Primeramente, descubrir la fórmula que confine las vidas den¬tro de la muralla esferoidal; luego, pronunciar las palabras que le expresen a esas vidas qué deben hacer y dónde llevar lo que ha sido hecho; finalmente, pronunciar la frase mística que lo salvaguardará de su trabajo.

REGLA DOCE

La trama palpita. Se contrae y dilata. Que el mago se apodere del punto medio a fin de liberar a esos "prisioneros del planeta" cuya nota está correcta y exactamente afinada con aquello que debe ser hecho.

REGLA TRECE

El mago debe reconocer a los cuatro; observar en su trabajo el tono violeta que evidencian, y así construir la sombra. Cuando esto ocurre, la sombra se reviste a sí misma y los cuatro se convierten en siete.

REGLA CATORCE

El sonido aumenta. Se acerca la hora del peligro para el alma valerosa. Las aguas no han dañado al creador blanco y nada pue¬de ahogarlo ni mojarlo. Ahora amenaza el peligro del fuego y de las llamas, sin embargo se observa tenuemente el humo que se eleva. Que él, después del ciclo de paz, acuda nuevamente al Ángel Solar.

REGLA QUINCE

Los fuegos se acercan a la sombra, sin embargo no la queman. La envoltura del fuego se ha terminado de construir. Que el mago entone las palabras que fusionan el fuego y el agua.

TRATADO SOBRE FUEGO COSMICO, págs. 785 806.



OBSERVACIONES PRELIMINARES

Los Tres Aspectos del Hombre

OBSERVACIONES DE PREFACIO

Al estudiar y considerar cuidadosamente las ideas expues¬tas en este libro deben tenerse presente ciertos conceptos básicos:

Primero, que lo más importante para el estudiante no es la personalidad de determinado instructor, sino el grado de verdad que éste representa, de ahí la capacidad para discernir entre la ver¬dad, la verdad parcial y lo falso.

Segundo, que el acrecentamiento de la enseñanza esotérica trae acrecentada responsabilidad exotérica. Cada estudiante debe hacer un consciente balance de sí mismo, y recordar que la com¬prensión llega aplicando al problema y medio ambiente inmedia¬tos el grado de verdad captada, y que la conciencia se expande empleando la verdad impartida.

Tercero, que la adhesión dinámica en el sendero elegido y una firme perseverancia para vencer y permanecer inconmovible ante todo lo que pueda acontecer, son requisitos indispensables que conducen al portal de acceso a un reino, a una dimensión y a un estado del ser, conocido interna o subjetivamente. Este estado de comprensión produce cambios en la forma y en el medio ambiente, comparables a su poder.

Estas tres sugerencias merecen un minucioso estudio y su significación deberá ser captada en cierta medida, antes de lograr un real progreso. No me corresponde indicar la aplicación indi¬vidual y personal de las enseñanzas impartidas. Esto lo debe ha¬cer cada estudiante por sí mismo.

"Has conservado inteligentemente las enseñanzas, libre de toda autoridad extraña, y no hay en tus libros principios esotéri¬cos de autoridad o respaldo jerárquico, tales como los que han producido las estrechas limitaciones de ciertos organismos y gru¬pos eclesiásticos tan diferentes como la Iglesia Católica, la Cien¬cia Cristiana y aquellos que creen en la inspiración verbal de las Escrituras y en numerosas asociaciones denominadas esotéricas. La desgracia de muchos grupos ha sido ese constante rumoreo: «Aquellos que saben, desean...» «El Maestro dice» «Los Grandes Seres Ordenan... » y el grupo, como rebaño de ovejas, se atropella ciegamente en el afán de obedecer. Creen que mediante su mal orientada devoción se relacionarán con ciertos personajes autori¬zados, acortando así el camino para llegar al cielo.

"Has sabido conservar y cuidar sabiamente los libros, de las reacciones de aquellos que pretenden ser maestros, adeptos e ini¬ciados. Mi anonimato y estado deben ser respetados, y mi rango debe ser considerado sólo como el de un estudiante más avanzado, el de un aspirante a esa expansión de conciencia, que para mí sig¬nifica un paso más. Sólo es importante la parte de verdad que pue¬da exponer; sólo es vital la inspiración y la ayuda que pueda dar a cualquier peregrino en el sendero; lo que he aprendido por me¬dio de la experiencia está a disposición de todo aspirante sincero; y la amplitud de visión que puedo impartirles (debido a que he escalado la montaña un poco más), es mi principal aporte. Los es¬tudiantes son libres de reflexionar sobre estos puntos y de pres¬cindir de inútiles especulaciones acerca de las informaciones deta¬lladas sobre personalidades insignificantes y condiciones ambien¬tales."

El tema a tratar será la Magia del Alma, y el pensamiento clave de todo lo que pueda aparecer en este libro, lo hallarán en las palabras del Bhagavad Gita:

"Aunque soy el que no ha nacido, el alma que no muere; aun¬que soy el Señor de los Seres; no obstante, como señor de mi natu¬raleza, me manifiesto por medio del poder mágico del Alma". B. G., IV. 6.

Lo estadístico y lo académico son bases necesarias y pasos preliminares en la mayoría de los estudios científicos, pero en este libro centraremos la atención sobre el aspecto vida y la aplicación práctica de la verdad a la vida diaria del aspirante. Estudiaremos cómo llegar a ser magos prácticos y en qué forma podemos vivir mejor la vida del hombre espiritual y la del aspi¬rante al discipulado aceptado, en esta peculiar época, estado y medio ambiente.

Para lograrlo, tomaremos las Quince Reglas para la Magia, de mi libro anterior Tratado sobre Fuego Cósmico. Las comen¬taré sin ocuparme de su significado cósmico o solar, o de otras analogías y correspondencias; pero aplicándolas al trabajo del aspirante y dando sugerencias prácticas para desarrollar mejor el contacto y la manifestación del alma. Daré por sentado que los estudiantes poseen ciertos conocimientos, y supongo que podrán seguirme y comprender algunos términos técnicos que me veré obligado a emplear. No trato con infantes, sino con personas ma¬duras que han elegido determinado camino y se han comprome¬tido a "caminar en la luz".

En este libro me propongo hacer cuatro cosas y atraer tres tipos de personas. Referente a su enseñanza, se basa sobre cuatro postulados fundamentales que intentan:

1. Enseñar las leyes de la sicología espiritual como distintas de las de la sicología mental y emocional.
2. Aclarar la naturaleza del alma humana y sus relaciones con el sistema y el cosmos. Como paso preliminar esto incluirá su relación con el grupo.
3. Demostrar las relaciones entre el yo y las envolturas que ese yo pueda utilizar, y así aclarar el pensar general res¬pecto a la constitución del hombre.
4. Elucidar el problema de los poderes supranormales y dar las reglas para su desarrollo útil y sin peligro.

Nos hallamos al final de un gran período de transición, y los reinos más sutiles de la vida nunca estuvieron tan cercanos; los fenómenos inusitados y los acontecimientos inexplicables son aho¬ra más comunes que en épocas anteriores, y lo telepático, lo sí¬quico y lo peculiar, atraen la atención de los escépticos, de los científicos y de quienes estudian religión. Generalmente se bus¬can razones para explicar la aparición de lo fenoménico, y se for¬man asociaciones para su investigación y demostración. Además, muchas personas se desvían del camino en el afán de promover en sí mismas condiciones síquicas y factores que producen ener¬gía y dan origen a la manifestación de peculiares poderes. Este libro tratará de adaptar la información suministrada al esquema de vida tal como lo reconocemos hoy, y demostrar cuán básica¬mente natural y verídico es todo aquello que se califica de mis¬terioso. Todas las cosas están sujetas a la ley, y las leyes deben ser explicadas, ahora que el hombre ha llegado a una etapa de desarrollo en que puede apreciar más exactamente su belleza y realidad.

Tres tipos de personas responderán a la enseñanza de este libro, y son:

1. Esos investigadores de mente abierta, dispuestos a acep¬tar los fundamentos como hipótesis aplicables, hasta de¬mostrar que son erróneas. Serán francamente agnósticos, pero, en su búsqueda de la verdad, deben estar dispuestos temporariamente a ensayar los métodos y seguir las su¬gerencias presentadas a su consideración.
2. Los aspirantes y discípulos estudiarán este tratado a fin de comprenderse mejor a sí mismos para poder ayudar al prójimo. No aceptarán ciegamente sus dictámenes, sino que experimentarán, comprobarán y corroborarán, cuida¬dosamente las etapas y pasos expuestos aquí en esta sec¬ción de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna.
3. Los iniciados arribarán a un significado que no será evidente para los del primer grupo, y sólo es sospechado por los miembros más avanzados del segundo. Internamente conocen la verdad de muchas de las afirmaciones, pero com¬prenderán la actuación subjetiva de muchas de las leyes. Estas leyes de la naturaleza producen efectos en tres esfe¬ras distintas:

a. Físicamente, donde se demuestran como efectos en la forma densa.
b. Etéricamente, donde se manifiestan como energía que subyace detrás de esos efectos.
c. Mentalmente, donde conciernen a los impulsos que producen los otros dos.

Tratado sobre Fuego Cósmico trata especialmente del sistema solar y sólo superficialmente de los aspectos y analogías humanas, en lo que ellas demuestran la relación de la parte con el todo y la unidad con la totalidad.
Este libro se ocupará más específicamente del desarrollo y desenvolvimiento humanos y elucidará las causas responsables de los efectos actuales, señalando el futuro y sus posibilidades y la naturaleza de las potencialidades en desarrollo.
Este libro también versará sobre cuatro postulados funda¬mentales, que el estudiante tendrá que aceptar en carácter de hi¬pótesis, digna de consideración y comprobación. A ningún inves¬tigador sincero de la Sabiduría Eterna se le exige ciega acepta¬ción de cualquier presentación de la verdad; no obstante, se le pide que mantenga una mente abierta y seriamente valore y con¬sidere las teorías e ideales, las leyes y verdades, que han llevado a muchas personas de la oscuridad a la luz del conocimiento y la experiencia. Los postulados podrían ser enumerados de la siguiente manera, por orden de importancia:

I. El primer postulado es que existe en nuestro universo ma¬nifestado la expresión de una Energía o Vida, causa responsable de las diversas formas y de la vasta jerarquía de seres sensibles que componen la totalidad de cuanto existe. Ésta es la denomina¬da teoría hilozoísta, aunque el término sólo sirve para confundir. Esta gran Vida es la base del Monismo, y todos los hombres ilu¬minados son monistas. "Dios es uno", es la expresión de la ver¬dad. Una sola vida impregna todas las formas y éstas son las expresiones en tiempo y espacio, de la energía universal central. La Vida en manifestación produce existencia y ser, por lo tanto es la causa raíz de la dualidad. Esta dualidad, que se percibe cuan¬do está presente la objetividad, y desaparece cuando el aspecto forma se desvanece, tiene muchos nombres, de los cuales y para mayor claridad podríamos enumerar los más comunes:

Espíritu Materia
Vida....................................................................................Forma
Padre .... ..........................................Madre
Positivo ..............................................................................Negativo
Oscuridad ..........................................................................Luz

Los estudiantes deben mantener en la mente esta unidad esencial, aún cuando hablen (como deberán hablar) en términos finitos de esa dualidad, que cíclicamente se evidencia en to¬das partes.

II. El segundo postulado surge del primero, y afirma que la Vida Una, que se manifiesta a través de la materia, produce un tercer factor que es la conciencia. Esta conciencia, resultado de la unión de los dos polos, espíritu y materia, constituye el alma de todas las cosas; compenetra toda sustancia o energía objetiva; subyace en todas las formas, ya sea la de esa unidad de energía que llamamos átomo o la de un hombre, un planeta o un sistema solar. Ésta es La Teoría de Autodeterminación, o la enseñanza de que todas las vidas, de las cuales está formada la vida una, cada una en su esfera y modo de ser, se embeben en la materia, por así decirlo, y asumen formas por cuyo intermedio su peculiar y específico estado de conciencia puede ser comprendido y su vi¬bración estabilizada; así pueden conocerse a sí mismas como exis¬tencias. Nuevamente la vida una se convierte entonces en una entidad estabilizada y consciente mediante el sistema solar, sien¬do por lo tanto esencialmente la suma total de energías de todos los estados de conciencia y de todas las formas de existencia. Lo homogéneo se vuelve heterogéneo, y sin embargo permanece sien¬do una unidad; el uno se manifiesta en diversidad, y no obstante, es inmutable; la unidad central es conocida en tiempo y espacio, como compuesta y diferenciada, y sin embargo cuando no existan tiempo y espacio (pues no son más que estados de conciencia) sólo permanecerá la unidad y únicamente persistirá el espíritu, ade¬más de una acrecentada acción vibratoria y la capacidad para in¬tensificar la luz cuando retorne el ciclo de manifestación.

Dentro de la pulsación vibratoria de la Vida una en manifes¬tación, todas las vidas inferiores repiten el proceso de ser Dio¬ses, ángeles, hombres y miríadas de vidas que se expresan median¬te las formas de los reinos de la naturaleza y las actividades del proceso evolutivo. Todo llega a ser autocentrado y autodeter¬minado.

III. El tercer postulado fundamental es que el desenvolvimiento de la conciencia o la revelación del alma, constituye el objetivo por el cual la vida adquiere forma y también el propósito por el cual se manifiesta el ser. Esto puede ser denominado La Teoría de la Evolución de la Luz. Si se tiene en cuenta que el científico moderno sostiene que la luz y la materia son términos sinónimos, haciéndose eco de las enseñanzas de Oriente, es evi¬dente que mediante la interacción de los polos y la fricción de los pares de opuestos, surge la luz. La meta de la evolución consiste en una serie graduada de manifestaciones de luz. Velada y ocul¬ta en todas las formas se halla la luz. A medida que la evolución avanza, la materia se convierte en un buen conductor de luz, de¬mostrando así la exactitud de la afirmación de Cristo, "Yo Soy la Luz del Mundo".

IV. El cuarto postulado sostiene que todas las vidas se ma¬nifiestan cíclicamente. Ésta es La Teoría del Renacimiento o de la reencarnación, demostración de la ley de periodicidad.

Tales son las grandes verdades subyacentes que constituyen la base de la Sabiduría Eterna o la existencia de la vida y el desarrollo de la conciencia, mediante la cíclica adquisición de la forma.

En este tratado se hará hincapié en la minúscula vida; el hombre "hecho a imagen de Dios", que mediante la reencarna¬ción desarrolla su conciencia hasta florecer como alma perfeccio¬nada, cuya naturaleza es luz y cuya comprensión es la de una identidad autoconsciente. Esta unidad desarrollada debe oportu¬namente fusionarse, participando con plena inteligencia en esa conciencia mayor de la cual forma parte.

Antes de abocarnos a nuestro tema quizás sea útil definir ciertas palabras que emplearemos con frecuencia, para entender¬nos mejor y conocer la significación de los términos que utilizamos.

1. Oculto. Este término se refiere a las fuerzas ocultas del ser y al origen de la conducta, que producen la manifestación ob¬jetiva. La palabra "conducta" se emplea deliberadamente, porque toda manifestación en los reinos de la naturaleza es la expresión de la vida, propósito y tipo de actividad, de algún ser o existen¬cia, y es literalmente la conducta (o naturaleza externa o cuali¬dad) de una vida. El origen de la acción está oculto tras los pro¬pósitos de cualquier vida, sea una vida solar, una entidad pla¬netaria, un hombre, o ese Ser que es la totalidad de los estados de conciencia y de las formas de cualquier reino de la naturaleza.

2. Ley. Una ley presupone una entidad superior que, dotada de propósito y ayudada por la inteligencia, coordina sus fuerzas de tal modo que va madurando un plan en forma secuencial y cons¬tante. Mediante el conocimiento claro de la meta, esa entida activa los pasos y las etapas que, si se realizan ordenadamente, lle¬van el plan a la perfección. La palabra "ley" tal como se entiende comúnmente, da la idea de sometimiento a una actividad recono¬cida como inexorable e inflexible, pero que no es comprendida por el que está sujeto a ella; abarca, desde cierto punto de vista, la ac¬titud de la unidad sumergida en el impulso grupal, y la incapa¬cidad de la misma para cambiar el impulso o eludir la conse¬cuencia; produce inevitablemente en la conciencia del hombre que considera estas leyes, el sentimiento de ser una víctima im¬pelida como una hoja a merced del viento, hacia un fin, del cual sólo es posible especular, regido por una fuerza que actúa aparentemente, ejerciendo una presión ineludible y produciendo resultados grupales a expensas de la unidad. Esta actitud mental se produce inevitablemente, hasta que la conciencia del hombre puede expandirse a tal grado que llega a ser consciente de asun¬tos más importantes. Cuando establece contacto con su yo superior, participa en el conocimiento de lo objetivo y escala la montaña de la visión, su perspectiva cambia y su horizonte se ensancha; entonces llega a comprender que una ley es únicamen¬te el impulso espiritual: incentivo y manifestación de la vida de ese Ser en el cual vive y se mueve. Aprende que ese impulso ex¬presa un propósito inteligente, sabiamente dirigido y basado en el amor. Luego, comienza él mismo a aplicar la ley, trasmitiendo sabia, amorosa e inteligentemente, a través de sí mismo, todo lo que recibe de ese impulso de vida espiritual al que su organismo puede responder, trasmitir y utilizar. Deja de ser un obstáculo y comienza a trasferir. Pone fin al ciclo de vida hermética y au¬tocentrada, y abre de par en par las puertas a la energía espiri-tual. Al hacer esto descubre que la ley, a la cual ha odiado y recelado, es el agente vitalizador y purificador que lo impele a él y a todas las criaturas de Dios, a una gloriosa consumación.

3. Síquico. En lo que concierne al reino humano hay, dos tipos en manifestación,
de esa fuerza mencionada, y deben ser claramente captados. Una fuerza anima a los reinos subhumanos de la naturaleza energía animadora que conjuntamente con la energía de la materia y del yo, produce todas las formas. El efecto de esta conjunción es agregar a la inteligencia embrionaria de la sustancia misma, la sensibilidad latente y la respuesta, lo cual produce ese algo subjetivo que llamamos alma animal. Existen cuatro grados o estados de percepción sensoria:

a. La conciencia del reino mineral.
b. La conciencia del reino vegetal.
c. La conciencia del reino animal.
d. La conciencia de la forma animal, a través de la cual actúa el hombre espiritual que, en última instancia, no es más que un sector del grupo anterior en su presentación más elevada.

Existe también esa fuerza síquica que es resultado de la unión del espíritu con la materia sensoria del reino humano, y produce el centro síquico denominado el alma del hombre, el cual es un centro de fuerza, y la fuerza que custodia o manifiesta, pone en actividad la respuesta y percepción del alma de la vida planetaria, conciencia grupal que trae consigo facultades y conocimientos de orden distintos de los del alma animal. Éstos, finalmente, reemplazan los poderes del alma animal que limitan, deforman y apri¬sionan, dando al hombre una esfera de contactos y conocimientos infalibles, libre de error, que le concede "la libertad de los cielos". Los resultados de la libre acción del alma del hombre sirven para demostrar la falibilidad y la relativa inutilidad de los poderes del alma animal. Aquí deseo demostrar los dos sentidos en que se emplea la palabra "síquico". Luego me ocuparé del crecimiento y desarrollo de la naturaleza síquica inferior, o del alma de los vehículos en que el hombre funciona en los tres mundos; después trataré de elucidar la verdadera naturaleza del alma del hombre y los poderes que entrarán en juego una vez que pueda hacer contacto con su propio centro espiritual, el alma, y vivir en esa conciencia del alma.

4. Desenvolvimiento. La vida en el corazón del sistema so¬lar produce un desarrollo evolutivo de las energías de ese universo, que el hombre finito aún no puede imaginar. Análogamente el centro de energía denominado aspecto espiritual del hombre (mediante la utilización de la materia o sustancia), produce el desarrollo evolutivo de aquello que denominamos alma, y es lo más elevado de las manifestaciones de la forma el reino humano-. El hombre es el producto más elevado de la existencia en los tres mundos. Quiero significar por hombre, el hombre espiritual, un hijo de Dios en encarnación. Las formas de todos los reinos de la naturaleza humano, animal, vegetal y mineral contribuyen a esa manifestación. La energía del tercer aspecto de la divinidad tiende a la revelación del alma o segundo aspecto, que a su vez revela el aspecto más elevado. Debe recordarse que La Doctrina Secreta,* de H. P. Blavátsky, expresa con exactitud esta idea, en las siguientes palabras: "Consideramos la vida como la única forma de existencia, manifestándose en lo que llamamos materia, o que separándolas incorrectamente, denominamos espíritu, alma y materia, en el hombre. Materia es el vehículo para la manifestación del alma en este plano de existencia, y el alma es el vehículo, en un plano más elevado, para la manifestación del espíritu; los tres son una trinidad sintetizada por la vida que los compenetra".

El alma se desarrolla mediante el empleo de la materia, y lle¬ga a su culminación en el alma del hombre. Este tratado versará sobre el desarrollo de esa alma y su descubrimiento por el hombre.

5. Conocimiento. Podría ser dividido en tres categorías: Primero, el conocimiento teórico, incluye todo lo que el hombre co¬noce y percibe, y que ha aceptado debido a las afirmaciones de otras personas y de los especialistas en las distintas ramas del conocimiento. Se funda en autorizadas afirmaciones y contiene elementos que permiten confiar en los escritores, conferencistas e inteligencias entrenadas que actúan en cualesquiera de los nu¬merosos y variados campos del pensamiento. Las verdades acep¬tadas como tales no han sido formuladas o verificadas por quien las acepta, pues carece del entrenamiento y equipo necesarios. Los dictámenes de la ciencia, de la teología y de la religión y los descubrimientos de los filósofos y pensadores de todas partes, matizan el punto de vista y hallan rápida aceptación en la mente no entrenada, la mente común.

Segundo, tenemos el conocimiento discriminativo que con¬tiene una cualidad de selección, y afirma la valoración inteligen¬te y aplicación práctica del método más específicamente cientí¬fico y la utilización de la prueba, la eliminación de lo que no puede ser probado y el aislamiento de esos factores susceptibles de investigación, de acuerdo a lo que se entiende por ley. La mente razonadora, argumentadora, escolástica y concreta, es pues¬ta en actividad con el resultado de que gran parte de lo que es in¬fantil, imposible e inverificable, es rechazado, trayendo como consecuencia el esclarecimiento en el campo de los resultados men¬tales. Este proceso discriminador y científico permitió al hom¬bre conocer gran parte de la verdad respecto a los tres mundos. El método científico, en relación con la mente de la humanidad, desempeña la misma función que el método ocultista de medita-ción (en sus dos primeras etapas de concentración y concentra¬ción prolongada o meditación) en relación con el individuo. Por su intermedio se engendran correctos procesos mentales, y finalmente es eliminado o corregido lo no esencial y las formulaciones incorrectas de la verdad, y el constante enfoque de la atención, sea sobre un pensamiento simiente, un problema científico, una filosofía o una situación mundial, dando por resultado el es¬clarecimiento final y la constante infiltración de ideas correctas y sólidas conclusiones. Los pensadores más destacados en cualesquiera de las grandes escuelas de pensamiento son simples ex¬ponentes de la meditación ocultista, y los brillantes descubri¬mientos de la ciencia, las correctas interpretaciones de las leyes de la naturaleza y la formulación de las correctas conclusiones, ya sea en los campos de la ciencia, la economía, la filosofía, la sicología o en cualquier otro campo, sólo son lo que registra la mente (y en consecuencia el cerebro) de las verdades eternas, e indican que la raza comienza a eliminar la separación entre lo objetivo y lo subjetivo, entre el mundo de la forma y el mun¬do de las ideas.

Esto conduce inevitablemente al surgimiento de la tercera rama del conocimiento, la intuición. En realidad, la intuición es sólo la apreciación mental de algún factor de la creación, de alguna ley de la manifestación y de cierto aspecto de la verdad, conocido por el alma, que emana del mundo de las ideas, siendo de la naturaleza de esas energías que producen todo lo conocido y visto. Estas verdades están siempre presentes y esas leyes eternamente activas; pero únicamente a medida que la mente está entrenada y desarrollada, enfocada y abierta, pueden ser reconocidas, posteriormente comprendidas y finalmente adaptadas a las necesidades y demandas del ciclo y de la época. Siempre han existido quienes entrenaron su mente en el arte del claro pensar, enfocaron la atención en la consiguiente receptividad de la verdad, pero hasta ahora fueron muy pocos y aparecieron de tarde en tarde. Constituyen las mentes descollantes de las épocas. En la actualidad son numerosas y aparecen cada vez con mayor frecuencia. Las mentes de la raza están en proceso de entrenamiento, y muchas al borde de un nuevo conocimiento. La intuición, que guía a los pensadores avanzados hacia los nuevos campos del conocimiento, es sólo la vanguardia de esa omnisciencia que caracteriza al alma. La verdad de todas las cosas existe y se la denomina omnisciencia, infalibilidad y "correcto conocimiento" en la filosofía hindú. Cuando el hombre capta un fragmento de ella y la absorbe en la conciencia racial, se lo denomina formulación de una ley o descubrimiento de uno de los procesos de la naturaleza. Hasta ahora esto ha sido una empresa lenta y fragmentaria. Más adelante, y dentro de no mucho tiempo, la luz afluirá, la verdad será revelada y la raza tomará posesión de su herencia la del alma.

En algunas de nuestras consideraciones deberán forzosamente intervenir las conjeturas. A quienes perciben una visión, vedada a los que carecen del equipo necesario para su captación, se los considera fantasiosos e imaginativos. Cuando muchos la perci¬ben, se acepta su posibilidad, pero cuando la humanidad haya despertado y abierto los ojos, ya no se hará hincapié sobre la visión, sino que se afirmará un hecho y se enunciará una ley. Tal ha sido la historia en el pasado y así será el proceso en el futuro.

El pasado, desde el punto de vista del hombre común, es esencialmente especulativo; el futuro también, pero el hombre mismo es resultado de ese pasado, y el futuro surgirá de la suma total de sus actuales cualidades y características. Si esto es verdad respecto al individuo, también lo es respecto al género humano como un todo. Esa unidad de la naturaleza que denominamos cuarto reino o reino humano, representa aquello que es producto de su herencia física; sus características son el conjunto de su desarrollo emocional y mental, y su acervo es todo aquello que ha logrado acumular, durante los ciclos en que ha luchado con su medio ambiente todos los otros reinos de la naturaleza. Por lo tanto, dentro del reino humano existen potencialidades, estados latentes, características y haberes, que el futuro revelará y que a su vez determinan ese futuro.

He decidido intencionalmente comenzar con lo indefinido y no reconocido. El alma es aún una cuantidad desconocida. No ocupa un real lugar en las teorías de los investigadores académicos y científicos. No ha sido comprobada, y es considerada aún por los académicos más liberales como una posible hipótesis, pe¬ro indemostrable. No es aceptada como una realidad en la con¬ciencia de la raza. Sólo dos grupos de personas la aceptan como tal; uno de ellos el crédulo, no evolucionado, infantil, educado en las enseñanzas de cualesquiera de las Escrituras mundiales, es¬tando religiosamente inclinado, acepta sin indagar los postulados de la religión, tales como el alma, Dios y la inmortalidad. El otro es ese pequeño grupo de Conocedores de Dios y de la rea¬lidad, que se agranda constantemente, que sabe que el alma es un hecho por propia experiencia, pero no puede probar satisfactoriamente su existencia al hombre que acepta únicamente lo que la mente concreta puede captar, analizar, criticar y com¬probar.

Los ignorantes y los sabios se encuentran en un terreno co¬mún, como sucede siempre con los extremos. Entre ellos se hallan los que no son del todo ignorantes ni sabiamente intuitivos. Constituyen la masa de personas cultas que poseen conocimientos pero no comprensión, y aún tienen que aprender a diferenciar entre lo que puede captar la mente razonadora, lo que puede ser percibido por el ojo de la mente y aquello que sólo la mente superior o abstracta, puede formular y conocer. Esto finalmente se fusiona con la intuición, "facultad conocedora" del místico inteligente y práctico que relegando la naturaleza emotiva y afec¬tiva al lugar que le corresponde utiliza la mente como punto de enfoque, observando el mundo del alma a través de ese lente.

LOS TRES ASPECTOS DEL HOMBRE

Uno de los medios principales por el cual el hombre llega a comprender esa gran totalidad llamada Macrocosmos Dios, actuando mediante un sistema solar es comprender por sí mis¬mo el mandato délfico "Hombre, conócete a ti mismo", anunciado inspirado, destinado a dar al hombre la clave del misterio de la deidad. Mediante la Ley de Analogía o Correspondencia, los procesos cósmicos y la naturaleza de los principios cósmicos se manifiestan en las funciones, estructura y características de un ser humano. Están expuestos pero no explicados ni detallados. Sirven únicamente para dirigir al hombre por el sendero en el cual podrá descubrir y observar futuros signos e indicaciones más definidas.
La comprensión de esa triplicidad espíritu, alma y cuerpo, está más allá del alcance del hombre, pero puede tenerse una idea de su relación y función coordinada y general, si se lo considera desde el punto de vista físico y de su funcionamiento objetivo.

Tres aspectos del organismo del hombre son símbolos, y sólo símbolos de los tres aspectos del ser.

1. La energía o principio activador, que se retira misteriosamente en el momento de la muerte, y parcialmente durante las horas del sueño o de inconsciencia, y parece utilizar el cerebro como asiento principal de actividad, dirigiendo desde allí el funcionamiento del organismo. Esta energía tiene relación directa y primordial con las tres partes del organismo denominados cerebro, corazón y aparato respiratorio símbolo microcósmico del espíritu.

2. El sistema nervioso, con su complejidad de nervios, centros nerviosos y multiplicidad de partes interrelacionadas y sensibles, sirve para coordinar el organismo, producir la respuesta sensible entre los numerosos órganos y partes que lo constitu¬yen, y también para hacer al hombre consciente y sensible de su medio ambiente. Este mecanismo sensorio produce la percep¬ción organizada y la sensibilidad coordinada en el ser humano; primero, dentro de sí mismo como unidad, y segundo, como res¬puesta y reacción sensible al mundo en el que desempeña su parte. Esta estructura nerviosa que coordina, correlaciona y pro¬duce actividad grupal externa e interna, se manifiesta principal¬mente a través de tres partes del sistema nervioso:

a. Sistema cerebro espinal.
b. Sistema sensorio nervioso.
c. Sistema periférico nervioso.

Está íntimamente relacionado con el aspecto energía, y es el mecanismo utilizado por esa energía para vitalizar el cuerpo, pro¬ducir su actividad y funcionamiento coordinados y lograr una rela¬ción inteligente con el mundo en el cual debe desempeñar su par¬te. Está detrás, si puedo utilizar tal expresión, de la naturaleza cor¬pórea propiamente dicha y de la masa de carne, hueso y músculo, motivada y controlada a su vez por dos factores:

a. La suma total de energía que es la cuota individual de energía vital.
b. La energía del medio ambiente donde se encuentra el in¬dividuo, en el cual tiene que actuar y desempeñar su parte.

Este sistema nervioso coordinador, esta red de nervios inter¬relacionados y sensibles, es el símbolo del alma del hombre y la forma externa y visible de una realidad espiritual interna.

3. Finalmente, existe lo que puede describirse como el cuer¬po, conjunto de carne, músculo y hueso, que el hombre lleva con¬sigo, interrelacionado por el sistema nervioso y energetizado por lo que llamamos vagamente su "vida".

En estos tres, la vida, el sistema nervioso y el conjunto cor¬póreo, hallamos el reflejo y símbolo de la totalidad mayor; me¬diante un estudio detenido y la comprensión de sus funciones y relación grupal, podemos llegar a comprender algunas de las leyes y principios que dirigen las actividades de "Dios en la na¬turaleza" frase sublimemente veraz y finitamente falsa.

Los tres aspectos de la divinidad, o la energía central o espíritu, la fuerza coordinadora o alma, y aquello que ambas uti¬lizan y unifican, constituyen en realidad un principio vital, que se manifiesta en la diversidad. Estos son los Tres en Uno, el Uno en Tres, Dios en la naturaleza y la naturaleza misma en Dios.

Como ilustración y extendiendo el concepto a otros sectores del pensamiento, esta trinidad de aspectos puede verse funcio¬nando como enseñanzas esotéricas, en el mundo de las religio¬nes, en la simbología y doctrinas fundamentales de las grandes religiones mundiales y en las organizaciones exotéricas; en el gobierno constituye la suma total de la voluntad del pueblo, cualesquiera sean las leyes promulgadas y la administración exotérica; en la educación es la voluntad de aprender las artes y las ciencias y los grandes sistemas educativos exotéricos; en la filosofía es el impulso hacia la sabiduría, las escuelas in-terrelacionadas de pensamiento y la presentación externa de las enseñanzas. En esta forma esta eterna triplicidad subsiste en to¬dos los sectores del mundo manifestado, ya sea considerada como lo tangible o lo sensible y coherente, o como aquello que energetiza. A esa actividad inteligente se la ha denominado torpemen¬te "percepción"; constituye la capacidad de percibir implicando así una respuesta sensible al medio ambiente y el mecanismo de esa respuesta, la divina dualidad del alma; finalmente, es la suma total de aquello con que se ha hecho contacto y se conoce, y lo que el mecanismo sensible llega a percibir. Como veremos más adelante, es la comprensión que aumenta en forma gradual, pasando continuamente a reinos más esotéricos e internos.

Estos tres aspectos se perciben en el hombre, divina uni¬dad de la vida. Primero, los reconoce en sí mismo; luego los ve en todas las formas de su medio ambiente, y finalmente aprende a relacionar estos aspectos de sí mismo con análogos aspectos en otras formas de manifestación divina. La relación correcta entre las formas dará como resultado la armonización y el correcto ajuste de la vida en el plano físico. La debida respuesta al me¬dio ambiente dará por resultado la correcta relación con el as¬pecto alma, oculto en todas las formas, y producirá correctas relaciones entre las distintas partes de la estructura nerviosa in¬terna, existente en todos los reinos de la naturaleza subhumana y superhumana. Esto es prácticamente desconocido, pero está siendo rápidamente reconocido; cuando llegue a ser comprobado y comprendido, se descubrirá que en ello reside el fundamento de la hermandad y de la unidad. Así como el hígado, el corazón, los pulmones, el estómago y otros órganos del cuerpo, funcio¬nan y existen independientemente y, sin embargo están unidos y conectados en el cuerpo, mediante el sistema nervioso, así se descubrirá que tanto los organismos como los reinos de la natu¬raleza tienen su vida y funciones independientes, y no obstante están coordinados y correlacionados por un amplio y complicado sistema sensorio, denominado a veces el alma de todas las cosas, el anima mundi, la conciencia subyacente.

Cuando tratamos de las triplicidades, tales como espíritu al¬ma cuerpo, vida conciencia forma, empleadas con tanta frecuen¬cia al hablar de la deidad, es de valor recordar que se refieren a diferenciaciones de la vida una, y cuanto mayor número de es¬tas triplicidades conozcamos, en mayor armonía estaremos con un grupo cada vez más amplio. Pero cuando nos ocupamos de co¬sas ocultas y subjetivas, y el tema sobre el cual se escribe trata sobre lo indefinible, entonces se tropieza con dificultades. No es difícil describir la apariencia personal de un hombre, su ropaje, forma y cosas de las cuales está rodeado. El lenguaje es suficien¬temente amplio para definir lo concreto y el mundo de la forma. Pero cuando se trata de dar una idea de su cualidad, carácter y naturaleza, encaramos inmediatamente el problema de lo desco¬nocido, esa zona indefinible e invisible que presentimos, pero que en un sentido más amplio permanece sin revelar, y hasta incom-prendida por el hombre mismo. ¿Cómo describirlo entonces me¬diante el lenguaje?

Si eso es así respecto al hombre, ¿cuánto mayor, será la difi¬cultad para expresar con palabras esa inexpresable totalidad de la cual se considera que los términos espíritu, alma y cuerpo, son las diferenciaciones principales? ¿Cómo definiremos esa indefinible vida que los hombres, para mayor comprensión, han limitado y separado en una triplicidad de aspectos o personas, dando al todo el nombre de Dios?

No obstante, cuando la trinidad en que diferenciamos a Dios se emplee universalmente y durante épocas, y cuando todos los pueblos antiguos y modernos empleen la misma triplicidad de ideas para expresar el conocimiento intuitivo, entonces se justificará su empleo. Quizás algún día podamos pensar y expresar la verdad en forma diferente, pero para el pensador común de hoy los términos espíritu, alma y cuerpo, representan el cúmulo de la manifestación divina, tanto en la deidad del universo como en esa divinidad menor, el hombre mismo. Dado que este tratado está destinado al ser humano pensador y no a los teólogos cristalizados ni a los científicos que prefieren las teorías, utilizaremos la acostumbrada terminología y trataremos de comprender qué fundamento han tenido las frases con que el hombre ha tratado de explicar a Dios Mismo:

"Dios es espíritu, y quienes Lo adoran deben adorarlo en es¬píritu y en verdad", afirma una de las Escrituras del mundo. "El hombre se convirtió en un alma viviente", dice en otro lugar la misma Escritura. "Ruego a Dios que vuestro entero espíritu, al¬ma y cuerpo, puedan mantenerse intachables", dijo un gran iniciado de la Logia Blanca; y el más grande de todos, presente aún en forma física en la tierra, repitió las palabras de un sabio anterior, cuando dijo: "He dicho que Dioses sois y todos hijos del Altísimo". En estas palabras la triplicidad del hombre, su divi¬nidad y relación con la vida en Quien vive, se mueve y tiene su ser, son tratados brevemente desde el punto de vista cristiano, y todas las grandes religiones, en frases análogas, se ocupan de esa relación.

a. Espíritu, Vida, Energía.

La palabra espíritu se aplica a ese impulso o Vida indefinible, sutil y esencial, causa de toda manifestación. Es el aliento de Vida y esa afluencia rítmica de energía vital, que a su vez se manifiesta como fuerza atractiva, conciencia o alma, siendo la suma total de la sustancia atómica. Es la correspondencia o analogía, en la gran Existencia o Macrocosmos, de lo que en la pequeña existencia o microcosmos, constituye el factor vital inspirador, denominado la vida del hombre; lo indica el aliento en su cuer¬po, el cual se abstrae o retira cuando termina el curso de su vida.

¿Quién podrá decir qué es este algo? Lo retrotraemos al alma o aspecto conciencia y del alma al espíritu (como llamamos a los tres aspectos del aliento uno), pero en realidad, ¿quién tiene el valor de decir lo que significan estas palabras? Este algo desconocido es denominado con distintos nombres, de acuerdo a nuestra particular escuela de pensamiento; tratamos de expresarlo en palabras y terminamos por llamarlo Espíritu, Vida Una, Mónada, Energía. Recordemos que la comprensión respecto a esta vida una es puramente relativa. Quienes están sumergidos en el aspecto forma de la existencia piensan en términos de vitalidad física, sensación, impulso o fuerza mental, y no van más allá de esa unificada vida conciencia, de la cual lo mencionado son diferenciaciones. Por otra parte quienes se interesan en el acer¬camiento metafísico y en la vida del alma, más que en el aspec¬to forma, expresan su concepto en términos de manifestación del alma y pasando más allá de las reacciones egoístas perso¬nales de la naturaleza corpórea piensan en términos de vida, cualidad, voluntad o poder grupales, de coordinación grupal o amor sabiduría, como también de inteligencia o conocimiento gru¬pal, abarcando todo con el término genérico de hermandad.

Pero aún eso se considera separatista, porque separa en unidades mayores, que lo inferior es incapaz de captar. Por lo tanto, el iniciado, especialmente después de la tercera iniciación, empieza a pensar aún más sintéticamente y a expresar la verdad para sí mismo en términos de Espíritu, Vida, el Uno. Estos términos le indican algo significativo, pero tan apartado del concepto de la humanidad pensante común, que es inútil extenderme más so-bre ello.

Esto me ha conducido a un punto que debe ahora ser dilucidado antes de ampliar el tema. En el párrafo anterior y en Tratado sobre Fuego Cósmico se dice, con frecuencia, que en la enseñanza se llega hasta cierto punto y después se desiste, declarando que debido al punto alcanzado en la evolución del hombre común, su reacción a la verdad será distinta de la del discípulo estudiante o de la del iniciado. Esto necesariamente debe ser así; cada uno interpreta lo que lee según su estado de conciencia; no todos lo hacen en forma tan avanzada como quienes están en una etapa superior en la escala de evolución. Sin embargo, el lector común pone objeciones al obligársele a reconocer puntos de vista más amplios que los propios, y la frase: "Es inútil extenderme sobre esto porque sólo sería comprendido por un iniciado", sólo sirve para exasperarlo; tiende a hacerle creer que intenta evadirse y que el escritor (por haberse internado demasiado) procura salvar la situación con una declaración de esta naturaleza. Así como un tratado científico resultaría sin sentido y una mera confusión de palabras para el escolar primario, pero aportaría definición y sentido claros al experto en la materia, debido al entrenamiento y desarrollo mental, del mismo modo existen aquellos para quienes el tema del alma y su naturaleza, de acuerdo a como se trata en una instrucción como ésta, es tan nítido y lúcido como lo es la li¬teratura actual para el lector medio y las obras populares para el público en general. De igual modo, aunque en menor número, exis¬ten esas almas avanzadas para quienes el espíritu y su natura¬leza es también un tema racional y comprensible, que puede ser apreciado y comprendido a través del alma y sus poderes, así como es posible llegar a un entendimiento del alma mediante el uso correcto de la mente. En un nivel completamente inferior, sabemos cuán fácil es comprender la naturaleza del cuerpo físico por el estudio y el correcto empleo de la naturaleza del deseo. Es una especie de orgullo y de no querer reconocer las limitaciones temporarias que despierta en el lector el desagrado por ciertas frases que dicen apropiada y verazmente: "Cuando estén más evo¬lucionados comprenderán lo antedicho". Esto debe ser aclarado.

Para el Maestro de Sabiduría, la naturaleza del espíritu o ese centro positivo de vida que cada forma oculta, no es más misterioso que la naturaleza del alma para el sicólogo esotérico. La fuente de esa vida una, el plano o estado de donde emana esa vida, es el gran Misterio Oculto para los miembros de la Jerar¬quía de adeptos. Para los iniciados superiores al tercer grado, el estudio y tema de sus investigaciones es la naturaleza del espí¬ritu, su cualidad y tipo de energía cósmica, su grado de vibración y sus diferenciaciones cósmicas y básicas. Así obtienen en ese estudio una intuición bien desarrollada, unida a esa capacidad mental interpretativa que han desarrollado en su ciclo de en¬carnación. Emplean la luz interna ya despierta y desarrollada de sus almas para interpretar y comprender esa vida que (separa¬da del mundo de las formas) persiste en los niveles superiores de la conciencia y penetra en nuestro sistema solar desde algún centro externo del ser. Irradian esa luz (que existe en ellos y que manipulan y utilizan) en dos direcciones, debido a que se encuentran en ese estado intermedio, actuando preferentemente en el plano de la intuición o búdico. Vierten esa luz en el mundo de la forma y conocen todas las cosas, interpretándolas correc-tamente; irradian esa luz en los reinos amorfos de los tres planos superiores (sin forma desde el punto de vista del hombre en los tres mundos inferiores al plano intuitivo) y tratan de com¬prender por el crecimiento expansivo y constante, la naturaleza y el propósito de lo que no es ni cuerpo ni alma, ni fuerza ni materia, pero la causa de ambos en el universo.

Oportunamente, cuando el iniciado ha pasado por las inicia¬ciones solares superiores y puede actuar en la conciencia total de la mónada, entonces es posible percibir aquello que hasta está disociado de la forma grupal y de esas envolturas nebulosas que velan y ocultan al Uno. Los tipos más elevados de concien¬cia actúan desde el plano de la mónada, así como el iniciado de grado inferior actúa desde el plano del alma y utiliza los órga¬nos de percepción (si esta frase tan poco convincente es permiti¬da) y los medios de conocimiento sobre los cuales el hombre común no tiene idea alguna; penetran o incluyen dentro de su radio de comprensión esa totalidad de vida, conciencia y forma, de¬nominada Dios. Estos iniciados de alto grado comienzan a per¬cibir una vibración, una luz reveladora, una nota o sonido, que indica la dirección que emana totalmente desde fuera de nuestro sistema solar. La única forma para poder apreciar el proceso se¬guido en la expansión de la divina conciencia del hombre, es estudiar la relación de la mente y el cerebro, y observar lo que ocurre cuando el cerebro se convierte en instrumento inteligente de la mente; luego estudiar la relación del alma con la mente, y lo que acontece cuando el hombre es dirigido por el alma y uti¬liza la mente para controlar las actividades del plano físico me¬diante el cerebro. En los tres alma, mente y cerebro tenemos la analogía y la clave para la comprensión del espíritu, el alma y el cuerpo, y sus funciones mutuas. Éste fue el tema del libro La Luz del Alma. Después de haber perfeccionado las condicio¬nes a las cuales se refiere ese libro, sobreviene otra expansión, cuando el aspecto espíritu, la fuente emanante de la energía del hombre, comienza a emplear el alma (vía la intuición) y a plasmar en la conciencia del alma estas leyes, conocimientos, fuerzas e inspiraciones, que harán del alma el instrumento del espíritu o mónada, así como el hombre individual en la primera etapa se convirtió (por medio de la mente) en instrumento del alma. En dicha etapa el desarrollo fue dual. A medida que el alma asumió control, por intermedio de la mente, el cerebro respondió al alma. El hombre fue despertando a fin de conocerse a sí mismo, tal como realmente era, y a los tres mundos de su evolución normal; más tarde llegó a ser consciente del grupo y ya no era un individuo separado. A medida que el alma va quedando bajo el dominio del espíritu, pueden verse dos etapas análogas.

Primero, el discípulo llega a ser consciente no sólo de su grupo y otros grupos afines, sino que su conciencia se expande hasta lo que podría denominarse conciencia planetaria.
Segundo, empieza a fusionar esa percepción planetaria en algo más sintético, y paulatinamente desarrolla la conciencia de esa vida más grande, que incluye la vida planetaria, así como el hombre incluye en su manifestación física a organismos vivientes tales como el corazón o el cerebro. Cuando esto tiene lugar, empieza a comprender el significado del espíri¬tu, la vida una que está detrás de todas las formas, la energía central, causa de toda manifestación.

La primera reacción del estudiante común al leer lo antedicho es pensar inmediatamente que la naturaleza corporal expresa cualquier tipo de energía. Así la dualidad es la cosa observada, y aquello que utiliza la cosa, presente en su mente. Sin embargo, una de las principales necesidades que actualmente enfrentan los aspirantes esotéricos, es tratar de pensar en términos de la realidad que es la energía misma y nada más. Por lo tanto, es de valor recalcar en la dilucidación de este complicado tema, el hecho de que el espíritu y la energía son términos sinónimos e intercambiables. únicamente comprendiendo esto podemos reconciliar la ciencia con la religión y llegar a una verdadera captación del mundo de los fenómenos activos que nos rodean y en el cual nos movemos.

Los términos orgánico e inorgánico son grandemente responsables de tanta confusión, y también de las bien definidas diferenciaciones que existen en las mentes de muchas personas, entre cuerpo y espíritu, vida y forma, lo cual ha conducido a no admitir la naturaleza esencial e idéntica de ambos. El mundo en que vivimos es considerado por la mayoría como realmente sólido y tangible, que posee sin embargo algún poder misterioso oculto en él, y que engendra movimiento, actividad y cambio. Esto lógicamente está expresado en forma burda, pero es suficiente para resumir tal ignorante actitud.

El científico ortodoxo se ocupa generalmente de las estructuras y relaciones, de la composición de las formas, de la actividad de las partes que componen la forma y de sus interrelaciones y dependencias. Son tema de sus investigaciones los productos y elementos químicos y las funciones y partes que desempeñan, y también su mutua interacción al constituir todas las formas en todos los reinos de la naturaleza. La naturaleza del átomo, de la molécula y de la célula, sus funciones, las cualidades de sus manifestaciones de fuerza y los distintos tipos de actividad, y la solución del problema respecto al carácter y naturaleza de las energías enfocadas y localizadas en las diferentes formas del mundo natural o material reclaman la consideración de las mentes más capacitadas del mundo del pensamiento. No obstante, las preguntas ¿qué es la Vida?, ¿qué es la Energía?, ¿cuál es el proceso de llegar a Ser y cuál es la naturaleza del Ser?, quedan sin respuesta. El problema de por qué y cuál es la causa, se considera infructuoso, especulativo y casi insoluble.

No obstante, mediante la razón pura y el correcto funciona¬miento de la intuición, pueden ser resueltos estos problemas y responderse a tales preguntas. Su solución es una de las revelaciones y realizaciones comunes de la iniciación. Los únicos biólogos verdaderos son los iniciados en los misterios, porque tienen comprensión de la vida y de su propósito y se hallan tan identificados con el principio vida, que piensan y hablan en términos de energía y sus efectos; todas sus actividades, en conexión con la obra de la Jerarquía planetaria, se basan en unas pocas fórmulas fundamentales que se refieren a la vida a medida que ésta se hace sentir a través de sus tres diferenciaciones o aspectos: ener¬gía, fuerza, materia.

Se debería observar aquí que sólo cuando el hombre se comprende a sí mismo, puede llegar a comprender el summum denominado Dios. Ésta es una verdad familiar y esotérica, pero si se la practica conduce a una revelación, lo cual hace que el actual "Dios Desconocido" sea una realidad conocida. Permítanme ilustrar.

El hombre se conoce a sí mismo como un ser viviente y llama muerte a ese misterioso proceso por el cual se retira ese algo que califica comúnmente como aliento de vida. Al retirarse, la forma se desintegra. La fuerza cohesiva y vitalizadora ha desaparecido y se disuelve en sus elementos esenciales aquello que hasta ahora ha sido considerado como el cuerpo.

Este principio vida, esta esencialidad básica del Ser y este factor misterioso y evasivo, es la analogía en el hombre de eso que llamamos espíritu o vida, en el macrocosmos. Así como la vida en el hombre mantiene unida, anima, vitaliza e impulsa la forma a la actividad y lo hace un ser viviente, así la vida de Dios como la llama el cristiano lleva a cabo idéntico propó¬sito en el universo y produce ese conjunto coherente, viviente y vital, llamado sistema solar.

Este principio Vida se manifiesta en el hombre en forma triple:

1. Como voluntad orientadora, propósito e incentivo bá¬sico. Es la energía dinámica que pone en acción a su ser, lo trae a la existencia, fija el término de su vida, lo lleva a través de un largo o corto período de años y se retira al finalizar su ci¬clo de vida. Este espíritu del hombre se manifiesta como vo¬luntad de vivir, de ser, de actuar, de crecer y de evolucionar. En su aspecto inferior actúa a través del cuerpo o naturaleza mental, y en conexión con el físico denso se hace sentir mediante el cerebro.

2. Como fuerza coherente. Es esa cualidad esencial y sig¬nificativa que hace a cada hombre diferente, produce esa compleja manifestación de disposiciones, deseos, cualidades, complejos, inhibiciones, sentimientos y características, que dan origen a la sicología peculiar del hombre. Es el resultado de la interacción entre el aspecto espíritu o energía, y la ma¬teria o naturaleza corpórea. Es el característico hombre sub¬jetivo, su colorido o nota individual; es lo que establece la actividad vibratoria de su cuerpo; produce un tipo particular de forma, y es responsable de la condición y naturaleza de sus órganos, glándulas y aspecto externo. Es el alma y en su aspecto inferior se lo puede ver actuando a través de la naturaleza emocional o astral y, en conexión con el cuerpo físico denso, por medio del corazón.
3. Como actividad de los átomos y células que compo¬nen el cuerpo físico. Es la suma total de esas diminutas vidas, que constituyen los órganos humanos que forman todo el hombre. Tienen vida propia y una conciencia estrictamente individual e identificada. Este aspecto del principio vida ac¬túa por medio del cuerpo etérico o vital y, en conexión con el mecanismo sólido de la forma tangible, a través del bazo.

Por lo tanto, recordemos que no es posible dar una defini¬ción del espíritu como tampoco de Dios. Cuando se dice que el espíritu es la causa inexpresable e indefinible, la energía ema¬nante, la vida una, la fuente del ser, la totalidad de todas las fuerzas, de todos los estados de conciencia y de todas las formas, el conglomerado de vida y aquello que está activamente mani¬festado en esa vida, el yo y el no yo, la fuerza, y todo lo que la fuerza motiva, en realidad estamos eludiendo el problema, pre¬tendiendo hacerlo imposible y ocultando la verdad detrás de un torrente de palabras. Sin embargo, esto es inevitable hasta el momento en que la conciencia del alma es alcanzada y conocida, y el Uno sin forma percibido a través de la clara luz de la in¬tuición.

Una de las primeras lecciones a aprender es que nuestra mente, por no responder aún a las intuiciones ocultas, no pue¬de asegurar si ésta, aquella o tal condición son así; que hasta no actuar en nuestra conciencia del alma, es imposible decir lo que es o lo que no es y hasta no habernos sometido al en¬trenamiento necesario- no estaremos en condiciones de ne¬gar o afirmar nada. Deberíamos adoptar una actitud de inves¬tigación razonable, pues nuestro interés debiera ser el del filósofo investigador, dispuesto a aceptar una hipótesis basada en su posibilidad, pero resuelto a no reconocer nada que no sea una verdad comprobada, conocida por nosotros y en nosotros mismos. Yo, aspirante a los misterios superiores, que los he investigado durante un período más largo de lo que ha sido posible para mu¬chos, puedo escribir sobre cosas que hasta ahora fue imposible demostrar a ustedes o al lector de estas instrucciones. Para mí pueden ser y son verdades y hechos comprobados, y eso me es suficiente. Ustedes deberían considerarlas como indicaciones y posibilidades significativas, respecto a la dirección en que se podría buscar la verdad, pero más allá de ese punto no deberían ir. En el conjunto de estas instrucciones reside su valor y lo descubriremos en la estructura o armazón subyacente en las afir¬maciones coordinadas y correlacionadas que deben ser conside¬radas en su totalidad y no en forma detallada, y por dos razones:

1. El lenguaje, como se dijo anteriormente, no revela la verdad, la oculta. Si se reconoce la verdad, es porque el es¬tudiante investigador ha descubierto un punto de verdad en sí mismo que sirve para iluminar sus pasos a medida que avanza lenta y gradualmente.

2. Hay muchos tipos de mentes y no puede esperarse que los datos suministrados en este tratado, por ejemplo, sean de interés general. Debe tenerse presente que todas las personas son unidades de conciencia, exhaladas de una de las siete emanaciones de Dios. Por consiguiente, hasta sus mónadas, o aspecto espiritual, son inherentemente distintas, de la misma manera que en el prisma (que es una unidad) existen los siete colores diferenciados. Aún esto es así debido a la natura¬leza y punto de vista y al mecanismo de percepción del hom¬bre, cuyo ojo registra y diferencia los variados grados de luz vibratoria. Estos siete grupos subsidiarios producen a su vez variedad de perspectiva, mentalidad y acercamiento, que va¬rían, aunque son igualmente correctos, pero presentan todos un ángulo de visión levemente diferente. Cuando a la com¬prensión de esto se unen factores como ser las diferentes eta¬pas de evolución, las distintas nacionalidades y característi¬cas, las diferencias inherentes, producidas por medio de la interacción entre el cuerpo físico implicado y el medio am¬biente, será evidente que ningún acercamiento a temas tan complejos como la naturaleza del espíritu y el alma, podrán tener una definición general ni se someterán a una termino¬logía universal.

b. El Alma, el Mediador o Principio medio.

Existen dos ángulos o puntos de vista, desde donde se debe comprender la naturaleza del alma: uno, es el aspecto del alma en relación al cuarto reino de la naturaleza, es decir, el humano; el otro, es el de los reinos subhumanos, los cuales, como se re¬cordará, son reflejo de los tres superiores.

Debería recordarse que el alma de la materia, el ánima mun¬di, es el factor sensible en la sustancia misma. La respuesta de la materia en todo el universo, y esa facultad innata en todas las formas, desde el átomo físico hasta el sistema solar astronó¬mico, produce la innegable actividad inteligente que todas las cosas manifiestan. Se la puede denominar energía atractiva, co¬herencia, sensibilidad, vivencia, percepción o conciencia, pero quizás más iluminador sería decir que el alma es la cualidad manifestada por todas las formas. Es ese algo sutil que diferencia un elemento de otro, un mineral de otro. Es la intangible natu-raleza esencial de la forma, que en el reino vegetal determina si germinará una rosa o una coliflor, un olmo o un berro; es ese tipo de energía que diferencia la variadas especies del reino ani¬mal y hace que un hombre sea distinto de otro en aspecto, naturaleza y carácter. El científico ha clasificado, investigado y ana¬lizado las formas; se han seleccionado y adjudicado nombres a los elementos, a los minerales, a las formas de vida vegetal y a las distintas especies de animales; se ha estudiado la estructura de las formas y la historia de su progreso evolutivo y se han hecho deducciones y llegado a conclusiones, pero la solución del problema de la vida misma, escapa aún al más sabio, y hasta que la comprensión de la "trama de la vida" o cuerpo de vitalidad, que fundamenta toda forma y vincula a cada parte de una for¬ma con todas las demás, no sea conocida y reconocida como rea¬lidad en la naturaleza, el problema quedará insoluble.

Quizás sea algo más factible definir al alma que definir al espíritu, porque muchas personas, habiendo experimentado al¬guna vez la iluminación, cierto desenvolvimiento, elevación y beatitud, se han convencido de la existencia de un nivel de con¬ciencia tan alejado de lo común, que los lleva a un nuevo estado del ser y a un nuevo nivel de conciencia. Es algo que se siente y se experimenta, e involucra esa expansión síquica que ha re¬gistrado el místico a través de las épocas, a la que se refirió San Pablo cuando dijo que fue "arrebatado hasta el tercer cielo" y que oyó cosas que no es lícito que un hombre las pronuncie. Cuando el oído y la vista registran experiencias en esos niveles, tenemos entonces al ocultista más el místico.

1. El alma, macrocósmica y microcósmica, universal y humana, es esa entidad que viene a la existencia cuando los aspectos es¬píritu y materia se relacionan mutuamente. Por lo tanto:

a. El alma no es ni espíritu ni materia, sino que relaciona a ambos.
b. El alma es la intermediaria de esta dualidad; constituye el principio medio, el vínculo entre Dios y Su forma.
c. El alma es, por consiguiente, otro nombre para el principio crístico, ya sea en la naturaleza o en el hombre.

2. El alma es la fuerza atractiva del universo creado y (cuan¬do actúa) mantiene todas las formas unidas de tal modo que, a través de ellas, la vida de Dios puede manifestarse o expresarse. En consecuencia:

a. El alma es el aspecto constructor de formas y el factor atractivo de todas las formas del universo, del planeta, de los reinos de la naturaleza y del hombre (que reúne en sí todos los aspectos); trae la forma a la existencia; le permite desarrollarse y crecer a fin de albergar más adecuadamente la vida inmanente; impele adelante a todas las criaturas de Dios en el sendero de la evolución, a través de un reino tras otro, hacia una meta final y una gloriosa consumación.
b. El alma es la fuerza de la evolución misma y esto esta¬ba presente en la mente de San Pablo cuando habló de "Cristo en vosotros, esperanza es de gloria".

3. El alma se manifiesta de diferentes maneras en los varia¬dos reinos de la naturaleza, pero su función es siempre la misma, ya se trate de un átomo de sustancia y del poder que posee para mantener su identidad y forma y llevar a cabo su correspon¬diente actividad, o una forma en cualesquiera de los tres reinos de la naturaleza, mantenida en coherencia, manifestando sus ca¬racterísticas, llevando su propia vida instintiva y trabajando en conjunto hacia algo más elevado y mejor. Por lo tanto, el alma:

a. Proporciona las marcadas características y las diversas manifestaciones de la forma.
b. Actúa sobre la materia, obligándola a asumir ciertos contornos, a responder a ciertas vibraciones y a construir esas formas fenoménicas específicas que en el mundo del plano físico reconocemos como mineral, vegetal, animal y humano y para el iniciado también existen otras formas.

4. Las cualidades, vibraciones, colores y características de todos los reinos de la naturaleza, son cualidades del alma, como lo son los poderes latentes en determinada forma, que tratan de expresarse y demostrar potencialidad. Al terminar el período evolutivo, todas éstas revelarán la naturaleza de la vida divina y del alma del mundo esa superalma que está revelando el carácter de Dios. Por lo tanto:

a. El alma, mediante estas cualidades y características, se manifiesta como consciente respuesta a la materia, pues las cualidades se producen por medio de la interacción de los pares de opuestos, espíritu y materia, y su mutuo efecto. Ésta es la base de la conciencia.
b. El alma es el factor consciente en todas las formas, la fuente de esa percepción que registran todas las formas y esa respuesta a las condiciones grupales circundantes que demues¬tran las formas en todos los reinos de la naturaleza.
c. Se puede definir al alma como ese aspecto significativo en cada forma (creado por la unión de espíritu y materia) que siente, registra percepción, atrae y repele, responde o no, y mantiene a todas las formas en una constante actividad vi-bratoria.
d. El alma es el ente perceptor, producido por la unión Padre Espíritu y Madre Materia. Es lo que en el mundo vegetal, por ejemplo, responde a los rayos solares y provoca la apertura del capullo; en el reino animal permite al animal amar a su amo, cazar su presa y llevar su vida instintiva, y hace consciente al hombre de su medio ambiente y de su grupo, permitiéndole vivir su vida en los tres mundos de su evolución normal como espectador, perceptor y actor. Eventualmente lo capacita, en su oportunidad, para descubrir que su alma es dual, y una parte de sí mismo responde al alma animal y la otra reconoce a su alma divina. Sin embargo, en la actualidad, muchos no funcionan plenamente como puramente animales ni estrictamente divinos, pero pueden ser considerados como que son almas humanas.

5. Para mayor claridad, el alma del universo puede ser dife¬renciada o, mejor dicho, reconocida (debido a las limitaciones de la forma mediante la cual tiene que actuar dicha alma) ba¬jo diferentes grados de vibración y etapas de desarrollo. Por lo tanto, la naturaleza del alma en el universo se manifiesta en cier¬tos grandes estados de conciencia, con muchas condiciones inter¬medias, de las cuales se pueden enumerar las más importantes, que son:

a. Conciencia, o ese estado de percepción de la materia misma, debido al hecho que la Madre Materia ha sido fecun¬dada por el Padre Espíritu y así la vida y la materia se han unido. Este tipo de conciencia concierne al átomo, a la mo¬lécula y a la célula, con los cuales están construidas todas las formas. Así se produce la forma del sistema solar, de un planeta y de todo lo que se encuentra sobre o dentro de él.
b. Conciencia sensoria inteligente, es decir, la evidenciada en los reinos mineral y vegetal. Es responsable de la cua¬lidad, forma y colorido, de las formas vegetales y minerales y de sus naturalezas específicas.
c. Conciencia animal, la percepción de la respuesta del alma de todas las formas del reino animal. Produce sus ca¬racterísticas, especies y naturaleza.
d. La conciencia humana o autoconciencia, hacia la cual se ha dirigido paulatinamente el desarrollo de la vida, de la forma y de la percepción, en los otros tres reinos. Este tér¬mino concierne a la conciencia individual del hombre, que en las primeras etapas es más animal que divina, debido al predominio del cuerpo animal con sus instintos y tendencias. H. P. B. define al hombre con exactitud como "un animal más un Dios". Posteriormente, él es más estrictamente humano, pues no es ni esencialmente animal ni totalmente divino, si¬no que fluctúa entre las dos etapas, convirtiendo así al reino humano en el gran campo de batalla entre los pares de opuestos, entre el impulso y la atracción del espíritu y la seducción de la materia o madre naturaleza, y entre lo que se denomina el yo inferior y el hombre espiritual.
e. Conciencia grupal, es la conciencia de las grandes su¬mas o totalidades, alcanzada por el hombre, desarrollando an¬te todo su conciencia individual, summum de las vidas de sus naturalezas animal, emocional y mental, además de la chispa de divinidad que mora dentro de la forma que aquellas producen. Luego viene la percepción de su grupo, especificado en ese grupo de discípulos que trabaja dirigido por algún Maestro, y que para él representa la Jerarquía. La Jerarquía puede ser definida como la totalidad de los hijos de los hombres que ya no están centrados en la autoconciencia individualizada, sino que han entrado en una comprensión más amplia, la de la vida planetaria grupal. Hay etapas en esta comprensión, que van desde ese ínfimo reconocimiento grupal del discípulo en probación, hasta la plena percepción grupal de la vida en Quien todas las formas tienen su ser, la conciencia del Logos planetario, ese "Espíritu ante el Tro¬no", manifestándose a través de la forma de un planeta, así como el hombre se manifiesta por medio de su forma en el reino humano.

Al alma, por lo tanto, podría considerársela como sensibi¬lidad unida y percepción relativa, de lo que está detrás de la forma de un planeta y de un sistema solar, los cuales constituyen la suma total de las formas, orgánicas o inorgánicas, según las diferencia el materialista. El alma, aunque constituye una gran totalidad, está sin embargo limitada en su expresión por la na¬turaleza y la cualidad de la forma en que reside y, en consecuencia, hay formas que responden y expresan altamente al alma y otras que debido a su densidad y a la cualidad de los átomos que las componen son incapaces de reconocer los aspectos superiores del alma o expresar algo más que su vibración, tono o color inferio¬res. Lo infinitamente pequeño es reconocido, lo infinitamente vas¬to se supone, pero será considerado como un concepto hasta el momento en que la conciencia del hombre sea incluyente además de excluyente. Este concepto será comprendido cuando se haga contacto con el segundo aspecto, y los hombres comprendan la naturaleza del alma. Debe recordarse también que así como la tri¬plicidad básica de la manifestación se expresó simbólicamente en el hombre como su cuota de energía (energía física), su sistema nervioso y su conjunto corpóreo, así también el alma puede ser conocida como una triplicidad, analogía superior de lo inferior.

En primer lugar existe lo que se podría llamar la voluntad espiritual esa cuota de la voluntad universal que puede expresar cualquier alma, siendo adecuada para permitir al hombre es¬piritual colaborar con el plan y con el propósito de la gran vida en la que tiene su ser. Existe asimismo la segunda cualidad del alma que es el amor espiritual, cualidad de conciencia grupal, de inclusividad, de mediador, de atracción y de unificación. Ésta es la característica preponderante del alma, y sólo ella la posee co¬mo factor dinámico. El espíritu o mónada, es principalmente la expresión de la voluntad, teniendo el amor y la inteligencia como principios secundarios; la naturaleza corporal, la personalidad, se distingue predominantemente por la inteligencia; pero el alma tiene, en forma destacada, la cualidad de amor que se manifies¬ta además como sabiduría cuando la inteligencia de la naturaleza corporal está fusionada con el amor del alma. La siguiente clasifi¬cación aclarará este concepto.

Mónada Voluntad Propósito

1er. Aspecto.....Voluntad, que permite a la mónada participar en el propósito universal.

2do. Aspecto.....Amor, energía vertida en el alma, que la convierte en lo que es.

3er. Aspecto.....Inteligencia, trasmitida vía el alma y llevada a la mani¬festación por intermedio del cuerpo.

Alma Amor Método

1er. Aspecto.....Voluntad, mantenida en pasividad, pero expresada me¬diante el aspecto mental de la personalidad y del kundalini, que al ser despertado correctamente, posibilita las iniciaciones finales en la conciencia de la mónada.
2do. Aspecto.....Amor, fuerza dominante de la vida del alma; mediante su posesión y tipo de energía, el alma puede estar en relación con todas las almas. Por medio del cuerpo emo¬cional ella puede estar en contacto con todas las almas animales o subhumanas, a través de su actuación en su propio plano, con las almas en meditación de todos los hombres, y por intermedio del principio budi, con el segundo aspecto de la mónada.
3er. Aspecto.....Conocimiento. Este aspecto es puesto en contacto con la inteligencia de todas las células en el triple mecanismo corpóreo.

Un detenido estudio de lo que antecede, evidencia la actua¬ción del alma como mediadora entre la mónada y la personalidad.

La personalidad oculta en sí misma, como un estuche la joya, ese punto de luz del alma llamada la luz en la cabeza. Se halla dentro del cerebro, y sólo se descubre y más tarde se utiliza, cuan¬do el aspecto superior de la personalidad, la mente, está desarro¬llado y activo. Entonces tiene lugar la unión de la mente con el alma, actuando ésta a través de la naturaleza personal inferior.

El alma oculta dentro de sí, como la "joya en el loto" ese don de energía dinámica atributo manifestado de la mónada, la vo¬luntad. Cuando el alma haya desarrollado todos sus poderes y aprendido a incluir dentro de su conciencia todo lo comprendido en "las miríadas de formas que adopta el Ser" entonces es posible a su vez un estado superior o más incluyente, y la vida del alma será reemplazada por la vida monádica. Esto implica la capa-cidad de conocer, de amar y de participar en los planes de una vida que tiene el poder de incluir en su radio de conciencia, no sólo la suma total de las vidas y conciencia de la vida del Logos de nuestro planeta, sino todas las vidas y conciencias dentro de nuestro sistema solar. La naturaleza de esta percepción sólo la puede comprender el hombre que ha llegado al conocimiento del alma. En esta época hay gran necesidad de expertos en la vida del alma y de grupos de hombres y mujeres que, al emprender el gran experimento y la gran transición, agreguen su testimonio a la verdad de las afirmaciones de los místicos y ocultistas de todos los tiempos.

c. El Cuerpo, la Apariencia fenoménica.

No es necesario extendernos mucho sobre esto, pues la na¬turaleza corporal y aspecto forma han sido el objeto de investi¬gación y el tema de reflexión y discusión de los pensadores du¬rante muchos siglos. Gran parte de sus conclusiones son básica¬mente correctas. El investigador moderno admitirá la Ley de Analogía como base de sus premisas y reconocerá a veces que la teoría hermética "como arriba, es abajo" puede arrojar mu¬cha luz a los problemas actuales. Los siguientes postulados po¬drán servir para aclarar esto:

1. El hombre, en su naturaleza corporal, es una suma total, una unidad.
2. Esta suma total se subdivide en muchas partes y orga¬nismos.
3. Sin embargo, estas múltiples subdivisiones funcionan de modo unificado y el cuerpo es una totalidad correlacionada.
4. Cada una de sus partes difiere en forma y función, pe¬ro todas son interdependientes.
5. Cada parte y organismo están a su vez compuestos de mo¬léculas, células y átomos, manteniéndose unidos en forma de un organismo, por la vida de la totalidad.
6. La suma total llamada hombre se divide aproximada¬mente en cinco partes, unas de mayor importancia que otras, pero todas completando ese organismo viviente de-nominado ser humano.

a. La cabeza.
b. El torso superior, la parte arriba del diafragma.
c. El torso inferior, la parte abajo del diafragma.
d. Los brazos.
e. Las piernas.

7. Estos organismos sirven distintos propósitos; de su co¬rrecto funcionamiento y debido ajuste, depende el bie¬nestar de la totalidad.
8. Cada uno tiene vida propia, la suma total de la vida de su estructura atómica, y está también animada por la vida unificada del todo, dirigida desde la cabeza por la voluntad inteligente, o energía del hombre espiritual.
9. La parte importante del cuerpo es esa triple división, la cabeza y el torso superior e inferior. El hombre puede funcionar y vivir sin brazos ni piernas.
10. Cada una de estas tres partes es también triple en el as¬pecto físico, formando así la analogía de las tres partes de la naturaleza del hombre y el nueve de la vida moná¬dica perfecta. Hay otros órganos, pero los enumerados tienen significación esotérica de mayor valor que las otras partes.

a. Dentro de la cabeza tenemos:

1. Los cinco ventrículos del cerebro, o lo que po¬dríamos denominar el cerebro como organismo unificado.
2. Las tres glándulas: carótida, pineal y pituitaria.
3. Los dos ojos.

b. En la parte superior del cuerpo tenemos:

1. La garganta.
2. Los pulmones.
3. El corazón.

c. En la parte inferior del cuerpo tenemos:

1. El bazo.
2. El estómago.
3. Los órganos sexuales.

11. La suma total del cuerpo también es triple:

a. La piel y la estructura ósea.
b. El sistema vascular o sanguíneo.
c. El triple sistema nervioso.

12. Cada una de estas triplicidades corresponde a las tres partes de la naturaleza del hombre:

a. La naturaleza física: La piel y la estructura ósea son analogía del cuerpo denso y etérico del hombre.
b. La naturaleza del alma: Los vasos sanguíneos y el sistema circulatorio son analogías de esa alma que penetra y compenetra todas las partes del sistema solar, así como la sangre llega a todas las partes del cuerpo.
c. La naturaleza del espíritu: El sistema nervioso, cuan¬do energetiza y actúa a través de todo el hombre fí¬sico, es la correspondencia de la energía del espíritu.

13. En la cabeza tenemos la analogía del aspecto espíritu, la voluntad directriz, la mónada, el Uno:

a. El cerebro, con sus cinco ventrículos, es la analogía de la forma física que el espíritu anima en conexión con el hombre, esa quíntuple suma total por la cual el espíritu se expresa en el plano físico.
b. Las tres glándulas en la cabeza están estrechamen¬te relacionadas con el alma, o la naturaleza síquica (superior e inferior).
c. Los dos ojos equivalen a la mónada en el plano físico, la cual es voluntad y amor sabiduría, o atma-¬budi, según la terminología ocultista.

14. La parte superior del cuerpo es la analogía de la triple naturaleza del alma:

a. La garganta, corresponde al tercer aspecto creador o naturaleza corporal, la inteligencia activa del alma.
b. El corazón, amor sabiduría del alma, el principio bú¬dico o crístico.
c. Los pulmones, analogía del aliento de la vida, son la analogía del espíritu.

15. En el torso inferior tenemos este triple sistema:

a. Los órganos sexuales, el aspecto creador, modelador del cuerpo.
b. El estómago, como la manifestación física del plexo solar, es la analogía de la naturaleza del alma.
c. El bazo, el receptor de energía, y por lo tanto la ex¬presión en el plano físico del centro que recibe esta energía, es la analogía del espíritu que energetiza.

El cuerpo vital es la expresión de la energía del alma y tiene la siguiente función:

1. Unificar y vincular la suma total de las formas.

2. Dar a toda forma su cualidad específica, y ello por:

El tipo de materia atraída a esa Parte particular de la trama de la vida.
La posición en el cuerpo del Logos planetario, por ejemplo, de cualquier forma específica.
El particular reino de la naturaleza que está siendo vitalizado.

3. Es el principio de integración y la fuerza cohesiva de la manifestación, en sentido estrictamente físico.

4. Esta trama de vida es la analogía subjetiva del sistema nervioso, y quienes se inician en las ciencias esotéricas pueden, si recuerdan esto, visualizar una red de nervios y de plexos que se extiende por todo el cuerpo, o la suma total de las formas, que coordinan, conectan y producen la unidad esencial.
5. Dentro de esa unidad hay diversidad. Así como los diferentes órganos del cuerpo humano están interrelacionados por la ramificación del sistema nervioso, así dentro del cuerpo del Logos planetario están los distintos reinos de la naturaleza y la multiplicidad de formas. Tras el universo objetivo existe el cuerpo sensible más sutil un solo organismo, no muchos, una sola forma sen¬sitiva, que se conecta y responde.
6. Esta forma sensitiva no sólo responde al medio ambiente, sino que trasmite (desde fuentes internas) ciertos tipos de energía, y podría afirmarse que el objeto de este tratado es considerar los diversos tipos de energía trasmitida a la forma en el reino humano, la respuesta de la forma a los tipos de fuerza, los efectos de esa fuerza en el hombre y su gradual respuesta a la fuerza que emana de:

a. Su medio ambiente, más la de su propio cuerpo físico externo.
b. El plano emocional o fuerza astral.
c. El plano mental o corrientes de pensamiento.
d. La fuerza egoica, sólo registrada por el hombre, de la cual el cuarto reino de la naturaleza es el custodio y tiene efectos misteriosos y peculiares.
e. El tipo de energía que produce la concreción de ideas en el plano físico.
f. La energía estrictamente espiritual o fuerza proveniente del plano monádico.

En el reino humano estos diferentes tipos de fuerzas pueden ser registrados. Algunos de ellos pueden ser registrados en los reinos subhumanos, y el mecanismo del cuerpo vital del hombre está construido de tal modo que mediante sus tres manifestaciones objetivas, el triple sistema nervioso, a través de los siete plexos mayores, los ganglios nerviosos menores y los miles de nervios el entero hombre objetivo puede responder a:

a. Los tipos de fuerza ya mencionados.
b. Las energías generadas en cualquier parte de la trama etérica planetaria de la vida y emanando de ella.
c. La trama solar de la vida.
d. Las constelaciones del zodíaco que parecen tener un efec¬to real sobre nuestro planeta, acerca de las cuales la astrología constituye un estudio aún inmaduro.
e. Ciertas fuerzas cósmicas que, como se comprenderá más adelante, actúan sobre nuestro sistema solar y producen cambios en él y, por consiguiente, en nuestro planeta y en todas las formas de esa vida planetaria y dentro de ella. Esto ha sido mencionado en Tratado sobre Fuego Cósmico.

A todas ellas responde la trama planetaria de la vida y, cuan¬do los astrólogos trabajen en forma esotérica y tengan en cuenta el horóscopo planetario, llegarán más rápidamente a una com¬prensión de las influencias zodiacales y cósmicas.

El ánima mundi es lo que está detrás de la trama de la vida. Esta última es sólo el símbolo físico de esa alma universal, el signo externo y visible de la realidad interna, la concreción de esa entidad sensible que responde y vincula espíritu y materia. A esta entidad se la denomina Alma Universal, principio medio desde el punto de vista de la vida planetaria. Cuando se limita el concepto a la familia humana y el hombre es considerado in-dividualmente, se lo llama principio mediador, porque el alma del género humano no sólo es una entidad que vincula espíritu y materia, mediadora entre la mónada y la personalidad, sino que tiene que desempeñar una función singular como mediadora en¬tre los tres reinos superiores de la naturaleza y los tres inferio¬res. Los superiores son:

1. La Jerarquía espiritual de nuestro planeta, espíritus de la naturaleza o ángeles y espíritus humanos, que se ha¬llan en un punto especial en la escala de evolución. De éstos, Sanat Kumara, que encarna un principio del Logos planetario, es el superior, y un iniciado de primer grado es el inferior, con sus correspondientes entidades, dentro de lo denominado el reino angélico o dévico.
2. La Jerarquía de Rayos ciertas agrupaciones de los sie¬te rayos en relación con nuestro planeta.
3. La Jerarquía de Vidas, extraídas de nuestra evolución planetaria y de otros cuatro planetas, por un proceso evo¬lutivo, encarnan en sí mismas el propósito y el Plan del Logos solar, en relación con los cinco planetas involu¬crados.

Al limitar el concepto al microcosmos, el ego o alma actúa en realidad como el principio medio que une a la Jerarquía de Mónadas con las formas externas diversificadas, que ellas usan sucesivamente en el proceso de:

a. Alcanzar ciertas experiencias, por las cuales se adquie¬ren atributos.
b. Llevar a cabo ciertos efectos, iniciados en un sistema an¬terior.
c. Cooperar en el plan del Logos solar, en relación con Su (si es permitido emplear un pronombre al hablar de una vida que constituye una existencia, no obstante ser un con¬cepto divulgado) karma algo que a menudo se pa¬sa por alto. Este Su karma, debe ser consumado por el mé¬todo de la encarnación y el consiguiente resultado que produce la energía encarnada sobre la sustancia de la forma. Está simbolizado para nosotros, si pudiéramos comprenderlo, en la relación del sol y la luna. "El Señor solar, con su calor y su luz, energetiza a los moribundos Señores lunares para una vida espúrea. Ésta es la gran desilusión, y el Maya de Su Presencia". Así reza El An¬tiguo Comentario citado a menudo en mis obras anteriores. El concepto antedicho encierra en sí una verdad para el alma individual.

Este principio medio se halla en proceso de revelarse ahora. El aspecto inferior está activo. El superior permanece desconoci¬do, pero aquello que los vincula (y al mismo tiempo revela la naturaleza del superior) está en vísperas de ser descubierto. La estructura o mecanismo, ya está preparada y desarrollada, has¬ta donde es de utilidad; la vida vital que puede guiar y movili¬zar la máquina también está presente, y el hombre puede ahora usar y controlar inteligentemente no sólo la máquina, sino tam¬bién el principio activo.

El gran símbolo del alma en el hombre es su cuerpo etérico o vital, por las siguientes razones:

1. Constituye la analogía física del cuerpo interno de luz, llamado el cuerpo del alma, el cuerpo espiritual. Se lo denomina el "cuenco dorado", en la Biblia, y se carac-teriza por:

a. Su cualidad de luz.
b. Su grado de vibración, que se sincroniza siempre con el desarrollo del alma.
c. Su fuerza coherente, vinculando y conectando cada parte de la estructura corpórea.

2. Es la microcósmica "trama de vida", pues subyace en cada parte de la estructura física, y tiene tres propósitos:

a. Llevar por todo el cuerpo el principio vital, la ener¬gía que produce actividad, efectuándolo por medio de la sangre, siendo el punto focal de esta distribución el corazón. Es el portador de la vitalidad física.
b. Permitir al alma humana u hombre espiritual, po¬nerse en armonía con su medio ambiente. Esto se lleva a cabo por intermedio del entero sistema ner-vioso, y el punto focal de esta actividad es el cerebro, asiento de la receptividad consciente.
c. Producir oportunamente, por medio de la vida y la conciencia, una radiante actividad o manifestación de gloria, que hará de cada ser humano un centro activo para distribuir luz y energía atractiva a otros, en el reino humano, y a través de éste, a los reinos sub¬humanos. Esto constituye parte del plan del Logos planetario, cuya finalidad es vitalizar y renovar la vibración de esas formas que designamos huma¬nas.

3. Este símbolo microcósmico del alma no sólo es la base de toda la estructura física, símbolo del ánima mundi o alma del mundo, sino que es indivisible, coherente y una entidad unificada, y simboliza así la unidad y homoge¬neidad de Dios. No existen organismos separados en él, sino simplemente un cuerpo de fuerza que fluye libre-mente, siendo ella una mezcla o unificación de dos tipos de energía en variadas cantidades, energía dinámica y energía atractiva o magnética. Ambos tipos caracterizan análogamente al alma universal, la fuerza de la voluntad y del amor o de atma y budi, y la actuación de ambas fuerzas sobre la materia atrae al cuerpo etérico de to¬das las formas, los átomos físicos necesarios, y -habiéndolos atraído por la fuerza de voluntad, los impele a iniciar ciertas actividades.
4. Este coherente y unificado cuerpo de luz y energía es el símbolo del alma porque contiene dentro de sí siete puntos focales, en los cuales la condensación, si puede denominársela así, de las dos energías mezcladas, se in¬tensifica. Estos corresponden a los siete puntos focales en el sistema solar, donde el Logos solar enfoca Sus ener-gías a través de los siete Logos planetarios. Esto se am¬pliará más adelante. El punto que debe observarse aquí es sencillamente la naturaleza simbólica del cuerpo etérico o vital, pues mediante la comprensión de la naturaleza de las energías desplegadas y la naturaleza unificada de la forma y de la tarea, podrá captarse una idea del trabajo del alma, principio medio de la naturaleza.
5. Si recordamos que el cuerpo etérico vincula al cuerpo estrictamente físico o denso, con el cuerpo puramente sutil, el astral o emocional, entonces el símbolo también se aplica aquí. En esto vemos el reflejo del alma en el hombre, que vincula a los tres mundos (correspondientes a los aspectos sólido, líquido y gaseoso, del cuerpo estric-tamente físico del hombre) con los planos superiores del sistema solar, vinculando así el plano mental con el bú¬dico y la mente con los estados de conciencia intuitivos.


*La Doctrina Secreta, T. l., págs. 97 98.



REGLA UNO

El Ángel Solar se recoge en sí mismo, no disipa su fuerza, sino que en profunda meditación se comunica con su reflejo.


ALGUNAS SUPOSICIONES FUNDAMENTALES

Emprenderemos un curso de estudio donde predominará la tendencia a obligar al estudiante a depender de sí mismo y, por consiguiente, de ese yo superior que en la mayoría de los casos ha hecho sentir su presencia sólo en raros e intensos intervalos emocionales. Cuando el yo es conocido y no simplemente sentido, y cuando la comprensión es tanto mental como sensoria, enton¬ces el aspirante puede ser verdaderamente preparado para la ini¬ciación.

Quisiera señalar que mis palabras están basadas en ciertas suposiciones fundamentales, que para mayor claridad desearía mencionar brevemente.

Primero, que cuando el estudiante es sincero en su aspira¬ción está dispuesto a avanzar, no importa cual sea la reacción del yo inferior, o sobre éste. Sólo podrán trabajar inteligentemente quienes distingan con claridad los dos aspectos de su naturaleza, el yo real y el yo ilusorio. Esto ha sido bien expresado en Los Aforismos de Yoga de Patanjali:

"La experiencia (de los pares de opuestos) se adquiere por la incapacidad del alma para distinguir entre el yo personal y el purusha (espíritu). Las formas objetivas existen para uso y expe¬riencia del hombre espiritual. Meditando sobre esto, surge la percepción intuitiva de la naturaleza espiritual." Libro III, Af. 35.

En el aforismo cuarenta y ocho del mismo Libro hay una afir¬mación que abarca una etapa posterior a la de esta comprensión discriminadora, cualidad discernidora fomentada por una actitud mental de recogimiento y por una cuidadosa y constante atención sobre el método de la recapitulación de la vida.

Segundo, actúo suponiendo que todos han vivido y luchado suficientemente contra las fuerzas adversas de la vida, como para permitirles desarrollar un sentido bastante real de los valores. Presumo que tratan de vivir como aquellos que conocen algo de los verdaderos valores eternos del alma. Que ningún aconteci¬miento de la personalidad los detendrá, ni la presión del tiempo y de las circunstancias, la edad o la incapacidad física. Han apren¬dido inteligentemente que la precipitación entusiasta hacia ade¬lante y el progreso violento y enérgico, tienen sus desventajas, y que con un firme, regular y persistente esfuerzo, a la larga pro¬gresarán más. Los esfuerzos esporádicos y el apremio momentá¬neo se convierten en desgano y en un agobiador sentido de fra¬caso. Es la tortuga y no la liebre, que llega primero a la meta, aunque ambas logran su objetivo.

Tercero, considero que los que con toda seriedad esperan be¬neficiarse por las instrucciones de este libro, estarán preparados para cumplir con estos simples requisitos: leerlo reflexivamente, tratar de organizar la mente y dedicarse al estudio de la medita¬ción. La organización de la mente es una tarea continua, y la apli¬cación de la mente, a todo asunto entre manos durante nuestras ocupaciones diarias, es la mejor forma de hacer fructíferos los períodos de estudio y meditación y de adquirir la aptitud para la vocación de discípulo.

Habiendo quedado bien aclaradas estas suposiciones, mis pa¬labras van dirigidas a quienes tratan de estar a la altura de la necesidad actual de servidores entrenados. Observen que no digo quienes están a la altura para ello. La intención y el esfuer¬zo son considerados por nosotros de primordial importancia, y ambos constituyen los principales requisitos para todo discípulo, iniciado y maestro, más el poder de persistir.

Al considerar estas reglas, no me interesa tanto su aplica¬ción al trabajo mágico mismo, como el entrenamiento del mago, y su desarrollo desde el punto de vista de su propio carácter. Más adelante podremos aplicar el conocimiento a la manifesta¬ción externa de las fuerzas mundiales, pero ahora nuestro obje¬tivo es algo distinto; trato de que las mentes y cerebros por lo tanto el yo inferior de los estudiantes, se interesen en el yo su¬perior, para agudizar en esta forma su interés mental, a fin de generar el suficiente ímpetu que los llevará adelante.

Además no debe olvidarse que una vez que la personalidad ha captado la magia del alma, esa alma dominará constantemente y se podrá confiar en que lleve el entrenamiento del hombre a su fruc¬tificación, sin estar impedido (como lo están ustedes) por los con¬ceptos de tiempo y espacio y por desconocer el curso recorrido anteriormente por el alma implicada. Debe tenerse presente que, al tratarse de individuos, el trabajo requerido es doble:

1. Enseñarles a vincular el yo inferior personal con el alma influyente, de modo que haya en el cerebro físico una conciencia segura respecto a la realidad de ese hecho divino. Este conocimiento evita que la hasta ahora su¬puesta realidad de los tres mundos atraiga y retenga, y es el primer paso para salir del cuarto reino y entrar en el quinto,

2. Darles una instrucción tan práctica que permitirá al estudiante:

a. Comprender su propia naturaleza. Esto implica obte¬ner algún conocimiento de las enseñanzas del pasado res¬pecto a la constitución del hombre, y la apreciación de las interpretaciones de los investigadores modernos tanto orientales como occidentales.
b. Controlar las fuerzas de su propia naturaleza y apren¬der algo referente a las
fuerzas que lo rodean.
c. Capacitarse para desarrollar de tal manera sus poderes latentes que pueda resolver sus propios problemas espe¬cíficos, sostenerse por sí mismo, manejar su propia vida, solucionar sus dificultades y llegar a ser tan fuerte y equilibrado en espíritu, que se le reconozca su aptitud como trabajador en el plan de la evolución, como mago blanco e integrante de ese grupo de discípulos consagra¬dos, denominado la "jerarquía de nuestro planeta".

A quienes estudian estas cuestiones se les pide que amplíen su concepto de esa jerarquía de almas, incluyéndose en ella to¬das las esferas exotéricas de la vida humana política, social, económica y religiosa; también que no restrinjan el concepto, co¬mo lo hacen muchos, únicamente a quienes han traído a la exis¬tencia su propia y pequeña organización particular, o a los que trabajan exclusivamente en el aspecto subjetivo de la vida, y en aquello que los conservadores reconocen como religioso o es¬piritual. Todo lo que tiende a elevar el nivel de la humanidad, en cualquier plano de manifestación, es obra religiosa y tiene una meta espiritual, pues materia es sólo espíritu en el plano más ba¬jo, y espíritu, según se dice, es materia en el plano más alto. Todo es espíritu, y las diferenciaciones sólo son producto de la mente finita. Por lo tanto, todos los colaboradores y conocedores de Dios, encarnados o desencarnados, que trabajan en cualquier campo de la manifestación divina, forman parte de la Jerarquía planetaria y constituyen unidades integrantes de esa gran nube de testigos, los "espectadores y observadores”. Ellos poseen el poder de la vi¬sión o percepción espiritual, además de la visión física u objetiva.

Al estudiar esta regla podríamos resumirla en forma sencilla, aunque profunda, con las siguientes palabras:
1. Comunicación Egoica.
2. Meditación Cíclica.
3. Coordinación o Unificación.

En Tratado sobre Fuego Cósmico estas reglas comienzan con un breve resumen del proceso y una exposición referente a la na¬turaleza del mago blanco.

En esta primera consideración sobre el tema quisiera enume¬rar brevemente los datos proporcionados en el comentario, con el fin de demostrar al aspirante cuánto se le proporciona para su consideración y para su ayuda, si sabe leer y reflexionar sobre lo que lee. La breve exégesis de esta regla expresa lo siguiente:

1. Mago blanco es aquel que está en contacto con su alma. .
2. Es receptivo y consciente del propósito y del plan de su alma.
3. Es capaz de recibir impresiones del reino del espíritu y regis¬trarlas en su cerebro
físico.
4. Se afirma también que la magia blanca:
a. Actúa de arriba abajo.
b. Es el resultado de la vibración solar y por lo tanto de la energía egoica.
c. No es un efecto de la vibración del aspecto forma de la vida, porque está divorciada de la emoción y del impulso mental.
5. La energía que desciende del alma es el resultado de:
a. El constante recogimiento interno.
b. La concentrada y centralizada comunicación del alma con
la mente y el cerebro.
c. La continua meditación sobre el plan de evolución.
6. Por lo tanto, el alma está en profunda meditación durante todo el ciclo de encarnación física, y es lo único que le concierne al estudiante.
7. Esta meditación es de naturaleza rítmica y cíclica, como lo es todo en el cosmos. El
alma respira y por esto vive su forma.
8. Cuando la comunicación entre el alma y su instrumento es cons¬ciente y sostenida, el
hombre se convierte en mago blanco.
9. Por lo tanto, quienes trabajan con magia blanca son invariable¬mente, y debido a la naturaleza misma de las cosas, seres huma¬nos avanzados, pues se requieren muchos ciclos de vida para entrenar a un mago.
10. El alma domina su forma mediante el sutratma o hilo de vida, y (a través de éste) vitaliza su triple instrumento (mental, emo¬cional y físico) y así establece comunicación con el cerebro. A través del cerebro, conscientemente controlado, el hombre es energetizado para realizar una actividad inteligente en el plano físico.

Lo antedicho es un breve análisis de la primera regla para la magia, y quisiera sugerir que en el futuro, a medida que los estu¬diantes meditan sobre estas reglas, hagan un análisis similar. Si proceden de este modo en la consideración de cada regla, encara¬rán toda la cuestión con mayor interés y conocimiento. Además se evitarán la necesidad de releer y valerse de las referencias.

En la consideración del análisis hecho se observará que se ha dado un resumen muy claro y que el estudiante inicia su estudio de magia con una breve comprensión de la situación pasada, de su equipo y del método de acercamiento. Desde el principio se debe¬rá comprender la simplicidad de la idea que he querido impartir a través de mis observaciones. Así como en el pasado el instru¬mento y su relación con el mundo externo constituyó el principal hecho en la experiencia del hombre espiritual, así ahora es posi¬ble efectuar un reajuste donde el hombre espiritual, el ángel solar o alma, constituirá el hecho sobresaliente. También se comprende¬rá que su relación será (por medio del aspecto forma) con los mun-dos interno y externo. El hombre ha incluido en su relación sólo el aspecto forma del campo de la evolución humana común.

Ha utilizado la forma y ha sido dominado por ésta. Ha sufrido por ello, y con el tiempo se ha rebelado, pues se ha saciado de todo lo que pertenece al mundo material. Insatisfacción, hastío, des¬agrado y profunda fatiga, son características muy frecuentes de quienes están al borde del discipulado. Y ¿qué es un discípulo? Es quien trata de aprender un nuevo ritmo, entrar en un nuevo campo de experiencia y seguir los pasos de esa humanidad avan¬zada que antes que él ha hollado el sendero que conduce de la os¬curidad a la luz y de lo irreal a lo real. Ha saboreado las alegrías de la vida en el mundo de la ilusión y ha aprendido que son impotentes para satisfacerlo y retenerlo. Ahora se encuentra en una etapa de transición entre los nuevos y los viejos estados del ser. Vibra entre la condición de la percepción del alma y la per¬cepción de la forma. Por lo tanto, ve "doble".

Su percepción espiritual aumenta lenta y firmemente a me¬dida que el cerebro se va capacitando para recibir iluminación del alma, por intermedio de la mente. Al desarrollarse la intuición, el radio de percepción aumenta y se abren nuevos campos de co¬nocimiento.

El primer campo de conocimiento que recibe iluminación puede describirse como aquel que abarca la totalidad de las for¬mas que se encuentran en los tres mundos del esfuerzo humano -etérico, astral y mental. El discípulo en cierne se hace cons¬ciente de su naturaleza inferior a través de este proceso, y co¬mienza a darse cuenta de la amplitud de su aprisionamiento y (como lo expresa Patanjali) de "las modificaciones de la versátil naturaleza síquica". Le son revelados los impedimentos para la realización y los obstáculos para el progreso, y su problema se convierte en específico. Con frecuencia llega a la posición en que se encontró Arjuna, enfrentado con enemigos en su propio hogar, confundido respecto a su deber, desanimado al tratar de equilibrarse entre los pares de opuestos. Entonces la plegaria para él debería ser la famosa oración de la India, pronunciada por el corazón, captada por la cabeza y complementada por una fer¬viente vida de servicio a la humanidad:

"Descúbrenos la faz del verdadero sol espiritual,
Oculto por un disco de luz dorada,
Para poder conocer la verdad y cumplir con nuestro deber,
Cuando nos encaminamos hacia Tus sagrados pies."

A medida que lucha y persevera, supera sus problemas y controla sus deseos y pensamientos, se revela el segundo campo de conocimiento conocimiento del yo en el cuerpo espiritual, y del ego al expresarse mediante el cuerpo causal , el Karana Sari¬ra, y la percepción de esa fuente de energía espiritual, impulso motivador que reside detrás de la manifestación inferior. El "dis¬co de luz dorada" es traspasado; el verdadero sol es percibido; el sendero es descubierto y el aspirante lucha por avanzar hacia la luz cada vez más clara.

Cuando se estabiliza el conocimiento del yo y la conciencia de lo que ese yo percibe, oye, conoce y hace contacto, el discípulo encuentra al Maestro; se pone en contacto con su grupo de dis¬cípulos y comprende el plan del trabajo inmediato que le co¬rresponde desarrollar gradualmente en el plano físico. Así dis¬minuye la actividad de la naturaleza inferior y el hombre entra poco a poco en contacto consciente con su Maestro y su grupo. Pero esto ocurre después de "encender la lámpara" alineamien¬to de lo inferior con lo superior y descenso de iluminación al cerebro.

Es esencial que estos puntos sean comprendidos y estudiados por todos los aspirantes para poder dar los pasos necesarios y des¬arrollar la deseada percepción. Hasta no realizarlo, por más vo¬luntad que tenga el Maestro, es impotente para admitir a alguien en Su grupo, incluirlo en Su influencia áurica y convertirlo en una avanzada de Su conciencia. Cada peldaño del camino debe ser preparado por el hombre mismo, y ningún camino corto o fácil, conduce de la oscuridad a la luz.

EL CAMINO DEL DISCÍPULO

Se denomina mago blanco a aquel que, mediante el alinea¬miento consciente con su ego, su "ángel', es receptivo a sus planes y propósitos y, por lo tanto, capaz de recibir impresión superior. Debe recordarse que si bien la magia actúa de arriba abajo, y es resultado de la vibración solar, no de los impulsos que emanan de alguno de los pitris lunares, el descenso de la energía im¬presora del pitri solar es el resultado de su recogimiento interno, de la inhalación de sus fuerzas, antes de ser enviadas en forma concentrada a su sombra, el hombre, y de su constante meditación sobre el propósito y el plan. Será útil que el estudiante recuerde aquí que el ego (así como el Logos) está en profunda meditación durante todo el ciclo de encarnación física. Esta meditación es de naturaleza cíclica, pues el pitri involucrado proyecta hacia su "re¬flejo" corrientes rítmicas de energía, que son reconocidas por el hombre implicado como sus impulsos superiores, sueños y as¬piraciones. Por lo tanto, es evidente la razón por la cual quienes trabajan en magia blanca son siempre hombres avanzados y es¬pirituales, pues el "reflejo" pocas veces responde al ego o ángel solar, hasta haber transcurrido muchos ciclos de encarnación. El pitri solar se comunica con su "sombra" o reflejo, por medio del sutratma, que desciende a través de los cuerpos, hasta un punto de entrada en el cerebro físico, si así puedo expresarlo, pero el hombre no puede aún concentrarse ni ver con claridad hacia nin¬guna dirección.

Si mira hacia atrás ve únicamente las nieblas y las miasmas de los planos de la ilusión, y le resulta de poco interés. Si mira ha¬cia adelante ve una luz distante que lo atrae, pero aún no puede percibir lo que revela esa luz. Si mira en torno suyo sólo ve for¬mas cambiantes y la sucesión de acontecimientos de la vida de la forma. Si mira internamente percibe las formas proyectadas por la luz, y se da cuenta que hay muchos obstáculos que deben ser eliminados, antes de poder alcanzar la luz que ve a lo lejos, y luego que ésta penetre en él. Entonces podrá conocerse como la luz misma, caminar en esa luz y trasmitirla a otros.

Quizás sea aconsejable recordar que la etapa del discipulado es, en muchos sentidos, la parte más difícil de toda la escala de evolución. El ángel solar está en incesante y profunda meditación. Los impulsos de energía que emanan de él aumentan su grado de vibración y son cada vez más poderosos. La energía afecta progre¬sivamente las formas a través de las cuales el alma procura ex¬presarse y controlar.

Esto me lleva a considerar el séptimo punto que traté en mí anterior análisis de la Regla Uno. Dije que “la meditación del al¬ma es de naturaleza rítmica y cíclica, como lo es todo en el cos¬mos. El alma respira y su forma vive por ello". La naturaleza rít¬mica de la meditación del alma no debe ser pasada por alto en la vida del aspirante. Hay un flujo y reflujo en toda la naturaleza, y en la marea del océano vemos la maravillosa representación de una ley eterna. A medida que el aspirante se ajusta a las mareas de la vida del alma, empieza a darse cuenta que existe un cons¬tante flujo, vitalización y estímulo, seguido por el reflujo inevita-ble y seguro de las inmutables leyes de la fuerza. Este flujo y re¬flujo puede verse actuar en los procesos de la muerte y de la reencarnación. También se puede ver en el proceso de las vidas del hombre, porque alguna vidas son aparentemente pasivas e in¬trascendentes, lentas e inertes, desde el ángulo de la experiencia del alma, mientras que otras son vibrantes, plenas de experiencia y desarrollo. Esto deben recordarlo todos los trabajadores cuando procuran ayudar a otros a vivir correctamente. ¿Se hallan éstos en el reflujo, o están sometidos a la afluencia de la energía del alma? ¿Pasan por un período de pasividad temporaria, preparatorio de un mayor impulso y esfuerzo, donde el trabajo que debe realizar consiste en el fortalecimiento y la estabilización, con el objeto de capacitarse para poder "permanecer en el ser espiritual”, o están sometidos a un influjo cíclico de fuerzas? En este caso el trabaja¬dor debe ayudar a dirigir y utilizar la energía, pues si está mal dirigida terminará arruinando vidas, pero si es utilizada sabiamen¬te, dará como resultado un servicio pleno y fructífero.

Quien estudia a la humanidad puede también aplicar dichos pensamientos a los grandes ciclos raciales, y así descubrirá mu¬chas cosas que son de gran interés. Estos impulsos cíclicos son también más frecuentes, rápidos y fuertes, en la vida del dis¬cípulo que en la vida del hombre común, algo muy importante para nosotros, los cuales alternan con penosa rapidez. La conocida experiencia del místico en la montaña y en el valle, es sólo una forma de expresar este flujo y reflujo. A veces el discípulo ca¬mina en la luz del sol y otras en la oscuridad; unas veces conoce la alegría de la plena comunión y otras todo es oscuro y estéril; otras veces su servicio es una experiencia satisfactoria y fructífe¬ra, y cree que realmente puede ayudar, pero en otros casos siente que no tiene nada que dar y que su servicio es infecundo y sin resultado. Hay días en que todo lo ve claro y tiene la sensación de estar en la cima de la montaña, contemplando un paisaje bañado por el sol, donde todo se presenta nítido ante su vista. Sabe y siente que es un hijo de Dios; sin embargo, después descienden las nubes, pierde toda su seguridad y le parece no saber nada. Camina a la luz del sol, está abrumado por la luminosidad y el calor de los rayos solares y piensa cuánto tiempo durará esta ex¬periencia desigual y este violento alternar de opuestos.

No obstante, una vez captado el hecho observa el efecto de los impulsos cíclicos y de la meditación del alma sobre su natu¬raleza forma, se le aclara el significado, comprende que el aspec¬to forma falla en responder, y su reacción a la energía es despa¬reja. Entonces aprende que cuando pueda vivir en la conciencia del alma y alcanzar a voluntad esa "altitud elevada" (si puede ex¬presarse así), las fluctuaciones de la vida forma ya no lo afec¬tarán. De este modo percibe el estrecho sendero del filo de la navaja que lo lleva desde el plano de la vida física al reino del alma, y descubre que cuando pueda hollar el sendero con fir¬meza, será conducido fuera del mutable mundo de los sentidos, hacia la clara luz del día y al mundo de la realidad.

El aspecto forma de la vida se convierte entonces para él en el campo de servicio y no en el de la percepción sensoria. El es¬tudiante debe reflexionar sobre esta última frase y tratar de vi¬vir como alma. Él mismo es responsable de los impulsos cíclicos emanados del alma, y entonces se conoce a sí mismo como la causa iniciadora y no está sujeto a los efectos.

Visto desde otro ángulo tenemos dos factores, el aliento y la forma a la que el aliento energetiza e impele a la actividad. Un estudio detenido evidenciará que durante innumerables eones nos identificamos con la forma y hemos acentuado los efectos de la actividad impartida, pero no comprendimos la naturaleza del aliento ni conocido la naturaleza del Uno que respira. Ahora nos ocuparemos en este estudio de ese Uno, Quien, al respirar rít¬micamente, impelerá a la forma a una correcta acción y control. Tal es nuestro objetivo y meta. Sin embargo, es necesaria la correcta comprensión si queremos apreciar inteligentemente nues¬tra tarea y sus efectos.

Mucho más puede decirse respecto a esta regla, y ya se ha dado bastante material para ser considerado por el aspirante co¬mún al discipulado, y sobre lo cual basar su acción. La mayoría de nosotros somos aspirantes comunes, ¿no es verdad? Si nos consideramos bajo otro aspecto nos separamos de los demás y somos culpables del pecado de la separatividad el único ver¬dadero.

Una apreciación de los pensamientos mencionados debería dar al aspirante cierta comprensión del valor de su trabajo de meditación, en tanto que la idea de la respuesta cíclica al impul¬so del alma, se halla detrás de las actividades de la meditación matutina, del recogimiento del mediodía y de la recapitulación vespertina. En los dos aspectos de la Luna nueva y la Luna llena, tenemos un mayor flujo y reflujo. Tengan esto presente.

¡Que haya un constante y pleno fluir de fuerzas cíclicas, des¬de el reino del espíritu, sobre cada uno de nosotros, llamándonos al reino de la luz, del amor y del servicio y evocando en cada uno una respuesta cíclica! ¡Qué haya un constante intercambio entre quienes enseñan y el discípulo que busca instrucción!

Será necesario realizar un gran trabajo preliminar. El discí¬pulo en el plano físico y el instructor interno (sea uno de los Grandes Seres o el "Maestro en el Corazón") necesitan conocer¬se y acostumbrarse a sus propias vibraciones. Hay muchas cosas contra las cuales deben luchar los instructores en los planos internos, debido a la lentitud de los procesos mentales de los estu¬diantes en cuerpo físico. Pero la confianza y la fe establecerán la correcta vibración, lo cual finalmente producirá un trabajo exacto. La falta de fe, de tranquilidad, de dedicación y la inquie¬tud emocional, obstaculizarán. Quienes actúan en el aspecto in¬terno necesitan mucha paciencia para trabajar con las personas, pues carecen de mejor material. Una imprudencia física puede impedir al cuerpo físico ser receptivo; una preocupación o an¬siedad puede hacer vibrar al cuerpo astral a un ritmo que im¬posibilite la buena recepción del propósito interno; el prejuicio, la critica y el orgullo, pueden inutilizar al cuerpo mental. Quie¬nes aspiran a este difícil trabajo deben observarse a sí mismos con mucho cuidado y mantener la paz y la serenidad internas y la elasticidad mental, que les permita ser de alguna utilidad para proteger y guiar a la humanidad.

Por lo tanto, se pueden dar las siguientes reglas:
1. Es esencial hacer un esfuerzo para llegar a una absoluta pureza de móvil.

2. Poseer la capacidad de penetrar e silencio de los altos lugares. La quietud de la mente depende de la ley del ritmo. Si vibramos en muchas direcciones y registramos los pensamientos que vienen de todas partes, esta ley no los afectará. Se debe res¬tablecer la estabilidad y el aplomo antes de lograr el equilibrio. La ley de vibración y el estudio de la sustancia atómica están estrechamente entrelazados. Cuando se tenga un mayor conoci¬miento sobre estos átomos y su acción, reacción e interacción, las personas podrán controlar sus cuerpos científicamente, sincroni-zando las leyes de la vibración y del ritmo. Son las mismas, aun¬que no iguales, y constituyen fases de la ley de gravedad. La tie¬rra es una entidad que, por la fuerza de la voluntad, retiene to¬das las cosas en sí misma. Esta cuestión es muy confusa y poco se conoce sobre ella. La inhalación y la exhalación de la enti¬dad de la tierra afectan poderosamente a la vibración la vi¬bración de la materia en el plano físico. Existe una conexión en¬tre esto y la Luna. Esos miembros de la humanidad que se ha¬llan especialmente bajo la influencia lunar, responden más que otros a esta atracción, y resulta difícil utilizarlos como transmisores. Debe cultivarse el silencio que proviene de la calma inter¬na. Se recomienda a los aspirantes recordar que llegará el mo¬mento en que también ellos formarán parte del grupo de instruc¬tores en el aspecto interno del más allá. Si para entonces aún no han comprendido el silencio que proviene de la fortaleza y del conocimiento, ¿cómo podrán soportar la carencia de comunica¬ción y descubrir lo que existe entre ellos y quienes están "en el aspecto externo"? Por lo tanto aprendan a guardar silencio, de lo contrario la utilidad a prestar será menoscabada por la inquie¬tud astral cuando pasen al más allá.

3. Recuerden siempre que el desasosiego de la vida diaria impide a los instructores de los niveles egoicos llegar a ustedes. Procuren permanecer serenos durante el transcurso de la vida, y mantener la calma interna en el trabajo y en el esfuerzo, en los afanes y en las aspiraciones. Retráiganse constantemente en el trabajo interno, cultivando la respuesta a los planos superiores. Los Maestros necesitan un perfecto y constante aplomo interno, de parte de quienes tratan de utilizar, aplomo que mantiene la visión, mientras desempeña su trabajo externo en el plano físi¬co, con la concentrada atención del cerebro físico, sin ser desvia¬da en manera alguna por la receptividad interna. Esto involucra una doble actividad.

4. Aprendan a controlar el pensamiento. Es necesario vigi¬lar lo que se piensa. Éstos son días en que toda la raza está lle¬gando a ser sensible y telepática y a responder al intercambio mental. Se acerca el momento en que los pensamientos serán de propiedad pública y se presentirá lo que los demás piensan. Por lo tanto, el. pensamiento debe ser cuidadosamente vigilado. Quie¬nes hacen contacto con las verdades superiores y son sensibles a la Mente Universal, tienen que proteger algunos de sus conoci¬mientos de la intromisión de otras mentes. Los aspirantes deben aprender a inhibir ciertos pensamientos y evitar que algunos co¬nocimientos se filtren en la conciencia pública, cuando están en contacto con sus semejantes.

Es de interés vital valorar el significado de las palabras "no disipa su fuerza". Existen muchas líneas de actividad a las cuales puede entregarse el discípulo inspirado por el alma. Es muy difícil tener la seguridad de cuáles son las diferentes líneas de acti¬vidad a seguir, pues todo aspirante conoce la incertidumbre. Pre¬sentaremos el problema en forma de pregunta, ubicándolo en el plano del esfuerzo diario, pues no estamos aún en posición de com¬prender en qué forma el alma puede "disipar sus fuerzas" en los planos superiores.

¿Qué criterio puede aplicar el hombre para saber cuál de las distintas actividades a emprender es la correcta? En otras pala¬bras, ¿existe un algo revelador que permite al hombre, inequívo¬camente, elegir la correcta actividad y seguir el camino correcto? La pregunta no se refiere a la elección entre el sendero del es¬fuerzo espiritual y el camino del hombre mundano, sino a la co¬rrecta acción cuando lo enfrenta la elección.

Sin duda, el hombre durante su progreso enfrenta diferencia¬ciones cada vez más sutiles. La cruda discriminación entre el bien y el mal, que preocupa al alma infantil, es seguida por las dife¬renciaciones más sutiles de lo correcto o más correcto, elevado o más elevado, y los valores morales o espirituales, deben enfrentar¬se con la percepción espiritual más meticulosa. En la tensión, en los afanes de la vida y en la constante presión sobre cada uno de quienes constituyen su grupo, la complejidad del proble¬ma llega a ser muy grande.

Al resolver estos problemas, ciertas amplias discriminaciones pueden preceder a las más sutiles, y cuando se toman estas de¬cisiones, entonces las más sutiles pueden reemplazarlas. La elec¬ción entre la acción egoísta y la altruista es la más fácil a se¬guir al elegir entre lo correcto y lo incorrecto, y fácilmente es de¬terminada por el alma honesta. Una elección que involucra la discriminación entre el beneficio individual y la responsabilidad grupal, elimina rápidamente otros factores, y esto resulta fácil para el hombre que se hace cargo de su debida responsabilidad. Observen las palabras "debida responsabilidad". Estamos consi-derando al hombre normal y sensato y no al fanático, excesiva¬mente escrupuloso y morboso. Luego viene la diferencia entre lo conveniente, implicando los factores de las relaciones comercia¬les y financieras del plano físico, conducente a una consideración del máximo bien para todos. Después de haber llegado a cierta posición, debido a este triple proceso eliminativo, surgen casos donde aún hay que hacer una elección, donde ni el sentido co¬mún ni la lógica ayudan, ni tampoco la razón discriminadora. Sólo está presente el deseo de hacer lo correcto; la intención es actuar en la forma más elevada posible y tomar la línea de ac¬ción que produzca el máximo bien para el grupo, independiente¬mente de toda consideración personal. Sin embargo, no se per¬cibe la luz en el sendero a seguirse; tampoco se reconoce la puer¬ta que se debe atravesar, permaneciendo el hombre en un estado de constante indecisión. ¿Qué debe hacerse entonces? Una de estas dos cosas:

Primero, el aspirante puede seguir su inclinación y elegir esa línea de acción que le parece más inteligente y mejor. Esto involucra la creencia en la actuación de la Ley del Karma y tam¬bién una demostración de esa firme decisión, que es la mejor for¬ma en que su personalidad puede aprender a ajustarse a las de¬cisiones de su propia alma. También implica la capacidad de seguir adelante sobre la base de la decisión tomada, y así ate¬nerse a los resultados, sin malos presentimientos ni vanas lamen¬taciones.

Segundo, basado en un sentido interno de orientación, el aspi¬rante puede esperar, sabiendo que a su debido tiempo compro¬bará, al cerrar todas las puertas menos una, cuál es el camino a seguir. Existe sólo una puerta abierta por la que él puede pasar. Es necesaria la intuición para reconocerla. En el primer caso se pueden cometer errores, y por medio de éstos el hombre apren¬de y se enriquece; en el segundo son imposibles los errores y sólo puede emprenderse la correcta acción.

Por lo tanto, es evidente que todo se reduce a una compren¬sión de nuestro lugar en la escala de la evolución. Sólo el hom¬bre altamente evolucionado puede conocer los momentos y las temporadas, y discernir adecuadamente la diferencia sutil entre una tendencia síquica y la intuición.

Al considerar estas dos formas de llegar a una decisión final, el hombre, que emplea su sentido común y toma una línea de acción basada en el empleo de la mente concreta, no debe prac¬ticar el método superior de esperar a que se abra una puerta. Espera demasiadas cosas en el lugar en que se encuentra. Debe aprender a resolver sus problemas por la acertada decisión y el correcto empleo de la mente. Progresará mediante dicho método, pues las raíces del conocimiento intuitivo están arraigadas hon¬damente en el alma y, por consiguiente, debe establecer contac¬to con el alma antes de poder actuar la intuición. Sólo se dará una sugerencia: la intuición concierne siempre a la actividad grupal y no a los pequeños asuntos personales. Si usted está cen¬trado en la personalidad debe reconocerlo y regir sus acciones con las facultades de que dispone. Si sabe que actúa como alma y se sumerge en el interés de los demás y no está obstaculizado por el deseo egoísta, entonces cumple con la obligación que le corresponde, se hará cargo de su responsabilidad, lleva a cabo su trabajo grupal y se le abre el camino mientras desempeña la tarea que tiene por delante y cumple con su deber más inme¬diato. Del deber cumplido esmeradamente, surgirán esos deberes mayores que llamamos trabajo mundial; de llevar la carga de la responsabilidad de la familia se fortalecerán nuestros hombros y nos permitirá soportar las del grupo mayor. ¿Cuál es entonces el criterio?

Para el aspirante de grado superior, repito, la elección de la forma de actuar depende del sensato uso de la mente inferior, el empleo de un sólido sentido común y el olvido del bienestar egoísta y la ambición personal. Esto conduce al cumplimiento del deber. El discípulo debe llevar a cabo, necesaria y automática¬mente, todo lo antedicho y además utilizar la intuición, que le revelará el momento en que puede hacerse cargo de las res-ponsabilidades grupales más amplias, simultáneamente con las del grupo menor. Reflexionen sobre esto. La intuición no revela la forma en que puede fomentarse la ambición, ni cómo satisfacer¬se el deseo del progreso egoísta.

REGLA DOS

Cuando la sombra ha respondido, el trabajo prosigue en profunda meditación. La luz inferior es proyectada hacia arriba; la luz superior ilumina a los tres, y el trabajo de los cuatro prosigue.

OBSTÁCULOS PARA EL ESTUDIO ESOTÉRICO

Esta regla es una de las más difíciles y, sin embargo, una de las más comprensibles. Llevará mucho tiempo tratarla debidamente. Tenemos en ella una interesante ilustración de la analogía microcósmica del macrocosmos. En relación con la luz que se menciona puede ser elucidada de dos maneras:

Se hace referencia a la "luz superior" que ilumina a los tres, y a la proyección hacia arriba de la "luz inferior".

La luz superior es la del alma, que es la luz misma iluminando la manifestación de la triple personalidad. Aquí reside precisamente la analogía con el macrocosmos, simbolizado para nosotros en Dios, la luz manifestada del sistema solar. Este sistema solar es tres en uno, o uno en tres, y la luz del Logos ilumina el todo. La luz inferior está oculta dentro del ser humano en el plano físico. Esta luz, en cierta etapa de la experiencia del hombre, va despertándose en todo el cuerpo físico y eventualmente se fusiona con la luz superior. La luz y la vida de Dios Mismo pueden emanar del Sol espiritual central, pero únicamente cuando la luz del sistema solar es despertada y activada, se produce finalmente ese resplandor que tipifica la gloria del sol brillando en toda su fuerza. En forma similar la luz del alma puede emanar de la mónada, pero sólo cuando la luz del pequeño sistema (dirigido por el alma) es despertada y activada, se producirá oportunamente el resplandor de un hijo de Dios.

Sin embargo, en estas instrucciones nos ocuparemos principalmente del microcosmos y la luz que se halla dentro de él, y no nos extenderemos sobre las analogías macrocósmicas.

Al considerar esta segunda regla, debemos observar que se ha establecido una relación consciente entre el alma y su sombra, el hombre en el plano físico. Ambos han estado meditando. Los estudiantes harían bien en observar esto y recordar que uno de los objetivos de la meditación diaria es permitir que el cerebro y la mente vibren al unísono con el alma, a medida que ella procura "en profunda meditación" comunicarse con su reflejo.

Es interesante la analogía de esta relación o vibración sincronizadora:

El alma el hombre en el plano físico.
La mente el cerebro.
La glándula pineal el cuerpo pituitario.

Además sería de interés la relación que existe entre los centros y su sincronización, pues sintetiza la evolución de la raza, como también la de la unidad racial, el hombre.

Centro coronario base de la columna vertebral.
Centro cardíaco plexo solar.
Centro laríngeo centro sacro.

En lo antedicho hay una sugerencia para el estudiante avanzado -que vacila en considerarse como tal. Además está simbolizado en la relación existente entre los hemisferios oriental y occidental, y entre esos grandes organismos de la verdad que llamamos Religión y Ciencia.

La vida de meditación continúa, la relación entre el alma y su triple instrumento es cada vez más estrecha y la vibración resultante más potente. El número de vidas que requerirá esto, depende de varios factores, demasiado numerosos para mencionarlos, pero el estudiante hallará útil considerarlos, debiendo anotar los factores que cree necesario tener en cuenta cuando trata de investigar su etapa evolutiva.

El resultado de esta respuesta es la reorientación del hombre inferior, a fin de producir una síntesis de los Tres y del Uno para que el trabajo de los Cuatro pueda proseguir. Tenemos aquí el reflejo consumado en el microcosmos de aquello que inició el Logos solar, los "Sagrados Cuatro" del Cosmos; el hombre a su vez se convierte en un "Sagrado Cuatro" -el espíritu y los tres de la manifestación.

Debería cavilarse sobre cuatro palabras:

1. Comunicación
2. Respuesta
3. Reorientación
4. Unión

El Antiguo Comentario lo expresa en los términos siguientes:

"Cuando se establece la comunión, inmediatamente se emplean palabras, y la ley mántrica asume su correcto lugar, siempre que el Uno comunique las palabras y los tres guarden silencio.

"Cuando se reconoce que la respuesta emana de los tres, el Uno, en silencio, escucha. Se invierten los papeles. La triple palabra sale de la triple forma. Se produce la inversión. Los ojos ya no contemplan el mundo de la forma; se dirigen hacia dentro, enfocan la luz y ven revelado, un mundo interno del ser. Con esto manas se aquieta, pues ojos y mente son uno.

"El corazón ya no late al unísono con el deseo inferior, ni derrocha su amor en las cosas que agrupan y ocultan lo Real. Late con nuevo ritmo; derrama su amor sobre lo Real, y maya se desvanece. El deseo y el corazón están estrechamente aliados; el amor y el deseo forman un todo -uno visto de noche, el otro a la luz del día...

...................................

"Cuando el fuego, el amor y la mente se someten, emitiendo la triple palabra, llega la respuesta.

"El Uno enuncia una palabra que ahoga el triple sonido. Dios habla. Responde un estremecimiento y temblor en la forma. Aparece lo nuevo, un hombre renovado; la forma reconstruida; la morada preparada. Los fuegos se unen, y grande es la luz que brilla: los tres se fusionan en el Uno y a través del resplandor es visto un cuádruple fuego."

En esta escritura gráfica que he tratado de interpretar en lenguaje moderno, los sabios de la antigüedad encerraron una idea. No se le puede asignar fecha a El Antiguo Comentario, del cual he extraído estas palabras. Si tratara de decirles su antigüedad no podría comprobar la verdad de mis palabras y por lo tanto enfrentaría la credulidad -algo que los aspirantes deben evitar, en la búsqueda de lo esencial y lo real. En las frases anteriores he tratado de dar el contenido de lo expresado en dicho Comentario por medio de unos cuantos símbolos y un texto críptico. Estas Antiguas Escrituras no se leen en la forma en que los estudiantes modernos leen los libros. Se ven, se tocan y se comprenden. El significado se revela en un destello. Permítanme dar una ilustración: las palabras "el Uno enuncia una palabra que ahoga el triple sonido", son representadas por un rayo de luz que termina en una simbólica palabra de oro, sobrepuesta a tres símbolos en color negro, rosa y verde. En esta forma son protegidos cuidadosamente los secretos.

Considero que podría ser de interés para los estudiantes conocer sobre este antiguo libro de texto de los Adeptos.

La consideración de esta regla consta de dos partes:

La relación entre el alma y la personalidad. Esto será tratado particularmente en lo que respecta a la meditación en la vida diaria, más que a la parte teórica y académica.
La significación de las palabras, "la luz inferior es proyectada hacia arriba", conciernen a los centros y al fuego kundalini.

Es aconsejable que cada estudiante llegue a una comprensión de su cuerpo etérico, y ello por ciertas razones.

Primero, el cuerpo etérico es el siguiente aspecto de sustancia mundial que estudiarán los científicos e investigadores. Esto se acelerará si los pensadores pueden formular ideas inteligentes sobre este interesante tema. Podemos ayudar a revelar la verdad mediante nuestro claro pensar, y desde el punto de vista de las presentes declaraciones acerca del éter, los científicos llegarán oportunamente a una comprensión de las formas o cuerpos etéricos.

Segundo, el cuerpo etérico está compuesto de corrientes de fuerza, y en él existen centros vitales vinculados entre sí por líneas de fuerza y con el sistema nervioso del hombre físico. A través de estas líneas de fuerza está conectado también con el cuerpo etérico del sistema ambiental. Observen que en esto reside la base de la creencia en la inmortalidad, en la ley de hermandad o unidad, y en la verdad astrológica.

Tercero, la necesidad de comprender que el cuerpo etérico es vitalizado y controlado por el pensamiento y puede (por su intermedio) ser llevado a una plena actividad funcionante. Ello se efectúa por el correcto pensar y no por ejercicios respiratorios ni apretándose la nariz. Cuando se comprenda esto se evitarán muchas prácticas peligrosas y las personas obtendrán un control normal y seguro de ese muy poderoso instrumento, el cuerpo vital. Que esta finalidad se logre rápidamente es mi ferviente deseo.

El estudio esotérico es de profunda importancia, y los estudiantes de estas ciencias tendrán que aplicar toda su mente y concentrar su atención sobre ellas. También implica la constante aplicación de las verdades aprendidas.

Dicho estudio, tal como se comprende en Occidente, es investigado intelectualmente, pero no aplicado en forma práctica. Teóricamente el hombre que aspira al sendero ocultista puede percibir un destello de luz, pero la actuación sistemática de las leyes involucradas ha progresado muy poco.

¿Dónde está el impedimento? Quizá sea de valor estudiar tres cosas:

1. Los obstáculos del occidental para el correcto estudio esotérico.

2. Cómo sobreponerse a estas dificultades.

3. Algunas cosas que el aspirante puede emprender sin peligro a fin de equiparse para hollar el sendero ocultista, porque esa es la etapa actualmente posible, y para la mayoría la única.

Uno de los impedimentos principales para la correcta captación de las leyes del esoterismo y su aplicación práctica, reside en que Occidente es comparativamente nuevo y también en los rápidos cambios, que han sido la característica sobresaliente de la civilización europea y americana. La historia de Europa se remonta apenas a tres mil años, y la de América, como sabemos, apenas si son tres siglos. El esoterismo florece en una atmósfera ya preparada en un medio ambiente altamente magnetizado y en una condición estable, resultado del trabajo de largos siglos en el plano mental.

Ésta es una de las razones por la cual la India proporciona una adecuada escuela para la realización. Allí el conocimiento sobre esoterismo se remonta a decenas de miles de años, y el tiempo ha dejado huellas indelebles hasta en el físico de la gente, dotándola de cuerpos que no ofrecen esa resistencia que tan a menudo se encuentra en los cuerpos occidentales. El medio ambiente ha estado compenetrado durante mucho tiempo por las fuertes vibraciones de los grandes Seres que residen dentro de sus fronteras y que, en Su paso de un lado a otro y por Su proximidad, magnetizan continuamente el éter circundante. Esto en sí proporciona otra línea de menor resistencia, porque tal magnetización etérica afecta los cuerpos etéricos de la población con la cual entra en contacto. Ambos hechos, del tiempo y de la elevada vibración, dan por resultado estabilidad rítmica, que facilita el trabajo esotérico y ofrece un campo propicio para la actividad mántrica y ceremonial.

Dichas condiciones no existen en Occidente, donde se efectúan constantes mutaciones en todos los aspectos de la vida, donde los rápidos y frecuentes cambios del lugar de acción, producen grandes zonas de perturbación, en detrimento de cualquier trabajo de naturaleza mágica. La cantidad de fuerza requerida para obtener ciertos resultados no justifica su empleo y se ha dejado pasar un lapso con el fin de lograr el equilibrio.

El punto culminante de la perturbación ha pasado y, paulatinamente, se está logrando un estado de cosas más estable, lo cual permite emprender con todo éxito el definido trabajo esotérico. El Maestro R. trabaja para resolver este problema, y también lo hace el Maestro de la raza inglesa -no el Maestro que se ocupa del Movimiento Laborista o del mejoramiento de las condiciones sociales. Son ayudados por un discípulo de Suecia, que posee una rara capacidad, y por un iniciado de la parte Sur de Rusia, que trabaja mucho en niveles mentales. Tienen como objetivo extraer los recursos de la fuerza acumulada por los Nirmanakayas, de modo que su descenso pueda expulsar toda materia de grado inferior, y permitir así la libre acción de una vibración superior.

Otro obstáculo se encuentra en el fuerte desarrollo de la mente concreta. Quisiera hacerles comprender que este desarrollo no debe en forma alguna considerarse como un detrimento. Todo ha sucedido durante el curso de la evolución; después, cuando Oriente y Occidente hayan alcanzado una etapa de mejor comprensión e intercambio, su interacción será de beneficio mutuo; Oriente se beneficiará con el estímulo mental proporcionado por la fuerte vibración mental de su hermano occidental, mientras que este obtendrá mucho del razonamiento abstracto del oriental y, mediante el esfuerzo por captar lo que la primera subraza de la raza raíz aria captó con tanta facilidad, establecerá contacto con su mente superior y construirá con mayor facilidad el puente entre la mente superior y la inferior. Ambos tipos se necesitan mutuamente, y su efecto mutuo tiende a una síntesis eventual.

La mente concreta ofrece, en sí, la oportunidad para escribir un tratado de gran envergadura, pero aquí será suficiente señalar algunas de las maneras que entorpecen a esas razas que la representan tan prominentemente:

a. Por su intensa actividad y animada acción, obstaculiza el descenso de inspiración desde lo alto. Actúa como oscura cortina que impide la iluminación superior. Sólo mediante una constante y estable tranquilidad, puede infiltrarse esa iluminación vía los cuerpos superiores, al cerebro físico, y estar así disponible para el servicio práctico.

b. La sabiduría de la Tríada existe para empleo de la personalidad, pero se lo impiden las disquisiciones de la mente inferior. Cuando el fuego de la mente arde con demasiada fuerza, forma una corriente que contrarresta el descenso de lo superior, y obliga al fuego inferior volver a su lugar. Cuando se unen los tres fuegos, mediante la regulación del fuego céntrico mental, sólo entonces se podrá lograr la total iluminación y el cuerpo entero se colmará de luz; el fuego de arriba -la luz de la Tríada-, el fuego del yo inferior -kundalini- y el fuego de la mente -manas cósmico- deben unirse en el altar. Su unión quema todos los obstáculos y se alcanza la total emancipación.

c. Mediante la discriminación -facultad del cuerpo mental concreto- se entrenan los cuerpos inferiores en el arte de diferenciar la ilusión de la realidad central, lo real de lo irreal, el yo del no-yo. Entonces sobreviene, como consecuencia, un período que debe ser trascendido, donde la atención del yo está necesariamente centrada en el yo inferior y sus vehículos, y por lo tanto las vibraciones de la Tríada, las leyes que tratan de la evolución macrocósmica y la subyugación del fuego para empleo de lo Divino, tienen que estar temporalmente pasivos. Si el hombre capta rápidamente la verdad de aquello con lo que hace contacto, y automáticamente elige la verdad o lo real, entonces aprende la próxima lección de la acción gozosa y ante él se abre el sendero de la bienaventuranza. Cuando esto ocurre le es posible recorrer el sendero del esoterismo, porque la mente concreta ha cumplido su propósito y se ha convertido en su instrumento y no en su amo, en su intérprete y no en su obstaculizador.

d. La mente concreta obstaculiza en otra forma poco común, que no es comprendida al principio por el estudiante que trata de hollar el camino espinoso del desarrollo esotérico. Cuando la desenfrenada mente concreta domina a la personalidad, el aspirante no puede cooperar con esas otras vidas y diversas evoluciones, hasta que el amor reemplace a la mente concreta (si bien teóricamente el estudiante puede comprender las leyes que rigen la evolución del plan logoico y el desenvolvimiento de otras entidades solares, además de su propia Jerarquía). La mente separa; el amor atrae. La mente crea una barrera entre el hombre y cada deva suplicante. El amor derriba toda barrera y fusiona y une a los diversos grupos. La mente rechaza por la poderosa y fuerte vibración, arrojando de sí todo lo que le llega, así como la rueda arroja todo lo que entorpece su círculo giratorio. El amor atrae todo hacia sí y lleva todo consigo, fusionando las unidades separadas en un todo homogéneo y unificado. La mente repele mediante su excesivo calor, chamuscando y quemando todo lo que se le aproxima. El amor calma y cura, porque su calor es similar al calor de aquello con lo que hace contacto, y mezcla su calor y su llama con el calor y la llama de otras vidas en evolución. Finalmente, la mente perturba y destruye, mientras que el amor cura y produce coherencia.

Todo cambio en la vida humana está supeditado a leyes inmutables, si es permitida una afirmación tan paradójica. Al tratar de descubrir esas leyes a fin de adaptarse a ellas, el esoterista empieza a neutralizar el karma, y de esta manera no colora la luz astral. El único método por el cual estas leyes pueden todavía ser comprendidas por los muchos interesados, es por un estudio detenido de las vicisitudes de la existencia diaria, durante un largo período de años. Por las características sobresalientes de un ciclo de diez años, por ejemplo, cuando se las compara con las de un ciclo similar, posterior o anterior, el estudiante puede calcular aproximadamente la tendencia de los asuntos y guiarse por ello. Cuando se llega a la etapa de evolución en que el estudiante es capaz de comparar las vidas precedentes y adquirir conocimiento del matiz fundamental de su anterior ciclo de vida, entonces se obtiene un rápido progreso en el ajuste de la vida, de acuerdo con la ley. Cuando el estudiante llega en forma análoga a comprender las vidas subsiguientes y ve y conoce su colorido, entonces el karma (tal como se lo conoce en los tres mundos) termina, y el adepto domina todas las causas y efectos a medida que condicionan y regulan su vehículo inferior.

Aspira al sendero esotérico y examina los cambios y acontecimientos a la luz de todos los sucesos precedentes; entonces cuanto más extensa y exacta es su memoria, tanto más podrá dominar toda posible situación.

Descubre así que hay dos obstáculos:

a. El cambio y lo relativamente nuevo, características de Occidente.

b. El desarrollo de la mente concreta.

El tercer obstáculo surge del anterior. Consiste en el énfasis puesto en Occidente sobre el aspecto material de las cosas, dando por resultado una triple situación. Primero, que el mundo del espíritu o el amorfo mundo abstracto, el de la conciencia subjetiva, no es reconocido científicamente, aunque sí en forma innata, por los de temperamento místico y por quienes son capaces de estudiar la historia subjetiva de los hombres y las razas; pero la ciencia no reconoce este aspecto de la manifestación, ni los científicos en su totalidad, creen en un mundo de esfuerzo superfísico. Todo lo que en las razas primitivas tenía un lugar prominente en las vidas y los pensamientos de los pueblos, ahora es visto con escepticismo, y las discusiones van precedidas de un interrogante. Pero ha habido progreso y mucho ha surgido de la guerra. Por ejemplo, está cambiando rápidamente la pregunta de que “¿existe la vida después de la muerte?" por "¿de qué naturaleza es la vida futura?", y esto es portentosamente alentador.

Segundo, las masas sufren por la represión y los efectos de la inhibición. La ciencia ha dicho: No existe Dios ni hay espíritu en el hombre. La religión ha dicho: Debe haber un Dios, pero ¿dónde puede ser hallado? Las masas dicen: No queremos un Dios construido por el cerebro de los teólogos. Por lo tanto, la verdadera comprensión interna no encuentra lugar para su expansión, y la actividad que debería encontrar su legítima expresión en la aspiración superior, se orienta hacia la deificación de las cosas -cosas que pertenecen a la carne, relacionadas con las emociones o la mente. La guerra, repito, ha logrado mucho, relegando las cosas al lugar que les corresponde y, por perder sus posesiones, muchos han aprendido el valor de lo esencial y la necesidad de eliminar lo superfluo.

Una tercera condición surge de las dos anteriores. No hay una exacta comprensión del futuro. Cuando es negada la vida del espíritu, cuando la vida manifestada se concentra en cosas evidentes y concretas, entonces desaparece la verdadera meta de la existencia, se pierde el real incentivo para el correcto vivir, y las sarcásticas palabras del iniciado Pablo: "Comamos y bebamos porque mañana moriremos”, caracterizan la actitud de la mayoría de los hombres.

Los hombres amortiguan la voz interna que atestigua la vida del más allá, y ahogan las palabras que resuenan en el silencio, por el bullicio y el torbellino de los negocios, los placeres y las excitaciones.

Todo el secreto del éxito en el sendero esotérico depende de la actitud mental; cuando la actitud es concreta y materialista, concentrada en la forma y se desean las cosas del momento actual, hay poco progreso en la captación de la verdad esotérica superior.

Un cuarto obstáculo radica en el cuerpo físico, construido con ayuda de la carne, los alimentos y las bebidas fermentadas, y nutrido en un ambiente en el que el aire fresco y la luz del sol, no son los factores más importantes. Aquí generalizo; me refiero a las masas y no al ansioso e incipiente estudiante de esoterismo. Durante largos siglos las razas occidentales se han nutrido básicamente con alimentos en estado de descomposición y fermentación, y el resultado puede ser observado en los cuerpos inaptos para cualquier esfuerzo como los que impone el esoterismo, obstaculizando el límpido resplandor de la vida interna. Cuando las frutas y legumbres frescas, el agua límpida, las frutas oleaginosas y los granos cocidos y crudos, constituyan la dieta exclusiva de los evolucionantes hijos de los hombres, entonces se construirán cuerpos aptos para ser vehículos de egos altamente evolucionados. Esperan pacientemente el giro de la rueda, y la entrada en un ciclo que les permita cumplir con su destino. Todavía no ha llegado la hora, y la tarea de eliminación y de reajuste debe ser lenta y tediosa.

EL VENCIMIENTO DE LOS OBSTÁCULOS

Ciertos conocimientos de primordial importancia deben preceder a esta tarea de eliminación de obstáculos, y son:

a. Que en el cumplimiento del deber inmediato y en la adhesión a las formas más puras de la verdad hasta ahora conocida, reside el sendero de una mayor revelación.

b. Que el desapasionamiento es algo que debe ser cultivado, y desarrollada la disposición a soportar gozosamente cualquier inconveniente, dolores o agonías temporarios, teniendo en cuenta la gloria futura que disipará las nubes de lo pasado.

c. Que en la síntesis está el método para obtener la comprensión, y que en la fusión de los pares de opuestos se alcanza el sendero medio que conduce directamente al corazón de la ciudadela.

Cuando estas tres cosas controlen principalmente sus puntos de vista acerca de la vida, el estudiante tendrá la esperanza de vencer, mediante arduo esfuerzo, los cuatro obstáculos anteriormente mencionados.

Continuando con la consideración de esta regla, nos ocuparemos primeramente de la relación del alma con la personalidad, especialmente desde el punto de vista de la meditación y, por lo tanto, de "la luz superior" y posteriormente de la "proyección hacia arriba de la luz inferior". Esto también está de acuerdo con la ley del conocimiento esotérico, según la cual comenzamos por lo universal.

Se debería tener presente que estas reglas son únicamente para aquellos cuya personalidad está coordinada y sus mentes están siendo gradualmente controladas. El hombre, por lo tanto, utiliza la mente inferior, la mente razonadora, mientras que el alma utiliza la mente superior o abstracta. Ambas unidades trabajan con dos aspectos del principio universal de la mente, y en este terreno es posible su relación. El trabajo que debe hacer el hombre con su mente consiste en lograr que sea negativa y receptiva al alma; ésta es su tarea positiva (observen aquí el empleo de la palabra "positiva", en la tarea de hacer receptiva la mente, porque en ello reside la clave de la correcta acción). El trabajo del alma durante la meditación, consiste en hacer del tema de la meditación algo tan positivo, que la mente inferior pueda ser impresionada, y el hombre inferior logre así alinearse con el Plan Eterno.

Se establece de este modo, nuevamente, la relación entre una vibración positiva y una negativa, y el estudio de estas relaciones proporciona mucha información al estudiante, y es parte de la enseñanza preparatoria para la primera iniciación. Podría enumerar estas situaciones relacionadas, presentándolas en su relación progresiva en el sendero de evolución.

1. Relación entre los cuerpos físicos masculino y femenino, que el hombre denomina relación sexual, considerada de suma importancia en esta época. En el valle de la ilusión el símbolo absorbe frecuentemente la atención y se olvida lo que éste representa. Con la solución de esta relación sobrevendrá la iniciación racial, y de esto se ocupa ahora la raza.

2. Relación entre el cuerpo astral y el físico, que para la mayoría constituye el control que la naturaleza astral ejerce sobre el físico negativo automático. El cuerpo físico, instrumento del deseo, es influido y controlado por el deseo -deseo de vivir físicamente y de adquirir lo tangible.

3. Relación entre la mente y el cerebro, problema de los hombres y de las razas más avanzadas; el vasto sistema de escuelas, colegios y universidades, indican su importancia. Se han efectuado muchos progresos en esta relación durante los últimos cincuenta años, y el trabajo de los psicólogos marca su punto más elevado. Cuando esto sea comprendido, la mente será considerada el factor positivo, y los otros dos aspectos de la naturaleza forma responderán receptivamente. Serán los autómatas de la mente.

4. Relación entre el alma y la personalidad, problema que absorbe la atención de los aspirantes en la actualidad, porque son los precursores de la familia humana, los que abren el camino al mundo del alma. De esta relación se ocupan los místicos y esotéricos.

5. Relación entre los centros que se hallan abajo y arriba del diafragma, o entre:

a. El centro en la base de la columna vertebral y el loto de mil pétalos, el centro coronario, en el cual los cuatro pétalos del centro básico se convierten en los muchos, o el cuaternario se pierde en lo universal.

b. Los centros sacro y laríngeo. Aquí se produce la unión entre las doce Jerarquías creadoras y el cuaternario, y es visto el secreto de los dieciséis pétalos del loto laríngeo.

c. Los centros plexo solar y cardíaco, donde el diez del hombre perfecto, en este sistema solar, se pierde en los doce consumados. Así como el hombre hace contacto con las doce Jerarquías creadoras (en su aspecto externo creador) y es el cuaternario perfecto desde el punto de vista de la forma, así en la relación entre el plexo solar y el cardíaco se perfecciona el segundo aspecto; el amor del alma puede expresarse perfectamente mediante la naturaleza emocional.

6. Relación entre los dos centros de la cabeza, el ajna o entre las cejas, y el que está encima de la cabeza. Esta relación se establece y estabiliza cuando el alma y el cuerpo son una unidad funcionante.

7. Relación entre la glándula pineal y el cuerpo pituitario, como resultado de lo anterior.

8. Relación entre la mente superior y la inferior, implicando un constante y acrecentado contacto con el alma. La actitud meditativa del alma se duplica en los tres cuerpos (mediante el hombre espiritual) y la constante meditación del alma continúa también en su propio plano. En esta regla nos ocuparemos principalmente de esto y sus efectos.

Una relación posterior, que de ninguna manera nos concierne, se establece después de la tercera iniciación, entre el alma y la mónada, estas relaciones surgirán durante todo el trascurso de la evolución cósmica. Sin embargo, a la raza, como una totalidad, sólo le incumbe establecer una relación entre el alma y el cuerpo, y más allá de esto no es necesario ir.

A medida que el hombre trata de controlar la mente, el alma llega a su vez a ser más activamente prometedora. Hasta ahora el trabajo del Ángel solar se ha hecho mayormente en su propio mundo, ocupándose de su relación con el espíritu; el hombre que está pasando por sus ciclos en el plano físico, nada tiene que ver con esto. El mayor consumo de energía del alma ha sido general y se ha exteriorizado hacia el quinto reino. Actualmente el Ángel solar se acerca a una época de crisis y de reorientación. En la historia primitiva de la humanidad existió una gran crisis denominada individualización. Los Ángeles solares, en respuesta a una demanda o atracción de la raza de hombres-animales (tengan en cuenta esto como un todo), enviaron en esa época una parte de su energía, que encarnaba la cualidad de "mentalización" en dichos hombres animales. Fecundaron el cerebro, si así puede expresarse. De este modo la humanidad fue traída a la existencia. Este germen llevaba consigo otras dos potencialidades, amor y vida espirituales. Y a su debido tiempo deben aparecer.

El florecimiento de la mente en los hombres, que tanto caracteriza la era actual, le señala al Ángel solar una segunda crisis, de la cual la primera sólo fue el símbolo. Aquello por lo cual existe el Ángel solar hace sentir su presencia en la humanidad, y se está ejerciendo una fuerte atracción sobre el Ángel solar, que esta vez traerá una segunda fecundación, lo cual proporcionará al hombre esas cualidades que le permitirán trascender las limitaciones humanas y formar parte del quinto reino de la naturaleza, o reino espiritual. El primer esfuerzo del Ángel solar convirtió a los hombres animales en seres humanos; el segundo cambiará a los seres humanos en entidades espirituales, además de los beneficios obtenidos por la experiencia de la familia humana.

El Ángel solar, el alma, se está organizando y reorientando para ello, de modo que su poder pueda ser redirigido hacia el mundo de los hombres. El alma debe hacer contacto con el aspecto inferior de su triple naturaleza y con el aspecto que está alojado en el cerebro del hombre. La actividad inteligente y el amor-sabiduría deben unirse y la unión efectuarse en el plano físico. A fin de lograrlo, el alma está entrando en "meditación profunda” conjuntamente con todas las demás almas que han llevado su instrumento a un estado responsivo. Ésta es la meditación grupal básica, y cuando el hombre ha alcanzado lo que los libros orientales denominan "samadhi", ha podido participar como alma en esta meditación grupal, entrando en ese ciclo de servicio por medio de la Jerarquía planetaria. Las mentes racional y abstracta funcionan como una unidad, y el principio motivador es el amor. El alma, cuando expresa amor e inteligencia abstracta, se unifica con su expresión en el plano físico mediante el cerebro, y cuando esto sucede, el hombre inferior ha sincronizado su meditación con la del alma.

Tal es el objetivo de nuestra tarea. Recuérdenlo y procuren hacer cualquier esfuerzo por llevar la mente y el cerebro a una condición de actividad tal, que el hombre salga de su propia meditación y (perdiendo de vista sus propios pensamientos) se convierta en el alma, el pensador en el reino del alma.

Algunos quizá consideren nueva la idea de que el alma se está organizando para el esfuerzo, reorientando sus fuerzas y preparándose para un nuevo y poderoso impulso, lo cual es verdad. Todas las formas de vida bajo las fuerzas de la evolución pasan de una iniciación a otra, y el alma no está exenta de este proceso. Así como el alma del hombre animal se unió con otro principio divino, y de esta manera produjo el cuarto reino de la naturaleza, así el alma de la humanidad está tratando de hacer contacto con otro aspecto divino. Cuando se efectúe este contacto, el reino de Dios aparecerá en la tierra; el plano físico se transformará y llegará ese período especial representado simbólicamente bajo el término milenio.

Los Conocedores de Dios de dicha época, predominarán sobre aquellos que simplemente aspiran a ese conocimiento, y su contacto y los resultados de la fuerza que trasmiten, se harán sentir en todos los reinos de la naturaleza. El dominio sobre todas las formas y el poder de actuar como trasmisores de esa energía espiritual que llamamos amor, son la recompensa prometida a los triunfantes Ángeles solares, y la preciada meta de su trabajo de meditación. Los Hijos de Dios, en plena encarnación, triunfarán sobre la tierra y traerán luz (y por lo tanto vida) a todas las formas manifestadas. Ésta es la "vida más abundante" de que habla Cristo. Es la realización de quien verdaderamente ha alcanzado el verdadero Nirvana, vive en una meditación ininterrumpida en el reino espiritual y, sin embargo, puede trabajar en la tierra. El trabajo de iniciación permite al hombre vivir siempre en el centro, pero debe actuar como distribuidor de la energía divina en cualquier sentido y -después de las últimas iniciaciones- en todas direcciones.

Al considerar la siguiente regla, nos ocuparemos del trabajo de la "luz menor", el hombre en el plano físico. Yo, que he llegado a comprender algo de la vida del Ángel solar, procuro asegurarles a mis compañeros peregrinos que las cosas pasajeras de los sentidos son sólo trivialidades, y no tienen valor alguno comparadas con las recompensas que recibirá aquí y en esta vida, el hombre que trata de fusionar su conciencia cotidiana con la de su propia alma. Entonces penetra en la comunidad de las almas y ya no está solo. Los períodos de soledad son únicamente el resultado de una errónea orientación y del aferramiento a aquello que oculta la visión y colma las manos en tal medida, que no puede apoderarse de lo que se ha denominado la "joya en el loto".




REGLA TRES

La Energía circula. El punto de luz, producto de la labor de los cuatro, crece y aumenta. Miríadas se reúnen en torno de su calor resplandeciente, hasta que merma su luz y su fuego disminuye. Después será emitido el segundo sonido.

LA LUZ DEL ALMA Y LA LUZ DEL CUERPO

En estas Reglas de la Magia, se hallan incorporadas las leyes del trabajo creador y los medios por los cuales el hombre puede actuar como alma encarnada. No se ocupan principalmente de las reglas que rigen el desenvolvimiento del hombre. Mucho podrá aprenderse incidentalmente sobre esto, porque el hombre progresa mediante la comprensión y el trabajo creador, pero no es éste el objetivo principal de la enseñanza.

A través de los procesos de meditación que creciente y gradualmente se van sintetizando, llevados a cabo por el alma en su propio plano y en el del aspirante, el hombre manifiesta (en el cerebro físico) un punto de luz que se ha encendido ocultamente en el plano de la mente. La luz significa siempre dos cosas, la energía y su manifestación en la forma, porque luz y materia son términos sinónimos. El pensamiento del hombre y la idea del alma han encontrado un punto de contacto y ha venido a la existencia el germen de una forma mental. Cuando esta forma mental se complete, incorporará esa parte del gran Plan (en el que está trabajando la Jerarquía) que el hombre puede visualizar, captar e incluir en el plano mental. Esto es lo que se comprende por la palabra "servicio", en las primeras etapas de la aspiración del hombre, en sus primeros pasos en el sendero del discipulado y en las dos primeras iniciaciones. Al principio capta a tientas la idea de la unidad de la Vida y su manifestación, como Hermandad, existente entre todas las formas de esa Vida divina. Este ideal subjetivo conduce paulatinamente a la apreciación de la forma en que esta relación esencial puede desarrollarse prácticamente. Puede observarse su expresión en los grandes esfuerzos humanitarios, en las organizaciones destinadas al alivio del sufrimiento humano y animal, y en los esfuerzos mundiales para el mejoramiento de las relaciones internas de naciones, religiones y grupos.

En la actualidad un gran número de unidades humanas han hecho ya contacto con el Plan jerárquico, de manera que puede deducirse sin peligro, que el cerebro colectivo de la familia humana (esa entidad que llamamos el cuarto reino de la naturaleza) es sensible a la visión y ha construido su forma iluminada en el plano mental. Más adelante, los conceptos acerca del servicio y del yo, serán inadecuados y se encontrará una forma más apropiada de expresión, pero por el momento, ésta es suficiente.

Esta forma mental, creada por el aspirante, es llevada a la existencia por las energías enfocadas del alma y las fuerzas reorientadas de la personalidad. Esto abarca tres etapas:

1. El período en que el aspirante lucha para lograr esa quietud interna y atención dirigida, que le permitirá oír la Voz del Silencio. Esa voz le expresará, a través de símbolos y la interpretación correcta de las experiencias de la vida, los propósitos y planes con los cuales puede cooperar. De acuerdo a su etapa de desarrollo estos planes pueden expresar:

a. Los planes ya materializados que adquieren forma grupal en el plano físico, con los cuales podrá cooperar, sumergiendo en ellos su propio interés.

b. El plan o fracción de un plan, que es privilegio del individuo manifestar y materializar como actividad grupal en el plano físico. La función de algunos aspirantes es ayudar a esos grupos que están en actividad operante. La función de otros es iniciar esas formas de actividad que están todavía en el plano subjetivo. Sólo los aspirantes libres de ambición personal podrán cooperar verdaderamente en este segundo aspecto del trabajo. Por lo tanto, "Matad la ambición".

2. El período en el que se habitúa a oír con claridad e interpretar correctamente la voz interna del alma y a reflexionar sobre el mensaje impartido. Durante este período "la energía circula". Se establece una constante respuesta rítmica con la energía mental del alma y, hablando figuradamente, hay un constante fluir de fuerza entre ese centro de energía que llamamos el alma en su propio plano, y ese centro de fuerza que es un ser humano. La energía fluye a través del "hilo" denominado sutratma, y establece una respuesta vibratoria entre el cerebro y el alma.

Aquí podría dar una interesante información, pues me propongo en estas instrucciones vincular las analogías que existen entre los diferentes aspectos de la divinidad, tal como se expresan en el hombre o en el macrocosmos, el Hombre celestial.

La antigua yoga de la época atlante (que ha llegado hasta nosotros en la enseñanza necesariamente fragmentada de la yoga de los centros) nos informa que el reflejo del sutratma, en el organismo humano, se denomina la médula espinal, expresándose en tres canales de nervios, a los cuales se los denomina ida, pingala y, al canal central, sushuma. Cuando las fuerzas negativas y positivas del cuerpo, que se expresan por medio de los nervios ida y pingala, están equilibradas, las fuerzas pueden ascender y descender por el canal central al cerebro, y desde éste, pasando sin impedimento alguno, a través de los centros de la columna vertebral. Cuando esto sucede tenemos la perfecta expresión del alma en el hombre físico.

En realidad constituye la analogía del sutratma, cuando vincula al hombre físico con el alma, porque el sutratma a su vez expresa la energía positiva del espíritu, la energía negativa de la materia y la equilibrada energía del alma, pues el objetivo actual de la humanidad es lograr el equilibrio. Durante el período de las iniciaciones posteriores, el empleo positivo de la energía espiritual reemplaza al empleo equilibrado de la fuerza del alma, pero de esta etapa posterior el aspirante no debe aún preocuparse. Que trate de descubrir el "noble sendero medio" entre los pares de opuestos, e incidentalmente descubrirá que las fuerzas que él usa en el plano físico, utilizarán el canal central nervioso de la columna vertebral. Esto ocurrirá cuando la transmisión de la luz y la verdad al cerebro físico, por intermedio del canal central del sutratma vinculador, llegue a ser de utilidad satisfactoria. Estos conceptos e ideas (hablando en símbolos) que vienen por el canal sutrátmico negativo, son bien intencionados, pero carecen de fuerza y quedan en la nada. Están matizados por la emoción y desprovistos de la forma organizada que la mente pura puede proporcionar. Los que llegan por el canal opuesto (hablando en sentido figurado) producen una concreción demasiado rápida y están motivados por la ambición personal de una mentalidad rectora. La mente es siempre egoísta, autoafirmativa y expresa la ambición personal, que lleva dentro de sí el germen de su propia destrucción.

Sin embargo, cuando se utiliza el sutrátmico sushuma, el canal nervioso central y su energía, el alma, como creador inteligente y magnético, trasmite sus energías. Entonces los planes pueden madurar según el propósito divino y seguir con sus actividades constructivas "en la luz". El punto de contacto egoico y lunar emite siempre un punto de luz, como ya hemos visto en las Reglas para la Magia, tiene su enfoque en un punto del sutratma que es la analogía de la luz en la cabeza del aspirante.

3. El período en que entona la Palabra Sagrada y -fusionándola con la voz del ego o alma- pone en movimiento materia mental para la construcción de su forma mental. El hombre en el plano físico es el que entona ahora la Palabra, y lo hace en cuatro formas:

a. Se convierte en la Palabra encarnada, y trata de "ser lo que es".

b. Entona la Palabra dentro de sí mismo tratando de hacerlo como alma. Se visualiza como el alma que exhala energía mediante esa Palabra, a través de todo el sistema que su alma anima -sus instrumentos mental, emocional, vital y físico.

c. Entona la Palabra, literalmente hablando, en el plano físico, afectando así los tres grados de materia en su medio ambiente. Durante todo ese tiempo "se ocupa de mantener la mente firme en la luz", y sostener inamovible la conciencia en el reino del alma.

d. Además lleva adelante (y esta es la etapa más difícil) una actividad paralela, de constante visualización de la forma mental, por medio de la cual espera expresar ese aspecto del plan con el que ha hecho contacto, y tiene la esperanza de llevarlo a la actividad por medio de su propia vida y en su propio medio ambiente.

Esto sólo es posible cuando se ha establecido una firme relación entre el alma y el cerebro. El proceso implica la capacidad del cerebro para registrar lo que el alma percibe, de lo cual es consciente en el reino del alma. Implica también una actividad paralela llevada a cabo en la mente, porque el aspirante tiene que interpretar la visión y utilizar la facultad concreta inteligente para la sabia adaptación del tiempo y de la forma, a la justa expresión de lo aprendido. Esto no es algo fácil de hacer, pero el aspirante debe aprender oportunamente a expresarse con plena conciencia, en diferentes maneras y en forma simultánea. Así comienza a aprender a realizar una triple actividad. Esto lo expresa El Antiguo Comentario, de la manera siguiente:

"El Orbe solar resplandece con radiante esplendor. La mente iluminada refleja la gloria solar. El orbe lunar se eleva desde el centro hasta la cima y se transforma en radiante sol de luz. Cuando estos tres soles son uno, aparece Brahma. Nace un mundo iluminado".

Esto literalmente significa que cuando el alma (simbolizada como el Orbe solar), la mente y la luz en la cabeza, forman una unidad, el poder creador del Ángel solar puede expresarse en los tres mundos y construir una forma por la cual su energía se manifieste activamente. El orbe lunar es una forma simbólica de expresar el plexo solar, el cual oportunamente debe realizar dos cosas:

1. Mezclar y fusionar las energías de los dos centros inferiores de fuerza.

2. Elevar estas energías fusionadas y así, mezclándose con las energías de otros centros superiores, llegar a la cabeza.

Lo antedicho encierra una enseñanza y una teoría. Y debe ser elaborado por el experimento práctico, la experiencia y la actividad consciente del aspirante.

También quisiera señalar la naturaleza del servicio que la humanidad como un todo, está prestando en el plan general de evolución. La regla en consideración no se aplica sólo al hombre individual, sino a la actividad predestinada del cuarto reino de la naturaleza. Por medio de la meditación, la disciplina y el servicio, el hombre convierte en una luz radiante -que ilumina los tres mundos- ese punto de luz parpadeante que vino al ser en el momento de su individualización, en épocas pasadas. Tiene su reflejo en la luz de la cabeza. Así se establece esa relación que permite, no sólo la sincronización vibratoria, sino también la irradiación y el despliegue de fuerza magnética, y también su reconocimiento en los tres mundos del medio ambiente inmediato del hombre.

Lo mismo sucede con el reino humano. A medida que acrecienta su iluminación, y su luz se hace más potente, su efecto en los reinos subhumanos es análogo al del alma individual -su reflejo- en el hombre en encarnación física. Digo que es análogo a una fuerza causativa, aunque no una analogía en sus efectos. Observen esta diferencia. La humanidad es macrocósmica en relación con los estados subhumanos de conciencia, y esto lo ha señalado muy bien H.P.B. El efecto producido sobre estos estados inferiores y materiales, es principalmente cuádruple.

1. La estimulación del aspecto espiritual que se expresa como alma en todas las formas, tales como la de un mineral, una flor o un animal. El aspecto positivo de la energía en todas estas formas se hará más fuerte, produciendo por ejemplo, acrecentada irradiación en el reino mineral. He aquí un indicio de la naturaleza del proceso que pondrá término a nuestra propia existencia planetaria y, finalmente, a nuestro sistema solar. En el reino vegetal traerá una acrecentada belleza y diversidad, y la evolución de nuevas especies con una finalidad inexplicable para quienes aún no son iniciados. Uno de los resultados será la producción de formas nutritivas que servirán a las necesidades de los ángeles y devas menores.

En el reino animal su efecto será la eliminación del dolor y el sufrimiento, y un retorno a las condiciones ideales del Jardín del Edén. Cuando el hombre actúa como alma, cura, estimula y vitaliza; transmite las fuerzas espirituales del universo, y todas las emanaciones nocivas y las fuerzas destructoras encuentran una barrera en el reino humano. El mal y sus efectos dependen mayormente de la humanidad como canal activo. La función de la humanidad consiste en transmitir y manejar fuerza. Esto, en las etapas primitivas e ignorantes, se efectúa en forma destructiva y con resultados perjudiciales. Después, cuando actúa bajo la influencia del alma, la fuerza es manejada correcta e inteligentemente con resultados benéficos. Es muy cierta que: "Toda la creación gime a una, y está en dolores de parto hasta ahora, aguardando la manifestación de los hijos de Dios".

2. La introducción de la luz. La humanidad es el planetario portador de luz, trasmitiendo la luz del conocimiento, de la sabiduría y de la comprensión, en sentido esotérico. Estos tres aspectos de la luz llevan los tres aspectos de la energía del alma, al alma de todas las formas, mediante el ánima mundi, el alma del mundo. Físicamente hablando, podemos comprenderlo si apreciamos la diferencia entre nuestra iluminación planetaria actual y la de hace quinientos años -las ciudades y los distritos rurales intensamente iluminados que brillan en la noche con sus calles y hogares alumbrados; los aeródromos con sus reflectores y relucientes luces; los océanos salpicados de barcos iluminados, y los aviones resplandecientes de luz atravesando los cielos.

Esto es sólo el resultado de la creciente iluminación del hombre. Su conocimiento de la luz lo ha traído a la existencia. ¿Quién puede predecir qué acontecerá cuando predomine el aspecto sabiduría? Cuando el conocimiento y la sabiduría estén fusionados por la comprensión, el alma controlará los tres mundos y todos los reinos de la naturaleza.

3. La transmisión de la energía. La clave de la significación de esto puede ser captada como un concepto, aunque todavía no será comprendida si se reconoce que el reino humano actúa sobre los tres reinos subhumanos y los afecta. El triángulo espiritual descendente y el triángulo material ascendente, unen sus vórtices en la humanidad cuando ha encontrado el punto de equilibrio. En la realización y espiritualización del hombre reside la esperanza del mundo. El género humano es el Salvador mundial, del cual todos los Salvadores mundiales han sido símbolo y garantía.

4. La unión de la evolución dévica o angélica con la humana. Éste es un misterio que se solucionará a medida que el hombre adquiera la conciencia de su propio Ángel solar, sólo para descubrir que ella no es más que otra forma de vida que, habiendo servido su propósito, debe ser dejada atrás. La evolución angélica o dévica, es una de las grandes líneas de fuerza contenidas en la expresión divina y en los Ángeles solares; los Agnishvattas de La Doctrina Secreta y de Tratado sobre Fuego Cósmico -en su aspecto forma- pertenecen a esa línea.

Así sirve la humanidad, y en el desarrollo de una aptitud consciente de servicio, en el acrecentamiento de una comprensión consciente de la parte individual que debe desempeñar en el desarrollo del plan y en el sometimiento de la personalidad al alma, se logrará el constante progreso de la humanidad hacia su meta de servicio mundial.

¿Podría decir algo aquí para que esta consumación llegue a ser una meta práctica en sus vidas? Las condiciones magnéticas perjudiciales, resultado del incorrecto manejo de la fuerza por el hombre, son las causas del mal que existe en el mundo circundante, incluyendo los tres reinos subhumanos. ¿Cómo podríamos cambiar esto individualmente? Por el desarrollo de nuestra propia Inofensividad. Por lo tanto, analícense a sí mismos desde este ángulo. Estudien su conducta diaria, sus palabras y pensamientos, hasta lograr ser completamente inofensivos. Oblíguense a pensar sobre esas ideas, respecto a ustedes y los demás, para que sean constructivas y positivas, y por lo tanto de efectos inofensivos. Examinen el efecto emocional que ustedes producen sobre otros, de manera que ningún estado de ánimo, depresión ni reacción emocional, puedan dañar al semejante. Recuerden en conexión con esto que la violenta aspiración espiritual y el entusiasmo mal aplicado o mal orientado, pueden fácilmente herir a un semejante; por lo tanto cuiden sus tendencias erróneas y no sólo sus virtudes.

Si la inofensividad es la nota clave de su vida, podrán producir más condiciones armónicas en la personalidad, que cualquier disciplina en otras líneas. La depuración drástica obtenida al alcanzar la inofensividad ayudará mucho a eliminar estados erróneos de conciencia. Reflexionen sobre esto e introduzcan dicha idea en la recapitulación vespertina.

Quisiera urgir a quienes leen estas páginas a hacer un nuevo comienzo en el vivir espiritual. Les diría, olviden todo lo realizado en el pasado, tengan fervor y concéntrense en el Plan.

Ya habrán hecho algún progreso en la comprensión grupal, y se interesarán menos por el yo separado. Sin duda adquirieron más fe en la Buena Ley que guía a toda la creación hacia la perfección final que ya habrán visualizado y, por medio de esta visión, pudieron apartar los ojos de los asuntos de la experiencia individual, dirigiéndolos al desarrollo del propósito para la totalidad. Tal es el objetivo y la meta. Amplitud de visión, comprensión incluyente y un horizonte más amplio, son los preliminares esenciales de todo trabajo que está bajo la guía de la Jerarquía de adeptos; la estabilización de la conciencia en la vida una y el reconocimiento de la unidad básica de toda la creación, tendrán que desarrollarse parcialmente antes de poder confiar a nadie ciertos conocimientos y Palabras de Poder, y el manejo de esas fuerzas que traen la realidad subjetiva a la manifestación externa.

En esta oportunidad les digo que yo -discípulo de más edad y quizás con mayor experiencia y trabajador en la gran viña del Señor- practico la inofensividad con celo y comprensión, porque (si realmente es practicada) destruye toda limitación. La ofensividad está basada en el egoísmo y en una actitud egocéntrica. Es la demostración de fuerzas concentradas en la autoimposición, el autoengrandecimiento y la autosatisfacción. Inofensividad es la expresión de la vida del hombre que se da cuenta que está en todas partes y vive conscientemente como alma, cuya naturaleza es amor y cuyo método es inclusividad, para quien todas las formas son iguales en el sentido de que velan y ocultan la luz y las simples exteriorizaciones del Único Ser Infinito. Quisiera recordarles que este logro se demostrará verdaderamente como comprensión de la necesidad del hermano, sin ningún sentimiento y conveniencia. Conducirá a ese silencio que se produce al referirse al yo separado. Producirá respuesta instantánea a la verdadera necesidad, característica de los Grandes Seres, que (al ir más allá de la apariencia externa) perciben la causa interna que produce las condiciones observadas en la vida externa y, desde ese punto de sabiduría, puede darse verdadera ayuda y guía. La inofensividad produce en la vida, cautela en el juicio, reticencia al hablar, habilidad para abstenerse de toda acción impulsiva, y demuestra un espíritu exento de crítica. De esta manera las fuerzas del verdadero amor y también esas energías espirituales que parecen vitalizar la personalidad, pasarán libremente y en consecuencia conducirán a la correcta acción.

Que la inofensividad sea, por lo tanto, la nota clave de su vida. En estas líneas debe efectuarse la recapitulación vespertina, clasificar el trabajo de recapitulación en tres partes, considerando:

1. El pensar inofensivo. Dará por resultado especialmente el control de la palabra.

2. La reacción emocional inofensiva. Traerá como resultado un canal para el aspecto amor del alma.

3. La acción inofensiva. Producirá equilibrio, capacidad en la acción y liberación de la voluntad creadora.

Estos tres acercamientos al tema deben ser estudiados a través del efecto que producen sobre nuestro propio yo y desarrollo y en aquellos con quienes nos ponemos en contacto y los asociados en nuestro medio ambiente.

Quisiera intercalar aquí la observación de que hago sugerencias basadas en las experiencias del trabajo esotérico. No es obligatorio obedecer. Tratamos de entrenar a servidores inteligentes de la raza, que se desarrollan mediante el esfuerzo autoiniciado, la libertad de acción y el discernimiento en el método, y no por ciega obediencia, pasividad negativa y adhesión incondicional. Recuérdenlo. Si alguna vez el mandato surgido del grupo subjetivo de instructores, del cual soy un humilde miembro, imparte una orden que sea para seguir los dictados de la propia alma y las inspiraciones del yo superior.

Antes de analizar esta regla y la anterior, pues las Reglas Dos y Tres son mitades de un entero, quisiera recordarles que en esta serie de meditaciones sobre fórmulas antiguas, nos ocuparemos del trabajo mágico del aspirante como colaborador en las empresas de la Gran Logia Blanca. Me referiré a los métodos de magia blanca. También les recordaré que el trabajo mágico de nuestra Jerarquía planetaria consiste en cuidar la psiquis en el mundo de las formas, para que la flor del alma, a medida que se vaya abriendo, pueda ser nutrida y preservada en tal forma, que la gloria radiante, la fuerza magnética y, finalmente, la energía espiritual, puedan expresarse mediante la forma. Así se podrá percibir el poder de los tres Rayos de Manifestación divina.

Primer rayo energía espiritual
Segundo rayo fuerza magnética
Tercer rayo gloria radiante

Estos rayos tienen también sus reflejos microcósmicos en el aura del hombre perfecto.

Primer rayo monádico energía espiritual centro coronario.
Segundo rayo egoico fuerza magnética centro cardíaco.
Tercer rayo personalidad gloria radiante plexo solar.

Quizá se pregunten, ¿por qué no menciono el centro laringeo? Porque los centros abajo del diafragma simbolizan principalmente el yo inferior personal, y su centro sintetizador, el plexo solar, expresa la fuerza magnética del aspecto materia en el hombre. A medida que la personalidad vibra para el alma, el centro laríngeo es impelido a una creciente actividad creadora.

Consideraremos ahora las palabras finales de la regla anterior: "La luz inferior es proyectada hacia arriba; la luz superior ilumina a los tres, y el trabajo de los cuatro prosigue".

¿Qué sucede con esta luz inferior? El estudiante debería recordar que para los actuales propósitos debe considerar tres cuerpos de luz:

El cuerpo radiante del alma, en su propio plano, denominado frecuentemente Karana Sarira o cuerpo causal.

El cuerpo vital o etérico, el vehículo de prana, el cuerpo de luz dorada o, mejor dicho, el vehículo de color flamígero.

El cuerpo de "luz oscura” modo esotérico de referirse a la luz oculta del cuerpo físico y a la luz latente en el átomo mismo.

El Antiguo Comentario se refiere a estos tres tipos de energía con los términos simbólicos siguientes:

"Cuando, la radiante luz del Ángel solar se fusiona con la luz dorada del intermediario cósmico, despierta de la oscuridad a la ínfima llama de anu, la partícula."

"El intermediario cósmico" es el término aplicado al cuerpo etérico, parte integrante del éter universal. A través del cuerpo etérico fluyen todas las energías, ya emanen del alma, del sol o de un planeta. Por estas líneas vivientes de esencia ígnea pasan todos los contactos que no emanan específicamente del mundo tangible.

La oscura luz de los diminutos átomos de que está construido el vehículo físico, responde al estímulo que desde el alma desciende a su vehículo y, cuando el hombre está bajo el control del alma, resplandece la luz en todo el cuerpo. Ésta se manifiesta como la irradiación que emana de los cuerpos de los adeptos y santos, produciendo el efecto de brillante y reluciente luz.

Cuando la radiante luz del alma se fusiona con la luz magnética del cuerpo vital, estimula los átomos del cuerpo físico a tal extremo, que cada uno de ellos a su vez se convierte en un pequeño centro radiante. Esto es sólo posible cuando los centros coronario, cardíaco, plexo solar y el de la base de la columna vertebral, están conectados en forma peculiar, siendo éstos uno de los secretos de la primera iniciación. Cuando los cuatro colaboran estrechamente, la "base del triángulo", según se la denomina simbólicamente, está preparada para el trabajo mágico. En otras palabras, se los puede enumerar de la manera siguiente:

a. La forma física material, con su centro en la base de la columna vertebral.

b. El cuerpo vital, actuando por medio del centro cardíaco, donde radica el principio vida. Las actividades del cuerpo, debido a este estímulo se realizan por medio de la circulación de la sangre.

c. El cuerpo emocional, actuando mediante el centro plexo solar.

d. El centro coronario, agente directo del alma, y su intérprete, la mente. Los cuatro se hallan en completo acuerdo y alineamiento.

Cuando tal es el caso, es posible el trabajo de iniciación y sus períodos de discipulado activo. El trabajo no puede proseguir hasta lograrse esto, lo cual está previsto en el aspirante al efectuarse el acontecimiento simbólico de la luz en la cabeza, precursor de un estado posterior de la iniciación.

En esta etapa, la luz del alma penetra en la región de la glándula pineal, irradiando allí los éteres en la cabeza, los aires vitales, lo cual estimula los átomos del cerebro, de manera que su luz se fusiona y mezcla con las otras dos, la etérica y la del alma; entonces se produce ese radiante sol interno del cual el aspirante es consciente en su cerebro físico. Frecuentemente los estudiantes hablan de una luz difusa o resplandor, luz de los átomos del plano físico de los cuales está compuesto el cerebro; posteriormente quizá digan que han visto en la cabeza algo parecido a un sol, lo cual significa hacer contacto con la luz etérica y la luz física atómica. Luego, perciben una luz eléctrica intensamente brillante; es la luz del alma, unida a la etérica y a la atómica. Cuando llegan a ver esto, son a menudo conscientes de un centro oscuro dentro del sol radiante. Ésta es la entrada en el sendero, revelada por "la luz enfocada en la puerta".

Los estudiantes deben recordar que puede alcanzarse una elevada etapa de conciencia espiritual sin haber visto esta irradiación del cerebro. Ello corresponde a la categoría de los fenómenos, y en gran parte lo determina la calidad del cuerpo físico, el karma pasado, lo que se ha realizado y la capacidad del aspirante para hacer descender el "poder de lo alto" y mantener esa energía firmemente en el centro cerebral, mientras que en su meditación se separa del aspecto forma, y puede contemplarla serenamente.

Logrado esto (que no es un objetivo a alcanzarse, sino simplemente la indicación de que debe ser registrado en la conciencia y luego olvidado), el consiguiente estímulo produce una reacción en el cuerpo físico. El poder magnético de la luz en la cabeza y la fuerza radiante del alma provocan estímulo. Los centros comienzan a vibrar, y su vibración despierta los átomos del cuerpo material, hasta que, eventualmente, los poderes del vibrante cuerpo etérico han impelido al centro más bajo alinearse con el más elevado. Así los fuegos del cuerpo (suma total de la energía de átomos) son arrastrados a una acrecentada actividad, hasta el momento de producirse un ascenso en la columna vertebral de esa energía ígnea. Se origina por el control magnético del alma, situada "en el trono entre las cejas”.

Aquí interviene el trabajo de uno de los métodos de yoga, la abstracción o retraimiento. Cuando las tres luces se mezclan, los centros se activan y los átomos vibran, el hombre puede centrar a voluntad los tres en la cabeza. Entonces, mediante un acto de la voluntad y el conocimiento de ciertas palabras de Poder, podrá entrar en samadhi y retirarse de su cuerpo, llevando consigo la luz. La luz mayor (las tres fusionadas y mezcladas) ilumina así los tres mundos del esfuerzo humano, y "la luz es proyectada hacia arriba", e ilumina todas las esferas de la experiencia consciente e inconsciente del hombre. Sobre esto se habla en los escritos ocultos de los Maestros:

"Entonces el Toro de Dios lleva la luz en la frente y su ojo transmite la irradiación; la fuerza magnética de Su cabeza se asemeja al fulgurante sol y del loto de la cabeza sale el sendero de luz. Penetra en el Ser mayor, produciendo un fuego viviente. El Toro de Dios percibe al Ángel solar, y sabe que ese Ángel es la luz en la cual camina".

Luego prosigue el trabajo de los cuatro. Los cuatro se unifican. El Ángel solar se identifica con su instrumento; la vida de los vehículos se subordina a la de la divinidad interna; la luz de los vehículos se fusiona con la luz del alma. La cabeza, el corazón y la base de la columna vertebral, se alinean geométricamente, entonces son posibles ciertos desarrollos.

En estas dos reglas se han sentado las bases del trabajo mágico del alma. Para mayor claridad enumeremos los pasos delineados:

1. El Ángel solar comienza el trabajo de iniciar a la Personalidad.

2. Retira sus fuerzas de las empresas del alma en el reino espiritual, y centra su atención en el trabajo que debe realizarse.

3. Entra en profunda meditación.

4. Establece relación magnética con el instrumento en los tres mundos.

5. El instrumento, el hombre, responde, y también entra en meditación.

6. El trabajo prosigue en etapas ordenadas y en cíclica actividad.

7. La luz del alma es proyectada hacia abajo.

8. La luz del cuerpo vital y de la forma física se sincroniza con la de la cabeza.

9. Los centros entran en actividad.

10. La luz del alma y los otros dos aspectos de la luz son tan intensos ahora que toda la vida de los tres mundos se ilumina.

11. El alineamiento tiene lugar y es posible el trabajo del discipulado y de la iniciación, prosiguiendo de acuerdo con la Ley del Ser.

PRINCIPIOS Y PERSONALIDADES

Ahora bien, existe un punto que merece ser considerado y puede encararse con un interrogante. El estudiante podría muy bien investigar la cuestión de la manera siguiente:

Algunas personas encaran el problema del Ser por la apreciación mental y otros por la comprensión del corazón; algunos están motivados por la cabeza y otros por el corazón; hay quienes hacen cosas o evitan hacerlas, no porque las sienten sino porque las saben, reaccionando a su medio ambiente en forma mental, en lugar de hacerlo emocionalmente.

"Hay que buscar iluminación para saber si para algunos el sendero consiste en no prestar servicio, porque más bien conocen que aman a Dios, que después de todo no es más que su propio yo interno. ¿No es éste el sendero del ocultista y del sabio más bien que el del místico y del santo? Después de lo dicho y hecho, ¿no es principalmente cuestión de saber el rayo a que uno pertenece y bajo qué Maestro se recibe el aprendizaje? ¿No es el verdadero conocimiento una especie de amor intelectual? Si un poeta puede escribir una oda a la belleza intelectual, ¿por qué no podemos expresar nuestro aprecio por una entidad concebida por la cabeza más que por el corazón. El corazón tiene su valor, pero no es adecuado para la rudeza del mundo.

"¿Qué otra cosa puede hacerse sino aceptar las actuales limitaciones mientras se buscan las cosas trascendentales que le corresponde, según la Ley Divina de evolución? ¿No existe acaso aquello que (comparativamente) es como un complejo espiritual de inferioridad, de parte de quienes son sensibles (y quizás supersensibles), al hecho de que, si bien sus vidas están intelectualmente colmadas de interés, el desierto de sus corazones no han llegado a florecer como la rosa?

"En otras palabras, siempre que uno acuda a servir en el lugar designado, aceptando la Hermandad en Presencia de la Paternidad, ¿qué importa que el postulado fundamental sea para él una cosa de la cabeza, en vez de serlo del corazón?"

Responderé a estas preguntas de la manera siguiente:

No es cuestión de rayo ni de una diferencia básica entre el ocultista y el místico. En el individuo íntegro deben actuar con igual poder la cabeza y el corazón. No obstante, en tiempo y espacio y durante el proceso de evolución, los individuos se caracterizan por la tendencia que predomina en cualquier vida; hacemos estas diferencias transitorias porque no percibimos el conjunto. En determinada vida el hombre puede ser predominantemente mental, pues para él, el sendero del Amor de Dios no sería apropiado. El Amor de Dios afluye a su corazón y en considerable medida su acercamiento esotérico se basa en la percepción mística de sus vidas anteriores. Su problema es conocer a Dios, con la finalidad de interpretar ese conocimiento como amor a todo. Por lo tanto, el amor responsable, expresado como deber hacia el grupo y la familia, es para él la línea de menor resistencia. El amor universal irradiado a toda la naturaleza y a todas las formas de vida, vendrá después de un mayor conocimiento de Dios, y será parte de su desarrollo en otra vida.

Quienes estudian la naturaleza humana (y esto deberían hacerlo todos los aspirantes) harían bien en tener presente que existen diferencias transitorias. Las personas difieren en:

a. El rayo (que afecta predominantemente al magnetismo de la vida).

b. El acercamiento a la verdad, teniendo mayor poder de atracción el sendero ocultista o el místico.

c. La polarización, que decide la intención emocional, mental o física, de una vida.

d. La etapa de evolución, que produce las diferencias observadas entre los hombres.

e. El signo astrológico, que determina la tendencia de determinada vida.

f. La raza, que pone a la personalidad bajo la peculiar forma mental racial.

El subrayo al que pertenece el hombre, ese rayo menor que varía de una encarnación a otra, colora mayormente su vida. Es su matiz secundario. Recuerden que el rayo primario de la mónada continúa durante el eón. No varía. Es uno de los tres rayos primarios que oportunamente los hijos de los hombres sintetizarán. El rayo egoico varía de ronda en ronda, y en las almas más evolucionadas de raza en raza, y comprende uno de los cinco rayos de nuestra actual evolución. Es el rayo predominante por el cual vibra el cuerpo causal del hombre. Puede corresponder al rayo de la mónada, o ser uno de los colores complementarios del primario. El rayo de la personalidad varía vida tras vida, hasta haber pasado por toda la gama de los siete subrayos del rayo monádico.

Por consiguiente, al tratar con personas cuyas mónadas están en un rayo similar o complementario, se hallará que se aproximan por simpatía. Sin embargo, conviene recordar que la evolución debe ser muy avanzada para que el rayo de la mónada influya ampliamente. De este modo la mayoría de los casos no pertenecen a esa categoría.

Referente al hombre común evolucionado, que lucha por aproximarse al ideal, la similitud del rayo egoico producirá una mutua comprensión, que lo llevará a la amistad. Es fácil para dos personas del mismo rayo egoico comprender sus puntos de vista y llegar a ser grandes amigos, con una mutua fe inquebrantable, pues cada uno reconoce en el otro el mismo modo de actuar.

Pero cuando (agregado a la similitud egoica de rayo) la personalidad pertenece al mismo rayo, entonces tenemos una de esas cosas poco frecuentes, una perfecta amistad, un casamiento feliz, un vínculo inquebrantable entre dos. Esto, en realidad, es sumamente raro.

Cuando se trata de dos personas cuya personalidad pertenece al mismo rayo, y a distinto rayo egoico, puede existir una de esas amistades y afinidades breves y repentinas, pero tan efímeras como una mariposa. Es menester tenerlo presente, pues reconociéndolo se obtiene la capacidad de adaptación. La claridad de visión da por resultado una actitud prudente.

Otra causa de disidencias puede deberse a la polarización de los cuerpos. A no ser que esto sea reconocido, al tratarse las personas, se producirá incomprensión. El empleo de los términos, "un hombre polarizado en su cuerpo astral", en realidad, significa el hombre cuyo ego actúa principalmente a través de dicho vehículo. La polaridad indica la claridad del canal. Permítaseme ilustrarlo. El ego del hombre común tiene su morada en el tercer subplano del plano mental. Cuando el hombre posee un vehículo astral compuesto en su mayor parte de materia del tercer subplano astral, y el mental se encuentra mayormente en el quinto subplano, el ego centrará sus esfuerzos en el cuerpo astral. Si tiene un cuerpo mental de materia del cuarto subplano y un cuerpo astral del quinto subplano, la polarización será mental.

Cuando se habla que el ego controla más o menos al hombre, en realidad se quiere decir que ha incorporado en sus cuerpos materia de los subplanos superiores.

El ego controla con interés sólo cuando el hombre ha eliminado de sus vehículos casi toda la materia del séptimo, sexto y quinto subplanos. Cuando ha incorporado cierta cantidad de materia del cuarto subplano, el ego amplía su control; cuando existe cierta cantidad del tercer subplano, entonces el hombre está en el sendero; cuando predomina materia del segundo subplano entonces recibe la iniciación, y cuando tiene solamente materia de sustancia atómica se convierte en Maestro. Por lo tanto, el subplano en el que se encuentra el hombre es importante, y el reconocimiento de su polarización dilucida la vida.

La tercera cosa a recordarse es que aunque se aceptan ambos puntos, la edad y la experiencia del alma con frecuencia originan incomprensión. Los dos puntos anteriores no nos llevan muy lejos, porque la capacidad de percibir el rayo del hombre no es aún para esta raza. Una aproximada suposición y el uso de la intuición, es todo lo que se puede hacer. Los pocos evolucionados no pueden comprender perfectamente a los muy evolucionados, y en menor grado el alma avanzada no comprende al iniciado. Lo mayor puede comprender lo menor, pero no lo contrario.

Respecto a la actividad de aquellos cuyo punto de realización trasciende el propio, sólo les pediré hacer tres cosas:

a. No juzgar. Ellos tienen mayor visión. Recuerden que una de las mayores cualidades que han alcanzado los miembros de la Logia es su habilidad para considerar la destrucción de la forma como algo sin importancia. Les preocupa la vida en evolución.

b. Comprender que todos los acontecimientos son producidos por los Hermanos, teniendo en vista un sabio propósito. Los iniciados de grado inferior, aunque agentes absolutamente libres, encuadran en los planes de sus superiores, del mismo modo que lo hacen ustedes en escala menor. Tienen lecciones que aprender, y la regla del aprendizaje dice que la experiencia debe ser pagada. La captación viene a través del castigo que sigue a la acción irrazonable. Sus superiores permanecen preparados para sacar provecho de las situaciones producidas por los errores de quienes están en una etapa inferior de desarrollo.

c. Tener presente que la Ley de Renacimiento oculta en sí el secreto de la crisis actual. Los egos se reúnen en grupos para agotar cierto karma acumulado en el pasado, en el cual pecaron lastimosamente los hombres. El castigo y la transmutación son consecuencias naturales. La violencia y la crueldad anteriores traerán un pesado karma, pero ustedes tienen en sus manos la trasmutación de los antiguos errores.

Recuerden además que los principios son eternos y las personalidades transitorias. Los principios se verán a la luz de la eternidad, las personalidades desde el punto de vista del tiempo. Lo malo es que, en muchas situaciones, están involucrados dos principios, uno de ellos secundario. La dificultad estriba en que (siendo ambos principios) los dos son correctos. Una buena regla para una guía segura, consiste en recordar siempre que generalmente los principios básicos (para una sabia comprensión y desarrollo fructífero) exigen el empleo de la intuición, mientras que los secundarios son más puramente mentales. Por eso los métodos difieren necesariamente. Al aferrarse a los principios básicos, los métodos más inteligentes son el silencio y una alegre confianza en que la Ley actúa, evitando todas las insinuaciones personales, excepto los comentarios inteligentes y amorosos, tratando de ver todo a la luz de la eternidad y no del tiempo, conjuntamente con un constante afán de seguir la ley del amor y sólo ver lo divino en el hermano, aunque tenga ideas contrarias.

En los principios secundarios, que las fuerzas opuestas destacan en la actualidad, la utilización de la mente inferior encierra el peligro de crítica y el empleo de métodos sancionados por el tiempo en los tres mundos -métodos que involucran el ataque personal, la injuria y la pérdida de energía en cosas destructivas, además de un espíritu contrario a la ley del plano, de la unidad. El término "fuerzas opuestas”, se emplea correctamente cuando se usa sólo en un sentido científico, y significa el polo opuesto que conduce al equilibrio. Por lo tanto, recuerden que aunque los grupos opuestos sean completamente sinceros, puede actuar en ellos la mente concreta como barrera para la libre acción de la visión superior. Su sinceridad es grande, pero su etapa de realización, en algunas líneas, es menor que la de aquellos que se adhieren a los principios básicos, vistos a la luz de la intuición.

Principio es aquello que encarna algún aspecto de la verdad en que está basado nuestro sistema; es la infiltración, en la conciencia del hombre, de una pequeña parte de la idea sobre la que nuestro Logos fundamenta todo lo que hace. La base de toda acción logoica es amor en actividad, y la idea fundamental sobre la cual Él basa la acción, conectada con la Jerarquía humana, es el poder del amor que impele hacia delante -llámese evolución, si desean, o impulso inherente, si prefieren, pero es amor que causa movimiento e impulsa a la consumación. Es el impulso impelente de uno y todos hacia una mayor expresión. De allí que este principio debería ser la base de toda actividad, y si la dirección de las organizaciones menores estuviera fundada sobre el amor que conduce a la actividad, crearía en todos sus miembros una urgencia divina, que análogamente los impelerá a una expresión más plena, a una plenitud más adecuada y a un mayor y satisfactorio esfuerzo.

Cuando un principio es verdaderamente fundamental, atrae inmediatamente a la intuición y demanda una inmediata reacción de asentimiento del yo superior del hombre. Para la personalidad tiene poca o ninguna atracción. Encierra un concepto del ego en su relación con los demás egos. Un principio es lo que rige siempre la acción del ego en su propio plano; sólo cuando entramos bajo la acrecentada guía de ese ego, nuestra personalidad concibe y responde a estas ideas. Éste es un punto que debe tenerse muy en cuenta en el trato con los demás, lo cual modificará nuestros juicios. La comprensión de un principio marca exactamente una etapa en la evolución.

Un principio es aquello que da vida a la afirmación de que el mayor bien es para el mayor número. Que un hombre debe amar a su esposa es la afirmación de un principio que rige a la personalidad, pero más tarde debe ser trasmutado en un principio más grande, el de que el hombre debe amar a sus semejantes. Los principios son de tres tipos, y para llegar a los superiores se debe pasar por los inferiores:

a. Los principios que rigen al yo personal inferior, y tratan de las acciones o vida activa de ese yo inferior. Encarnan el tercer aspecto, el de la actividad de la manifestación logoica, siendo la base del progreso posterior. Controlan al hombre durante su etapa poco evolucionada y el período de irreflexividad; se comprendería con mayor facilidad si dijera que están incorporados en las comunes y aceptadas reglas para vivir decentemente. No matarás, no hurtarás, tienen mucho que ver con la vida activa del hombre y con la formación de su carácter.

b. Los principios que rigen al yo superior y tratan del aspecto amor o sabiduría. Éstos nos conciernen ahora, y la mitad de las dificultades del mundo surgen en la actualidad porque estos principios más elevados, teniendo que ver con el amor o la sabiduría en toda su plenitud, recién están empezando a ser comprendidos por el vulgo. Debido al rápido reconocimiento de su veracidad y de la tentativa de convertirlos en hechos, sin haber realizado un previo reajuste del medio ambiente a esos ideales, provienen los frecuentes choques y luchas entre los que están condicionados por principios que rigen a la personalidad y quienes lo están por los que gobiernan al yo superior. Hasta que un mayor porcentaje de la raza no se rija por la conciencia del alma, esta lucha será inminente e inevitable. Cuando el plano emocional esté dominado por el intuicional, sobrevendrá entonces la comprensión universal.

El hombre aprende la primera serie de principios por medio de la codicia y el consiguiente desastre que ella produce. Robó, sufrió el castigo, y dejó de robar. El principio se forjó en él mediante el dolor y aprendió que sólo podía gozar de lo que era suyo por derecho y no por posesión. El mundo va ahora aprendiendo esta lección en forma grupal, porque a medida que los rebeldes se apoderan y retienen ilegalmente lo robado, encuentran que no les es suficiente y que les trae sufrimiento. Así, con el tiempo, van aprendiendo los principios.

La segunda serie de principios se aprende mediante la renunciación y el servicio. El hombre se aparta (después de aprender los primeros principios) de las cosas de la personalidad, y por medio del servicio aprende el poder del amor en su significado oculto. Da, y por lo tanto recibe; vive la vida de renunciación, y las riquezas del cielo afluyen a él; da lo que posee, y a su vez es colmado hasta la saciedad; nada pide para sí, y es el hombre más rico de la tierra.

Los primeros principios se relacionan con la unidad diferenciada y con la evolución a través de la heterogeneidad. Los principios que aprende actualmente la raza tienen que ver con los grupos; el interrogante no es “¿Qué será lo mejor para el hombre?" sino “¿Qué será lo mejor para los muchos?", y sólo a quienes les es posible pensar en la totalidad y visualizarla como una unidad, pueden enunciar estos principios satisfactoriamente. Son los más importantes, pues constituyen los principios básicos de este sistema de amor. La dificultad actual se debe a que los hombres están confundidos. Algunos de los primeros principios y fundamentos de la actividad inferior son innatos y están actualmente muy arraigados, sólo unos pocos de los principios egoicos superiores o del amor, se están infiltrando en sus confusos cerebros, originando un aparente y momentáneo choque de ideas. Se preguntan como Pilatos: “¿Cuál es la verdad?". Si recordaran solamente que los principios superiores conciernen al bien del grupo y los inferiores al bien del individuo, tal vez surgiría la claridad. La actividad inferior de la vida personal, por buena o digna que sea, a la larga tendrá que ser trascendida por la vida superior del amor que busca el bien del grupo y no el del ente.

Todo lo que tiende a la síntesis y a la expresión divina en el conjunto de unidades, se aproxima más al ideal y se acerca a los principios superiores. Si se piensa profundamente sobre estas ideas puede llegar alguna ayuda. Un ejemplo de lo que se dijo lo tienen en el hecho de que muchas de las luchas que surgen dentro de las organizaciones se basan en que algunas personas dignas siguen a determinadas personalidades, sacrificándose por un principio; sí, efectivamente, pero un principio que rige la vida de la personalidad. Otros, vislumbrando vagamente algo superior y buscando el bien de los grupos y no el de una persona, tropiezan con un principio superior y al hacerlo introducen, la fuerza del ego. Trabajan para otros con el objeto de ayudar a su grupo. Cuando existen roces entre los egos y las personalidades, la victoria de lo superior es segura; el principio inferior debe ceder su lugar al superior. Uno se concentra en lo que le parece de supremo valor, el cumplimiento del deseo de la vida personal, y (en este período) está interesado sólo en forma secundaria por el bien de la mayoría, aunque podrá tener momentos en los que piensa que ésa es su intención principal. A otro no le importa nada de lo que le acontece al yo personal y sólo le interesa ayudar a la mayoría. Utilizando una expresión apropiada, todo se reduce a un móvil egoísta o altruista y, como bien lo saben, los móviles varían a medida que pasa el tiempo y el hombre se aproxima a la meta del sendero de probación.

c. Los principios más elevados son los que capta el espíritu, y sólo son comprendidos fácilmente por la conciencia monádica. Únicamente a medida que el hombre trasciende su vida activa personal y sustituye la vida de amor o sabiduría, de acuerdo a como el ego la guía, puede empezar a comprender el alcance de esa vida de amor y conocerla como poder manifestado. Así como la personalidad trata de los principios que rigen la vida activa del yo inferior, y el ego actúa con la ley del amor, manifestada en el trabajo grupal o demostrada en la síntesis de los muchos en los pocos, así la mónada se ocupa de la vida activa del amor que se expresa en poder, por la síntesis de los pocos en uno solo.

El primero se ocupa de la vida del hombre en el plano físico en los tres mundos; el segundo, de su vida en niveles causales, y el último, de su vida después de haber alcanzado la meta del esfuerzo humano actual. Uno trata con entes, otro con grupos y el último con la unidad. Uno se ocupa de la diferenciación en sus formas más diversas; el segundo, de los muchos trasformados en grupos egoicos, mientras que el tercero percibe la diferenciación trasformada nuevamente en los siete, que señala la unidad de la jerarquía humana.

Todos estos factores y muchos otros producen diferencias entre los seres humanos, y al valorarse a sí mismo, el hombre debe tenerlos en consideración.

Por consiguiente, debe recordarse que un discípulo de cualquier Maestro tendrá su bagaje propio y sus acerbos y diferencias individuales. Sin embargo, puede estar seguro que hasta no haber incorporado al sendero del Conocimiento el sendero del Amor, no podrá recibir las iniciaciones mayores, porque éstas se reciben en los niveles superiores del plano mental. Hasta que el sendero de luz no se haya unido al de la vida, no podrá efectuarse la gran transición del cuarto reino al quinto. Son posibles ciertas expansiones de conciencia; pueden pasarse iniciaciones en el plano astral y en el plano mental inferior, percibirse algo de la visión y sentir la Presencia; puede llegarse al Bien Amado por medio del amor y la beatitud, y la alegría de este contacto puede traer consigo una alegría permanente; pero esa clara percepción proveniente de la experiencia pasada en el Monte de la Iluminación, es muy distinta de la alegría experimentada en el Monte de la Bendición. En uno, el Corazón es el guía, y en otro, la Cabeza.

Para responder más categóricamente: el sendero del conocimiento es el del ocultista y del sabio; el del amor es el del místico y del santo. El acercamiento por medio de la cabeza o del corazón no depende del rayo, pues ambos caminos deben ser conocidos; el místico deberá convertirse en ocultista; el ocultista blanco ha sido el místico santificado. El verdadero conocimiento es amor inteligente, porque es la fusión del intelecto y la devoción. La unidad se siente en el corazón; su aplicación inteligente a la vida debe ser desarrollada mediante el conocimiento.

Es de gran valor reconocer la tendencia del propósito de la vida, y saber si el objetivo de una vida constituye el método de la cabeza o del corazón. Aquí se requiere, sin embargo, un sutil discernimiento espiritual, porque el espejismo de la ilusión puede tentar a seguir el sendero de la inercia. Reflexionen detenidamente sobre estas palabras y asegúrense que la cuestión tenga una base sólida y que no provenga de un complejo de inferioridad, ni de la iniciativa de un hermano y su consiguiente envidia, o de una plácida inercia que niega toda actividad.

Como regla general para el aspirante común al discipulado, se supondrá, sin lugar a dudas, que en el pasado se aplicó muchas veces el método del corazón, y en esta encarnación el desenvolvimiento mental es de primordial importancia.

Una antigua escritura dice:

"No trates, oh, dos veces bendito Uno, de alcanzar la esencia espiritual antes de que la mente absorba. No es así como se busca la sabiduría. Sólo a quien tiene la mente sujeta y percibe el mundo como un espejo, se le puede confiar plenamente los sentidos internos. Sólo a quien sabe que los cinco sentidos son una ilusión y que nada permanece, excepto los dos que están adelante, se le podrá revelar el secreto de la trasposición del Cruciforme.

"El sendero hollado por el servidor es el sendero de fuego que atraviesa su corazón y conduce a la cabeza. No es en el sendero del placer ni en el del dolor donde se alcanza la liberación ni se obtiene la sabiduría. Mediante la trascendencia de ambos, por la fusión del dolor y el placer, se alcanza la meta, esa meta que está por delante como un punto de luz en la oscuridad de una noche de invierno. Este punto de luz puede recordarnos el pequeño candil de alguna triste buhardilla, pero -a medida que se sigue el sendero que conduce a dicha luz, mediante la fusión de los pares de opuestos- ese punto diminuto, frío y tembloroso, aumenta con firme irradiación y le recuerda al errante viajero la cálida luz de alguna ardiente lámpara.

"Sigue tu camino, oh Peregrino, con firme perseverancia, No existe candil ni lámpara terrenal alimentada con aceite. Acrecienta continuamente la irradiación hasta que el sendero termine en una llamarada de gloria, y el viajero de la noche se convierta en el hijo del sol y atraviese los portales de ese radiante orbe."

REGLA CUATRO

El sonido, la luz, la vibración y la forma, se entremezclan y fusionan, y así el trabajo es uno. Prosigue de acuerdo a la ley, y nada puede impedir que avance el trabajo. El hombre respira profundamente. Concentra sus fuerzas y arroja de sí la forma mental.

EL SONIDO, SU TRABAJO CREADOR

Antes de centrar nuestra atención sobre esta regla, sería conveniente recordar ciertas cosas, para que sea beneficioso reflexionar sobre la misma.

Primero: la regla que consideraremos se refiere al trabajo en el plano mental, y antes de hacerlo, es importante poseer una mente desarrollada y una inteligencia bien cultivada y también haber obtenido cierta medida de control mental. Estas reglas no conciernen a los principiantes de las ciencias ocultas, sino a quienes están preparados para trabajar en la magia y en el plano mental. El amor es el gran unificador, el principal impulso atractivo cósmico y microcósmico; pero la mente es el factor creador principal que utiliza las energías del cosmos. El amor atrae, mientras que la mente atrae, repele y coordina, de manera que su potencia es inconcebible. ¿No será posible percibir débilmente en los reinos mentales un estado de cosas, análogo al percibido en el emocional? ¿Podemos imaginarnos cuál será la condición del mundo cuando el intelecto sea tan potente e impulsor, como la naturaleza emocional lo es actualmente? La raza progresa hacia una era en que los hombres actuarán como mentes; la inteligencia será más fuerte que el deseo, y se utilizarán los poderes mentales para atraer y guiar al mundo, tal como se emplean hoy los medios físicos y emocionales.

Este pensamiento encierra un incentivo profundamente necesario para la correcta comprensión de las leyes del pensamiento, la correcta instrucción a impartirse sobre el uso de la materia mental y la construcción de esa materia en formas mentales.

Estas reglas conciernen a dicha información. Segundo, es necesario recordar que la poderosa entidad que maneja estas fuerzas y quien trabaja en la magia debe ser el alma, el hombre espiritual, y ello por las razones siguientes:

1. Sólo el alma tiene una directa y clara comprensión del propósito creador y del plan.

2. Sólo al alma, cuya naturaleza es amor inteligente, puede confiársele el conocimiento, los símbolos y las fórmulas necesarias para el correcto condicionamiento del trabajo mágico.

3. Sólo el alma tiene el poder de trabajar en los tres mundos simultáneamente y, no obstante, permanecer desligada y kármicamente libre de los resultados de ese trabajo.

4. Sólo el alma es verdaderamente consciente del grupo y está motivada por un propósito puro y altruista.

5. Sólo el alma, con el "ojo abierto de la visión” puede ver el fin desde el principio y mantener firmemente la verdadera imagen de la consumación final.

Se preguntarán, ¿poseen un poder similar quienes trabajan en magia negra? No. Pueden trabajar en los tres mundos, pero lo hacen desde y en el plano mental, por lo tanto no actúan fuera del campo de su esfuerzo, como lo hace el alma. Debido a su proximidad e identificación con los materiales de trabajo, logran resultados transitorios de mayor potencia y más rápidamente que los del trabajador de la Hermandad Blanca, pero los resultados son efímeros; ellos dejan una estela de destrucción y desastre y, finalmente, el mago negro queda sepultado en el resultante cataclismo.

Recordemos, por consiguiente, la necesidad del correcto empleo de la mente, y mantengamos siempre una posición de desapego, más allá del trabajo creador de nuestras mentes, deseos y realizaciones físicas.

Al considerar esta regla vemos que se destacan cuatro palabras. Primero, el sonido, la fórmula o palabra de poder que el alma comunica, y así inicia el trabajo. Esta palabra es dual. Es emitida en esa nota a la que el alma responde, su propia nota especial, mezclada con la de su personalidad. Este acorde de dos notas produce los efectos, y es más importante que la frase hecha, que constituye la palabra de poder.

He aquí el problema -emitir estas dos notas en forma sincronizada y con la mente enfocada. Aquí reside una clave para la significación del AUM u OM. En las primeras etapas del trabajo de meditación se emite la palabra en forma audible, mientras que más tarde se hace en forma inaudible. El entrenamiento en emitir el AUM constituye una preparación inconsciente para el trabajo dual de creación espiritual. La habilidad de oír dentro de su cerebro el sonido inaudible del OM, le llega al atento aspirante cuando se habitúa a ello.

Sugeriría a los estudiantes acostumbrarse a trabajar en esta forma, emitiendo la palabra en forma audible y, al finalizar la meditación matinal, hacerlo con mayor frecuencia, pero esforzándose en la primera parte para oír en forma inaudible, lo cual desarrollará la sensibilidad del oído interno, el oído etérico. Después, al establecerse la nota o sonido personal y percibirse el sonido interno, se puede practicar definidamente la fusión de ambos. Esto implicando una profunda atención y el poder de efectuar dos actividades simultáneamente, prestando atención a ambas.

Los estudiantes cuya aspiración es clara y profunda, deberían encarar la cuestión respecto al trabajo mágico, y estudiar si es apto para la meditación y su disposición para continuar con firmeza y cautela, la disciplina necesaria. Sugeriría -para facilitar esto que quienes están verdaderamente interesados en el trabajo, estudien y respondan a las siguientes preguntas a la luz de sus almas, y también a sus yoes superiores.

1.¿Cree haber llegado a la etapa en que puede:

a. ¿Eliminar la fórmula de meditación que practica ahora?
b. ¿Entrar fácilmente en el estado de contemplación?
c. ¿Reconocer la vibración de su propia alma?

2. ¿Qué significa para usted la Palabra Sagrada? ¿Podría explicar con claridad por qué la emite?

3. ¿Ansía proseguir con este trabajo debido a la aspiración de su personalidad, o porque su alma empieza conscientemente a utilizar su mecanismo?

En conexión con esta última pregunta, es necesario un análisis profundo y les ruego ser veraces y así aclarar su verdadera posición. Ésta es una cuestión entre el hombre y su alma.

Quisiera intercalar aquí unas pocas palabras respecto a mí mismo. Los estudiantes pueden desviar sus energías en ociosas conjeturas referentes a mi identidad. ¿Qué importancia puede tener esto? Lo que me incumbe, en relación con el grupo, es dar la ayuda necesaria a quienes tratan de capacitarse para trabajar activamente como discípulos. Soy discípulo, y habiendo progresado en el Sendero de Retorno, más que los aspirantes que estudian estas instrucciones, conozco los peligros que acechan, qué se necesita y lo que puede ayudar en la preparación para el importante momento en que atraviesen el portal. ¿Es necesario algo más? ¿No tiene el mismo valor la verdad si es enunciada por un aspirante, un discípulo o un Maestro, o hasta por un Cristo? Cuanto más me acerque a ustedes, quizás será mayor mi utilidad. Mi anonimato será respetado, y las especulaciones respecto a mi identidad constituirán una infructuosa pérdida de tiempo. Es suficiente saber que soy oriental, pertenezco al Rayo de la Enseñanza y estoy íntimamente asociado con el Maestro K.H.; parte de mi trabajo consiste en la constante búsqueda de aspirantes de gran corazón, ferviente devoción y mente entrenada, y soy un discípulo como los demás, desde el más humilde probacionista hasta el más elevado de los Grandes Seres. Una lección que todos los aspirantes necesitan aprender, y aprenderla desde el principio, es que la concentración en la personalidad del Instructor, esperando hacer contacto personal con él, y la constante visualización de esa condición llamada estado de "chela aceptado” sólo sirven para postergar el contacto y demorar ser aceptado. Procuren preparar su instrumento, aprender a actuar en silencio, cumplir con sus obligaciones y deberes, refrenar las expresiones verbales y desarrollar ese sereno aplomo que proviene de una vida altruista; olvídense de esa egoísta satisfacción que puede surgir en el corazón, cuando la Jerarquía observadora reconoce la fidelidad del aspirante.

Dediquen a esta Instrucción una cuidadosa consideración. Actualmente se están realizando numerosos ajustes y cambios en el mundo de los hombres. Debido a la confusión resultante, los individuos comprenden la necesidad de unir sus fuerzas y cooperar en sus esfuerzos, pues la urgencia del trabajo grupal es más evidente que nunca. Por lo tanto, en estos días en que la tranquilidad y la confianza deben ser su fortaleza, la única protección debe hallarse en una búsqueda minuciosa de todos los móviles subyacentes. Superficialmente surgen muchos principios aparentemente diversos, y la batalla parece inclinarse primero a favor de uno y luego de otro. Vistos desde el aspecto interno, los factores emergentes son más simples. La contienda conduce primordialmente a una comprobación de los móviles, y mediante esta prueba se hace evidente (a los Guías observadores) quién es capaz, en todos los grupos, de pensar con claridad, discernir con exactitud, soportar con paciencia, y poseer la capacidad de seguir el sendero de probación hacia el portal de la iniciación, sin que los obstáculos de la superficie perturben su vida interna. Podrá observarse que en todas partes la intranquilidad y las dificultades están produciendo mayor bien que mal. Las almas se van encontrando a sí mismas y aprendiendo a depender del Regidor interno. Cuando fracasa toda la ayuda externa y quienes parecen tener autoridad, difieren sobre la solución presentada, entonces las almas deben depender de sí mismas y aprender a buscar internamente. Este contacto interno con el yo superior se pone de relieve por un progresivo desarrollo y conduce a esa calma interna y confianza en sí mismo, basadas en la regencia del Dios interno, que convierte al hombre en instrumento de servicio mundial. Varias cosas le son evidentes al estudiante meticuloso y reflexivo que estudia al hombre y sus móviles.

Primero: Que el idealismo y la percepción del plan en bien de la humanidad están íntimamente relacionados. El idealismo es análogo al pensamiento que precede a la creación. La capacidad de pensar en forma abstracta y de concentrarse en el ideal, sólo está en proceso de desarrollo en la actualidad, porque esta capacidad implica la utilización de ciertos átomos, el empleo de materia de los subplanos superiores y la capacidad de sincronizar las propias vibraciones con las de los Grandes Seres. Muy pocas personas son verdaderos idealistas (aunque va aumentando su número); únicamente una pequeña minoría emplea la mente concreta, mientras que las masas son arrastradas totalmente por las emociones. Llegará el momento en que el cuerpo intuitivo (el vehículo búdico) se organizará, utilizando la mente espiritual superior como medio de expresión. Cuando dicha organización se haya completado, la mente concreta inferior no será más que un trasmisor o intérprete. Hasta el pensamiento abstracto o el concreto, será reemplazado, y tendremos simplemente la afluencia de la intuición adquiriendo forma por intermedio de la materia mental. En consecuencia comprenderemos muchas cosas, que ahora son incomprensibles para nuestra visión en el plano inferior.

En todos los grandes movimientos hay algún pensamiento o conjunto de pensamientos, vertidos en las mentes de los llamados idealistas, por la Gran Hermandad Blanca. La idea es emitida por Ellos. Eligen a un hombre o grupo de hombres y vierten alguna idea en su mente. Allí germina y es incorporada a otros pensamientos, no tan puros ni tan sabios, pero lógicamente matizados por la individualidad del pensador. Estas formas mentales, son captadas a su vez por los pensadores concretos, del mundo, quienes -al captar el delineamiento principal de la idea- la cristalizan y la construyen en una forma más definida y más fácilmente comprendida por el público en general. Por lo tanto, ha llegado a los niveles inferiores del plano mental, siendo posible un mayor desarrollo. Después es aceptada como deseable por quienes están enfocados en el plano astral, les atrae emocionalmente y se convierte en opinión pública. Entonces prácticamente está preparada para tomar forma en el plano físico, Y de este modo tenemos la adaptación práctica de un ideal a las necesidades de la vida física. La idea ha sido diluida, ha perdido mucho de su belleza original, no es tan pura y bella como cuando fue percibida, se ha desfigurado su forma original, pero a pesar de ello se adapta más al público y puede ser utilizada como peldaño para cosas superiores.

Segundo: En la percepción del plan y su materialización posterior, se hallan involucradas unidades humanas, y forzosamente debe utilizarse a los hombres. Se da una visión de las grandes posibilidades y también hay indicaciones de cómo pueden convertirse en hechos, y esto es todo lo que pueden conceder los Grandes Seres. Los pormenores y el método para concretar el ideal y el trabajo necesario, se deja a los hijos de los hombres. El trabajo de completar los detalles y tomar la acción necesaria recae sobre el discípulo organizador y trasmisor del Plan. El discípulo debe recordar aquí que está -con sus pequeños planes- regido por la misma ley que rige a los Grandes Seres en sus enormes empresas, y que cuando trata con las personas y manipulan la ecuación humana, surgen las dificultades.

Las unidades de trabajo se dividen en tres grupos:

a. Los que perciben el Plan y están encargados de desarrollarlo.
b. Los que pudiendo ser utilizados no ven los grandes resultados.
c. Los que no perciben nada más que las cosas que atañen a sus propios intereses egoístas.

Los Maestros pueden hacer contacto con el primer grupo. Trabajan con tales unidades de la familia humana y esperan obtener un éxito relativo. Oyen el sonido y tienen la visión del Plan. El segundo grupo debe ser utilizado en la mejor forma posible por los discípulos del mundo. El último grupo debe ser contrarrestado desde el punto de vista de la energía, y utilizado sólo cuando es necesario.

Una de las condiciones principales que tiene que cultivar un discípulo para percibir el plan y ser utilizado por el Maestro, es la soledad. En la soledad la rosa del alma florece; en la soledad puede hablar el yo divino; en la soledad las facultades y la gracia del yo superior pueden arraigarse y florecer en la personalidad. En la soledad puede también el Maestro acercarse e imprimir en el alma serena los conocimientos que Él trata de impartir, la lección que debe ser aprendida, el método y el plan de trabajo que el discípulo debe captar. En la soledad se oye el sonido. Los Grandes Seres tienen que trabajar por medio de instrumentos humanos, y el plan y la visión se hallan muy entorpecidos por el fracaso de tales instrumentos.

Tercero: Esto conduce al tercer punto, el de los problemas y las dificultades con que tienen que bregar los Maestros cuando tratan de adelantar los planes de la evolución a través de los hijos de los hombres. En sabio cónclave Ellos formulan sus planes con discernimiento, y después de la debida deliberación, distribuyen las tareas; luego, tratan de trasmitir parte del plan a quienes se ofrecen para el servicio y tienen cierto contacto con el alma. Plasman el Plan y alguna sugerencia en la mente de algún hombre o mujer en el plano físico. Si esa mente es inestable o se sobreestima, si es orgullosa o está desesperada y se autodesprecia, la visión no penetrará con claridad; si el cuerpo emocional vibra fuertemente debido a cierto ritmo establecido por la personalidad, o si el vehículo físico está enfermo y es imposible una atención concentrada, entonces, ¿qué ocurre? El maestro se aleja entristecido cuando el colaborador, por su propia culpa, pierde una oportunidad para servir, entonces buscará a otro para llenar esa necesidad -quizás no tan apropiado, pero el único disponible al fracasar el anterior.

Incidentalmente sería de valor recordar a quienes aspiran a servir, que gran parte del trabajo realizado por muchos de ellos es resultado del excesivo apasionamiento, pero no llevan a cabo el trabajo del Maestro. Con sabia discriminación distribuye el trabajo, y nunca le da a un ser humano más de lo que puede realizar adecuadamente. Entrena a Su discípulo en tal forma que ante el mundo observador parecería realizar milagros; pero no olviden que el enorme trabajo efectuado por un discípulo útil sólo es posible cuando ha coordinado el control de sus tres cuerpos y logrado su alineamiento. Quien tiene un cuerpo mental estable y es fuertemente positivo en la recepción de lo superior, y al mismo tiempo negativo a las vibraciones inferiores, y quien tiene un cuerpo astral claro, incoloro y tranquilo, posee además un cuerpo físico con nervios firmes y un ritmo uniforme (estuche hermoso, pero fuerte como el acero), servirá como ánfora para el uso del Maestro, canal por el cual Él puede verter sin impedimentos su bendición sobre el mundo.

Cuarto: Obsérvese que hasta los mismos Grandes Seres deben formular sus planes teniendo en cuenta la falta de percepción de quienes están en el plano físico, a través de los cuales deben trabajar. Aunque están obstaculizados por sus instrumentos del plano físico, dependen de ellos, y la principal dificultad reside en la etapa de evolución alcanzada por las masas de Occidente.

Recuerden que esta etapa da la pauta del éxito del proceso evolutivo y no de su fracaso, pero debido a que queda aún mucho por realizar, el trabajo de la Logia se ve a menudo entorpecido. El punto alcanzado en la actualidad podría describirse como el paso del más burdo materialismo del pasado a una creciente y profunda comprensión de los mundos invisibles, sin el equilibrio que produce el conocimiento autoadquirido. Las fuerzas puestas en movimiento por los pensadores -los científicos del mundo, los hombres religiosos verdaderamente avanzados, los espiritistas, los científicos cristianos, los trabajadores del Nuevo Pensamiento, los teósofos y los filósofos modernos y colaboradores en otras esferas del pensar humano- afectan gradual y constantemente los cuerpos más sutiles de la humanidad, llevándolos a un punto donde comienzan a darse cuenta de tres cosas:

a. La realidad de los mundos invisibles.
b. El enorme poder del pensamiento.
c. La necesidad de conocer científicamente estas dos cuestiones.

Quinto: Se mencionarán ciertos peligros que el aspirante debería evitar cuando procura ser útil:

Cuidarse de no acentuar demasiado un aspecto del plan a expensas de otra parte o visión del mismo.

Evitar una concentración desigual en el pensamiento de esa parte del plan que personalmente les atrae.

Reconocer la incapacidad de ciertos colaboradores al tratar de continuar con la realización de los planes y trabajar unidos pacífica y firmemente. Los roces muchas veces son inevitables.

Vigilar para impedir que se infiltre el autointerés y la ambición.

Evitar la fatiga producida y la tensión derivada del prolongado y elevado esfuerzo al materializar el plan.

Desarrollar la capacidad de reconocer a quienes les son enviados como colaboradores en el trabajo.

Procurar sobre todo mantener el contacto con el yo superior y con el Maestro.

Otro punto que debe recordarse es que el problema a solucionar por quienes tratan de colaborar con la Gran Logia Blanca tiene cuatro objetivos por delante:

Primero, que en el desarrollo del plan también está el agotamiento del karma, no sólo individual o nacional, sino parte del total agotamiento del karma mundial.

Segundo, otro objetivo es la preparación de un instrumento que sirva a la inauguración de la nueva era durante los próximos doscientos años. La integración de un grupo de conocedores y místicos, continúa firmemente en todas partes del mundo y en todas las organizaciones. Se está reuniendo un grupo, pero sus miembros pertenecen a muchos grupos. A este grupo de conocedores y místicos se les proporciona la oportunidad de servir como canal por el cual pueda trabajar la Jerarquía, y los Grandes Seres enviar Su pensamiento iluminador. Mediante este canal podrán trabajar para elevar (en sentido oculto) a la humanidad, ayudando así a la evolución en todos los planos. Según sea la respuesta de los discípulos, de los místicos y de los conocedores de todas partes, así será la rápida entrada de la nueva era.

Aquí quisiera prevenirles que cuando se fracasa en la respuesta, en el ajuste, en la construcción y en el refinamiento, y el oído interno no se dirige hacia esas voces de los planos sutiles que pronuncian "las Palabras de Reconstrucción", las fuerzas de reconstrucción pueden ser trasferidas a otros canales con la consiguiente pérdida de oportunidades y la eliminación final del grupo como instrumento de servicio. Quisiera subrayar la afirmación sobre "las Palabras de Reconstrucción", pidiendo a todos los que deseen amorosamente oír estas palabras, estudien el prólogo del libro Luz en el Sendero. Recuerden que si los Grandes Seres tienen que cambiar Sus planes, respecto a este grupo de místicos en integración, lo harán los mismos místicos, considerados como grupo.

El tercer objetivo es el desarrollo de la intuición y de la discriminación en los discípulos del mundo, y su capacidad para percibir la visión superior y lograr la conciencia en ese plano superior, a expensas del inferior. Deberán recordar que el objetivo inferior, debido a su proximidad, será en muchos sentidos más atrayente, y sólo podrá trascenderse a costa de un elevado esfuerzo. Muchas personas deberán desarrollar la intuición y reajustar adecuadamente su sentido de los valores, antes de que el grupo que inaugurará la nueva era esté a la altura de los requisitos.

Las dificultades de los tiempos actuales se deben, en su mayor parte, a la falta de percepción intuitiva durante el pasado, y la culpa no la tienen los aspirantes inferiores, sino principalmente los místicos del mundo. Esta dificultad no proviene de la falta de idealismo, inteligencia o sinceridad, sino del fracaso en sacrificar siempre la personalidad para que demuestre su realidad el conocimiento intuitivo. Se ha permitido contemporizar, y en el mundo esotérico la contemporización está vedada. Su abuso lleva al desastre y arrastra oportunamente a las personalidades que han descendido a ello, a la ruina y al fracaso. La gente ha tratado de ajustar la verdad a la hora, en vez de ajustar la hora a la verdad, y con toda diplomacia se ha esforzado en lograr todo el realismo que consideraron inteligente. Los Maestros buscan a quienes poseen clara visión, adhesión incondicional a la verdad tal como la perciben, y capacidad para avanzar constantemente hacia el ideal. Esto implica los siguientes factores:

1. Reconocimiento de ese ideal por medio de la meditación.

2. Su aplicación en la actualidad, por medio de la centralización.

3. Disipación de las formas mentales anticuadas y obstaculizadoras, mediante el propio sacrificio.

4. Rechazo a contemporizar, mediante una clara visión.

5. Discriminación, lo cual permite al discípulo distinguir entre los actos de un individuo y el individuo mismo.

6. Comprensión de que en el trabajo esotérico no se permite interferir en el karma personal, como tampoco se permite protegerlo de las consecuencias de la acción. Esto implica, por lo tanto, una negativa a inmiscuirse en los asuntos ajenos -es decir, lo que se relaciona con la vida de la personalidad- y sin embargo significa la preocupación por las cuestiones de la causa mayor. Es esencial que los colaboradores aprendan a discernir entre los factores que tienden hacia la libertad personal y los que militan en contra de la libertad grupal.

El cuarto resultado que se debe obtener en la presente oportunidad, es introducir el nuevo cielo y el nuevo grupo de participantes. Los trabajadores en la nueva era serán extraídos de todos los grupos, y la prueba de su elección dependerá en gran parte de la impersonalidad con que trabajen y la fuerza de su contacto interno con el alma. Para quienes están sumergidos en el fragor de la batalla, no es fácil juzgar a las personas con propiedad, ni ver los resultados con exactitud. Estas cosas deben ser manejadas dentro de los planos internos, y esto es observado por los atentos guías de la raza. Quisiera señalar brevemente una de las pocas cosas que buscan los Grandes Seres.

Esperan ver que la llama interna -resultado del esfuerzo sabio en el trabajo, en el pensar y en la acción- arda con creciente fulgor; observan si permanece oculta y tenue, debido al torbellino de corrientes astrales y a las formas mentales del antagonismo personal, la ambición y la envidia. Como resultado del trabajo mundial serán atraídos más estrechamente al trabajo de la Jerarquía, y otros serán momentáneamente detenidos. Se considerará de gran valor la capacidad de dominar al astral y trabajar desde niveles mentales.

Buscan a quienes pueden luchar contra las personalidades, y bregar para sentar principios y, no obstante, conservan intacto el vínculo del amor. Esto tiene más valor de lo que los hombres creen, y un hombre capaz de sostener un principio y amar sin embargo a todos los seres humanos -sin compromiso ni odio- tiene algo raro que ofrecer en estos días y los Grandes Seres pueden utilizarlo. Por lo tanto, todos los colaboradores deben avanzar con clara visión, recto propósito e indesviable y firme acción. Traten con paciencia y tolerancia a esos hermanos que han elegido los principios menores y lo incorrecto, que sacrifican el bien del grupo a sus propios fines personales o emplean métodos indignos. Denles amor, atención y ayuda, porque tropezarán en el camino y sentirán el peso de la ley. Manténganse dispuestos a levantarlos y ofrecerles oportunidades para servir, sabiendo que el servicio es el gran curador e instructor.

Los Grandes Seres esperan ver el desarrollo de la facultad de flexibilidad y adaptabilidad, siendo esta última una de las leyes fundamentales de las especies, tan maravillosamente demostrada por la naturaleza. Debe emprenderse la transferencia de esta ley a los planos internos, y su desarrollo en el nuevo ciclo de esfuerzo. La ley de adaptación implica saber apreciar la necesidad, reconocer la nueva fuerza que entra con el nuevo ciclo, y la consiguiente unión de la necesidad y de la fuerza en una amplia síntesis, que considera al yo personal simplemente como punto focal para la acción y la trasmutación. Implica la transmutación de los cinco sentidos y su extensión en los planos más sutiles, de modo que la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato, se fusionan en un todo sintético y cooperador, que puede ser utilizado en la gran tarea. En el plano físico, éstas tienden a la unificación de la vida personal y a la adaptación del mundo físico a las necesidades del yo personal. En los planos más sutiles esto debe ser transmutado hasta adecuarlo a las necesidades del grupo, del cual el individuo es una parte fragmentaria. La capacidad de realizarlo es una de las cosas que buscan los Grandes Seres en esos individuos cuyo privilegio será inaugurar la nueva era.

Ante todo, Ellos buscan un amplio canal que vaya, por intermedio de la mente, del alma al cerebro físico. Un canal así empleado indica que el hombre puede ser utilizado. Casi podría decirse que buscan la perfección del antakarana, ese canal de comunicación entre la conciencia del alma y el cerebro, cuyo poseedor es aquel a quien los Maestros pueden utilizar con éxito. En la elección de los colaboradores tienen en cuenta la capacidad lograda personalmente por el hombre y su habilidad arduamente adquirida. Cuando existe capacidad, habilidad y facultad, entonces los Grandes Seres los utilizan gozosamente. A veces se pone demasiado énfasis sobre el ángulo erróneo y se enseña lo contrarío. El hombre no debe buscar a los Maestros porque quiera capacitarse. Los hallará cuando tenga capacidad -capacidad que lo dispondrá para el trabajo grupal, la cual podrá ser ampliada mediante una cuidadosa instrucción hasta alcanzar los poderes superiores del alma. El liderazgo en los grupos que controlan el trabajo de la nueva era, surgirá de la disciplina del individuo, y los líderes serán extraídos de quienes perciben los asuntos internos. El liderazgo que perdura no lo obtienen quienes luchan por obtener posición y poder, ni los que tienen ojos únicamente para ver las condiciones externas y pasan por alto las causas subyacentes. El liderazgo no le llega a quienes ponen su yo personal, posición y poder, antes que el bien del grupo. Lo obtendrán en forma perdurable quienes no buscan nada para el yo separado y aquellos que son absorbidos en el bien del todo.

Retomaremos ahora el estudio del AUM. Cuando el Sonido o la Palabra Sagrada, es correctamente empleado, produce diversos efectos que podríamos considerar aquí.

Cuando el OM se pronuncia con concentrado pensamiento detrás de él, actúa como perturbador, desechando la materia densa de los cuerpos mental, emocional y físico. Cuando es emitido con intensa aspiración espiritual, actúa como medio de atracción y reúne las partículas de materia pura en sustitución de las anteriormente desechadas. Los estudiantes deberían tener siempre presente ambas actividades, al emplear la Palabra Sagrada en su meditación. Tal utilización de la Palabra es de valor práctico, y da como resultado la construcción de buenos cuerpos para ser utilizados por el alma.

El empleo del OM también sirve para indicar a los trabajadores de los planos universales y a quienes están en el mundo externo, dotados de percepción espiritual, que hay un discípulo disponible para trabajar y que puede ser utilizado activamente en lugares necesitados de la tierra. Esto debería ser recordado por todos los aspirantes y servir de incentivo para que la vida externa fenoménica coincida con el impulso espiritual.

El empleo de la Palabra Sagrada también tiene su lugar en el trabajo mágico de la Jerarquía. Las formas mentales, creadas para encarnar ideas, son enviadas para hacer contacto con las mentes de esos discípulos que pertenecen al grupo de un Maestro, responsables de llevar a cabo el plan.

Cultivando la receptividad del desarrollado y controlado cuerpo mental, los aspirantes son conscientes de las ideas que los Maestros extraen del plano de la Mente Universal y, por lo tanto, están en posición de colaborar inteligentemente. A su vez, como esta regla lo indica, con las ideas recibidas crean formas mentales que utilizan en sus grupos para ayudar al mundo. El trabajo principal de un discípulo en el plano mental consiste en entrenarse para realizar cuatro cosas:

1. Receptividad a la mente del Maestro.

2. Cultivo de la correcta comprensión intuitiva de los pensamientos que le envía el Maestro.

3. Incorporación de las ideas recibidas, de manera que sean adecuadas a aquellos a quienes él trata de ayudar.

4. Activación de su forma mental mediante el sonido, la luz y la vibración, incorporando todo el pensamiento universal deseado, para que otras mentes puedan hacer contacto con ella.

Así los grupos se reúnen, organizan, aprenden y elevan y la Jerarquía de Adeptos puede llegar al mundo.

Existen lógicamente muchos otros usos, pero si los estudiantes reflexionan sobre ellos será posible la revelación de otros más.

Permítaseme agregar que el sonido es verdaderamente potente sólo cuando el discípulo ha aprendido a subordinar los sonidos menores. A medida que los sonidos enviados normalmente a los tres mundos son reducidos en su volumen, actividad y cantidad, podrá oírse el Sonido y cumplir así su propósito. Sólo a medida que se reduzca el caudal de palabras habladas y se cultive el silencio, se sentirá el poder de la Palabra en el plano físico. Únicamente cuando las innumerables voces de la naturaleza inferior y de nuestro medio ambiente sean silenciadas, se sentirá la presencia de la "Voz que habla en el silencio". Sólo cuando se desvanezca el ruido de muchas aguas en el reajuste de las emociones, se oirá la clara nota del Dios de las aguas.

Raras veces las personas se dan cuenta de la potencia de una palabra, sin embargo, se ha afirmado "En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios. Sin él nada de lo hecho fue hecho”. Por consiguiente, cuando leemos esas palabras, nuestras mentes retornan a la aurora del proceso creador en el que, mediante el sonido, "Dios habló y los mundos fueron hechos".

Se ha dicho que "el principal agente por el cual gira fenoménicamente la rueda de la naturaleza, es el sonido", porque el sonido o palabra original pone en vibración la materia de la cual están hechas todas las formas, e inicia esa actividad que caracteriza hasta los átomos de la sustancia.

La literatura y las escrituras de todas las naciones antiguas y las grandes religiones, dan testimonio de la eficacia del sonido en la producción de todo lo que es tangible y visible. Los indúes dicen en forma muy hermosa que "el Gran Cantor construyó los mundos, y el Universo es Su canción". Ésta es otra forma de expresar la misma idea. Si esto es comprendido y se entiende parcialmente la ciencia de este concepto, la significación de nuestras propias palabras y la emisión del sonido al hablar, constituirá casi un acontecimiento de suprema importancia.

El sonido o lenguaje y el empleo de las palabras, han sido considerados por los filósofos antiguos -y en forma acrecentada por los pensadores modernos- como los agentes más elevados que el hombre ha utilizado para moldearse a sí mismo y a su medio ambiente. El pensamiento, el lenguaje y la actividad resultante en el plano físico, forman la triplicidad que hacen del hombre lo que es y lo sitúan donde está.

El propósito del lenguaje es revestir el pensamiento y ponerlo a disposición de los demás. Cuando hablamos, evocamos un pensamiento y le damos vida, haciendo audible lo que está oculto dentro de nosotros. El lenguaje revela, y el correcto lenguaje puede crear una forma que encierre un propósito benéfico, así como el lenguaje incorrecto puede crear una forma que tenga un objetivo maligno. Sin darnos cuenta, hablamos incesante e irresponsablemente día tras día; empleamos palabras; multiplicamos sonidos, y nos rodeamos de mundos de formas creadas por nosotros mismos. Por lo tanto es esencial pensar antes de hablar y recordar el precepto, "Antes de hablar, se debe adquirir conocimiento". Después de pensar, seleccionemos esas correctas palabras que expresen el correcto pensamiento, tratando de pronunciarlas correctamente, dando el valor exacto y la verdadera cualidad de tono a cada palabra emitida.

Entonces, mediante la palabra hablada, crearemos una forma mental que corporificará la idea que tenemos en la mente. Así nuestras palabras no llevarán la discordia, sino que agregarán su parte a ese gran acorde armonizador o palabra unificadora, cuya pronunciación es finalmente función del género humano. El lenguaje incorrecto separa, y es interesante tener presente que la palabra, el símbolo de la unidad, es divina, mientras que el lenguaje, en sus numerosas diversificaciones, es humano.

A medida que prosigue la evolución y la familia humana se eleva a su verdadera posición, en el gran plan del universo, será cultivado cada vez más el lenguaje exacto y correcto, porque pensaremos antes de hablar o, como ha dicho un gran instructor, “por la meditación rectificaremos los errores del lenguaje incorrecto, siendo más evidente la significación de las palabras-formas, de los verdaderos y correctos sonidos y de la cualidad vocal.

Luz es la segunda palabra de importancia en esta regla. Primero el sonido y después el primer efecto del sonido, la afluencia de luz, produciendo la revelación de la forma mental.


La luz es conocida por lo que revela. La ausencia de luz hace que se desvanezca el mundo fenoménico en una aparente no-existencia.

La forma mental creada por el Sonido tiene como propósito ser una fuente de revelación. Debe revelar la verdad y traer al espectador el conocimiento de un aspecto de la realidad. De allí que la segunda cualidad de la forma mental, utilizada en forma elevada, sea llevar luz a quienes la necesitan y a los que caminan en la oscuridad.

No trato aquí de la luz como alma, cósmica o individualmente. Tampoco me refiero a la luz como el segundo aspecto universal de la divinidad. En estas instrucciones trato únicamente ese aspecto de la verdad que hará del aspirante un trabajador práctico, lo cual le permitirá trabajar con inteligencia, comprendiendo cada vez más que su trabajo principal consiste en crear formas mentales que lleven la revelación a los seres humanos reflexivos. Para realizarlo debe trabajar esotéricamente, y mediante el sonido exhalado, su trabajo y la verdad revelada en la forma, llevará luz e iluminación a los lugares oscuros de la tierra.

Después dará vida a su forma mental, mediante el poder de su propia seguridad, comprensión espiritual y vitalidad. Así aparece la significación de la tercer palabra, vibración. Su mensaje se oye porque ha sido pronunciado; lleva iluminación, porque aporta la Verdad y revela la Realidad; es de vital importancia, porque vibra con la vida de su creador y se mantiene en existencia mientras lo animan su pensamiento, sonido e inteligencia. Esto es verdad respecto a un mensaje, a una organización, y a todas las formas de vida, que no son sino las ideas encarnadas de un creador cósmico o humano.

Sería de valor para los estudiantes considerar estas palabras vitales y buscar su relación con todas las formas mentales encarnadas -un cosmos, un plano, un reino en la naturaleza, una raza, una nación, un ser humano, y los diversos grupos de agentes creadores- los Logos solares, los Ángeles solares, los seres humanos y otros. Deberían también considerar las esferas del proceso creador y comprobar la exactitud del Antiguo Comentario cuando dice:

"El sonido reverbera entre las variadas ruedas de materia increada, y he aquí, que el sol y todas las ruedas menores aparecieron. La luz brilló entre las numerosas ruedas, y así las múltiples formas de Dios, los diversos aspectos de su radiante vestidura, resplandecieron.

"Las vibrantes y palpitantes ruedas giraron. La vida en sus numerosas etapas y en sus diversos grados comenzaron su proceso de desarrollo, y he aquí que la ley empezó a actuar. Surgieron las formas y desaparecieron, pero la vida siguió su curso. Surgieron reinos, manteniendo sus incontables formas, las cuales se unieron, giraron juntas y luego se separaron, pero la vida continuó.

"El género humano, ocultando al hijo de Dios, el Verbo encarnado, surgió a la luz de la revelación. Aparecieron y desaparecieron las razas. Las formas, velando la radiante alma, surgieron, alcanzaron su propósito y se desvanecieron en la noche, pero he aquí que la vida continuó mezclada esta vez con la luz. La vida se fusionó con la luz, ambas se unieron para revelar belleza y poder, fuerza activa liberadora, sabiduría y amor, lo que llamamos un Hijo de Dios.

"Mediante los numerosos Hijos de Dios, los cuales en su centro más interno son solamente uno, se conoce a Dios en su Paternidad. No obstante, aquella vida iluminada continúa hacia un temible punto de poder, de fuerza creadora, referente al cual decimos: Es el Todo, el Continente del Universo, y el centro persistente de las Esferas, el Uno."

Hemos tocado dos palabras significativas de esta regla, sonido y luz, y surge una idea muy importante. El alma es conocida como luz, como reveladora, mientras que el aspecto espíritu será más tarde reconocido como sonido. La plena luz y la iluminación corresponden por derecho al discípulo que recibe la tercera iniciación, mientras que la verdadera comprensión del sonido, del triple Aum, el factor sintetizador en la manifestación, aparece únicamente a quien es amo de los tres mundos.

La palabra vibración ocupará inmediatamente nuestra atención, pero no puede ser desligada de la siguiente palabra, forma. La vibración, el efecto de la divina actividad, es dual. Existe el primer efecto, donde la vibración (proveniente del reino de la subjetividad en respuesta al sonido y a la luz) produce respuesta en la materia y, por consiguiente, atrae o reúne los átomos con los cuales se pueden construir moléculas, células, organismos y finalmente la forma integrada. Efectuado esto, el aspecto vibración será considerado como una dualidad.

La forma, mediante los cinco sentidos, llega a ser consciente del aspecto vibratorio de todas las formas en el medio ambiente, en el cual ella misma es una entidad activa. Luego, en tiempo y espacio, esa forma funcionante se hace cada vez más consciente de su propia vibración interna, y al buscar la fuente de origen de esa vibración se hace consciente del yo y más tarde del reino del yo. La humanidad, como un todo, es consciente de su medio ambiente, y mediante los datos suministrados por los sentidos de la vista, el oído, el tacto, el gusto y el olfato, conoce el mundo fenoménico -la vestidura externa de Dios- y establece la comunicación entre el yo y lo que llamamos el mundo natural. A medida que la mente se apropia de este conocimiento y lo sintetiza, el morador de la forma pasa por las siguientes etapas:

1. Registra la vibración, y el medio ambiente tiene su efecto sobre la forma.

2. Este efecto es observado pero no comprendido. El hombre, bajo el lento y constante impacto de este efecto vibratorio, despierta paulatinamente a la conciencia o percepción.

3. El hombre empieza a interesarse por el medio ambiente y lo considera deseable. Aumenta constantemente la atracción de los tres mundos y lo retiene durante reiteradas encarnaciones. (La palabra "reiterada" es más correcta textual y académicamente que la palabra "repetida". Cada uno de nosotros es realmente una palabra reiterada, que suena en tiempo y espacio).

4. Luego, cuando la vibración de las formas circundantes del mundo natural adquiere monotonía, mediante el constante impacto a través de muchas vidas, el hombre comienza a no prestar oído ni a ver el fenoménico y familiar mundo de deseos. Se insensibiliza a su impacto vibratorio y llega a ser cada vez más consciente de la vibración del yo.

5. Posteriormente, en el sendero de probación y del discipulado, esta actividad vibratoria más sutil, ejerce un creciente atractivo. El mundo externo deja de atraer. El mundo interno del yo asume un lugar predominante en la naturaleza de deseos.

6. Poco a poco, en términos de la psicología moderna, dentro de la forma externa, mecanismo de respuesta para el proceso de llegar a ser consciente del mundo fenoménico, el discípulo construye un nuevo mecanismo de respuesta sutil, por el cual puede llegar a conocer los mundos subjetivos.

Cuando se alcanza esta etapa se produce un constante alejamiento del contacto vibratorio con los mundos externos de la forma, y un atrofiamiento, en ese sentido, del deseo. Todo parece estéril e indeseable, y deja de satisfacer a la ardiente y aspirante alma. Se establece el difícil proceso de reorientación hacia un nuevo mundo, un nuevo estado de ser y de conciencia y, puesto que el mecanismo de respuesta sutil interno sólo está en embrión, existe una devastadora sensación de pérdida, un tanteo en la oscuridad y un período de lucha espiritual y exploración, que pone a prueba hasta el límite, la resistencia y firmeza del propósito del aspirante.

Pero (y éste es el punto alentador a ser recordado) todo "procede bajo la ley y nada puede impedir que avance el trabajo". Observen estas palabras de la regla: Llega una etapa en que el hombre está, en verdad y realmente, “cimentado en la roca”, y aunque pueda experimentar las alternativas de la luz y la sombra, aunque las olas de las aguas purificadoras pasen sobre él y amenacen arrastrarlo, y aunque esté sordo, mudo y ciego, nada puede vencer el propósito del alma. Carece únicamente del desarrollo del cuerpo espiritual, equipado para responder a la vibración del mundo interno. Existe en embrión, y el secreto de su empleo reside en la actitud del cerebro hacia las funciones del cuerpo etérico, porque existe como intermediario entre el cerebro, el sistema nervioso y la mente, o entre el alma, la mente y el cerebro. No puedo dilucidar más esto aquí, pero puedo dar un indicio sobre el cual reflexione el entusiasta aspirante.

Tenemos, por lo tanto, las siguientes etapas tratadas en esta regla y señaladas con lúcida claridad, sin embargo con frases parcas, que caracterizan todos los escritos ocultos y simbólicos:

1. La integración de la forma, como resultado de la actividad del alma, mediante el uso de

a. el sonido
b. la luz
c. la vibración.

2. El desarrollo de un mecanismo de respuesta para ser utilizado en el mundo fenoménico.

3. El alejamiento eventual del mundo fenoménico como resultado del uso y la consiguiente saciedad, y el empleo gradual del sutil mecanismo de respuesta.

4. El mecanismo de respuesta del alma -mente, cuerpo etérico, cerebro y sistema nervioso- se reorienta, y el hombre es consciente del reino del alma, otro reino de la naturaleza.

5. El alejamiento del reino del mundo hacia el reino del alma, se convierte en un hábito esotérico; en este pensamiento se halla oculto el secreto de la psicología esotérica. El hombre se estabiliza así en la vida espiritual. Nada puede obstaculizar ahora.

LA CIENCIA DE LA RESPIRACIÓN

Llegamos ahora a las palabras significativas de esta regla. "El hombre respira profundamente". Esta frase abarca muchos aspectos del vivir rítmico. Es la fórmula mágica para la ciencia de pranayama. Comprende el arte de la vida creadora. Impulsa al hombre a sintonizarse con la vida palpitante de Dios Mismo, y lo logra mediante el desapego y la reorientación.

Es notablemente interesante como demostración de lo conciso e inclusivo de las frases ocultas que contiene esta regla. El arte de la respiración está tratado en tres frases, y recomiendo que las consideren cuidadosamente.

Primero, tenemos el aspecto inhalación. "El hombre respira profundamente". Desde las profundidades mismas de su ser extrae el aliento. Durante el proceso de la vida fenoménica, extrae el aliento mismo de la vida del alma. Ésta es la primera etapa. Durante el proceso de desapegarse del vivir fenoménico extrae de las profundidades de su ser y experimenta la vida para devolverla nuevamente a la fuente de donde provino. Cuando el discípulo desarrolla en la vida esotérica una nueva y más sutil forma de utilizar su mecanismo de respuesta, pone en práctica la ciencia del aliento y descubre que mediante la respiración profunda (incluso las tres etapas del aliento, profundo, medio y alto), puede poner en actividad, en el mundo de las experiencias esotéricas, su cuerpo vital con sus centros de fuerza. Así los tres aspectos de la "respiración profunda” abarcan toda la experiencia del alma, y el aspirante puede relacionarlos con los tres tipos de aliento tratados anteriormente.

Después leemos "concentra sus fuerzas". Aquí tenemos la etapa que puede ser llamada retención del aliento. Es mantener constantemente todas las fuerzas de la vida en el lugar de silencio, y cuando es posible efectuarlo con facilidad y olvido del proceso, mediante la familiaridad y la experiencia, entonces el hombre puede ver, oír y conocer, en otro reino que no es el mundo fenoménico. En sentido más elevado ésta es la etapa de contemplación, esa "calma entre dos actividades” como ha sido denominada tan apropiadamente. El alma, el aliento y la vida, han sido retirados de los tres mundos, y en el "lugar secreto del Altísimo" descansa y está en paz, contemplando la beatífica visión. En la vida del discípulo activo produce esos intervalos, conocidos por todos los discípulos, cuando -mediante el desapego y la capacidad de retirarse- nada lo sujeta en el mundo de la forma. Debido a que lucha por perfeccionarse y aún no lo ha logrado, estos intervalos de silencio, retiro y desapego, le resultan difíciles y oscuros. Todo es silencio, y está aterrado por lo desconocido y por una quietud aparentemente vacua. A esto se lo denomina, en el caso de las personas avanzadas, “la oscura noche del alma", el momento antes del alba, la hora antes de irradiarse la luz.

En la ciencia de pranayama, es el momento que sigue después de la inhalación, donde todas las fuerzas del cuerpo (por medio del aliento) han sido elevadas a la cabeza y concentradas allí, antes de la etapa de exhalación. Este momento de retención, efectuado en debida forma, produce un intervalo de intensa concentración, y en ese instante el aspirante debe aprovechar la oportunidad. Aquí tienen un indicio.

Luego viene el proceso de exhalación. Leemos en esta regla, "arroja de sí la forma mental". Esto siempre es resultado de la última etapa de la ciencia del aliento. La forma, vitalizada por quien respira con correcto ritmo, es enviada para llevar a cabo su trabajo y cumplir su misión. Estudien esta idea con cuidado, porque contiene el secreto del trabajo creador.

En la experiencia del alma, la forma que va a ser manifestada en los tres mundos es creada mediante una intensa meditación, actividad siempre paralela a la respiración. Entonces por un acto de voluntad, que da como resultado una "exhalación", engendrada u obtenida dinámicamente en el intervalo de la contemplación o retención del aliento, la forma creada es enviada al mundo fenoménico para servir como canal de experiencia, medio de expresión y mecanismo de respuesta en los tres mundos del vivir humano.

El discípulo, por la meditación y la disciplina, aprende, durante su vida, a producir intervalos elevados cada vez que concentra sus fuerzas en el plano de la vida del alma, y entonces, nuevamente por un acto de voluntad, exhala sus propósitos espirituales, sus planes y su vida, al mundo de la experiencia. La forma mental que ha construido, con respecto a la parte que debe desempeñar, y la concentración de energía que ha logrado producir, se hacen efectivas. La energía necesaria para el siguiente paso es exhalada por el alma y desciende al cuerpo vital, energetizando así al instrumento físico con la necesaria actividad constructiva. Ese aspecto del plan que ha apreciado en la contemplación y esa parte del propósito general de la Jerarquía, con la que su alma se siente llamada a cooperar, son exhalados simultáneamente hacia el cerebro por medio de la mente, "arrojando de sí las formas mentales”.

Finalmente, en la ciencia de pranayama, cuando el aliento exhalado se lleva a cabo con pensamiento y propósito conscientes, abarca la etapa de vitalización de los centros, hasta colmarlos con vida dinámica. No es necesario decir más aquí.

En la ciencia de la "respiración profunda" tenemos todo el proceso del trabajo creador; abarca el desenvolvimiento evolutivo de Dios en la naturaleza. Es el proceso por el cual la Vida, la Existencia Una, trajo al ser el mundo fenoménico, y esta regla es un resumen de la Creación. Es también la fórmula bajo la cual trabaja el alma individual, cuando centraliza sus fuerzas para la manifestación en los tres mundos de la experiencia humana.

El correcto uso del aliento vital es un arte con el cual trabaja el aspirante, el discípulo y el iniciado, teniendo presente, sin embargo, que la ciencia del aliento físico es el aspecto menos importante y sigue en forma secuencial al correcto empleo de la energía, palabra que aplicamos al aliento divino o vida.

Finalmente, en la vida mental del discípulo, y en la gran tarea de aprender a ser un creador consciente con materia mental, para producir resultados en el mundo fenoménico, esta regla contiene las instrucciones sobre las cuales está basado el trabajo. Encarna la ciencia de todo el trabajo mágico.

Por lo tanto, merece consideración y estudio más profundos. Correctamente comprendida y estudiada, llevará a cada aspirante fuera del mundo de los fenómenos, al reino del alma. Si son llevadas a cabo sus instrucciones, conducirán al alma nuevamente al mundo fenoménico, como fuerza creadora en la magia del alma y como manipuladora y factor dominante de la forma y a través de ella.

Cuando se entrena al estudiante occidental nunca se le pide ciega obediencia. Se le hacen sugerencias respecto al método y a la técnica cuya eficacia probaron durante miles de años numerosos discípulos. Se imparten algunas reglas sobre la respiración, el proceso útil y también para vivir en forma práctica en el plano físico; pero en el entrenamiento del nuevo tipo de discípulos, durante la era venidera, es voluntad de los Gurus y Rishis observadores, otorgarles mayor libertad que hasta ahora. Esto podrá significar un desarrollo algo más lento al principio, pero esperan que traerá un desenvolvimiento más rápido durante las etapas finales en el sendero de la iniciación.

En consecuencia, se insta a los estudiantes a avanzar con valor y alegría durante el período de entrenamiento, sabiendo que son miembros de un grupo de discípulos, que no están solos, porque la fortaleza del grupo les pertenece y también los conocimientos del grupo a medida que desarrolla la capacidad de captarlos -sabiendo también que el amor, la sabiduría y la comprensión, de los observadores Hermanos Mayores, respaldan a todo aspirante Hijo de Dios, aunque aparente e inteligentemente se lo deja abrirse camino hacia la luz mediante la fortaleza de su propia alma omnipotente.

REGLA CINCO

Tres cosas preocupan al Angel solar antes de que la envol¬-
tura creada descienda: la condición de las aguas, la seguri¬-
dad de aquél que así crea y la constante contemplación. De
ese modo están aliados para el triple servicio, el corazón,
la garganta y el ojo.




EL ALMA Y SUS FORMAS MENTALES

Hemos tratado los procesos de la creación en lo que concierne:

1. Al Creador de un sistema solar o de un esquema planetario.

2. Al ego, cuando crea su cuerpo de manifestación. Debería recordarse aquí que toda la familia humana ha sido lle¬vada a la manifestación por un similar grupo de egos.

3. Al hombre, cuando crea esas formas mentales mediante las cuales se expresa a sí mismo, trabaja y a su vez lo cir¬cundan. Debería también recordarse que este trabajo crea¬dor definido, sólo es posible para los que actúan en niveles mentales, los pensadores del mundo y los discípulos de los Maestros.

Como hemos observado, en todos los casos, la forma objetiva fue el resultado de la meditación del agente creador, de la res¬puesta de la materia sobre la cual ha actuado la fuerza genera¬da en la meditación, produciendo así la construcción de la for¬ma y su utilización mediante el sonido. Esto es seguido por la etapa en que la forma es percibida objetivamente se convierte en una entidad viviente y vibrante. Así "el Verbo se hace carne" y así todas las formas –universos, hombres y pensamientos, do¬tados de alma— vienen a la existencia.

Esta regla abarca tres factores que ocupan la atención del agente creador antes de hacerse visible la forma física en el pla¬no externo, y son:

1. La condición de las aguas.

2. La seguridad de aquel que así crea.

3. La constante contemplación.

Trataremos brevemente estos tres, y luego consideraremos los tres factores que el discípulo necesita relacionar, si es que algu¬na vez piensa llegar a ser un colaborador activo y potente de la Jerarquía. Éstos son: el Ojo, el Corazón y la Garganta. La in¬terpretación y significación de estas reglas pueden ser compren¬didas de diversas maneras. Para nuestro propósito seguiremos la que se relaciona con el discípulo y su trabajo, y tratará de su entrenamiento en el trabajo mágico del ego o alma, a medida que éste ocupa y emplea una forma física. Estas enseñanzas tienen una finalidad práctica, que acentúan el entrenamiento y la dis¬ciplina del discípulo, porque diseminados en éstas hay indicios y sugerencias esotéricos que, si son seguidos, conducirán al aspiran¬te a obtener experiencias y experimentar la verdad. Quienes no son verdaderos aspirantes no reconocerán los indicios y serán así preservados de todo peligro y experiencia prematura.

Tomemos, por lo tanto, los tres factores que ocupan nuestra atención y considerémoslos desde el punto de vista del ser hu¬mano que crea formas mentales y no desde el punto de vista de un Creador solar, o de un ego que se prepara para encarnar en la forma. Dos pensamientos accesorios son de valor aquí. Uno, que el proceso de crear formas mentales en la meditación diaria, es parte de la tarea de todo aspirante. Si el estudiante recordara que cada vez que practica la meditación matinal está aprendien¬do a construir y vitalizar formas mentales, su trabajo podría ad¬quirir mayor interés. La mayoría de los aspirantes tienden a ocu¬parse de sus deficiencias en el trabajo de meditación y de su incapacidad de ejercer control sobre la mente; en cambio ambos aspectos de su esfuerzo podrían mejorar si se preocuparan del gran trabajo absorbente de construir formas mentales.

Una idea secundaria y de menor importancia, es que esos egos que se preparan para tomar cuerpos humanos, están pro¬fundamente ocupados en el trabajo de meditación, y muy impro¬bable que el médium común de las sesiones espiritistas pueda lle¬gar hasta ellos. Lo único que puede hacerse es establecer con¬tacto con quienes recientemente han pasado al más allá, y en la mayoría de los casos se hallan en una profunda y distinta abs¬tracción. No tengo tiempo ni propongo extenderme sobre este tema, pero es de interés para quienes investigan tales asuntos.

1. La Condición de las Aguas.

El agente creador, el hombre, mediante los incentivos de un propósito coordinador, meditación concentrada y actividad crea¬dora, ha construido la forma mental a la que anima con su propia vitalidad y dirige con su voluntad. Ha llegado el momento de enviar esa forma mental a cumplir su misión y llevar a cabo el propósito de su existencia. Como vimos en la regla anterior, la forma es "expulsada" de su creador por el poder del aliento ex¬pulsor. Ésta es una afirmación simbólica y al mismo tiempo un hecho experimental en el trabajo mágico. El discípulo fracasa a menudo en su trabajo, debido a la incapacidad de comprender la significación esotérica y literal de este aliento expulsor cuando realiza su trabajo de meditación. Este aliento expulsor es el re¬sultado de un período anterior de respiración rítmica, acompaña¬do de una meditación concentrada, luego de un enfoque definido de la atención y del aliento, a medida que el propósito de la forma creada se define mentalmente y, finalmente, la vitalización de la forma mental por su creador y su consiguiente energetización hacia una vida y actividad independientes.

El primer obstáculo que se le presenta a la potencia del trabajo proviene del fracaso del discípulo para desempeñar si¬multáneamente estas actividades. La segunda causa del fracaso reside en que no ha considerado las condiciones de las aguas ni el estado de la sustancia emocional, en la cual debe penetrar esta forma mental, reuniendo en sí misma esa materia del plano as¬tral que le permitirá convertirse en una entidad activa en ese plano. Al no poder hacerlo, se convierte sencilla y eventualmen¬te en una forma muerta en el plano mental, porque le falta el poder impulsor del deseo necesario para completarla en el plano físico.

Es interesante recordar que: Si una forma mental es envia¬da al mundo emocional para reunir en sí un cuerpo de deseos (fuerza impulsora que produce toda objetividad) y está sumer¬gida en una "condición de las aguas" que puede ser mejor des¬crita como puramente egoísta, ocurre lo siguiente: Se pierde al ser atraída dentro del cuerpo astral del discípulo, punto focal de toda la energía astral empleada por él mismo. Es arrastrada hacia un vértice del cual el cuerpo astral del individuo es el cen¬tro, perdiendo su existencia independiente. La analogía del re¬molino es aquí de valor. El pensador es como el hombre que empuja un bote de juguete, desde la orilla hacia la corriente. Si lo empuja hacia el remolino, es absorbido con el tiempo en el vórtice central, desapareciendo. Muchas formas así construidas por el aspirante en su trabajo de meditación, se pierden y fraca¬san en su objetivo, por el estado caótico y vertiginoso del cuer¬po emocional del aspirante. De esta manera las buenas inten¬ciones no llegan a nada; el buen propósito y la tarea planeada por el Maestro no se materializan, porque cuando la forma men¬tal desciende al plano del deseo y de la emoción, hace contacto únicamente con las agitadas aguas del temor, de la desconfianza, del odio o del deseo vicioso puramente físico. Éstos, al ser más potentes que la insignificante forma, la ahogan, desapareciendo, de la vista y de la existencia, y el hombre se da cuenta de otro esfuerzo malogrado.

Repito: la "condición de las aguas" no es la de un remoli¬no autogenerado, sino que se asemeja a la de un charco cuyas aguas se agitan en una masa espumosa e hirviente, mediante las actividades de los demás. Hay muchos discípulos que han logra¬do una buena medida de autocontrol y desinterés personal. No son víctimas del deseo y de los objetivos de la personalidad, y están comparativamente libres del remolino de las tendencias egoístas. Pero sus cuerpos astrales son arrastrados repetidas veces a un estado de agitación, por el grupo para el cual y en el cual trabajan. Están exaltados o deprimidos, satisfechos o insatisfe¬chos por los resultados logrados; lo realizado o no, y la firmeza o deslealtad de sus compañeros servidores les produce agitación y perturbación emocional, y en esta poderosa reacción, sus for¬mas mentales construidas con tanto esmero y devoción, quedan en la nada. Su "capacidad de acción" se pierde, por estar atados al resultado deseado, y entonces su labor es infructuosa.

Existen numerosas "condiciones de las aguas” que todo as¬pirante puede suministrar por sí mismo. Sin embargo, hay otra sobre la cual quisiera detenerme. El cuerpo emocional del discípulo que debe nutrir y abastecer a la forma mental infantil (con su núcleo mental), es necesariamente parte de la forma emo¬cional planetaria, de ahí que vibra al unísono con dicha forma. Hay que considerar esto cuidadosamente, porque el cuerpo emo¬cional es impulsado a un estado de actividad por la condición as¬tral general, debiendo ser manejado inteligentemente desde es¬te ángulo.

En la actualidad, tres cualidades predominan en el plane¬ta –temor, expectativa y un deseo culminante (en la familia humana) de posesiones materiales. Observen la palabra "culmi¬nante". Se ha alcanzado el summum del deseo humano de felici¬dad material y se ha sobrepasado la cima de ese deseo, por lo tanto la humanidad ha logrado y superado mucho. Pero el ritmo de las edades es muy fuerte.

Estas tres cualidades deben ser comprendidas y desechadas por el aspirante a medida que trata de servir desde los niveles mentales. El temor debe ser sustituido por esa paz que es privile¬gio de quienes viven siempre en la Luz de lo Eterno; la inquietan¬te expectativa tendrá que ser sustituida por esa seguridad placen¬tera, aunque activa, del objetivo final que proviene de la visión del Plan, del contacto con otros discípulos y luego con el Maestro. El deseo de posesiones materiales debe ser reemplazado por la aspiración a esas posesiones que son la alegría del alma –sa¬biduría, amor y poder para servir. ¡Paz, seguridad y correcta as¬piración! Cuando estas tres palabras se comprendan y experimen¬tan en la vida diaria, producen esa correcta "condición de las aguas" que asegura la supervivencia de toda forma mental, debi¬damente engendrada en la meditación, por el hombre que actúa como alma.

2. La Seguridad de Aquel que así Crea.

Podría decir aquí enfáticamente, aunque sea una verdad reco¬nocida, que muy a menudo las personas son destruidas (en senti¬do oculto y por lo tanto más importante) por sus propias formas mentales. La creación de pensamientos, mediante la concentra¬ción y la meditación, es una cuestión muy peligrosa. Esto no debe olvidarse jamás. Existen formas mentales que no poseen suficiente materia de deseos, y al no poder descender envenenan al hombre en los niveles mentales, y lo hacen de dos maneras:

1. Llegan a ser tan potentes en el plano mental, que el hom¬bre cae víctima de lo que ha creado. Ésta es la “idea fija" del psiquiatra; la obsesión que conduce a la locura, la línea de pensa¬miento centralizada que, eventualmente, aterroriza a su creador.

2. Llegan a multiplicarse tan rápidamente, que el aura men¬tal del hombre se convierte en algo que se asemeja a una nube espesa y densa, a través de la cual la luz del alma no puede pe¬netrar, y el amor de los seres humanos, las actividades amorosas, bellas y alentadoras de la naturaleza y de la vida, en los tres mundos, tampoco pueden horadarla. El hombre se ahoga, está sofocado por sus propias formas mentales, y sucumbe a la miasma que él mismo ha engendrado.

También hay otras líneas de pensamiento que provocan en el cuerpo emocional una reacción de naturaleza ponzoñosa. El ser humano puede seguir cierta línea de pensamiento en relación con su hermano. Engendra odio, envidia y celos, y se manifiesta en tal forma que produce esas actividades en el plano físico que ocasionan la muerte de su creador. Esto literalmente puede su¬ceder en el caso de un asesinato, que la mayoría de las veces es el resultado de la intención cristalizada, o también puede con¬vertirse en una enfermedad. El pensamiento puro, el correcto móvil y el deseo amoroso, son los verdaderos lenitivos de la en¬fermedad, y cuando el deseo (que anima a muchos) es elevado hasta el pensamiento constructivo, se eliminará gradualmente la enfermedad. Hasta ahora muchos son los que desean y pocos los que piensan. Recuerden que los Grandes Seres no buscan a quienes sólo desean y aspiran, sino a los que combinan en su deseo la determinación de aprender a usar sus cuerpos mentales y lle¬gar a ser creadores, y a trabajar constructivamente para es¬tos fines.

Así se comprenderá por qué, en todos los sistemas de verda¬dero entrenamiento ocultista, se hace hincapié sobre el recto pen¬sar, el deseo amoroso y el limpio y puro vivir. Sólo así puede llevarse adelante el trabajo creador sin peligro, y sólo así puede descender la forma mental a la objetividad y ser un agente cons¬tructivo en el plano de la existencia humana.

3. Constante Contemplación.

Observarán que no se ha empleado la palabra "meditación". La idea es otra. El proceso de meditación, que involucra el em¬pleo del pensamiento y la construcción mental de la forma, pa¬ra poder completarla, perfeccionarla y estar de acuerdo con la forma mental del grupo de condiscípulos del discípulo, y por consiguiente con el Plan, ha sido completado por el hombre de acuerdo a su capacidad. Ahora, con firmeza, debe contemplar lo que ha creado, y con igual firmeza inspirarlo con la necesaria vida, para que pueda cumplir su función.

Cesa de razonar, pensar, formular y construir en materia mental. Simplemente vierte su vida en la forma y la proyecta para cumplir su voluntad. En la medida en que pueda contem¬plar y mantenerse firme, así su creación cumplirá su intención y actuará como su agente.

De acuerdo a cómo enfoca su atención en el ideal, por el cual creó la forma mental, y puede vincular la forma y el ideal, así en una sostenida visión, durante ese tiempo, servirá su propó¬sito y expresará su ideal. En esto reside el secreto del éxito de toda colaboración exitosa con el Plan.

Ahora estudiaremos un poco las palabras "corazón, gargan¬ta y ojo", porque tienen una peculiar significación. Forman el mecanismo que todos los discípulos emplean durante el ciclo mundial que rápidamente se aproxima.

Es muy cierto que en esta época no existe un grupo nume¬roso de discípulos en encarnación, y que aún está en embrión el mecanismo de la mayoría de quienes actúan en el nivel del discipulado. Sin embargo, hay que recordar que el ciclo mundial recién fue inaugurado y abarcará un vasto período de tiempo. Hay actualmente más o menos cuatrocientos discípulos acepta¬dos en el mundo –es decir, hombres y mujeres que realmente saben que son discípulos, saben cuál es su trabajo y lo están rea¬lizando. No obstante, hay muchos centenares (de la generación actual de gente joven) que están en vísperas de ser aceptados, y millares se hallan en el sendero de probación.

En todos los grupos verdaderamente esotéricos debería for¬marse un grupo donde exista una comprensión intelectual de este mecanismo del corazón, la garganta y el ojo. Debería estar constituido por quienes se someten a una disciplina y entrena¬miento, cuya utilización sería para ellos un hecho demostrado en la naturaleza. Quisiera llamarles la atención sobre estas palabras y pedirles que las estudien cuidadosamente.

El mecanismo del cuerpo físico se utiliza de dos maneras: Primero, involuntariamente, y no se comprende cómo, por qué y cuándo se lo utiliza. El animal emplea un mecanismo similar, en muchos sentidos, al que utiliza el hombre. Ve, oye y funciona or¬gánicamente, en líneas similares al humano, pero le falta la com¬prensión mental y la vinculación entre la causa y el efecto, lo cual caracteriza al reino superior de la naturaleza.

Existe un estado similar de cosas en las primeras etapas del sendero del discipulado y en las etapas finales del sendero de probación. El discípulo llega a ser consciente de capacidades y poderes que aún no están inteligentemente bajo su control. Ex¬perimenta destellos de percepción interna y conocimientos que parecen inexplicables y sin valor inmediato. Hace contacto con vibraciones y fenómenos de otros reinos, pero es inconsciente del proceso mediante el cual lo ha logrado, e incapaz de renovar¬los o volver a experimentarlos. Percibe fuerzas activas en su cuerpo etérico. A veces puede localizarlas y, por lo general, ad¬mite teóricamente que hay un despertar a la actividad conscien¬te, una séptuple estructura que es una forma simbólica y pode¬rosa, cuando se la emplea. No puede todavía controlarla y es in¬capaz de atraerla a una inteligente cooperación con sus propó¬sitos e ideas, a pesar de todos sus esfuerzos. Lo único que puede hacer es registrar tales fenómenos y anotar esas experiencias, te¬niendo siempre en cuenta que en las primeras etapas de su des¬arrollo sólo se registran en su conciencia cerebral las vibraciones más groseras y materiales. Sencillamente debe esperar y tratar mentalmente de purificar sus vehículos y eliminar todo aquello que cree puede desfigurar su visión. Este período puede ser largo o corto, depende de que el aspirante entre por primera vez en la conciencia subjetiva o retome el hilo de una empresa anterior, lograda parcialmente.

Quisiera aclarar aquí, a todos los verdaderos y sinceros as¬pirantes, que en el entrenamiento a darse en las próximas déca¬das, el desarrollo de la visión y el oído astral, serán completa¬mente eliminados, o si existen, tendrán que ser oportunamente superados. El verdadero discípulo se ha esforzado por centralizarse en el plano mental con el objeto de elevar aún más su conciencia a la amplia e incluyente percepción del alma.

Su objetivo consiste en incluir lo superior, y en esta etapa no es necesario recobrar esa facultad astral que, como bien se sabe, poseían las razas poco evolucionadas de la tierra y la mayo¬ría de los animales superiores. Posteriormente, cuando sea adep¬to, podrá actuar en el plano astral, si así lo desea, pero debe re¬cordar que el Maestro trabaja con el aspecto alma de la huma¬nidad (y de todas las formas) y no con sus cuerpos astrales. Esto ha sido frecuentemente olvidado por los instructores, tanto de Oriente como de Occidente.

Al trabajar con las almas se lleva adelante la verdadera téc¬nica de la evolución, porque el alma de las formas, en cada reino de la naturaleza, es responsable del trabajo de desarrollo de la forma y dentro de ella. Permítanme, por lo tanto, expresar que el objetivo principal consiste en llegar a ser consciente del alma, cultivar la conciencia del alma y aprender a vivir y a trabajar como almas. Aconsejaría, hasta que llegue el momento en que puedan utilizar su mecanismo a voluntad, entrenar sus mentes, estudiar las leyes que rigen la manifestación y aprender a in¬cluir todo lo que ahora abarcamos con el término "superior" –tér¬mino erróneo, aunque satisfactorio.

Segundo, cuando el hombre utiliza voluntariamente el ins¬trumento subjetivo y sabe cómo utilizarlo, cuándo lo debe utilizar, y puede dejar de hacerlo y volver a emplearlo a volun¬tad, entonces cambia totalmente su estado y aumenta su utilidad. Por el empleo de la mente, la humanidad ha llegado a percibir los propósitos y la utilización del mecanismo físico. Ahora, me¬diante el empleo de una facultad más elevada, característica del alma, obtiene un control voluntario e inteligente de su instru¬mento, y aprende a comprender los propósitos para los cuales di¬cho instrumento existe. Esta facultad superior es la intuición.

Quisiera agregar en forma destacada, que únicamente cuan¬do el hombre llega a ser intuitivo es de utilidad en el grupo de un Maestro, y recomiendo a todos los aspirantes que estudien muy detenidamente el significado y significación de la intuición. Cuando ésta comienza a actuar, entonces el discípulo puede pa¬sar de la etapa de probación a la de aceptación, en el grupo de un Maestro.

Quizás se pregunten cómo puede conocer y comprobar esto el probacionista. Al probacionista se le da mucho entrenamiento sin que conscientemente lo reconozca. Se le indican las tenden¬cias erróneas, a medida que trata sinceramente de entrenarse pa¬ra el servicio, y cuando el análisis del móvil se hace con honestidad, sirve en forma asombrosa para sacar al seudo discípulo del mundo astral o emocional, y elevarlo al mundo de la mente. Es en este mundo mental donde por primera vez se hace contac¬to con los Maestros, y es allí donde hay que buscarlos.

Pero ha llegado el momento en que la Luz en la cabeza no sólo está presente, sino que puede ser utilizada en cierta medida. El karma del aspirante es de tal naturaleza que puede, mediante el esfuerzo esmeradamente aplicado, manejar su vida, de mane¬ra que no sólo cumple con su karma, desempeñando sus obliga¬ciones, sino que tiene la suficiente determinación para permitir¬le solucionar los problemas y cumplir también con las obligacio-nes del discipulado. Desempeña con correcto móvil su servicio en bien de los demás; comienza a ejercer y a hacer sentir su po¬der; pierde de vista su propio interés por el ajeno. Cuando esto sucede se producen ciertos acontecimientos esotéricos.

El Maestro consulta con algunos de Sus discípulos más avan¬zados, si es aconsejable admitir al aspirante dentro del aura del grupo, y mezclar su vibración con la del grupo. Si se llega a al¬guna decisión, en el término de dos años, un discípulo avanzado actúa entonces como intermediario entre el Maestro y el aspi¬rante recientemente aceptado. Trabaja con el nuevo discípulo aminorando (si así puede expresarse) la vibración del Maestro para acostumbrar a los cuerpos de aquél a las aceleradas vibra¬ciones superiores. Plasma en la mente del discípulo, por medio de su ego, los planes e ideales del grupo, y observa su reacción a los acontecimientos y oportunidades de la vida. Podría decirse que asume por el momento y en forma práctica, los deberes y la posición del Maestro.

El aspirante ignora durante todo este tiempo lo que ha sucedido, y es inconsciente de sus contactos subjetivos. Sin em¬bargo, reconoce en sí mismo tres cosas:

Acrecentada actividad mental. Al principio esto le traerá mu¬cha dificultad y le parecerá como si estuviera perdiendo el con¬trol de la mente en vez de adquirirlo, pero sólo es un estado tran¬sitorio, y gradualmente asumirá el mando.

Acrecentada respuesta a las ideas y creciente capacidad pa¬ra visualizar el Plan de la Jerarquía. Esto, hasta cierto punto, lo convertirá en un fanático en las primeras etapas. Continuamen¬te será arrastrado por ideales, ismos, modos de vivir y nuevos sueños, en bien del mejoramiento de la raza. Se afiliará a un cul¬to tras otro, porque quizás ello posibilitará la llegada del mile¬nio. Pero después de un tiempo recobrará su equilibrio y el pro¬pósito asumirá el control de su vida. Trabajará en su propia ocupación, y contribuirá a la actividad del todo, de acuerdo a su capacidad.

Acrecentada sensibilidad psíquica. Indica crecimiento y al mis¬mo tiempo una prueba. Puede ser seducido por los poderes psí¬quicos y tentado a desviar su esfuerzo del servicio especializado a la raza, hacia la explotación de los poderes psíquicos, utilizán¬dolos para el propio engrandecimiento. El aspirante debe pro¬gresar simultáneamente en todos los aspectos de su naturaleza, pero hasta no actuar conscientemente como alma o psiquis, y emplear la inteligencia cooperadora, los poderes inferiores deben estar pasivos, los cuales pueden ser utilizados sin peligro por los discípulos avanzados e iniciados. Son armas e instrumentos de servicio que deben ser empleados en los tres mundos por quienes aún están atados a esos mundos por la Ley de Renacimiento. Quie¬nes han pasado por la gran Liberación y "cruzado ocultamente el puente", no necesitan emplear los poderes inherentes a los vehículos inferiores, pueden utilizar el conocimiento infalible de la intuición y la iluminación del principio Luz.

Existen falsos conceptos, en las mentes de las personas, res¬pecto a la forma en que el Maestro permite al discípulo darse cuenta que ha sido aceptado. Se ha generalizado la idea de que se le comunica y se le acuerda una entrevista, en la cual el Maestro lo acepta y le designa un trabajo. Pero no es así. La Ley oculta rige tanto para el discipulado como para la iniciación, y el hombre progresa ciegamente. Espera pero no sabe, pero tie¬ne la esperanza de que así sea; aunque no tiene ninguna seguri¬dad tangible, llega a la conclusión, por el estudio de sí mismo y de los requisitos, que quizá ha alcanzado el estado de discípulo aceptado. Por lo tanto, actúa sobre tal suposición y vigila sus actos, cuida sus palabras y controla sus pensamientos, de modo que ninguna acción, palabra innecesaria o pensamiento maléfico, rompan el ritmo que él cree haber establecido. Sigue con su trabajo, pero intensifica la meditación; investiga sus móviles; trata de equipar su cuerpo mental; coloca ante sí el ideal de servicio, procurando siempre servir; entonces (cuando está tan absorbido en el trabajo que tiene entre manos, que se ha olvidado de sí mismo) repentinamente un día ve a Aquél que durante tanto tiempo lo ha estado observando.

Esto puede acontecer en dos formas: ya sea en plena con¬ciencia vigílica, o porque el cerebro físico registra la entrevista tal como participó en ella durante las horas de sueño.

Paralelamente al reconocimiento de este evento los discípu¬los llegarán a otros reconocimientos:

I. El acontecimiento se reconoce como un hecho, fuera de toda controversia. Ninguna duda queda en la mente del discípulo.

II. Sabe que no debe mencionarlo. Pasarán meses o años, antes de hacerlo, y entonces lo dirá sólo a quienes son también reconocidos como discípulos o a un compañero de tarea que está bajo la misma influencia grupal, cuyo derecho es saberlo, dere¬cho sancionado por el Maestro del grupo.

III. Ciertos factores que rigen la relación del Maestro con el discípulo son gradualmente reconocidos y empiezan a regir ca¬da vez más la vida del discípulo:

1. Reconoce que los puntos de contacto con su Maestro es¬tán regidos por la emergencia y la necesidad grupales, y tienen que ver con su servicio grupal. Paulatinamente se da cuenta que su Maestro podrá interesarse por él, sólo hasta donde su ego pueda ser utilizado en el servicio, por medio de la personalidad en el plano físico. Empieza a darse cuenta que Él trabaja con su al¬ma y que ésta y no el yo personal, está en relación con el Maes¬tro. Por lo tanto su problema, problema de todos los discípulos, se va aclarando cada vez más, el cual consiste en mantener abier¬to el canal de comunicación entre el alma y el cerebro, mediante la mente, de modo que el Maestro pueda comunicarse inmedia¬tamente y con facilidad. A veces tiene que esperar varias sema¬nas antes de poder ser oído por el discípulo, porque el canal as¬cendente está cerrado y el alma no está en relación con el cerebro. Esto sucede especialmente en las primeras etapas del discipulado.

2. Descubre que él mismo cierra la puerta en la mayoría de los casos, mediante el psiquismo inferior, la incapacidad física y la falta de control mental; en consecuencia halla que debe tra¬bajar constante e incesantemente con su yo inferior.

3. Percibe que una de las primeras cosas que debe hacer es aprender a discriminar entre:

La vibración de su propia alma.

La vibración del grupo de discípulos con quienes está aso¬ciado.

La vibración del Maestro.

Los tres son indiferentes y es fácil confundirlos especialmen¬te al principio. La guía más segura para los aspirantes cuando hacen contacto con una vibración y estímulo superiores, consis¬te en suponer que quien hace contacto con ellos es su propia al¬ma, el Maestro en el corazón, y no (algo muy halagador para or¬gullo de la personalidad) que el Maestro trata de llegar a ellos.

4. Descubre además que no es costumbre de los Maestros adular o hacer promesas a sus discípulos. Están muy ocupados y son demasiado sabios; tampoco les dicen que están destinados a desempeñar altos cargos, ni que son sus intermediarios y que de ellos depende la Jerarquía. La ambición, el amor al poder y la autosuficiencia, características de muchos tipos mentales, ponen a prue¬ba al aspirante luchador, y recibe de su personalidad todo lo que necesita en ese sentido. Estas cualidades lo engañan y desvían, forzándolo a situarse en un pedestal de donde finalmente tendrá que descender. Los Maestros no dicen nada que pueda nutrir el orgullo en Sus discípulos, ni pronuncian palabras que fomenten en sus chelas el espíritu de separatividad.

5. El discípulo muy pronto se da cuenta que los Maestros no son fácilmente accesibles. Se hallan tan ocupados, que difícilmen¬te disponen de tiempo para comunicarse con el discípulo, y úni¬camente una emergencia, en el caso de un principiante en el sen¬dero del discipulado, utilizan la energía necesaria para ponerse en contacto. Con los discípulos antiguos y probados, los contac¬tos son más frecuentes, se logran con más facilidad y tienen re¬sultados más rápidos. Sin embargo, debe recordarse que cuanto más nuevo es el discípulo exige mayor atención y considera que debe recibirla. Los servidores antiguos y más experimentados tra¬tan de cumplir con sus obligaciones y llevar a cabo el trabajo mediante el menor contacto posible con el Maestro. Procuran ahorrarle tiempo y, frecuentemente, consideran que una entre¬vista con Él es una demostración de fracaso de su parte, y por lo tanto les produce desazón ocupar el valioso tiempo del Maes¬tro, obligándolo a emplear Su energía en proteger el trabajo de cualquier error, y al discípulo de algún daño. El objetivo de todo discípulo avanzado es desempeñar su tarea y relacionarse con el centro de fuerza espiritual, su grupo, y estar así en con¬tinuo contacto con el Maestro, sin entrevistas ni contactos feno¬ménicos. La mayoría sólo espera establecer contacto con Su Maes¬tro una vez al año, generalmente en la época del plenilunio de mayo.

6. Encuentra también que la relación entre Maestro y dis¬cípulo está regida por la ley y que existen grados y etapas de¬finidos de contacto en la relación deseada. Éstos pueden ser enu¬merados, pero no dilucidados:

1. La etapa en que el Maestro hace contacto con el discí¬pulo por medio de otro chela en el plano físico. Ésta es la eta¬pa de "el breve período de chela".

2. La etapa en que un discípulo más avanzado dirige al chela desde el nivel egoico. Ésta es la etapa denominada "el che¬la en la Luz".

3. La etapa en que, según la necesidad, el Maestro hace con¬tacto con el chela, mediante:

a. Una vívida experiencia en el sueño.
b. Una enseñanza simbólica.
c. La utilización de una forma mental del Maestro.
d. Un contacto en la meditación.
e. Una definida y recordada entrevista en el ashrama del Maestro. Ésta es definidamente, la etapa de discípulo aceptado.

4. La etapa en que habiendo demostrado su sabiduría en el trabajo y apreciado el problema del Maestro, se le enseña al discípulo cómo (en una emergencia) atraer la atención del Maes¬tro y así extraer Su fuerza y conocimiento y recibir consejos. Esto es algo instantáneo y no le ocupa prácticamente tiempo al Maestro. Esta etapa recibe el nombre peculiar de "el chela en el Hilo o Sutratma".

5. La etapa donde se le permite conocer el método por el cual puede originar una vibración y un llamado que le otor¬gará una entrevista con el Maestro. Esto únicamente se le conce¬de a esos chelas dignos de confianza, de quienes se puede esperar la utilización del conocimiento sólo para las necesidades del tra¬bajo; ninguna razón ni aflicción personal los impelería a utili¬zarlo. El chela es denominado en esta etapa "el discípulo den¬tro del aura".

6. La etapa en que puede atraer la atención del Maestro en cualquier momento. Se halla siempre en estrecho contacto. En esta etapa el chela es preparado definidamente para una inicia¬ción inmediata, o habiendo recibido ya la iniciación, se le da trabajo especializado para hacerlo en colaboración con su... Esta etapa se describe como "el discípulo dentro del corazón de Su Maestro".

Existe una etapa posterior de identificación aún más íntima, donde se produce una mezcla de Luces, pero no hay términos ade¬cuados para expresar el nombre. Las seis etapas mencionadas han sido parafraseadas para la comprensión occidental y en ningún sentido deben considerarse como traducción de palabras antiguas.

Éstas son algunas de las enseñanzas que conciernen a los discípulos y su reconocimiento, y es de valor que los aspirantes reflexionen sobre ellas. Se ha de comprender que aunque el buen carácter, la elevada ética, la sana moral y la aspiración espiritual, son requisitos básicos inalterables, sin embargo, es necesario al¬go más para adquirir el derecho de entrar en el ashrama del Maestro.

Haber adquirido el privilegio de ser, una avanzada de la con¬ciencia del Maestro, requiere altruismo y la entrega de sí mismo, para lo cual pocas personas están preparadas; el hecho de ser atraído dentro de Su aura, de manera de formar parte inte¬grante del aura grupal, presupone una pureza que pocos pueden cultivar; poder escuchar al Maestro y merecer el derecho de ponerse en contacto con Él a voluntad, requiere sensibilidad y fi¬na discriminación, y pocos están dispuestos a pagar el precio. No obstante hay una puerta abierta de par en par para todos los que quieran llegar, y ningún alma dedicada y sincera que llene todos estos requisitos será rechazada.

No existe ninguna duda, en la actualidad, de que quienes han avanzado algo en la evolución, están acelerando esa evolu¬ción como no ha sucedido hasta ahora en la historia del mundo. La crisis es tan grave y la necesidad tan grande, que quienes están en condiciones de entrar en contacto con el aspecto inter¬no de la vida, aunque sientan levemente las vibraciones de los discípulos más avanzados y de los Hermanos Mayores de la raza y puedan hacer descender los ideales, tal como son conocidos en los planos superiores, son entrenados cuidadosa, ardua y enérgi¬camente. Es necesario que sean capaces de actuar exacta y ade¬cuadamente como transmisores e intérpretes.

Quisiera señalar ciertos factores y métodos que deben tener¬se presentes en conexión con los escritos inspirados y la medium¬nidad, y con la redacción de esos libros como La Doctrina Secre¬ta, las Escrituras del mundo y esas obras dictadas que afectan poderosamente el pensar de la raza. La interpretación del pro¬ceso depende de muchas causas; la categoría de los escritores puede ser sobrestimada o no apreciada suficientemente; los términos empleados por el transmisor dependen de su cultura y pue¬den también ser incorrectos o dar lugar a malas interpretacio¬nes. Por lo tanto, es necesario tener alguna comprensión del proceso.

Algunos transmisores trabajan totalmente en niveles astrales, y su trabajo es necesariamente parte de la gran ilusión. Son médium inconscientes e incapaces de comprobar la fuente de donde proceden las enseñanzas; cuando aseguran conocer esa fuente, con frecuencia están equivocados. Algunos reciben en¬señanzas de entidades desencarnadas, no muy evolucionadas y a menudo de inferior evolución a la de ellos mismos. Otros ex¬traen simplemente el contenido de su propia subconsciencia, y constituyen las hermosas trivialidades revestidas de la fraseo¬logía cristiana y matizadas por los escritos místicos del pasado, muy conocidos por los discípulos que trabajan conscientemente en el plano físico.

Otros trabajan sólo en niveles mentales, aprendiendo, por medio de la telepatía, lo que los Hermanos Mayores de la raza y sus propias almas tienen que impartir. Extraen de las fuentes de conocimiento, lo acumulado en la conciencia egoica. Llegan a percibir los conocimientos acumulados en el cerebro de los dis¬cípulos que pertenecen a su mismo rayo. Aún otros de ellos, sien¬do una avanzada de la conciencia del Maestro, llegan también a conocer Su pensamiento. Algunos utilizan, consciente o incons¬cientemente, diversos métodos. Cuando trabajan conscientemen¬te, les es posible correlacionar las enseñanzas dadas, y de acuer¬do a la Ley de Correspondencia o Analogía, mediante el uso de símbolos (que perciben por la clarividencia mental) verifican la exactitud de esas enseñanzas. Los que trabajan inconscientemen¬te (no me refiero a los psíquicos astrales) pueden tener confian¬za y aplicar la discriminación, hasta que hayan evolucionado más. No deben aceptar nada que contradiga los hechos impartidos por los grandes Mensajeros de la Logia, y en cambio estar dispues¬tos a agregar al cúmulo de conocimientos que poseen, una estruc¬tura de mayor amplitud.

Cada generación deberá tener sus videntes. Ver es conocer. La falla de todos ustedes es que no ven; perciben un ángulo, un punto de vista, un aspecto parcial de la gran trama de la verdad, pero todo lo que subyace detrás, está oculto para la visión tri¬dimensional. Los que quieran actuar como verdaderos transmisores e intermediarios entre los Conocedores de la raza y los "pequeños seres”, deben mantener sus ojos en el horizonte y tratar así de ampliar su visión; sostener firmemente esa com¬prensión interna que ya poseen y tratar de aumentar su alcance; aferrarse a la verdad de que todas las cosas están orientadas ha¬cia la revelación, y que la forma no tiene ninguna importancia. Deben tratar preeminentemente de ser instrumentos de confian¬za, inmutable ante las tormentas pasajeras. Han de procurar no sentirse deprimidos ni desalentados, no importa lo que ocurra; tener un agudo sentido de proporción, sano juicio en todas las cosas, vida moderada, un cuerpo físico disciplinado y una devoción íntegra hacia la humanidad. Allí donde estén presentes estas cualidades, los Maestros podrán empezar a utilizar esos trabajadores que ya tienen destinados; cuando ellos no existen, hay que buscar otros instrumentos.

Algunas personas aprenden durante la noche y traen con regularidad a la conciencia de su cerebro físico los hechos que necesitan saber y las enseñanzas que deben trasmitir. Se prue¬ban muchos métodos adecuados a la naturaleza del aspirante o chela. Algunos poseen cerebros que actúan telepáticamente co¬mo transmisores. Me refiero a métodos más seguros y poco comu¬nes, que emplean el vehículo mental como intermediario entre el alma y el cerebro, o entre el instructor y el discípulo. Los métodos de comunicación en el plano astral, tales como el ta¬blero ouija, el lápiz plancheta, la escritura automática, la voz directa y las afirmaciones hechas por el médium, temporalmente obsesionado, no son utilizados por los chelas, aunque a veces re¬sulte útil emplear la voz. Los métodos mentales superiores son más avanzados y seguros, aunque no tan comunes.

Los verdaderos transmisores de los niveles egoicos superiores al plano físico, proceden de alguna de las maneras siguientes:

1. Escriben con conocimiento personal y, por lo tanto, uti¬lizan sus mentes concretas en la tarea de expresar ese conoci¬miento en términos que revelarán la verdad a los que tengan ojos para ver, aunque oculten lo que puede ser peligroso para los curiosos y los ciegos. Esta tarea es difícil porque la men¬te concreta expresa lo abstracto en forma muy inadecuada, y en el afán de expresar la verdad en palabras, se pierde el verdade¬ro significado.

2. Escriben porque están inspirados. Debido a su equipo fí¬sico, pureza de vida, sinceridad de propósito, devoción a la hu¬manidad y karma a agotar como servicio en sí, han desarro¬llado la capacidad de hacer contacto con las fuentes superiores, de las cuales fluye la verdad pura o simbólica. Pueden extraer de las corrientes de pensamientos movilizadas por ese gran gru¬po de Contempladores –denominados Nirmanakayas— o de esas corrientes mentales definidas y especializadas, iniciadas por uno de los miembros del grupo de instructores. Sus cerebros, que son receptivos transmisores, les permiten trasladar al papel los pen¬samientos captados; la exactitud de la transmisión depende de la receptividad del instrumento (es decir, la mente y el cerebro) del transmisor. En dichos casos, la formulación de palabras y fra¬ses se dejan libradas por lo general al criterio del escritor. Por lo tanto, la propiedad en la utilización de los términos y la co¬rrección de la fraseología, dependen de su equipo mental, su educación, la extensión de su vocabulario y su capacidad inhe¬rente de comprender la naturaleza y la cualidad de los pensa¬mientos e ideas impartidos.

3. Escriben, porque han desarrollado el oído interno. Su tra¬bajo es en gran parte taquigráfico, aunque depende también de su grado de desarrollo y educación. Cierto desarrollo definido de los centros, conjuntamente con la disponibilidad kármica, cons¬tituye la base de la elección del instructor en los planos más sutiles, que trata de impartir una instrucción definida y una línea especializada de pensamiento. Por consiguiente, la respon-sabilidad respecto a la exactitud, corresponde tanto al que imparte las enseñanzas como al agente transmisor. El agente del plano físico tiene que ser cuidadosamente seleccionado, pues la exactitud de la información dada, según es expresada en el plano físico, dependerá de su voluntad para ser utilizado, de su polarización mental y positiva y de su liberación del astralismo. A esto habrá que agregar que cuanto más instruido, más amplio será su campo de conocimiento y el alcance del interés mundial, y más fácil será para el instructor en el aspecto interno, presentar, por su intermedio, los conocimientos a impartir. La información dictada puede ser a menudo completamente extraña al receptor. Debe tener cierto grado de instrucción y convertirse en un pro¬fundo buscador de la verdad, antes de ser elegido como receptor de enseñanzas destinadas al público en general o para uso esoté¬rico. Ante todo debe haber aprendido, por la meditación, a en¬focarse en el plano mental. En la similitud de vibraciones e inte¬reses, reside la clave de la elección de un transmisor. Observen lo que digo: similitud de vibración e intereses, y no igualdad de vibración e intereses.

Esta forma de trabajo podría ser dividida en tres métodos: Primero, tenemos la clariaudiencia superior que habla directa¬mente de mente a mente. Esto no es exactamente telepatía, sino una forma directa de oír. El instructor habla al discípulo de per¬sona a persona. En consecuencia se entabla una conversación to¬talmente en niveles mentales con las facultades superiores como punto de enfoque. Involucra el uso de los centros de la cabeza, y ambos deben ser vivificados antes de poder emplear este mé¬todo. En el cuerpo astral los centros que corresponden al físico deben despertarse antes de ser posible el psiquismo astral. La tarea a que me refiero, involucra una correspondiente vivifica¬ción de la contraparte del cuerpo mental.

Segundo, tenemos la comunicación telepática. Constituye el registro, en la conciencia del cerebro físico, de la información impartida:

a. Directamente de Maestro a discípulo; de discípulo a dis¬cípulo; de estudiante a estudiante.

b. De Maestro o discípulo, al ego, y de allí a la personalidad, mediante los subplanos atómicos. Observarán, por lo tanto, que únicamente aquellos en cuyos cuerpos se encuentra materia del subplano atómico, pueden trabajar en esta forma. La seguridad y la exactitud subyacen en esta facultad.

c. De ego a ego mediante el cuerpo causal, y trasmitida di¬rectamente de acuerdo al método anterior, o acumulada para ac¬tuar gradualmente y cuando sea necesario.

Tercero, tenemos la inspiración. Implica otro aspecto de desarrollo. La inspiración es análoga a la mediumnidad, pero to¬talmente egoica. Utiliza la mente como medio para trasmitir al cerebro lo que el alma sabe. La mediumnidad describe general¬mente el proceso cuando está confinado totalmente en los nive¬les astrales. En el plano egoico esto implica la inspiración. Re¬flexionen sobre esta definición porque explica mucho. La medium¬nidad es peligrosa. ¿Por qué lo es? Porque aún no está impli¬cado el cuerpo mental y el alma no controla. El médium es un instrumento inconsciente. No es el factor controlador, sino que está controlado. También a menudo las entidades desencarnadas que emplean este método de comunicación, utilizando el cerebro o el órgano de la voz del médium, son poco evolucionadas e in¬capaces de emplear los métodos del plano mental.

Muchas personas combinan el método de inspiración con el de recibir instrucciones en distintos campos y, cuando esto su¬cede, existe una gran exactitud en la transmisión. En ocasiones, como en el caso de H.P.B., se combina el profundo conocimiento, la capacidad de ser inspirado y la clariaudiencia mental. En este caso se posee un instrumento raro y útil, para ayudar a la hu¬manidad.

La inspiración se origina en los niveles superiores; supone un grado de evolución muy elevado, porque implica la concien¬cia egoica y requiere el empleo de sustancia atómica, abriendo un amplio campo de comunicadores. Significa seguridad. Debe recordarse que el alma siempre es buena; le podrá faltar cono¬cimientos en los tres mundos y en este sentido ser deficiente, pe¬ro no alberga ningún mal; la inspiración es segura, en cambio debe evitarse siempre la mediumnidad. La inspiración podría im¬plicar la telepatía, porque la persona inspiradora puede hacer tres cosas:

a. Utilizar el cerebro de quien ha sido designado como ca¬nal, vertiendo pensamientos en él.

b. Ocupar el cuerpo de su discípulo, retirándose este últi¬mo conscientemente a sus cuerpos sutiles, entregando su cuerpo físico.

c. Producir, finalmente, una fusión temporaria, si puede de¬nominarse así -un intercambio donde el utilizador y el utilizado, alternan o se complementan, según sea necesario, a fin de cum¬plir el trabajo asignado. No puedo explicar esto con mayor cla¬ridad.

4. Escriben lo que ven. Este método no es de orden muy elevado. Observarán que en el primer caso tenemos sabiduría o disponibilidad, en los niveles búdicos o intuitivos; en el segundo tenemos la transmisión desde el cuerpo causal en los ni¬veles mentales superiores; en el tercero tenemos suficiente des¬arrollo para que el aspirante pueda recibir al dictado; en el cuarto tenemos la capacidad de leer en la luz astral, pero fre¬cuentemente no hay capacidad para diferenciar entre lo que fue, lo que es y lo que será. Por lo tanto, hay ilusión e inexactitud. Sin embargo, este método se usa algunas veces pero -si no es utilizado directamente bajo el estímulo aplicado por un Maes¬tro - puede ser muy engañoso, como también lo es su corola¬rio, la clariaudiencia astral. Es el método de la clarividencia mental, y requiere una mente entrenada e interpretadora, y en verdad esto es muy raro de encontrar.

En todos los casos que he citado pueden aparecer errores de¬bido a las limitaciones físicas y al obstáculo que ofrecen las pa¬labras, pero en el caso de quienes escriben con conocimiento per¬sonal, los errores en la expresión no tendrán ninguna importan¬cia, mientras que en los casos segundo y tercero, los errores de¬penderán del grado de evolución del agente transmisor. Sin em¬bargo, si une la inteligencia, la devoción y el servicio, con su capacidad de recibir y oír, corregirá rápidamente los errores y aumentará su comprensión.

Más adelante se emplearán dos métodos nuevos que facili¬tarán la transmisión de la verdad desde el plano interno al ex¬terno. La escritura precipitada será dada a aquéllos en quienes se puede confiar, pero no ha llegado aún el momento de gene¬ralizar su empleo. Será necesario esperar hasta que el trabajo de las escuelas esotéricas haya alcanzado un desarrollo más definido. Las condiciones aún no son apropiadas, pero se le urge a la hu-manidad a estar dispuesta y con mente abierta para este des¬arrollo. Más adelante adquirirá poder de materializar las formas mentales. Encarnarán personas que tendrán temporariamente la capacidad de crear y vitalizar dichas formas mentales, lo cual permitirá que el público las vea. Sin embargo, no ha llegado aún el momento. Existe demasiado temor y no se ha experimentado suficientemente la verdad en el mundo. Es necesario adquirir ma-yores conocimientos respecto a la naturaleza del pensamiento y de la materia; esto debe ser seguido en forma experimental por esas personas de mente aguda y entrenada, de alto grado de vi¬bración y de cuerpos construidos con materia muy refinada. Pa¬ra lograrlo será necesario disciplina, dolor, autoabnegación y abs¬tinencia. Procuren hacerlo. El grupo de Instructores con quienes pueden estar en contacto los aspirantes comunes y los discípu¬los en probación, en el plano mental, son hombres de pasiones similares, pero con mayor experiencia en el sendero y un auto¬control más sabio de sí mismos. No trabajan con aspirantes por sentir afecto personal, sino porque la necesidad es tan grande que buscan a quienes puedan ser entrenados. La actitud mental requerida es rápida captación, habilidad de registrarlo y no dudar hasta tener mayor conocimiento. Luego se le urge al aspirante a dudar de todo. Les recordaré las palabras de un Instructor que dijo: "Somos hombres sensatos y equilibrados que instruimos, así como enseñábamos en la tierra, no adulando a nuestros estudiantes, sino disciplinándolos. Los conducimos sin forzar ni nutrir sus am-biciones con promesas de poder, sino impartiéndoles información e induciéndoles a utilizarla en su trabajo, sabiendo que el co¬rrecto uso del conocimiento lleva a la experiencia y a la reali¬zación de la meta".

¡Cuántas veces se encuentra un estudiante más preocupado en el Maestro y lo que Éste hará, que en su propio trabajo! Sin embargo adaptarse al servicio y capacitarse para colaborar útil¬mente, son o debieran ser sus principales preocupaciones.

Interesa más la investigación respecto al Maestro que las cualidades necesarias para el discipulado. Lo que se sabe respecto a los adeptos interesa más que la constante investigación sobre las limitaciones e incapacidades, cosa que debería ocupar la aten¬ción del aspirante. Es más fácil despertar la curiosidad acerca de las costumbres y los métodos de determinados Maestros pa¬ra manejar a los discípulos, que aplicar pacientemente hábitos correctos y métodos de trabajo en la vida del pseudo discípulo. Todas estas cuestiones son de orden secundario y sólo dificultan y limitan, y una de las primeras cosas que se aconseja, a quien quiera entrar en comunicación con los Maestros, es apartar su atención de todo lo que no le concierne y enfocarla en los pasos y etapas necesarios que debe expresar en su vida y suprimir esos momentos perdidos, estados de ánimo y períodos mentales que frecuentemente ocupan la mayor parte de su vida mental.

Cuando un Maestro desea encontrar a quienes están capaci¬tados para recibir instrucción y enseñanza, busca ante todo tres cosas. Si éstas no existen, será inútil toda devoción, aspiración, pureza y formas de vida. Es esencial que todos los aspirantes com-prendan estos tres factores y eviten sufrimiento mental y pérdi¬da de energía.

1. El Maestro busca la luz en la cabeza.

2. Investiga el karma del aspirante.

3. Observa su servicio en el mundo.

Si no hay indicios en el hombre de que es, denominado eso¬téricamente, "una lámpara encendida", será inútil que el Maestro pierda Su tiempo. Cuando la luz en la cabeza está presente, indica:

a. El funcionamiento mayor o menor de la glándula pineal, que (como bien se sabe) es el asiento del alma y el órgano de la percepción espiritual. En esta glándula tienen lugar los pri¬meros cambios fisiológicos incidentales al contacto con el alma, lo cual se logra mediante el trabajo definido de meditación, el control mental y la afluencia de fuerza espiritual.

b. El alineamiento del hombre con su ego –alma o yo su¬perior en el plano físico— en el plano mental, más la subordina¬ción de la vida y naturaleza del plano físico a la impresión y el control del alma. Esto está muy bien explicado en los primeros tres capítulos del libro Cartas sobre Meditación Ocultista y debe ser estudiado por los aspirantes.

c. El descenso de fuerza mediante el sutratma, cordón o hilo magnético, desde el alma al cerebro, a través del cuerpo mental. Todo el secreto de la visión espiritual, correcta percep¬ción y contacto, consiste en una debida comprensión de la afir¬mación anterior y, por lo tanto, los Aforismos de Yoga de Pa¬tanjali es siempre el libro de texto de los discípulos, iniciados y adeptos, porque allí se encuentran esas reglas y métodos que po¬nen a la mente bajo control, estabilizan el cuerpo astral y des¬arrollan y refuerzan el hilo del alma, a fin de poder ser un ver¬dadero canal de comunicación entre el hombre y su ego. La luz de la iluminación desciende a la cavidad del cerebro y hace ob¬jetivas tres esferas de conocimiento. A menudo esto se olvida, y de allí proviene la indebida aflicción y las interpretaciones pre¬maturas del discípulo probacionista parcialmente iluminado.

La luz pone de relieve primeramente, y lleva al primer pla¬no de la conciencia esas formas mentales y entidades que repre¬sentan la vida inferior, y que (en su conjunto) constituyen el Morador en el Umbral.

Así el aspirante se da cuenta, ante todo, de lo indeseable, de su falta de mérito y de sus limitaciones e irrumpen en su visión los componentes malsanos de su aura. La oscuridad interna se intensifica por la luz que brilla débilmente desde el centro de su ser, y con frecuencia se desespera y desciende a las profundi¬dades de la depresión. Todos los místicos atestiguan esto, y este período debe ser vivido hasta que la luz pura del día despeje to¬das las sombras y la oscuridad; así poco a poco la vida se ilu¬mina y brilla hasta que el sol en la cabeza fulgura en toda su gloria.

d. Finalmente, la luz en la cabeza indica haber descubierto el sendero, y al hombre sólo le queda estudiar y comprender la técnica por la cual la luz se centraliza, intensifica, penetra, hasta que oportunamente se convierte en esa línea magnética (parecida al hilo de la araña) que puede ser seguida retroactivamente hasta llegar al origen de la manifestación inferior y penetrar en la conciencia del alma. El lenguaje empleado es simbólico, aunque vitalmente exacto, pero está expresado así a fin de im¬partir información a los que saben y proteger a los que aún no saben.

"El sendero del justo es como una luz brillante" y, sin em¬bargo, al mismo tiempo el hombre debe convertirse en el sen¬dero mismo. Penetra en la luz, se convierte en luz, y actúa como lámpara encendida en un lugar oscuro, llevando iluminación a otros e iluminando el camino ante ellos .

Como próximo punto, un Maestro debe considerar si ello es o no kármicamente posible, antes de admitir a un hombre en Su grupo, o si existen en su archivo esas condiciones que en esta vida le impiden ser admitido.

Tres factores principales deben ser considerados por sepa¬rado y en relación entre sí.

Primero, ¿existen obligaciones kármicas en la vida actual del hombre, que lo imposibilitan para actuar como discípulo? A este respecto hay que tener muy en cuenta que un hombre pue¬de llegar a ser discípulo y merecer la atención de un Maestro sólo cuando su vida vale algo en el mundo de los hombres, cuan¬do ejerce influencia en su esfera y cuando moldea y actúa sobre las mentes y los corazones de otros hombres.

Si no es así, el Maestro pierde tiempo en ocuparse personal¬mente de él, porque puede ser ayudado en forma apropiada, de otra manera, por ejemplo, podrá extraer mucho conocimiento de libros e instructores, que sólo es de carácter teórico y no prác¬tico y adquirir mucha experiencia bajo la guía de su propio ego, el Maestro en su corazón. El hombre es un discípulo cuando puede ser utilizado para desarrollar el plan de la Jerarquía y también influido para materializar esos esfuerzos planificados que permitirán a la humanidad dar los pasos necesarios hacia ade¬lante. Esto implica (en su vida en el plano físico), tiempo, re¬flexión, circunstancias propicias y otras consideraciones, que posiblemente el hombre haya alcanzado la etapa, desde el punto de vista de su carácter, en que merece el reconocimiento de un Maestro y, sin embargo, tener obligaciones y deberes que cum¬plir, que obstaculizarían su servicio activo en determinada vida. El maestro debe considerar esto como también lo hace el ego del hombre.

Actualmente, y con frecuencia, el resultado es que (tal vez inconscientemente para el cerebro físico) el hombre adquiere una gran experiencia y toma a su cargo una excesiva responsabilidad en una vida particular, con el objeto de liberarse para prestar servicio en una vida posterior y obtener el estado de chela. Tra¬baja a fin de equiparse para la próxima vida y se dedica a cum¬plir pacientemente sus deberes del hogar, del círculo de amigos y de sus negocios. Se da cuenta que desde el punto de vista egoico una vida es una cosa breve que pasa pronto, y que por medio del estudio, la actividad inteligente, el servicio amoroso y la paciencia, trascenderá esas condiciones que impiden ser acep¬tado en el grupo de un Maestro.

El Maestro también estudia la condición del cuerpo físico y de los cuerpos más sutiles de un aspirante, a fin de ver si en ellos existen estados de conciencia que traban su utilidad y ac¬túan como obstáculos. Estas condiciones son también kármicas y deben ser ajustadas antes de poder ser admitido entre otros chelas. Un cuerpo físico enfermo, un cuerpo astral propenso a fluctuaciones, emociones e ilusiones psíquicas, y un cuerpo men¬tal no controlado o mal equipado, resultan peligrosos para el estudiante si no son corregidos y perfeccionados. Un chela está sometido constantemente a la acción de las fuerzas que le llegan de tres fuentes principales,

1. su propio ego,
2. su Maestro,
3. el grupo de condiscípulos,

y si no es fuerte, ni está purificado y controlado, dichas fuerzas servirán para estimular sólo condiciones indeseables, fomentar lo que debe ser eliminado y traer a la superficie todas las flaque¬zas ocultas. Ello debe efectuarse inevitablemente, pero mucho hay que hacer en este sentido antes de ser admitido en un gru¬po de discípulos, de lo contrario gran parte del valioso tiempo del Maestro deberá dedicarse a eliminar y anular los efectos de las reacciones violentas del chela sobre otros chelas del mismo gru¬po. Es mejor esperar y trabajar uno mismo paulatina e inteli¬gentemente, que forzar el camino hacia líneas de fuerza antes de estar preparado para manejar éstas y sus consecuencias.

El adepto debe considerar otro factor: la encarnación de esos chelas con quienes el hombre debe trabajar y están ligados kár¬micamente a él por antiguos vínculos y familiarizados en un trabajo similar.

A veces es aconsejable esperar un poco antes de permitírsele salir del sendero físico, hasta llegar a esa vida en que sus com¬pañeros de trabajo estén en cuerpo físico, sintonizados a su vi¬bración y acostumbrados a trabajar con él, porque el ingreso al grupo de un Maestro depende del servicio que debe prestar y del trabajo específico que ha de realizar y no porque un hombre reciba un entrenamiento cultural que algún día lo convertirá en un adepto. Los chelas se entrenan a sí mismos, y cuando están prepa¬rados para cualquier trabajo son utilizados por un Maestro. Se des¬arrollan ellos mismos y efectúan su propia salvación, y a medida que dan un paso tras otro, su Maestro les transfiere cada vez mayor responsabilidad. Serán entrenados en la técnica del servicio y en la respuesta vibratoria al Plan, pero ellos deben aprender a controlarse y a capacitarse para el servicio.

Hay otros factores kármicos que debe considerar un Maes¬tro, pero éstos son los tres principales y de mayor importancia que han de tener en cuenta los aspirantes. Están especificados de tal manera que ningún auténtico y sincero trabajador debe sen¬tirse deprimido y desalentado, si no ha establecido un vínculo consciente con el Maestro ni ha percibido afiliación alguna con un grupo esotérico de chelas. Quizás no se deba a su incapaci¬dad, sino simplemente a la elección de su ego de preparar en esta vida el camino para una acción futura, eliminar obstáculos en uno o en los tres cuerpos inferiores, o esperar el momento en que su aceptación sea más propicia.

El tercer factor que el Maestro busca es el del servicio, y re¬ferente a ello el aspirante tiene muy poco que decir y probable¬mente lo interprete mal. La ambición espiritual, el deseo de ac¬tuar como dirigente de grupo, oírse hablar, enseñar, escribir o dar conferencias, son considerados erróneamente como servicio por el aspirante. Al Maestro no le interesa la fuerza o posición mundana del trabajador, ni la cantidad de personas que se reúnan alrededor de su personalidad, sino los móviles que impulsan su actividad y el efecto que su influencia ejerce sobre sus seme¬jantes. El verdadero servicio es la emanación espontánea de un corazón amoroso y de una mente inteligente, el resultado de ha¬llarse en el lugar correspondiente y permanecer en él; el produc¬to de la inevitable afluencia de la fuerza espiritual y no de la intensa actividad en el plano físico; es el efecto del hombre cuan¬do expresa lo que en realidad es, un divino Hijo de Dios, y no el efecto estudiado de sus palabras o actos. Un verdadero servidor reúne alrededor de él, a quienes es su deber servirlos y ayudar¬los por medio de la fuerza de su vida y su personalidad espiri¬tualizada, y no por sus pretensiones o aseveraciones orales. Sir¬ve olvidándose de sí mismo, sigue su camino abnegadamente, no piensa en la magnitud o el fracaso de sus realizaciones, ni tiene ideas preconcebidas de su propio valor o utilidad. Vive, sirve, trabaja y ejerce influencia, sin pedir nada para el yo separado.

Cuando un Maestro percibe esta manifestación en la vida de un hombre, como resultado del despertar de la luz interna y el reajuste de sus obligaciones kármicas, entonces emite una nota y espera ver si el hombre reconoce su propia nota grupal. Al reconocerla, es admitido en su propio grupo de trabajadores y puede estar en presencia de un Maestro.


CORAZÓN, GARGANTA Y OJO

Cuando el aspirante haya asimilado los conocimientos aquí impartidos, llegará a una verdadera comprensión del real signifi¬cado del corazón, la garganta y el ojo el objetivo de los Guías de la raza consiste en estimularlos para que entren en actividad funcionante en la actualidad. Por consiguiente, consideraremos:

1. Los centros cardíaco y laríngeo y el centro ajna, entre las cejas.

2. Su despertar y coordinación.

3. Cómo se utilizarán en el venidero ciclo mundial.

Este tema es de vital importancia para el aspirante moderno, porque el mecanismo del corazón, la garganta y el ojo –parte de la estructura interna que tiene que aprender a usar— debe ser dominado y utilizado conscientemente hasta poder realizar un trabajo creador. Al emplear las palabras "trabajo creador" hablo esotéricamente, y no me refiero al valioso trabajo realizado por los artistas del mundo en sus diversos campos de expresión. Para el vidente, sus esfuerzos indican inquietud y coordinación interna, y una actividad que conduce a un verdadero esfuerzo eso¬térico y a un trabajo creador en los planos más sutiles.

Se supone que el estudiante posee un conocimiento elemental del cuerpo vital y de sus centros de fuerza, y también que estos siete centros o lotos, tienen teóricamente ubicación en su imagi¬nación. Empleo el término imaginación premeditadamente, pues has¬ta no haber conocimiento y clara visión, la presunción imaginativa es un factor potente para producir la actividad de los centros.

Para mayor claridad, enumeraremos dichos lotos, indicando el número de sus pétalos y ubicación. Sus colores son de poca importancia por el momento, desde el punto de vista del estu¬diante, porque mucho de lo que se ha dado a conocer es erróneo o sirvió de pantalla, y en todos los casos los colores esotéricos son muy distintos de los exotéricos:

1. La base de la columna vertebral ............. 4 pétalos.

2. El centro sacro ............. 6 pétalos

3. El centro plexo solar ...........10 pétalos.

Diafragma

4. El centro cardíaco . ...........12 pétalos.

5. El centro laríngeo ..................................... ..16 pétalos.

6. El centro ajna .............2 pétalos.

7. El centro coronario ........1000 pétalos.

El estudiante debe recordar dos hechos importantes que pue¬den ser considerados elementales, pero que deben realizarse en forma consciente y llegar a ser parte del propósito específico en el entrenamiento del aspirante. Es fácil generalizar, pero difícil darse cuenta. Es muy fácil comprender los datos intelectuales informativos respecto a los centros de fuerza pero muy difícil lograr el reordenamiento de las fuerzas que fluyen a través de estos vórtices, y aprender a actuar conscientemente por medio de los centros superiores, subordinando los inferiores. Esto debe lle¬varse a cabo sin acentuar el aspecto forma, como se hace en la mayoría de las prácticas utilizadas en la vitalización de los cen¬tros. Los dos hechos de importancia son:

1. Los tres centros abajo del diafragma,

a. la base de la columna vertebral,
b. el centro sacro,
c. el centro plexo solar,

que son, en la actualidad, los más potentes en la humanidad co¬mún, y también los de mayor "vitalidad"; requieren ser reorgani¬zados, reorientados y llevados de un estado positivo a otro ne¬gativo.

En forma similar, los, cuatro centros arriba del diafragma,

a. el centro cardíaco,
b. el centro laríngeo,
c. el centro ajna,
d. el centro coronario,

deben ser respetados y conducidos de un estado negativo a otro positivo.

Esto hay que efectuarlo en dos formas. Primero, transfiriendo a los centros superiores la energía positiva de los centros infe¬riores y, segundo, despertando el centro coronario mediante la actividad de la voluntad. El primer efecto se produce mediante la formación del carácter y la purificación de los cuerpos, a me¬dida que el alma los utiliza en los tres mundos. El segundo es el resultado de la meditación y el desarrollo del propósito organi-zado, impuesto por la voluntad en la vida diaria. La formación del carácter, la pureza de vida, las reacciones emotivas controladas y el correcto pensar, son puerilidades conocidas en todos los sis¬temas religiosos, las cuales han perdido valor debido a que nos hemos familiarizado con ellas. No es fácil recordar que a medida que vivimos con pureza y rectitud, estamos en realidad trabajando con fuerzas, subyugando energías para nuestras necesi¬dades, subordinando las vidas elementales a los requisitos de la existencia espiritual y poniendo en actividad un mecanismo y es¬tructura vital que hasta ahora sólo había permanecido en estado latente y pasivo. Sin embargo, no deja de ser una verdad que, cuando las energías latentes en la base de la columna vertebral son conducidas a la cabeza y llevadas (a través del plexo solar, lugar de distribución de energía y de la médula oblongada) al centro entre las cejas, entonces la personalidad, el aspecto ma¬teria, alcanza su apoteosis y la Virgen María –en el sentido individual, analogía finita de una Realidad infinita— es “condu¬cida al Cielo" para sentarse allí al lado de su hijo, el Cristo, el alma.

Cuando las energías del centro sacro, enfocadas hasta ahora en el trabajo de creación y generación física, y por lo tanto ori¬gen del interés y la vida sexual, son sublimadas, reorientadas y ascendidas al centro laríngeo, entonces el aspirante se convierte en una fuerza consciente y creadora en los mundos superiores; traspasa el velo, y empieza a crear el canon de las cosas que, opor¬tunamente, traerán el nuevo cielo y la nueva tierra.

Cuando las energías del plexo solar –hasta ahora expresión de la potente naturaleza de deseos, que nutre la vida emocional, de la personalidad— son también trasmutadas y reorientadas y después conducidas al centro cardíaco, se obtiene como resultado, la comprensión de la conciencia, el amor y el propósito grupa¬les, que hacen del aspirante un servidor de la humanidad y un asociado de los Hermanos Mayores de la raza.

Consumadas estas tres trasferencias, se produce entonces ac¬tividad en el centro coronario, último factor regidor, y por un acto de la voluntad de la regente alma inmanente tienen lugar ciertos acontecimientos que consideraremos más adelante.

2. El segundo hecho a tener presente es que a medida que, ocurren estos cambios y reorientaciones, el discípulo empieza a despertar psicológicamente a nuevos estados de conciencia, a nue¬vos estados de existencia y a nuevos estados del ser. Por lo tan¬to, es evidente la necesidad de proceder con lentitud en estas cosas, de modo que la captación mental y la capacidad de razonar lógica y sensatamente puedan ir a la par del desarrollo de la intuición y de la percepción espiritual. Muchas escuelas tratan de forzar y desarrollar prematuramente las facultades superiores, y conducen al aspirante (si puedo expresarlo en lenguaje místi¬co) directamente del reino de los sentimientos y del deseo al de la intuición, pero dejando las facultades intelectuales y el mecanismo mental sin desarrollo y en estado latente. Cuando así ocu¬rre –hablando nuevamente en forma mística— se produce un vacío o brecha, en una parte del equipo que el alma debe forzo¬samente utilizar en los tres mundos de su esfuerzo. La mente in¬terpretadora, organizadora y comprensiva, no puede desempeñar su parte. Cuando falta comprensión y capacidad mental, hay peligro de incomprensión, de credulidad y de interpretación erró¬nea de los fenómenos correspondientes a otros estados del ser. Fal¬tará el sentido de los valores, se sobrestimarán las cosas no esen¬ciales y no será captado el valor de las realidades espirituales.

En estos casos la energía puede fluir hacia los centros de fuerza, pero como no hay una inteligencia que la dirija quedará sin control, por eso tenemos esos tristes casos de que está sem¬brado el camino del esfuerzo esotérico, que han desacreditado el trabajo de la Logia –casos de personalidades sobrestimadas, de¬votos supersticiosos, crédulos seguidores de los dirigentes, dese¬quilibrados idealistas, fanáticos y esas mentes retorcidas que se arrogan poderes que no les pertenecen. Los hombres y mujeres son arrastrados por el astralismo y vagan en el valle de la ilu¬sión, considerándose distintos de los demás, situándose en un pe-destal y por encima de la humanidad común. Así caen conscien¬temente en el pecado de la separatividad. Agréguese a lo ante¬rior los casos de perversión sexual, producidos por el superestí¬mulo del centro sacro, los casos de neurosis, supersensibilidad, emocionalismo, ocasionados por la vitalización prematura del cen¬tro plexo solar y, por último, los casos de insania, producidos por el excesivo estímulo de las células cerebrales, debido a la práctica ignorante de la meditación; según lo expuesto se hace cada vez más clara la razón por la cual se considera necesario ac¬tuar con lentitud y desarrollar los procesos mentales a la par de la naturaleza espiritual.

El estudiante común empieza sabiendo que posee centros y anhela la pureza de carácter. Quienes saben le aseguran que a. medida que se esfuerce, medita, estudia y sirve, se producirán en él ciertos cambios internos y surgirá, desde las profundidades de su ser, un despertar dinámico; se le dice que después le seguirá una exhalación, vibración y vitalización, que harán destacar su vida subjetiva espiritual. Esta vida subjetiva se expresa como energía espiritual mediante el cuerpo de energía o cuerpo vital; la energía así expresada cambiará el enfoque e interés de su vida y producirá un efecto dinámico y magnético que atraerá y ele¬vará a la humanidad. Esta energía es de naturaleza séptuple y utiliza, como agentes, siete puntos focales en el cuerpo etérico.

No es posible para el aspirante, en las primeras etapas del sendero del discipulado, trabajar con los siete tipos de energía en forma inteligente y utilizarlos. Para los propósitos de entrena¬miento se acentúan sólo tres de ellos, que son:

1. La energía de la voluntad, fuerza o poder, a través del centro coronario, energía del hombre espiritual, proveniente direc¬tamente de la mónada, por conducto del alma. Sin embargo, hasta la tercera iniciación el discípulo necesita comprender únicamente que el aspecto voluntad del alma debería controlar la personalidad vía el cuerpo mental, hasta el centro coronario. Cuando esto suce¬de, el loto de mil pétalos comienza a funcionar. La línea de esta corriente de fuerza es:

Mónada

Atma. Voluntad espiritual.
El círculo interno de pétalos en el loto egoico. Los pétalos de la voluntad.
El cuerpo mental.
El centro coronario en el cuerpo etérico.
El sistema nervioso y el cerebro.

2. La energía de amor sabiduría, a través del centro cardía¬co. Cuando este centro se despierta, conduce a esa expansión de conciencia que inicia al hombre en su vida grupal. Pierde la sen¬sación de separatividad y, finalmente, emerge a la plena luz de la comprensión –comprensión de la unidad con su propio Dios inmanente, con toda la humanidad, con las almas de todas las formas de la naturaleza y así también con la superalma. Esta co¬rriente de fuerza proviene también de la mónada, por interme¬dio del alma, y su línea es:

Mónada

Budi. Amor espiritual. Intuición.
El segundo círculo de pétalos en el loto egoico, los pétalos del amor.
El cuerpo astral.
El centro cardíaco.
La corriente sanguínea.

En el hombre poco evolucionado, esta corriente de fuerza pa¬sa a través del centro cardíaco directamente al plexo solar, y uti¬liza sus dos aspectos de vida vital y cualidad del alma; uno ener¬getizando la corriente sanguínea y el otro despertando el centro plexo solar. Entonces se convierte en el factor dominante en la vida energética del hombre y en la fuerza por la cual se expresa su naturaleza de deseo, hasta el momento en que el aspirante logra la necesaria transmutación y reorientación de su naturaleza emocional y de deseo. Luego el corazón despierta y entra en ac¬tividad, y la vida del centro plexo solar se subordina a la del co¬razón. Esto se logra desarrollando interés por las cosas grupales, cultivando la inclusividad, y perdiendo constante interés por la personalidad y las cosas separativas y egoístas.

3. La energía de la inteligencia activa, o energía que anima al aspecto forma, creando formas de acuerdo a los propósitos sub¬jetivos de la inteligencia que la preside -Dios u hombre, divino o humano. Esto también procede del tercer aspacto de la ména¬cla, siendo la línea de contacto:

Mónada

Manas. Inteligencia espiritual. Mente superior.
La tercera hilera o externa de pétalos del loto egoico, los pétalos del conocimiento.
El cuerpo etérico en su totalidad, penetrando en el cuerpo físico denso.
El centro laríngeo.
Las células del cuerpo.

En el hombre poco evolucionado, como en el caso del segundo as¬pecto y su desarrollo, la energía pasa simplemente por el centro laríngeo y va directamente al centro sacro, poniendo así en actividad los procesos generadores y las facultades creadoras, utili¬zados en la tarea reproductora y en la vida sexual de la raza.

Éste es un delineamiento amplio y general de las tres co¬rrientes principales de fuerza o energía divina, y su dirección.

No consideraremos aquí la relación existente entre el centro coronario y la base de la columna vertebral, donde yace el fuego latente, ni tampoco trataremos la función del centro plexo solar como centro de distribución de las energías inferiores. Ansío que los estudiantes comprendan simplemente la idea general y la estructura de la enseñanza.

Todo ser humano encuentra con el tiempo su camino de re¬greso al Sendero de Retorno, hacia uno de los tres rayos mayo¬res. Todos tienen que expresar finalmente la facultad creadora inteligente, estar animados por el amor divino y poner en fun¬ción activa la Voluntad, a medida que expresa el propósito y plan divinos.

El primer centro que el aspirante trata conscientemente de energetizar es el cardíaco, y en él se concentra durante las primeras etapas del noviciado. Debe aprender a ser consciente del grupo, sensible a los ideales del mismo e incluyente en sus planes y conceptos; tiene que aprender a amar en forma pura y general; no debe ser impelido por la atracción de la personalidad ni por el móvil de la recompensa. Hasta no producirse este des¬pertar en el corazón, no se le puede confiar el manejo de los poderes creadores del centro laríngeo, porque estarían subordi¬nados al autoengrandecimiento y a ambiciones de distintos tipos.

Se ha de observar que ninguno de estos desenvolvimientos pueden encararse desde el punto de vista de la plena pasividad estática, ni desde el ángulo de una empresa completamente nue¬va. Estamos en proceso de evolución. Ciertos aspectos de nues¬tros centros de fuerza ya están despiertos y actúan en relación con el aspecto forma, pero aún no expresan las cualidades del alma. Tenemos detrás nuestro un pasado largo y fructífero. Nin-guno de nosotros es absolutamente egoísta o separatista. La so¬ciedad humana es ahora cohesiva e interdependiente. Toda la humanidad ya ha hecho mucho para poner en actividad parcial el centro cardíaco, y despertar algunos de los aspectos más im¬portantes del centro laríngeo.

En la actualidad, el problema de muchos aspirantes radica en el plexo solar, porque se ha abierto de par en par, funciona en forma activa y está casi totalmente despierto. El trabajo de transmutación continúa sin embargo simultáneamente y trae, co¬mo es de imaginar, grandes dificultades y condiciones caóticas. El centro cardíaco también empieza a vibrar, pero todavía no ha despertado; el centro laríngeo, con frecuencia, se despierta prematuramente por la trasferencia de energía desde el centro sacro. Ello se debe a varias causas veces a un propósito e in¬tención espirituales, pero muy a menudo a la abstención de la vida sexual normal, debido a factores económicos o a la falta de vitalidad física que predispone al celibato. Esta falta de fuer¬za vital se debe, a su vez, a muchos factores, pero principalmente a una larga herencia, que produce degeneración del cuerpo físi¬co, o al celibato obligado en vidas anteriores; esto con harta fre¬cuencia es el resultado de una vida monástica y mística. Cuando este despertar creador encuentra expresión en cualquiera de las artes –literatura, pintura, música— o en la organización grupal y trabajo administrativo, no produce ningún daño, porque la ener¬gía encuentra una salida creadora normal. Estos puntos deben ser recordados por el aspirante, pues enfrenta un problema muy complejo; entra ciegamente en una situación, resultado de un lar¬go proceso evolutivo, sobre la cual no tiene la clave. Esto sucede especialmente en las primeras etapas y antes de la primera ini-ciación, porque ignora la historia del pasado y no tiene previsión alguna respecto al futuro. Debe utilizar su equipo y oportunidad y hacer lo que puede, guiado por las antiguas reglas de Raja Yoga y por la luz de su propia alma.

A medida que van despertando el centro cardíaco y el larín¬geo, inicia el trabajo creador, se establece una relación definida y una interacción de energía entre ambos. Esta actividad a su vez produce respuesta de ese aspecto del loto de mil pétalos (loto sintético) a través del cual pasa normalmente la energía que ani¬ma los centros cardíaco y laríngeo. Tal interacción y actividad responsiva produce dos resultados, que deben ser cuidadosamen¬te observados:

Primero, aparece la luz en la cabeza. Un chispazo, si puedo expresarlo así, se establece entre la influyente energía superior positiva, cuando se centraliza en forma de loto de mil pétalos y la creciente vibración de los lotos o centros, cardíaco y laríngeo. Estos dos centros a su vez responden a las energías que ascienden desde los centros inferiores situados abajo del diafragma.

Segundo, el centro ajna también empieza a hacer sentir su presencia, y este significativo loto de dos pétalos comienza a vi¬brar. Simboliza el trabajo de unificación del alma y el cuerpo, lo subjetivo y lo objetivo. En algunos libros ocultistas se lo llama el loto de los noventa y seis pétalos, pero es sólo una diferencia¬ción de las energías enfocadas en los dos pétalos. Se observará que el total de los pétalos de fuerza en los centros (excluyendo los dos de la cabeza) suman cuarenta y ocho. Estas energías en sus dos aspectos de energía física vital y cualidad del alma, cons¬tituyen los noventa y seis aspectos o vibraciones, de los dos pé¬talos del ajna o centro entre las cejas. Debe recordarse también que la palabra "pétalo" sólo simboliza una expresión de fuerza y su efecto aparente en la materia.

Los cinco centros con sus cuarenta y ocho pétalos se sinteti¬zan en el loto de dos pétalos; tenemos así cuarenta y ocho más dos, igual a cincuenta, el número de la personalidad perfecta, porque cinco es el número del hombre y diez es el de la perfec¬ción. Si a la suma total de los cuarenta y ocho pétalos de los cin¬co centros se agrega simbólicamente los noventa y seis pétalos del centro entre las cejas, tendremos el número ciento cuarenta y cuatro. Este número significa el trabajo completo de las doce Jerarquías creadoras, doce veces doce, y la unión del alma subje¬tiva con el cuerpo objetivo, en perfecta unión y unificación. Ésta es la culminación. A esta cifra ciento cuarenta y cuatro agrégue¬se la del número mil (la cantidad de pétalos en el loto del centro coronario) y tendremos el número de los que han sido salvados en el Libro de las Revelaciones, los ciento cuarenta y cuatro mil que pueden permanecer ante Dios, porque los tres últimos guarismos indican la personalidad. Cuando el hombre haya concluido en sí mismo la gran tarea, y perciba el número ciento cuarenta y cuatro mil como simbolizando su etapa de realización, enton¬ces puede permanecer ante Dios –ahora no sólo permanece ante el Angel de la Presencia, sino ante la Presencia Misma.


EL DESPERTAR DE LOS CENTROS

Surgen aquí los siguientes interrogantes: ¿cómo puede pro¬ducirse tal coordinación y despertar? y ¿qué pasos tendrán que darse para provocar esta vitalización y la oportuna actividad sin¬tética de los tres centros? Ante estas preguntas, el verdadero ins¬tructor se halla frente a una dificultad. No es fácil aclarar las actividades esotéricas y otras paralelas, resultado de la forma¬ción del carácter. A menudo el aspirante ansía que se le diga algo nuevo, y cuando se le explica una antigua verdad –tan vie¬ja y familiar que no produce reacción— le parece que el ins¬tructor ha fracasado y se deja llevar por un sentido de futilidad y depresión. Sin embargo, esto debe ser enfrentado y las pre¬guntas contestadas. Por lo tanto, expresaré los requisitos necesa¬rios de la manera más sencilla posible, enumerándolos en su or¬den correlativo y de acuerdo a su importancia, desde el punto de vista del aspirante común. Primeramente los clasificaremos y luego trataremos brevemente cada uno:

1. La formación del carácter, primero y esencial requisito.
2. El móvil correcto.
3. El servicio.
4. La meditación.
5. El estudio técnico de la ciencia de los centros.
6. Los ejercicios de respiración.
7. El aprendizaje de la técnica de la voluntad.
8. El desarrollo del poder para emplear el tiempo.
9. El despertar del fuego kandalini.

Este último y noveno punto no será estudiado en esta etapa de nuestro entrenamiento. La razón es evidente. La mayoría de los aspirantes está en la etapa tercera y cuarta, y recién comien¬za a trabajar en la quinta y sexta. Trataremos brevemente cada uno de esos pasos necesarios, y recalco la necesidad de compren¬der, en cierta medida, la responsabilidad que implica el conoci¬miento. ¿Captan el hecho de que si practicaran toda la información dada en el entrenamiento y la convirtieran en una realidad experimentada, y si vivieran diaria y constantemente estas ense¬ñanzas, ya estarían ante el Portal de la Iniciación? ¿Se dan cuen¬ta que la verdad debe ser forjada en la estructura del diario vi¬vir, antes de poder impartirse sin peligro una nueva verdad?

1. La formación del carácter. Estos nueve puntos deben ser estudiados desde su aspecto fuerza, y no desde su importancia ética o espiritual. El iniciado penetra en el "mundo de la fuerza” y ello es posible por el entrenamiento que recibe como aspirante. Cada uno entra en la vida con cierto equipo –producto de pasa¬das vidas de esfuerzo y experiencia— que tiene ciertas deficien¬cias y muy pocas veces está equilibrado. Un hombre es muy men¬tal, otro demasiado psíquico. Un tercero es principalmente físico y aún otro demasiado místico. Uno es sensitivo, irritable e impresionable, otro lo contrario. Una persona está centrada en su naturaleza animal o es estrictamente material en su punto de vista de la vida, mientras que otra es visionaria y no comete pecados carnales. Las diversidades son innumerables, pero en ca¬da vida hay una tendencia predominante hacia la que se dirigen todas las energías de su naturaleza. Quizás es impulsada fuerte¬mente por sus fuerzas físicas y vive en consecuencia una vida animal, o es movida por la energía astral y vive una vida fuer¬temente emotiva y psíquica. Quizás –como la mayoría— está afec¬tada por tres tipos de energía, física, emocional y ocasionalmen¬te por la afluencia de energía del alma. El punto a recordar es: que los cuerpos en los cuales actuamos como almas, constitu-yen principalmente cuerpos de energía. Están compuestos por unidades de energía, átomos en un constante estado de flujo y movimiento, y encuentran su lugar en un ambiente similar. El alma actúa como núcleo positivo en estos cuerpos de energía y, en la mayoría de los casos, está relativamente estática. Ejerce aún poca presión sobre sus vehículos, pero se identifica con ellos, negando así momentáneamente su propia vida intrínseca.

No obstante, llega el día en que el alma despierta a la nece¬sidad de dominar la situación y afirmar su propia autoridad. En¬tonces el hombre (esporádicamente al principio) hace un inven¬tario de la situación. Primeramente debe descubrir qué tipo de energía predomina, y cuál es la fuerza motivadora de su expe¬riencia diaria. Habiéndolo descubierto empieza a reorganizar, re¬orientar y reconstruir sus cuerpos. Toda esta enseñanza puede resumirse en dos palabras: Vicio y Virtud.

El vicio es la energía de las envolturas, individual o sinte¬tizada en la personalidad, porque controla las actividades de la vida y subordina el alma a las envolturas, a los impulsos y a las tendencias del yo inferior.

La virtud es la introducción de nuevas energías y de un nuevo ritmo vibratorio, a fin de convertir al alma en el factor controlante positivo y las fuerzas del alma reemplazar a las de los cuerpos. Éste es el proceso que concierne a la formación del carácter. Permítanme dar un ejemplo: Cuando un hombre es víctima de un estado nervioso e irritable, le decimos que necesita calmarse, tranquilizarse y cultivar el desapego, para obtener con¬trol sobre sí mismo. Le enseñamos que en vez de mal humor de¬be tener calma y cultivar la amabilidad. Esto parece una triviali¬dad y nada interesante. Sin embargo, significa que en vez de la naturaleza emocional autocentrada e inquieta y la actividad del centro plexo solar (que lleva en sí las poderosas fuerzas del plano astral), debiera imponerse el ritmo firme, desapegado y armoni-zador del alma, el yo superior. Este trabajo de imponer la vibra¬ción superior sobre la inferior, constituye la formación del carác¬ter, el primer requisito previo en el sendero de probación. Al leer esto el estudiante serio puede empezar a sumar sus haberes de energía, clasificar las fuerzas que controlan su vida y llegar así a una comprensión racional y verdadera de las fuerzas que requieren ser subordinadas y reforzadas. A la luz del verdadero conocimiento, que siga entonces adelante en el sendero de su destino.

2. El móvil correcto. Se dice que el Maestro de Sabiduría es la "rara eflorescencia de una generación de investigadores”. La pregunta que se formula aquí el buscador y que sólo él tiene derecho de responder es: ¿Cuál es el móvil que rige mi aspira¬ción y esfuerzo? ¿Por qué trato de construir sobre una base verdadera? ¿Por qué invoco mi alma con tanta diligencia?

El desarrollo del móvil correcto es un esfuerzo progresivo; continuamente cambiamos el enfoque de nuestro incentivo a me¬dida que nos descubrimos a nosotros mismos, entonces la Luz brilla más firmemente en nuestro camino y constantemente sur¬ge un móvil nuevo y superior. Permítanme dar otro ejemplo: Un aspirante en las primeras etapas es, por lo general, un devoto. Para estar a la altura de las normas establecidas por un amigo o por un instructor amado, lucha, se esfuerza y gana posición. Más tarde este objeto de su devoción y ardiente esfuerzo, es re¬emplazado por la devoción hacia uno de los Grandes Seres, los Hermanos Mayores de la raza. Vuelca todos sus poderes y las fuerzas de su naturaleza en Su servicio. Este incentivo, a su vez, es segura y firmemente sustituido por un amor vital hacia la humanidad, y el amor hacia un individuo (por más perfecto que sea) se pierde en el amor hacia todos los hombres. A medida que el alma controla cada vez más su instrumento y su natura¬leza se manifiesta incesantemente, esto también es reemplazado por amor al ideal, al Plan y a los propósitos que subyacen en el universo mismo. El hombre llega a conocerse a sí mismo como un canal por el cual pueden trabajar los agentes espirituales, y se da cuenta que es parte integrante de la Vida Una. Entonces ve a la humanidad como algo relativo y fragmentario, y se su¬merge en la gran Voluntad.

3. El servicio. Un estudio del correcto móvil conduce natu¬ralmente al correcto servicio, y a menudo va a la par de la con¬ciencia motivadora en su forma objetiva. Del servicio hacia un individuo, la familia, la nación, como expresión de amor, surge el servicio a un miembro de la Jerarquía, al grupo de un Maestro y a la humanidad. Oportunamente se desarrolla la conciencia del Plan y se presta servicio al mismo, y la consagración al pro¬pósito subyacente en la gran Existencia, la cual ha traído todo a la existencia para cumplir algún objetivo específico.

4. La meditación. Sobre este tema no nos explayaremos por¬que ha constituido la base de muchas de las enseñanzas de mis otros libros y la mayoría de ustedes practica constantemente la meditación, que he enumerado cuarta en la lista, por implicar pe¬ligro y no ser útil para el hombre que se inicia en ella sin la base de un buen carácter y de una vida pura. Entonces la meditación se convierte únicamente en un medio para atraer energías que sólo sirven de estímulo a los aspectos indeseables de su vida, así como la fertilización de un jardín lleno de malezas aumenta grandemente su reproducción, matando a las flores débiles y pe¬queñas. La meditación es peligrosa donde existen móviles erró¬neos, tales como el deseo de progreso personal y poderes espiri¬tuales, porque bajo estas condiciones sólo produce fortalecimien¬to de las sombras en el valle de la ilusión, y desarrolla en toda su plenitud la serpiente del orgullo que acecha en el valle del deseo egoísta. La meditación es peligrosa cuando no existe el de¬seo de servir. El servicio es otra palabra con que se designa la utilización de la fuerza del alma en bien del grupo. Donde falta este impulso la energía puede fluir en los cuerpos, pero al no utilizarse ni hallar salida - tiende a sobrestimular los centros y producir condiciones desastrosas al neófito. Asimilación y eli¬minación son leyes de la vida del alma al igual que de la vida física, y cuando no se tiene en cuenta esta sencilla ley, se sufri¬rán serias consecuencias, tan inevitables como las del cuerpo físico.

5. Estudio de los centros. Recién comenzamos este estudio, aunque está aún en su infancia en Occidente y es muy poco apli¬cado en Oriente. Nuestra forma de encararlo será algo nueva, porque aunque nos acostumbremos a los nombres, ubicación y relación de los centros, no meditaremos sobre ellos. Oportunamen¬te llegaremos a una apreciación de su vibración, de su tono y colores y de sus significaciones astrológicas. No trabajaremos con los centros de la columna vertebral ni tendremos como objetivo su utilización consciente como lo hace el clarividente o el clariaudiente. Todo el trabajo realizado por los estudiantes debe hacerse completamente en la cabeza y desde ella. Allí se encuentra el asiento de la voluntad, aspecto espíritu, actuando a través del al¬ma. Tenemos también la expresión sintética de la personalidad; la comprensión de la relación de los dos centros de la cabeza y su mutua interacción, traerá gradualmente el dominio de la per¬sonalidad por el alma. Esto conducirá a la consiguiente y subsi¬guiente actividad dirigida de los otros cinco centros. El trabajo de estos cinco centros será eventualmente tan automático como en la actualidad es el funcionamiento del corazón y de los pul¬mones en el cuerpo físico.

La Inteligencia, el Yo que preside, "situada en el trono entre las cejas" y guiada por la Luz en la cabeza, despertará lo que concierne al alma, y estará tan alerta como lo está la conciencia del yo en el hombre común autocentrado. Por medio del ritmo de su vida divina y su consciente colaboración con el Plan, actuando mediante el uso de la Voluntad, el discípulo, en encarna¬ción, deberá actuar como agente de su alma en los tres mundos.

6. Los ejercicios de respiración. Poco a poco y a medida que se progresa se impartirá la instrucción necesaria. Permítanme señalar, sin embargo, que no se pueden practicar sin peligro los ejercicios de respiración, cuando no se impone un ritmo en la vida cotidiana. Ambas actividades deben ir juntas.

Los efectos de los ejercicios de respiración son diversos:

a. El efecto oxigenador. La corriente sanguínea se purifica y la presión se alivia. Existe un simbolismo que subyace en esto: así como la sangre se oxigena, también la vida del hombre en los tres mundos es compenetrada por la energía espiritual.

b. La imposición de un ritmo peculiar, producido por la particular duración o intervalos de la respiración, inhalación, retención y exhalación, que varían de acuerdo al ritmo.

c. El efecto sutil producido por el prana (elemento subjeti¬vo que subyace en el aire inhalado y exhalado) que afecta poderosamente al cuerpo pránico, el vital o etérico. Los estudiantes deben recordar que los efectos sutiles son más potentes que los físicos. Producen resultados en dos direcciones, en el cuerpo físico y en el etérico. Todo el cuerpo vital asume un ritmo particular de acuerdo a los ejercicios de respiración. Si esto se mantiene durante un largo tiem¬po tendrá un efecto destructor o cohesivo sobre el cuerpo físico, desvitalizando o vitalizando al cuerpo etérico se-gún corresponda.

d. El efecto sobre los centros, que es muy eficaz, y sigue la tendencia del pensamiento del aspirante. Por ejemplo, si se piensa en el plexo solar, ese centro inevitablemente se¬rá vitalizado. y su naturaleza emocional fortalecida. De allí la necesidad de los estudiantes de mantener la medi¬tación firmemente en la cabeza para despertar el centro coronario.

Nadie debe dudar del efecto de los ejercicios de respiración sobre el cuerpo vital. Con la misma seguridad que el comer y el beber construyen o destruyen el cuerpo físico y ayudan o entor¬pecen su correcto funcionamiento, así los ejercicios de respira¬ción producen efectos potentes si son correctamente practicados durante un período de tiempo más o menos prolongado.

¿Qué podría decir sobre los tres últimos requisitos? Muy po¬co, porque el tiempo no está aún maduro para comprenderlos co¬rrectamente. El aspirante debe proseguir paso a paso y su teoría no debe adelantarse a su experiencia. Quizás pueda dar una cla¬ve para cada uno de ellos, formulando una regla sencilla para el diario vivir, que será captada por aquellos a quienes está destina¬da y no perjudicará a los que aún no han evolucionado. La prác¬tica de esta regla traerá lenta y subjetivamente las condiciones necesarias para la manifestación de tal requisito.

Aprendan a aplicar la voluntad mediante el desarrollo del firme propósito y la organización de la vida diaria, para que ese propósito pueda ser cumplido.

Aprendan a ser algo más sobre el factor tiempo, además de organizarlo y utilizarlo. Aprendan a hacer varias cosas simultánea¬mente y a utilizar los tres cuerpos en forma sincronizada. Permí¬tanme dar un ejemplo: Al practicar el ejercicio diario de respi¬ración, cuenten con exactitud y escuchen con atención el sonido que "suena en el silencio" del intervalo. Al mismo tiempo pien¬sen de sí mismos como si fueran el alma, la que impone él ritmo y la voz que habla. Esto es algo que cada uno puede adquirir por la práctica.

Descubran la serpiente de la ilusión con la ayuda de la ser¬piente de la sabiduría, y entonces la serpiente dormida ascende¬rá hacia el lugar de reunión.

REGLA SEIS

Cuando el ojo se abre, los devas de los cuatro inferiores
sienten la fuerza, son expulsados y pierden a su amo.

EL TRABAJO DEL OJO

Consideraremos ahora una de las más simples Reglas de la Magia, aunque al mismo tiempo la más práctica y de la cual depende todo el éxito del trabajo mágico.

Quisiera indicar al aspirante investigador que la clave de la situación descrita en esta regla reside en la palabra contemplación, incluida en la regla anterior. Por lo tanto, estudiemos cuidadosamente esta palabra y busquemos su exacta definición.

La contemplación implica visión constante, dirigida concentradamente hacia un objetivo específico. Puede decirse que el alma o ángel solar, mira en tres direcciones:

1. Hacia la Luz Suprema, esa Vida central o energía, que tiene ocultos en Sí el propósito y el plan hacia los cuales tiende todo Ser. No sé cómo expresar esto con mayor claridad. Qué podrá ser esa fuerza directriz y cuál es el secreto del Ser Mismo, sólo es revelado durante las iniciaciones más avanzadas, y captado cuando el cuerpo causal, el karana sarira, se desintegra y desaparece la última limitación. No consideraremos esta dirección hacia la cual mira el ángel solar.

2. Hacia el reino donde el ángel solar impera supremo sobre el mundo de las almas o impulsos egoicos, el trabajo jerárquico y el pensamiento puro. Éste es el Reino de Dios, el mundo del Ser celestial. Es el estado en que los discípulos llegan a ser cada vez más conscientes, en el que trabajan los iniciados y desde el cual los Maestros, en Sus distintos rangos, dirigen el proceso evolutivo del planeta. Estas dos direcciones en que mira el alma constituyen el mundo de su experiencia espiritual y el objeto de su aspiración. Recordemos que el hombre espiritual, el ángel solar, también tiene su meta de esfuerzo, y que ésta se convierte en el impulso predominante cuando es subyugado el vehículo en los tres mundos. Del mismo modo en que el ser humano inteligente sólo puede empezar a actuar conscientemente como alma y a ponerse en contacto con el reino del alma, también el alma completamente activa y dominante, donde el principio búdico controla potencialmente, puede empezar a hacer contacto con ese estado del Ser puro, en el que la mónada o espíritu, descansa eternamente.

El desarrollo del intelecto en el hombre marca su aptitud para el trabajo de hollar el sendero, a fin de retornar a la plena conciencia egoica. El desarrollo del aspecto búdico o amor sabiduría en el ángel solar, demuestra su capacidad para continuar su progreso en el estado de conciencia del Ser puro.

3. La tercera dirección en que mira el alma y ejercita la facultad de visión contemplativa, es hacia su reflejo en los tres mundos. La prolongada lucha entre el hombre superior y el inferior ha tenido por objetivo hacer que lo inferior responda y sea sensiblemente consciente a las fuerzas que emanan del alma a medida que ella "contempla" su triple instrumento.

Existe una interesante relación entre estas tres "direcciones de la contemplación" y el despertar de los tres centros mayores. Como este tema es muy abstracto sólo se puede dar un indicio. Son tantos los factores que rigen este despertar, que cada aspirante debe determinar por sí mismo el orden y método de su despertar.

El centro entre las cejas, comúnmente llamado el tercer ojo, tiene una función poco común y peculiar. Como he señalado en otra parte, los estudiantes no deben confundir la glándula pineal con el tercer ojo, y aunque están relacionados, no son lo mismo. En La Doctrina Secreta aparentemente se los considera como una y la misma cosa, y el lector casual puede fácilmente confundirlos, pero de ninguna manera son idénticos. H.P.B. sabía esto, pero se permitió la evidente confusión hasta que se conociera algo más sobre la naturaleza etérica de las formas. El tercer ojo se manifiesta como resultado de la interacción vibratoria entre las fuerzas del alma que trabajan por medio de la glándula pineal, y las fuerzas de la personalidad que actúan por medio del cuerpo pituitario. Estas fuerzas negativas y positivas interaccionan, y cuando son suficientemente potentes producen la luz en la cabeza. Así como el ojo físico vino a la existencia en respuesta a la luz del sol, también el ojo espiritual vino, análogamente, en respuesta a la luz del sol espiritual. A medida que el aspirante se desarrolla se hace consciente de la luz. No sólo me refiero a la luz dentro del aspirante mismo, sino a la luz en todas las formas, velada por todas las envolturas y expresiones de la vida divina. A medida que se acrecienta su percepción de esta luz, así se desarrolla el mecanismo de la visión y viene a la existencia, en el cuerpo etérico, el mecanismo mediante el cual él ve las cosas a la luz espiritual.

Éste es el ojo de Shiva, porque sólo se utiliza plenamente en el trabajo mágico cuando el aspecto monádico, el de la voluntad, controla.

Por medio del tercer ojo, el alma lleva a cabo tres actividades, y son:

1. El ojo de la visión. A través de él el hombre espiritual ve más allá de las formas de todos los aspectos de la expresión divina. Se hace consciente de la luz del mundo y toma contacto con el alma dentro de todas las formas. Así como el ojo físico registra las formas, también el ojo espiritual registra la iluminación dentro de esas formas, “iluminación" que indica un estado específico del ser. Abre el mundo de la radiación.

2. El factor controlador en el trabajo mágico. Todo el trabajo de magia blanca se lleva a cabo con un propósito definidamente constructivo, que se hace posible mediante la voluntad inteligente. En otras palabras, el alma conoce el plan, y cuando el alineamiento y la actitud son correctos, el aspecto voluntad del hombre divino puede actuar y producir resultados en los tres mundos. El órgano empleado es el tercer ojo. Su analogía puede comprobarse en el poder observado frecuentemente en el ojo humano, cuando domina a otros seres humanos y animales con una mirada, y con la mirada fija puede actuar magnéticamente. La fuerza fluye a través del enfocado ojo humano y también a través del tercer ojo enfocado.


3. Su aspecto destructor y la energía que fluye a través del tercer ojo puede tener un efecto desintegrador y destructivo. Mediante su enfocada atención, dirigida por la voluntad inteligente, puede expulsar la materia física. Es el agente del alma en el trabajo purificador.

Debería observarse aquí que cada uno de los cuerpos sutiles de los tres mundos, posee un punto correspondiente de enfoque, y el centro entre las cejas es sólo la contraparte física (puesto que la materia etérica es física) de las correspondencias internas. A través de este punto de enfoque el alma mira o contempla el plano mental, incluso el mecanismo mental. En el plano emocional, el alma es similarmente llevada a un estado de percepción o visión, de su envoltura emocional y del mundo de los fenómenos astrales, y tenemos aquí el paralelo físico para el cuerpo etérico.

Esto se refiere al tercer trabajo del alma, el destructivo, a fin de eliminar las antiguas formas, expeler los cuerpos de materia de naturaleza indeseable y destruir las barreras y limitaciones para la verdadera actividad del alma.

Estas tres actividades del alma, mediante el tercer ojo, son analogías de los tres aspectos, siendo de interés para los estudiantes investigarlas.

Ver la luz dentro de todas las formas, mediante el tercer ojo (traído a la existencia por la adquisición de la luz en la cabeza, la luz espiritual), es sólo la analogía del ojo físico, que revela las formas a la luz del sol físico. Esto corresponde a la personalidad.

El aspecto controlador, mediante la energía magnética y la fuerza atractiva del ojo espiritual, constituye el factor dominante en el trabajo de magia, analogía del alma. En forma misteriosa, el alma es el ojo de la mónada, que le permite a la mónada, el Ser puro, actuar, hacer contacto, conocer y ver.

El aspecto destructivo es la analogía de la mónada o aspecto voluntad; en último análisis, la mónada provoca la abstracción final, destruye todas las formas, se retira de la manifestación y termina el ciclo de trabajo creador.

Llevando estos conceptos a una expresión práctica respecto a esta regla, se observará que en ella se tratan estas tres actividades. El tercer ojo se abre como resultado del desarrollo consciente, del debido alineamiento y de la afluencia de vida del alma. Entonces se hace sentir su fuerza magnética controladora, dominando las vidas de los cuerpos inferiores, expulsando los cuatro elementales inferiores (tierra, agua, fuego, aire), obligando a los señores lunares a abdicar. La personalidad, que hasta ahora ha sido el amo, ya no puede ejercer control, y el alma domina plenamente en los tres mundos.

El elemental tierra, la suma total de las numerosas vidas que forman el cuerpo físico, está bajo control y siente sobre él el ojo del Maestro el Maestro en la cabeza. Los elementos groseros que constituyen ese cuerpo, son "expulsados" y reemplazados por átomos o vidas mejores y más adecuadas.

El elemental astral o cuerpo de agua, pasa por una actividad similar, más un efecto estabilizador que pone término a la inquietud y tempestuosa fluidez que hasta entonces lo había caracterizado. Por el poder controlador magnético del ojo espiritual, el alma reconstruye el cuerpo astral y lo mantiene firme y coherente mediante su enfocada atención.

Por otra parte, un proceso similar se produce en el cuerpo mental. Las antiguas formas desaparecen ante la clara luz con que trabaja el hombre espiritual, como lo expresa El Antiguo Comentario:

"El alma dirige una mirada sobre las formas de la mente. Un rayo de luz surge y la oscuridad desaparece; las deformaciones y las formas malignas se disipan y los pequeños fuegos se apagan; las luces menores ya no se ven.”
"El ojo, a través de la luz, despierta a la vida los necesarios estados del Ser. Esto proporcionará conocimiento al discípulo. Para el ignorante no tiene sentido, porque carece de un sentido."

El elemental aire, simbólicamente comprendido, es ese sustrato de energía que actúa a través de las formas del cuerpo etérico; éste es manejado por el aliento y por la ciencia de pranayama. Esta forma elemental está constituida por la intrincada estructura etérica, los nadis y los centros, y todos los estudiantes avanzados saben bien cómo se controlan mediante la enfocada atención del alma en contemplación, actuando a través del centro coronario, enfocado en la región del tercer ojo e impulsado a una actividad correcta y específica por un acto de la voluntad. En la frase anterior he concentrado la fórmula para todo el trabajo mágico que debe realizarse en el plano físico. Mediante el cuerpo etérico y la fuerza dirigida, a través de uno de los centros, el alma desempeña el trabajo mágico.

Mediante el intenso enfoque del propósito en la cabeza y la atención dirigida a través del tercer ojo hacia el centro a utilizarse, la fuerza encuentra su correcta salida. Esa fuerza se hace potente por la inteligente y energetizadora voluntad dirigida. Estudien estos puntos porque hallarán la clave del trabajo mágico en la reconstrucción de sus propias vidas, del trabajo mágico de la reconstrucción humana, que ciertos adeptos están llevando a cabo, y para el trabajo mágico de la evolución del plan divino, que es el poder motivador de la Jerarquía oculta.

REGLA SIETE

Las fuerzas duales son vistas en el plano donde debe
descubrirse el poder vital; los dos senderos enfrentan al Ángel
solar; los polos vibran. Aquel que medita debe hacer una
elección.


EL CAMPO DE BATALLA EN EL PLANO ASTRAL

Comenzaremos el estudio y consideración de la séptima Regla de la Magia. Hemos terminado el estudio de las seis anteriores que tratan específicamente del trabajo en el plano mental, y tienen valor práctico únicamente para quienes empiezan a utilizar el poder de la mente en el trabajo mágico de creación.

Es interesante observar a este respecto que, mientras la humanidad va adquiriendo su herencia mental, surge simultáneamente una creciente tendencia hacia el trabajo mágico. En todas partes crecen escuelas de realización cuya expresada intención consiste en crear esas condiciones naturales por las cuales el hombre puede obtener lo que considera admirable y aconsejable. Los libros sobre el tema de la mente creadora abarrotan las librerías. Las polémicas sobre la fuerza que subyace detrás de las artes creadoras se consideran de vital interés. Los sicólogos se ocupan ampliamente de este asunto, aunque en la actualidad el ideal es visto casi totalmente en términos del plano físico; sin embargo, todo indica una actividad vibratoria en el alma del mundo, a medida que se expresa a través de la humanidad y surge del reino mental. Los precursores de la raza, los pensadores más destacados y los trabajadores creadores de la humanidad, sólo son sensitivos que responden más fácilmente a los impulsos mentales. Hasta ahora constituyen una minoría; gran parte de la gente responde a las fuerzas y vibraciones que emanan del plano de las emociones y del deseo. Sin embargo, va despertando un mayor número de personas, y el significado de las seis primeras Reglas de la Magia será cada vez más evidente.

Estas quince reglas se dividen en:

Seis reglas en el plano mental.
Cinco en el plano astral o del deseo.
Cuatro en el plano físico.

La idea principal que debe mantenerse en la mente, es que estas reglas se limitan al empleo de la energía en los tres mundos y que esta energía es manejada conscientemente por el alma regente, o es impulsada a la actividad por la fuerza inherente a la materia de los tres mundos, independientemente del alma. En este caso el hombre es víctima de las energías de sus propias formas y del aspecto materia de toda manifestación. En el otro es el regidor inteligente que controla su propio destino, e impulsa, a las energías inferiores a adquirir formas y a iniciar actividades mediante el poder de sus impulsos mentales y la enfocada atención de su propia alma. En las seis reglas ya consideradas, surgen una o dos ideas con mayor claridad, y podrían resumirse en los términos siguientes:

Regla Uno Recordación, trae como resultado concentración.
Regla Dos Respuesta, trae como resultado interacción entre lo superior y lo inferior.
Regla Tres Radiación, trae como resultado enunciación.
Regla Cuatro Respiración, trae como resultado trabajo creador.
Regla Cinco Reunión, trae como resultado unificación.
Regla Seis Reorientación, trae como resultado una visión clara del Plan.

Los estudiantes deberían considerar estas relaciones y desarrollar la síntesis subyacente.

En esta regla está sintetizada la función y el problema del plano astral. Obsérvense los términos empleados en las breves frases siguientes:

1. El plano de las fuerzas duales.
2. El plano de los dos senderos.
3. El plano donde se busca el poder vital.
4. El plano de los polos vibratorios.
5. El plano donde se hace una elección.

Una de las cosas más vitales para todo aspirante es aprender a comprender el plano astral, entender su naturaleza y permanecer apartado de él, y luego trabajar en él. En esta instrucción trato de dar una enseñanza clara sobre este plano, porque cuando el hombre puede "ver" en el plano astral, alcanzar el equilibrio y mantenerse firme en medio de sus fuerzas vibratorias, en ese momento está preparado para la iniciación.

Primero, reunamos algunos de los términos que se usan para describir esta esfera del Ser divino, donde el hombre debe identificarse primeramente consigo mismo, penetrar hasta el centro, traspasar su velada ilusión y oportunamente, permanecer equilibrado, incólume, desapegado, exento de Influencias y libre.

El término "astral", tan a menudo empleado, en realidad está mal aplicado. H.P.B. estuvo fundamentalmente correcta cuando lo empleó en conexión con el plano etérico o vital del plano físico. Cuando se hace contacto con el mundo etérico, la primera impresión recibida es siempre la de una luz estelar que brilla y centellea. Sin embargo, la palabra se identificó gradualmente con kama o deseo, y fue aplicada al plano de la reacción emocional.

Es interesante observar esto, pues es un ejemplo del efecto del plano astral sobre el cerebro humano, que en su ignorancia invierte la realidad y ve las cosas en sentido invertido. Cuando el plano astral es nítidamente visto por primera vez por el “ojo abierto" del aspirante, es como una densa niebla, confusión, formas cambiantes, colores que se interpenetran y entremezclan, y de una apariencia tan caleidoscópica que la empresa parece desesperadamente abrumadora. No es luminoso, estelar o claro. Aparentemente es un desorden impenetrable, pues constituye el lugar de encuentro de las fuerzas. Debido a que las fuerzas están también desordenadas en el propio cuerpo del aspirante, se mezclan con el caos que lo circunda, al extremo de que al principio le es casi imposible al alma observadora disociar su propio mecanismo astral del mecanismo astral de toda la humanidad y del mecanismo astral del mundo.

Una de las primeras cosas que debe aprender el aspirante es disociar, en sentido emocional, su propia aura de lo que la circunda, y esto lleva mucho tiempo aprenderlo. Por esta razón una de las primeras condiciones cualitativas del discipulado es la discriminación, pues por el uso de la mente, como analizadora y separadora, se llega a controlar el cuerpo astral.

Segundo, el plano astral es el de la ilusión, del espejismo y de la realidad distorsionada. La razón de esto estriba en que todo el mundo trabaja con materia astral, y la potencia del deseo humano y mundial produce esa constante "exteriorización de la imaginación" y construcción de formas que provocan efectos muy concretos de materia astral. Los deseos individual, nacional, racial y de toda la humanidad, más el deseo instintivo de todas las vidas subhumanas, causan el incesante cambio y movimiento de la sustancia del plano; existe una continua construcción de formas temporarias, unas de rara belleza, otras exentas de ella, y una vitalización de su creador por la energía astral. Agréguese a estas formas el escenario persistente y creciente denominado "registro akáshico", que contiene historia emocional del pasado, y también las actividades de las vidas desencarnadas que atraviesan el plano astral, ya sea al encarnar o desencarnar; añádase el potente deseo purificado e inteligente de todas las Vidas superhumanas, incluyendo las de la oculta Jerarquía planetaria, y la suma total de estas fuerzas existentes se verá que es estupenda. Todas actúan sobre, alrededor y a través de cada ser humano, y de acuerdo a la calidad de su cuerpo físico y a la condición de sus centros, así será su respuesta. A través de este panorama ilusorio, el aspirante debe abrirse camino, encontrar la clave o hilo, que lo conducirá fuera del laberinto, y aferrarse a cada pequeño fragmento de realidad a medida que se le presenta, aprendiendo a distinguir la verdad de la ilusión, lo permanente de lo transitorio y lo real de lo irreal. Como lo expresa El Antiguo Comentario:

"Que el discípulo se aferre a la cola de la serpiente de la sabiduría, y asiéndola con firmeza, que la siga hasta el centro más profundo del Aula de la Sabiduría. Que no se engañe y caiga en la trampa que la serpiente de la ilusión le ha preparado, que cierre sus ojos al colorido arabesco de su piel, y sus oídos a la melodía de su voz. Que perciba la joya engarzada en la frente de la serpiente, a cuya cola se aferra, y por su radiación atraviese las cenagosas aulas de maya."

Ningún espejismo ni ilusión pueden retener durante mucho tiempo al hombre que se ha dedicado a la tarea de hollar el sendero del filo de la navaja, que lo conduce, a través de la maraña y de la tupida selva, a través de las profundas aguas del infortunio y la angustia, a través del valle del sacrificio y de las montañas de la visión, al portal de la Liberación. A veces viajará en la oscuridad (y la ilusión de la oscuridad es muy real); otras en una luz tan deslumbrante y ofuscadora que apenas verá el camino que tiene por delante; sabrá de la vacilación en el sendero y el caer bajo la fatiga del servicio y de la lucha; podrá desviarse momentáneamente y errar por las sendas perdidas de la ambición, del interés personal y de la atracción de lo material, pero el lapso será breve. Nada en el cielo ni en el infierno, en la tierra ni en ninguna otra parte, podrá impedir el progreso del hombre que ha despertado de la ilusión, ha vislumbrado la realidad más allá del espejismo del plano astral, y ha oído, aunque sea una sola vez, el toque de clarín de su propia alma.

El plano astral es también el Kurukshetra, tanto de la humanidad como de la unidad individual humana. Es el campo de batalla en que hallará su Waterloo todo aspirante. En determinada vida llega una crisis emocional donde se toma una acción decisiva y el discípulo prueba el control de su naturaleza emocional. Esto puede ser una prueba grande y vital; abarcará un breve período, pero exigirá todos los recursos de su sabiduría y pureza, o quizás constituya una tensión emocional, prolongada y continua, durante muchos años. Pero en el logro del éxito y en la realización de la clara visión y correcto discernimiento (Mediante la correcta discriminación), el discípulo testimonia su capacidad para la segunda iniciación.

Quisiera señalar que ésta es la prueba y la crisis por la que está pasando ahora la humanidad, y empezó en esas condiciones que culminaron en la guerra mundial y en la actual tensión del mundo. La primera iniciación de la humanidad, como entidad, tuvo lugar cuando fue posible la individualización, y el alma nació en el cuerpo de la humanidad. Esto fue precedido por un período de espantosa dificultad y tensión, vagamente percibido por los precursores del reino humano, cuando salieron de las filas de los hombres animales. Si esta crisis se pasa con éxito, tendrá como resultado la segunda iniciación de la humanidad el paso a través del bautismo y la entrada en la corriente. De manera que la guerra mundial, y sus efectos resultantes, constituyen el Kurukshetra del Arjuna mundial, y el resultado está aún en la balanza. Esto no debe olvidarse. Sin embargo, no existe motivo para ser pesimista. El buen resultado es inevitable. Por lo tanto es cuestión de una lenta o rápida comprensión y liberación de la gran ilusión mundial, y se requiere que cada aspirante trabaje arduamente y preste su ayuda para este fin. Todo aquel que se libera a sí mismo, ve con claridad y se libra del espejismo de la ilusión y ayuda en el Gran Trabajo.

También el plano astral es donde los pares de opuestos actúan e interactúan y se siente con mayor potencia la atracción de las grandes dualidades. La interacción se efectúa, en primer lugar, entre el alma y su vehículo, la materia, pero existen numerosas dualidades menores que desempeñan su parte y son más fácilmente reconocidas por el hombre común.

La luz y la oscuridad interactúan, como lo hacen el placer y el dolor; el bien y el mal se encuentran y forman el campo de recreo de los Dioses, y la pobreza y la riqueza se contrarrestan mutuamente. Toda la situación económica moderna es de naturaleza astral, resultado del deseo y del empleo egoísta de las fuerzas de la materia. El calor y el frío, tal como entendemos los términos, son en forma muy peculiar resultado de la interacción de los pares de opuestos, y una interesante línea del estudio esotérico trata de los efectos producidos por las emociones raciales en las condiciones climáticas. Ciertamente en un sentido significativo conformamos nuestro clima. Cuando el deseo se haya consumido, llegará a su fin la vida planetaria, pues las condiciones climáticas imposibilitarán la vida de la forma tal como la comprendemos.

Respecto a la unidad humana, el secreto de la liberación reside en equiparar las fuerzas y equilibrar los pares de opuestos. El sendero es una línea estrecha entre estos pares de opuestos que el aspirante descubre y huella, sin desviarse a la derecha ni a la izquierda.

Debe recordarse siempre que, cuando el hombre discierne sobre los pares de opuestos, equilibra las fuerzas de su propia naturaleza, descubre el sendero y se convierte en el sendero, entonces puede trabajar con las fuerzas del mundo, equiparar y equilibrar las energías de los tres mundos y convertirse en un colaborador de los Maestros de la Sabiduría. Oremos y esperemos que esto sea el resultado práctico de nuestra comprensión de la naturaleza del campo de batalla del plano astral.


LOS DOS SENDEROS

Apartándonos de la consideración de la naturaleza del plano astral, trataremos sus funciones y la relación del discípulo con sus actividades. Recordemos ciertas cosas del plano astral. En primer lugar es preeminentemente el campo de batalla, y en él se libra la guerra que termina con la liberación final del alma aprisionada. Es útil recordar las características sobresalientes de los tres planos y de los tres cuerpos que actúan en ellos.

En el plano físico se adquiere activamente experiencia en la materia y por medio de ella. Es el plano de la exteriorización y, de acuerdo a la condición y etapa de desarrollo del hombre interno, así será la forma externa y sus actividades.

En el plano astral, el hombre pasa por tres etapas de la conciencia:

a. Adquiere, mediante el mecanismo sensorio, conciencia en el mundo de las formas, y desarrolla la capacidad de reaccionar sabia e inteligentemente a dichas formas. Esta conciencia la comparte con el mundo animal, aunque en un aspecto va más allá, debido a que posee una mente correlacionadora y coordinadora.
b. Percibe o es sensible a los temperamentos, emociones y sentimientos, deseos y aspiraciones, que están arraigados en él, en el principio de la autoconciencia o ahamkara, como suele llamarlo el esotérico a quien le agradan las frases difíciles. Esto lo comparte con sus semejantes.
c. Logra la percepción espiritual o sensibilidad al mundo espiritual, y el aspecto sentimiento de la conciencia superior. Esto tiene sus raíces en el alma, presupone el dominio de la naturaleza mental y constituye esa facultad que lo convierte en un místico. Esta percepción la comparte en común con todos los discípulos, y es la recompensa de las victorias alcanzadas en sus experiencias en el plano astral.

Luego viene el plano mental. El correcto uso del intelecto es la realización más destacada. Se caracteriza también por tres etapas:

a. La mente recibe impresiones del mundo externo, por medio de los cinco sentidos y el cerebro, constituyendo una condición negativa, donde "las modificaciones del principio pensante" son originadas por los impactos del mundo externo y las reacciones del mundo astral.
b. La mente inicia sus propias actividades y el intelecto es el factor dominante. Aunque es puesta en actividad por los factores ya enumerados, responde también a las corrientes de pensamientos del plano mental y se activa enormemente como resultado de estos dos contactos. De ello surge una tercera actividad, en que el principio razonador actúa sobre la información adquirida de estos dos modos, establece sus propias corrientes de pensamientos y formula sus propias formas mentales, además de registrar las de otros.
c. El alma, mediante la concentración y la meditación, consigue imponer sus ideas e impresiones sobre la mente mantenida "firme en la luz” y permite al cuerpo mental responder a las impresiones y contactos que emanan de los mundos subjetivos espirituales.

Sin embargo, la verdadera batalla se libra por excelencia en el cuerpo astral, y alcanza su mayor intensidad y combatividad cuando hay un buen instrumento físico y una mentalidad bien dotada. A mayor sensibilidad del cuerpo astral, mayores reacciones al mundo físico y a la condición mental, de allí que los discípulos y las personas más evolucionadas del mundo tengan "un cuerpo astral más poderoso y trabajen bajo una mayor tensión emotiva" que los menos evolucionados y los hijos de Dios.

Por lo tanto, se encarece a los estudiantes tratar drástica y potentemente su naturaleza emocional, recordando que la victoria viene de arriba y no puede empezar de abajo. El alma debe regir, y su arma en la lucha es la mente consagrada.

Resulta interesante observar en la regla en consideración que hay una secuencia esotérica en la descripción de este plano.

Es ante todo el plano de las fuerzas duales. Lo primero que descubre el aspirante es la dualidad. El hombre poco evolucionado percibe la síntesis, pero es la de su naturaleza material. El hombre altamente espiritual también percibe la síntesis, pero es la de su alma, cuya conciencia es unidad. Pero entre ambas está el desdichado aspirante, consciente sobre todo de la dualidad, y llevado de un lado a otro por ambas. Su primer paso tiene como objetivo hacerse consciente de los pares de opuestos y de la necesidad de elegir entre ellos. Por medio de la luz que ha descubierto en sí mismo, se hace consciente de la oscuridad. A través del bien que lo atrae, ve el mal, que para él es la línea de menor resistencia. Mediante la actuación del dolor puede visualizar y ser consciente del placer, y el cielo y el infierno llegan a ser para él realidades. Mediante la actuación de la vida atractiva de su alma, se da cuenta de la atracción de la materia y de la forma, y se ve obligado a reconocer el impulso y la atracción de ambos. Aprende a sentirse como "pendiendo entre las dos grandes fuerzas", y una vez comprendidas las dualidades, va conociendo paulatinamente y con certeza que el factor decisivo en la lucha es su voluntad divina, en contraposición a su voluntad egoísta. Así las fuerzas duales desempeñan su parte hasta que son percibidas como dos grandes corrientes de energía divina que van en dirección opuesta, entonces se da cuenta de los dos senderos mencionados en nuestra regla. Uno conduce de regreso al triste mundo del renacimiento, el otro a través del portal dorado, a la ciudad de las almas libres. Uno es involutivo y lo envuelve en la más densa materia; el otro lo conduce fuera de la naturaleza corporal, y con el tiempo lo hace consciente de su cuerpo espiritual, mediante el cual puede actuar en el reino del alma. Posteriormente (cuando sea un verdadero y consagrado chela) reconocerá que uno es el sendero de la izquierda, y el otro el de la correcta actividad. En un sendero llegará a ser experto en magia negra, que no es más que el desarrollo de los poderes de la personalidad, subordinados a los propósitos egoístas del hombre, movilizados por el propio interés y las ambiciones mundanas. Éstos lo confinan a los tres mundos, cerrando la puerta que da a la vida. En el otro sendero subordina su personalidad y ejerce la magia de la Hermandad Blanca, trabajando siempre en la luz del alma, con el alma de todas las formas y sin acentuar las ambiciones del yo personal. La clara discriminación de estos dos senderos revela lo que se denomina en algunos libros esotéricos, el estrecho "sendero del filo de la navaja" que se encuentra entre ambos. Es el "Noble Sendero Medio" de Buda, que traza la fina línea demarcatoria entre los pares de opuestos y entre las dos corrientes que ha aprendido a reconocer una asciende a los portales del cielo y la otra desciende al infierno más profundo.

Al usar sus dos armas principales, la discriminación y el desapasionamiento, el aspirante adquiere esa cualidad que en esta regla se denomina "poder vital". Así como el ojo es el instrumento que sirve para elegir el camino a recorrer en el plano físico y tiene además su propio poder que atrae y desarrolla su propio lenguaje por medio de signos, así también el aspirante siente un poder vital. Esto pone oportunamente en actividad aI tercer ojo, y adquiere tal poder y clara visión, que la correcta elección y el rápido progreso en el camino se convierten en un constante avance. Se dice que el poder crece o se desarrolla en el silencio, y sólo aquel que encuentra un centro de paz en su cabeza, donde se unen los senderos de las fuerzas corporales y las corrientes espirituales afluyentes, puede practicar correctamente la verdadera discriminación y el desapasionamiento, poniendo bajo la guía del alma los cuerpos astral y mental controlados.

Entonces puede comprender el significado de "los polos vibrantes" y obtener ese punto de equilibrio, resultante de la interacción y vibración de los mismos.

La percepción de las fuerzas duales y el claro discernimiento de los dos senderos, conduce al desenvolvimiento del poder vital, demostrándose su primera actividad cuando permite al aspirante alcanzar un punto de equilibrio y permanecer en ese pináculo de realización donde "se hace una elección".

¿Cuál es esa elección? Para el aspirante es elegir entre un progreso rápido o lento. Para el discípulo aceptado y leal, la elección reside en los métodos de servicio. Para el iniciado la elección está entre el progreso espiritual y la ardua tarea de permanecer con el grupo y desarrollar el Plan. El Maestro debe elegir entre los siete senderos, de allí que su problema sea difícil y penoso.

Sin embargo, todo prepara al aspirante para la correcta elección mediante la correcta discriminación que conduce a la recta acción, posible mediante la práctica del desapasionamiento. Esta frase resume la técnica del guerrero en el campo de batalla del plano de deseos.

Debe observarse aquí que en el continuo desarrollo del poder de elección, y en la batalla lealmente librada en el plano astral, la conciencia del hombre cambia etapa tras etapa. Primero, es el aspirante abatido y cansado que tiene que luchar con el deseo, el espejismo, la ambición y con su cuerpo emocional sensorio. Piensa que la batalla es tremenda, aunque desde un ángulo más amplio es relativamente ínfima sin embargo, es todo lo que él puede soportar.

Posteriormente, el experimentado discípulo en probación, que lucha en el valle de la ilusión, no sólo con su propia naturaleza sino con las fuerzas de ese valle, es quien reconoce su naturaleza dual. Entonces el discípulo entra en la lucha y enfrenta con valor (y muchas veces con clara visión) las fuerzas desplegadas contra él. Éstas implican no sólo las de su propia naturaleza y las de esos aspectos del plano astral, a los cuales reacciona en forma natural, sino también las fuerzas de la ilusión formadas en contra del grupo de discípulos al cual pertenece. Que todos los discípulos tomen nota y tengan esto presente en los actuales días arduos y difíciles. Tales discípulos están a veces en contacto consciente con las propias fuerzas del alma y para ellos no hay derrotas ni retrocesos. Son los guerreros probados, llenos de cicatrices, cansados, que saben que les espera una victoria triunfal, puesto que el alma es omnipotente. Los discípulos aceptados, que luchan contra todos los factores enumerados, y las fuerzas negras formadas en contra de los Hermanos Mayores, pueden demandar las energías espirituales de su grupo y, en momentos excepcionales e indicados, apelar al Maestro bajo el cual trabajan. Así se expande la tarea y el trabajo; así se acrecienta continuamente la responsabilidad y la lucha; pero al mismo tiempo también aumenta constantemente el reconocimiento de potestades con las cuales pueden hacer contacto y ser utilizadas, y cuando se establece correctamente dicho contacto, la victoria final está asegurada.

La frase "aquel que medita", se refiere al alma. Arjuna, el discípulo aspirante, renuncia a la lucha y entrega las armas y las riendas del gobierno a Krishna, el alma, y es recompensado finalmente por la comprensión y la visión de la forma divina que vela al Hijo de Dios, que es Él Mismo.

Cuando se ha librado y ganado esta batalla, el discípulo ingresa en las filas de los magos blancos de nuestro planeta y puede manejar fuerzas, colaborar con el Plan, mandar a los elementales e imponer orden en el caos. Ya no está sumergido en la ilusión mundial, pues se ha elevado por encima de ella. Ya no puede ser retenido por las cadenas de sus propios y antiguos hábitos y su karma. Ha adquirido el poder vital y se manifiesta como un Hermano Mayor.

Éste es el sendero que tienen por delante cada uno y todos los que se atreven a hollarlo. Es la oportunidad brindada a todos los estudiantes que han hecho su elección con desapasionamiento y están impulsados por el amor y el deseo de servir.

REGLA OCHO

Los Agnisuryas responden al sonido. El flujo y el reflujo de las aguas. Que el mago cuide de no ahogarse en el punto donde la tierra y el agua se unen. El punto medio, que no es seco ni húmedo, debe proporcionar el lugar donde él asiente sus pies. Donde se unen el agua, la tierra y el aire, ése es el lugar en que debe hacerse el trabajo mágico.


LOS TIPOS DE FUERZA ASTRAL

Sería aconsejable que el estudiante leyera con cuidado el comentario sobre esta regla, dado en Tratado sobre Fuego Cósmico. Se observará que es extremadamente abstracto y que contiene mucha información oculta y velada. Sin embargo, debería ser estudiado. Las palabras "plano astral”, también deberían estudiarse para poder obtener una idea general respecto a su naturaleza y función, como campo de batalla de los sentidos y el lugar desde el cual se lleva a cabo la magia. El deseo inteligente y constructivo del mago blanco, actuando bajo la instrucción de su propia alma y por lo tanto ocupado con el trabajo grupal, es el poder motivador detrás de todos los fenómenos mágicos. Este trabajo mágico comienza en la propia vida del mago, se extiende al mundo del plano astral y desde allí (cuando ya es potente) puede comenzar a manifestarse en el plano físico y oportunamente en los planos superiores.

Por lo tanto, nos ocuparemos extensamente de esta regla porque abarca el trabajo y la actividad inmediata del aspirante inteligente. Es la más importante desde el punto de vista del estudiante común. No puede comprendérsela si no se ha hecho contacto con el alma, ni tampoco puede manifestarse en el plano físico la fuerza mágica del alma, hasta que el significado de sus frases esotéricas no haya sido, hasta cierto punto, trabajado en la experiencia interna del mago.

La mayoría de los verdaderos aspirantes están ahora en el punto medio y pueden ahogarse (y paralizar su progreso en esta vida), permanecer y conservar el terreno ganado, o bien convertirse en verdaderos magos prácticos, eficientes en magia blanca, basada en el amor, animada por la sabiduría y aplicada inteligentemente a las formas.

Por consiguiente, a fin de facilitar su estudio, dividiremos esta regla en tres partes, y nos ocuparemos de cada una paso a paso, para poder captar su aplicación a la vida común del discípulo en probación, y alcanzar así una comprensión inteligente de sus amplias implicaciones; estas divisiones son:

1. La respuesta de los elementales astrales y el consiguiente flujo y reflujo de las aguas.
2. Los peligros del punto medio, su naturaleza y la oportunidad que ofrece.
3. El lugar donde se hace el trabajo de magia.

Estudiaremos a continuación el primer punto resumido para nosotros en las palabras siguientes:

"Los Agnisuryas responden al sonido.
El flujo y el reflujo de las aguas".

La situación podría formularse en las concisas afirmaciones siguientes. Las reglas ya estudiadas exponen la verdad respecto al mago.

1. El alma se ha comunicado con su instrumento en los tres mundos.
2. El hombre, en el plano físico, reconoce el contacto, y la luz de la cabeza brilla, unas veces reconocida por el aspirante y otras no.
3. El alma emite su nota. Se crea una forma mental en consonancia con la meditación unida del alma y del hombre, su instrumento.
4. Esta forma mental, encarnando la voluntad del ego o alma, y cooperando con la personalidad, toma para sí una forma triple, constituida de materia de los tres planos y vitalizada por la actividad y las emanaciones de los centros cardíaco, laríngeo y ajna, del mago blanco -el alma en conjunción con su instrumento.
5. Las envolturas de la personalidad, cada una con su propia vida individual, sienten que pierden su poder y la batalla se renueva violentamente entre las fuerzas de la materia y las del alma.
6. Esta batalla debe ser librada en el plano astral, y decidirá tres cosas:

a. Si es que el alma, en determinada vida (porque alguna vida contiene la etapa crítica), es el factor dominante, y la personalidad desde ese momento es la servidora del alma.
b. Si el plano astral ya no es el plano de la ilusión, puede convertirse en el campo de servicio.
c. Si el hombre puede llegar a colaborar activamente con la Jerarquía, es capaz de crear y manejar materia mental y desarrollar así los propósitos de la Mente Universal, que son inspirados por el amor infinito e ilimitado y es expresión de la Vida Una.

Éste es el punto crucial de toda la situación, y cuando el hombre ha dominado las fuerzas que se le oponen, está preparado para la segunda iniciación, que indica la liberación del alma de la prisión del cuerpo astral. Desde ese momento el alma utilizará el cuerpo astral y moldeará el deseo, de acuerdo al propósito divino.

Es de valor que el estudiante sepa dónde se encuentra y cuál es su problema específico. El hombre común está aprendiendo a controlar el cuerpo físico y a organizar su vida en el plano físico. El estudiante en el sendero de probación está aprendiendo una lección similar respecto a su cuerpo astral, su enfoque, deseos y trabajo. El estudiante en el sendero del discipulado aceptado debe demostrar este control, empezando por disciplinar la naturaleza mental y actuar conscientemente en el cuerpo mental. El trabajo del iniciado y el del adepto se desarrollan mediante tales realizaciones y no es necesario tratarlas aquí.

La batalla se prolonga sobre una serie de vidas, pero en cierta vida alcanza un punto crítico: se hace la última tentativa y Arjuna triunfa en la lucha, pero únicamente dejando a Krishna asumir las riendas del control, aprendiendo a dominar la mente y revelando la forma de Dios. Distinguiendo entre el alma y la forma y la visión de la gloria perfecta que puede irradiar de las formas "habitadas por Dios", aprende a elegir el camino de la luz y a ver su propia forma y todas las formas, como custodios de la luz. Así emprende el trabajo de convertir el cuerpo astral en un simple reflector de esa luz y, por medio del apaciguamiento del deseo, mediante la subyugación de los "Agnisuryas", que constituyen su cuerpo astral y son la sustancia viviente del plano astral, aprende a actuar como adepto en ese plano, a penetrarlo a través de su ilusión y a ver la vida tal como es.

Hablando simbólicamente, la sustancia del plano astral está animada por tres tipos de fuerza divina, que al unirse producen la gran ilusión, y son:

Primero, la fuerza del deseo egoísta. Esta energía involutiva desempeña un papel importante en la evolución, porque el egoísmo es la cuna de las almas infantiles. De allí que el aspirante no se somete al mismo.

Segundo, la fuerza del temor. Es producto de la ignorancia, y en sus etapas iniciales no es el producto del pensar erróneo. Es fundamentalmente instintiva y predomina en el reino animal, que no es mental, así como también en el reino humano. Pero en el reino humano, su poder es aumentado en forma intensa mediante los poderes de la mente, y por el recuerdo de dolores y rencores pasados y el presentimiento de quienes podemos ver con anticipación, el poder del temor se agrava enormemente debido a la forma mental construida con nuestros temores y fobias individuales. Esta forma mental acrecienta su poder, y llega a dominarnos, a medida que le prestamos atención, pues "la energía sigue al pensamiento". Las personas de segundo rayo están especialmente sujetas a esto y para la mayoría de ellas constituye el "morador en el umbral", así como la ambición y el amor al poder, respaldado por el deseo frenético e inescrupuloso, constituyen el "Morador" para las personas de primer rayo. La forma mental cristalizada de la realización intelectual con fines egoístas y la aplicación del conocimiento con objetivos personales, permanecen delante del portal del sendero en la persona de tercer rayo, y a no ser que sean desbaratadas y destruidas, la dominará y convertirá en mago negro.

A menudo se ha dicho que el temor es una ilusión. Sin embargo, esta afirmación no sirve de ayuda, sólo es una generalización admisible y muy difícil de aplicar individualmente. Los temores a que están sujetos los aspirantes (obsérvese cómo está expresado) rara vez son de naturaleza egoísta, excepto cuando el sufrimiento los ha obligado a retroceder ante una situación desafortunada. Sus temores giran alrededor de un aparente amor por los seres queridos. No obstante, todo discípulo debería formularse a sí mismo esta pregunta muy práctica: ¿Cuántas horas de angustia han sido empleadas en hechos y acontecimientos tangibles y cuántas en presentimientos ilusorios, en dudas e interrogantes, basados en algo que nunca sucedió? Quisiera señalar a mis hermanos que es necesario hacer dos cosas: Meditar sobre la verdad en la vida diaria, usando como pensamiento simiente el concepto de la verdad practicada y vivida; les sugiero que aprendan de memoria y utilicen la siguiente fórmula o plegaria, todas las veces que se vean arrastrados por ilusorios temores e innecesarios presentimientos:

"Que la realidad rija todos mis pensamientos, y la verdad predomine en mi vida."

Repitan esto para sí, constantemente, todas las veces necesarias, obligando a la mente a poner atención sobre la significación de estas palabras.

Sugiero también practicar el sentido común y cultivar esa actitud mental que se niega a aumentar los temores ilusorios.

El temor es, con frecuencia, el mayor obstáculo para el paso vital que debe darse en esta vida, pero quizás sea demorado para otra, si no se aprovecha la debida oportunidad y se estimula fuertemente la naturaleza volitiva.

El aspirante de primer rayo que no logra vencer a su Morador puede llegar a ser un "destructor de almas", como se lo denomina, y ser condenado (hasta aprender la lección) a trabajar con las fuerzas de la materia y con las formas que mantienen a todas las almas aprisionadas. Éste es el significado oculto de las mal interpretadas palabras, muerte y destrucción. El Demonio es su gran prototipo.

El aspirante de segundo rayo que construye su Morador y le permite ejercer control en forma continua y acrecentada, se convierte en "engañador de almas”. Es el verdadero Anticristo, y mediante falsas enseñanzas, supuestos milagros y el hipnotismo y sugestión de las masas, tiende un velo sobre el mundo y obliga a los hombres a caminar en la gran ilusión. Es interesante observar que el trabajo del Demonio, el aprisionador de almas, empieza a perder su poder, porque la raza está al borde de comprender que la verdadera muerte es la inmersión en la forma, y que la materia es sólo parte del todo divino. La forma mental de este "Morador en el Umbral" que la humanidad ha construido durante millones de años, está en vísperas de ser destruida. Pero el trabajo del Anticristo recién ahora está llegando a su culminación, y la ilusión de las riquezas, posesiones y falsas enseñanzas, dominará acrecentadamente, pero el período de engaño será más breve que el de destrucción, porque todos estos factores actúan bajo sus propios ciclos y tienen su propio flujo y reflujo.

La persona de tercer rayo que no destruye su "Morador" se convierte en lo que se denomina "manipulador de almas”, utilizando la mente para destruir lo real y tiende un velo entre el hombre y la realidad. Debe recordarse que ninguno de estos nombres y actividades se refieren al alma en su propio plano, sino únicamente a las almas humanas encarnadas en el plano físico. Es necesario subrayar esto, porque en su propio plano las almas de los hombres se mantienen libres de ilusiones y no pueden ser destruidas, engañadas ni manipuladas. Sólo "las almas aprisionadas" están sujetas a las actividades de las fuerzas del mal, y esto durante cierto período. El primer grupo, cuyo número es relativamente pequeño, actúa a través de los gobiernos, de la política y de la interacción entre las naciones. El grupo de segundo rayo que alucina y engaña, actúa mediante los agentes religiosos, la psicología de las masas y el incorrecto empleo y aplicación de la devoción y las artes. Son los más numerosos. El tercer grupo actúa principalmente a través de las relaciones comerciales, en el mundo de los negocios y mediante el empleo del dinero, la concreción de prana o energía universal y el símbolo externo del flujo y reflujo universal. Estos pensamientos son sugestivos pero no vitales, porque se refieren a tendencias cósmicas.

Tercero, la fuerza de la atracción sexual, la cual proviene del plano físico, y es el retroceso de un tipo de energía involutiva en el sendero de retorno. Hablando cósmicamente, se manifiesta como la fuerza atractiva entre espíritu y materia; hablando espiritualmente, se demuestra como la actividad del alma cuando trata de llevar al yo inferior a una plena realización. Hablando físicamente, es el impulso de unirse el macho y la hembra para los propósitos de la procreación. Cuando el hombre era puramente animal, esto no implicaba pecado. Pero a este impulso se le agregó el deseo emocional y entonces se infiltró el pecado; el propósito por el cual se manifestó el impulso fue pervertido en la satisfacción del deseo. Ahora que la raza es más mental y la fuerza de la mente se hace sentir en el cuerpo humano, existe una situación aún más seria que sólo podrá resolverse sin peligro cuando el alma asuma el control de su triple instrumento.

Como lo demuestra esta regla, la humanidad está ahora en el punto medio. El hombre es arrastrado por el deseo egoísta y la ambición, porque todos tenemos cualidades de primer rayo. Es torturado por el temor -el propio temor, temor por la familia, los temores nacionales y raciales, porque todos oscilamos al ritmo de segundo rayo. Es dominado por el sexo y el dinero, otra manifestación de la energía de la materia, de allí el triple problema, y está bien equipado para resolverlo mediante su triple vehículo y las triples potencias de su alma divina. Terminaremos esta instrucción con la frase: está bien equipado para resolverlo. Podemos vencer la inercia mental y empezar a actuar como almas, dominando nuestro medio ambiente. El alma es omnisciente y omnipotente.


EL FLUJO Y REFLUJO CÍCLICOS

Consideraremos ahora las palabras "el flujo y el reflujo de las aguas".

Al comprender la ley de los ciclos, adquirimos conocimiento de las leyes fundamentales de la evolución y llegamos a darnos cuenta del trabajo rítmico de la creación. Incidentalmente logramos también equilibrio a medida que estudiamos los impulsos de nuestra propia vida, porque también tienen su flujo y reflujo, alternando entre períodos de luz y de oscuridad.

Podemos observar diariamente este acontecimiento simbólico cuando la parte del mundo en que vivimos entra en la clara luz del sol, y luego vuelve a la oscuridad restauradora de la noche. Nuestra misma familiaridad con este fenómeno nos hace perder de vista su significado simbólico y también olvidar que bajo la gran ley, los períodos de luz y sombra, de bien y mal, de inmersión y surgimiento, de progreso hacia la iluminación y retroceso hacia la oscuridad, caracterizan el crecimiento de todas las formas, distinguen el desarrollo de razas y naciones y constituyen el problema del aspirante, que se forja la imagen de que camina en una condición constantemente iluminada, dejando atrás todos los lugares oscuros.

En estas instrucciones, no me es posible tratar el flujo y el reflujo de la vida divina, al manifestarse en los distintos reinos de la naturaleza y a través del crecimiento evolutivo de la humanidad, por la experiencia adquirida de las razas, naciones y familias. No obstante, procuro extenderme sobre la experiencia cíclica de un alma en encarnación, indicando el aparente flujo y reflujo de su desenvolvimiento.

El ciclo más destacado para toda alma consiste en encarnar y regresar al centro de donde partió. Según el punto de vista, así será la comprensión de este flujo y reflujo. Esotéricamente se puede considerar que unas almas "buscan la luz de la experiencia", por lo tanto van hacia la expresión física; otras "buscan la luz de la comprensión", y por consiguiente vuelven del reino del esfuerzo humano para forjar su camino internamente hacia la conciencia del alma, y así llegar a ser "moradores en la luz eterna". Sin apreciar la significación de los términos, los psicólogos han presentido estos ciclos, y a ciertos tipos los denominaron extrovertidos o introvertidos. Marcan el flujo y reflujo en la experiencia individual, y son la analogía de la pequeña vida con los grandes ciclos del alma. Estas entradas y salidas de la trama de la existencia encarnada, constituyen los ciclos mayores de cualquier alma individual, y un estudio de los tipos de pralaya tratados en La Doctrina Secreta y en Tratado sobre Fuego Cósmico, sería de real valor para el estudiante.

Existe también un flujo y reflujo en la experiencia del alma, en cualquier plano, y esto abarcará muchas vidas en las primeras etapas de desarrollo. Por lo general su expresión es extrema. Un estudio del flujo y reflujo racial aclarará esto. En los días lemurianos el "flujo" o ciclo de exteriorización, se consumaba en el plano físico, y el "reflujo" llevaba el aspecto vida de vuelta al alma, y no había ningún flujo o reflujo secundario en los planos astrales o mentales.

Posteriormente, la marea irrumpió en las costas del plano astral, si bien incluía lo físico en menor grado. El flujo se dirigió hacia la vida emocional, y al regresar al centro no tuvo en cuenta la vida mental. Esto ocurrió en el punto culminante para la humanidad en la época Atlante y también hoy atañe a muchos. En la actualidad el flujo y reflujo es cada vez más incluyente y la experiencia mental desempeña su parte, de modo que los tres aspectos son arrastrados por la vida del alma, los cuales están incluidos en la energía saliente del alma que va encarnando, y durante muchas vidas y series de vidas esta fuerza cíclica se agota a sí misma. En el aspirante surge una comprensión de lo que ocurre y en él se despierta el deseo de controlar conscientemente este flujo y reflujo (para expresarlo en palabras más sencillas), o dirigir las fuerzas de la energía saliente en cualquier dirección que elija, o se retire a su centro a voluntad. Trata de detener el proceso que lo llevará a reencarnar sin tener un propósito consciente; se niega a ver que la marea de su vida se estrella contra las esferas mentales y emocionales de la existencia, y que esa vida se retira sin su consciente voluntad. Se encuentra en el punto medio y quiere controlar sus propios ciclos, el "flujo o reflujo" tal como él lo determine. Con propósito consciente ansía caminar en los lugares oscuros de la existencia encarnada y con un propósito análogamente consciente trata de retirarse a su propio centro. Así se convierte en aspirante.

La vida del aspirante comienza repitiendo los ciclos anteriores. Repentinamente es estimulado por la naturaleza física y arrastrado violentamente por antiguos deseos y ambiciones. A esto puede seguirle un ciclo en que es consciente de que la energía vital se escapa del cuerpo físico, desvitalizándose por no prestarle atención. Esto explica muchas enfermedades y la falta de vitalidad de gran parte de nuestros más caros servidores. El mismo proceso puede afectar al cuerpo emocional, y períodos de exaltación y de elevada aspiración, alternan con períodos de profunda depresión y falta de interés. El flujo puede pasar al cuerpo mental y producir un ciclo de intensa actividad mental. El constante estudio, la profunda reflexión, la penetrante investigación y un firme impulso intelectual, caracterizarán la mente del aspirante. A esto puede seguirle un ciclo de desagrado para el estudio, y la mente parece estar totalmente hueca e inerte. Cuesta pensar, y la futileza de las fases reflexivas asaltan a la mente. El aspirante decide que ser es mejor que hacer, y se pregunta: ¿“Podrá vivir este cuerpo?" y no desea verlo revitalizado.

Todos los verdaderos buscadores de la verdad son conscientes de esta experiencia inestable y la consideran frecuentemente un pecado o una condición contra la cual deben luchar vigorosamente. Entonces es el momento de comprender que "el punto medio, que no es seco ni húmedo, deberá ser el lugar donde él asiente sus pies".

Ésta es una forma simbólica de decirle que debe comprender dos cosas:

1. Que los estados sentimentales son completamente insustanciales y no indican el estado del alma. El aspirante debe centralizarse en la conciencia del alma, no dejarse influir por las alternativas a que parece estar sujeto, sino simplemente "mantenerse en el ser espiritual", y "habiendo hecho todo esto, permanecer allí".

2. Que el logro del equilibrio sólo es posible donde han regido las alternativas, y que el flujo y reflujo cíclico continuará, mientras la atención del alma fluctúe entre uno u otro aspecto de la forma y el verdadero hombre espiritual.

El ideal sería lograr conscientemente este control, de modo que el hombre pueda a voluntad enfocarse en la conciencia de su alma o en su aspecto forma -el acto de enfocar la atención se lleva a cabo mediante un objetivo conocido y específico que necesita esta centralización.

Más adelante, cuando las palabras del gran Instructor cristiano tengan significación, él podrá decir si tiene importancia "estar dentro de, o fuera del cuerpo". El acto de servicio determinará el punto de concentración del yo, pero será el mismo yo, liberado temporariamente de la conciencia de la forma, o sumergido en la forma para poder actuar en los diferentes aspectos del todo divino. El hombre espiritual trata de llevar a cabo el plan en la naturaleza e identificarse con la mente divina. Retirándose al punto medio, procura percibir su divinidad y luego, habiéndolo logrado, se enfoca en su forma mental, poniéndose en relación con la Mente Universal. Soporta restricciones para que, mediante ellas, pueda saber y servir. Trata de alcanzar los corazones de los hombres y llevarles “inspiración" desde las profundidades del corazón del ser espiritual. Nuevamente afirma el hecho de su divinidad y mediante una temporaria identificación con su cuerpo de percepción sensoria, sentimiento y emoción, se unifica con el mecanismo sensible de la divina manifestación, que lleva el amor de Dios a todas las formas del plano físico.

Procura así ayudar en la materialización del plan divino, en el mundo físico. Sabe que todas las formas son producidas por las energías correctamente utilizadas y dirigidas. Conociendo plenamente su calidad de hijo divino y la potencia implicada en el reconocimiento mental de ese término, enfoca sus fuerzas en el cuerpo vital y se convierte en punto focal para la trasmisión de energía divina y, por consiguiente, en un constructor unificado con las energías constructivas del Cosmos. Lleva la energía del pensamiento iluminado y el deseo santificado al cuerpo etérico, trabajando así con devoción inteligente.

Me han pedido una definición más clara del "punto medio".

Para el probacionista el plano emocional, el Kurukshetra plano de la ilusión, es donde la tierra (naturaleza física) y el agua (naturaleza emocional) se unen.

Para el discípulo, es el plano mental, donde la forma y el alma establecen contacto y es posible la gran transición. Para el discípulo avanzado y el iniciado, el punto medio es el cuerpo causal, el karana sarira, el cuerpo espiritual del alma, manteniéndose como intermediario entre espíritu y materia, vida y forma, mónada y personalidad.

Esto puede también ser explicado y comprendido en términos de centros.

Todo estudiante sabe que existen dos centros en la cabeza. Uno se encuentra entre las cejas y tiene el cuerpo pituitario como su manifestación objetiva. El otro está en la región superior de la cabeza y tiene la glándula pineal como su aspecto concreto. El místico puro tiene centrada la conciencia en la parte superior de la cabeza, casi totalmente en el cuerpo etérico. El hombre mundano avanzado está centrado en la región de la glándula pituitaria. Cuando por medio del desenvolvimiento y el conocimiento esotéricos, se establece la relación entre la personalidad y el alma, existe un punto medio en el centro de la cabeza, el campo magnético llamado la "luz en la cabeza", y es allí donde se sitúa el aspirante. Este punto es de importancia vital. No es terreno, ni físico, ni acuoso, ni emocional. Se lo podría considerar como el cuerpo vital o etérico, que ha llegado a ser la esfera de servicio consciente y de control dirigido, donde se utiliza la fuerza para fines específicos.

Allí se sitúa el mago, y mediante su cuerpo de fuerza o energía, lleva a cabo el trabajo creador mágico.

Esta regla contiene un punto muy abstracto, pero se puede aclarar si se estudian con cuidado sus palabras. Al final de la regla se dice que donde se unen "el agua, la tierra y el aire", allí es el lugar en que debe hacerse el trabajo mágico. Es curioso, pero en estas frases se omite la idea de ubicación y sólo se considera el factor tiempo.

El aire es el símbolo del vehículo búdico, el plano del amor espiritual, y cuando los tres enumerados anteriormente se unen en su aspecto energía, indican un enfoque en la conciencia del alma y una centralización del hombre en el cuerpo espiritual. Desde ese punto de poder, fuera de la forma, desde la esfera central de unificación y desde el punto enfocado en ese círculo de conciencia, el hombre espiritual proyecta su conciencia en el punto medio, dentro de la cavidad cerebral, donde debe desarrollarse el trabajo mágico respecto al plano físico. Esta capacidad de proyectar la conciencia desde el plano de realización del alma hacia el trabajo mágico creador, en los subplanos etéricos, se hace posible a medida que el estudiante desarrolla en la meditación la facilidad de enfocar la atención en uno de los centros del cuerpo. Esto se lleva a cabo por intermedio de los centros de fuerza en el cuerpo etérico. Paulatinamente alcanza esa plasticidad y fluidez de la conciencia autodirigida que le permitirá valerse de los centros como el músico utiliza las siete notas musicales. Cuando ha logrado esto, puede empezar a entrenarse para alcanzar un enfoque más amplio y extenso y debe aprender a retirar su conciencia no sólo del cerebro sino del alma en su propio plano, y desde allí redirigir sus energías para efectuar el trabajo mágico del alma.

El secreto fundamental de los ciclos reside en este retiro y en el consiguiente reenfoque de la atención; debe recordarse respecto a esto, que la ley básica subyacente de todo trabajo mágico es que la "energía sigue al pensamiento". Si los aspirantes recordaran esto atravesarían sus períodos estériles con mayor facilidad y serían conscientes del propósito subyacente.

Aquí se podría preguntar, ¿cuáles son los peligros en este punto medio?

Los peligros de una fluctuación demasiado violenta entre la tierra y el agua o entre la respuesta emocional a la vida y la verdad, o sea la vida en el plano físico. Algunos aspirantes son demasiado emocionales en sus reacciones y otros demasiado materialistas. El efecto de esto se siente en el punto medio y produce una violenta inestabilidad, inestabilidad que tiene un efecto directo en el centro plexo solar, el "punto medio" en los primitivos tiempos Atlantes, y aún ahora en los procesos de trasmutación de la aspirante personalidad. Trasmuta y trasmite las energías del centro sacro y del centro en la base de la columna vertebral, y es el lugar de distribución de todas las energías enfocadas en los centros abajo del diafragma.

Los peligros derivan de la prematura e incontrolada afluencia de energía espiritual pura al mecanismo de la personalidad. Dicha fuerza espiritual vital penetra por la abertura craneana y afluye a los centros de la cabeza. De allí sigue la línea de menor resistencia, determinada por las tendencias diarias de la vida reflexiva del aspirante.

Otro peligro bastante grande resulta de unir la tierra con el agua, literalmente hablando. Se demuestra como la afluencia, en la conciencia cerebral (el aspecto tierra), de los conocimientos del plano astral. Una de las primeras cosas que percibe el aspirante es cierta tendencia al psiquismo inferior. Es una reacción del centro plexo solar. Pero este punto medio puede utilizarse como "trampolín" para el mundo de los fenómenos astrales, lo cual producirá la "muerte por ahogo", porque la vida espiritual del aspirante puede ser inundada y completamente sumergida en los intereses de las experiencias psíquicas inferiores. Es aquí donde muchos aspirantes dignos se extravían -podrá ser temporalmente, pero los momentos son tan críticos que es deplorable perder tiempo en experimentos inútiles y retroceder en el sendero elegido.

Una clave del significado de estas palabras se encuentra en el reconocimiento del siguiente hecho oculto. El lugar donde se encuentra la tierra y el agua es el centro plexo solar. El sitio donde se unen el agua, la tierra y el aire, está en la cabeza. La tierra es el símbolo de la vida del plano físico y de la forma exotérica. El agua es el símbolo de la naturaleza emocional. Desde el gran centro de la vida de la personalidad, el plexo solar, se rige y administra la vida. Cuando el centro de dirección reside abajo del diafragma, no es posible la magia. El alma animal controla y el alma espiritual está obligadamente pasiva. El aire es el símbolo de la vida superior, donde domina el principio crístico, se experimenta la liberación y llega el alma a su plena expresión. Es el símbolo del plano búdico, como el agua lo es del emocional. Cuando la vida de la personalidad asciende al cielo y la vida del alma desciende a la tierra, allí se halla el lugar de encuentro, y allí es posible el trabajo mágico trascendental.

Este lugar de encuentro es el sitio del fuego, el plano de la mente. El fuego es el símbolo del intelecto y todo trabajo mágico es un proceso inteligente llevado a cabo por la fuerza del alma y por el uso de la mente. Para hacerse sentir en el plano físico se requiere un cerebro receptivo a los impulsos superiores, que pueda ser impresionado por el alma, utilizando "chitta" o sustancia mental, para crear las formas mentales necesarias y así expresar las ideas y propósitos de la inteligente y amorosa alma. Éstos son reconocidos por el cerebro y fotografiados sobre los "aires vitales" que se hallan en la cavidad cerebral. Cuando dichos aires vitales pueden ser percibidos por el mago en meditación y las formas mentales plasmadas en este reflejo en miniatura de la luz astral, entonces empieza a hacerse sentir el verdadero poder de la magia. El cerebro ha "oído" ocultamente los mandatos e instrucciones de la mente a medida que retransmite los mandatos del alma. Los aires vitales son arrastrados a una actividad constructora de formas; de igual modo que su analogía superior, las "modificaciones del principio pensante, la materia mental" (como lo denomina Patanjali) son impulsados hacia una análoga actividad de construcción de formas. Éstos pueden ser observados internamente por el hombre que trata de efectuar el trabajo mágico; parte del éxito depende de su capacidad para registrar impresiones exactas y ver con claridad las formas del proceso de la magia que él está tratando de demostrar como trabajo mágico en el mundo externo.

Por lo tanto, podría decirse que existen tres etapas en el proceso de construir formas. Primero, el alma u hombre espiritual, centrado en la conciencia del alma y actuando en "el lugar secreto del Altísimo", visualiza el trabajo a realizar. Esto no es un acto consecutivo, sino que el trabajo de la magia, terminado y completo, es visualizado mediante un proceso que no involucra en absoluto el elemento tiempo o conceptos espaciales. Segundo, la mente responde al alma (recordándole el trabajo que debe realizar), y por medio de esta impresión, es llevada a la actividad la construcción de formas. De acuerdo con la lucidez y la iluminación de la materia mental, así será la respuesta a la impresión. Si la mente es un verdadero reflector y receptor de la impresión del alma, la correspondiente forma mental será exactamente igual a su prototipo. Si no lo es (como generalmente sucede en las primeras etapas del trabajo), entonces la forma mental creada será incorrecta y estará deformada, desequilibrada y "fuera de perspectiva".

Por medio de la meditación se aprende el trabajo exacto de recepción y de correcta construcción; de allí proviene el énfasis que todas las verdaderas escuelas de entrenamiento esotérico ponen sobre la mente enfocada, la capacidad de visualizar, la habilidad para la construcción de formas mentales y la captación exacta de la intención egoica. De aquí también la necesidad de que el mago comience el trabajo práctico de la magia, utilizándose a sí mismo como sujeto de experimento mágico. Así empieza a captar la visión del hombre espiritual, tal como él es en esencia. Se da cuenta de las virtudes y de las reacciones que ese hombre espiritual debe evidenciar en la vida del plano físico. Construye una forma mental de sí mismo como hombre ideal, el verdadero servidor, el maestro perfecto. Gradualmente coordina sus fuerzas para que el poder de ser lo que es en la realidad externa, empiece a tomar forma, de manera que todos los hombres la vean. Su mente crea un molde que es una réplica exacta del prototipo que moldea al hombre inferior y lo fuerza a estar de acuerdo con el ideal. A medida que perfecciona su técnica adquiere un poder que trasmuta y trasforma, actuando sobre las energías que constituyen su naturaleza inferior, hasta subordinarlo todo y llegar a ser en la práctica lo que es esotérica y esencialmente. Cuando esto acontece, empieza a interesarse por el trabajo mágico en el que deben participar todas las verdaderas almas.

Entonces se manifiesta el tercer aspecto del proceso de construcción de formas, el cerebro se sincroniza con la mente y la mente con el alma, y se percibe el plan. Los aires vitales en la cabeza se modifican y responden a la fuerza del trabajo mágico constructor. Entonces en el lugar de la actividad cerebral está la forma mental, como resultado de las dos actividades previas, y se convierte en un centro de enfoque para el alma y en un punto a través del cual puede fluir la energía para la realización del trabajo mágico.

Este trabajo mágico llevado a cabo bajo la dirección del alma (inspirando a la mente, que a su vez impresiona al cerebro) conduce entonces (como resultado de esta triple actividad coordinada) a la creación de una forma o centro de enfoque dentro de la cabeza del mago. La energía que fluye a través de este punto focal, actúa mediante tres agentes distribuidores, y por eso los tres están involucrados en todo trabajo mágico.

1. El ojo derecho, a través del cual la energía vital del espíritu puede expresarse.
2. El centro laríngeo, a través del cual el Verbo, el segundo aspecto o alma, se expresa.
3. Las manos, mediante las cuales actúa la energía creadora del tercer aspecto.

"El Mago Blanco" trabaja "con los ojos abiertos, la voz que proclama y las manos que otorgan".

Estos puntos son únicamente de interés técnico para el trabajador experimentado en magia, pero sólo de interés simbólico para los aspirantes, a quienes se les ha destinado estos escritos.

Que la visión interna sea nuestra, que el ojo perciba claramente la gloria del Señor, que la voz hable únicamente para bendecir y que las manos se utilicen sólo para ayudar, esto bien puede ser la plegaria de cada uno de nosotros.

REGLA NUEVE

Después sobreviene la condensación. El fuego y las aguas se encuentran; la forma se dilata y crece. Que el mago ubique su forma en el sendero apropiado.

LA NECESIDAD DE PUREZA

En Tratado sobre Fuego Cósmico, página 800, esta regla es comentada también sucintamente:

"Esta regla está resumida brevemente en el mandato: Que el deseo y la mente sean tan puros y proporcionados, y la forma creada tan exactamente equilibrada, que no pueda ser atraída hacia el sendero destructor o de la izquierda."

La razón de la brevedad de esta regla es, puede afirmarse, su extrema sencillez, considerada conscientemente por el hombre que sabe, y su complejidad se debe al punto de vista del lector casual. Sólo se dan las significaciones más simples y prácticas, y quizás puedan impartirse algunos de los significados más profundos.

Es interesante observar que a medida que se progresa en el sendero, la forma en que puede exponerse la verdad es cada vez más simple, mientras que el significado captado se hace cada vez más amplio e incluyente, por eso involucra (al analizarlo) una complejidad cada vez mayor. Finalmente se recurre a los símbolos, y el plan cósmico es captado mediante las formas geométricas presentadas al ojo interno del aspirante.

El punto principal de esta regla es pureza y, en último análisis, la pureza es, por lo general, una cuestión de móvil. Si el incentivo de cualquier acción en los tres mundos está basado en el deseo de la personalidad, llevado a cabo aplicando la mente, entonces la impureza caracteriza esa acción. Si el impulso emana del Morador en la forma, entonces está subordinado y controlado por el Morador, para el fin deseado. En este caso la característica es pureza dentro de las limitaciones grupales, porque la pureza absoluta sólo existe en la liberación total del control. El alma es consciente del grupo y controlada por éste, y hasta no vencer al cuerpo causal y obtener la liberación de su control, no se comprenderá el verdadero significado de la pureza. Es suficiente decir que hay una relación muy estrecha entre impureza y cualquier limitación física, emocional y mental.

Pero no es necesario que consideremos aquí la pureza absoluta. En los grupos esotéricos del mundo nadie ha obtenido aún la quinta iniciación, donde el significado penetra en la conciencia en un intenso destello de comprensión. La mayoría trata principalmente de lograr la pureza física y emocional y por lo tanto liberarse de control emocional y del deseo. De ahí el constante, aunque mal expresado mandato de la mayoría de los libros esotéricos, "Mata el deseo". Tal vez una descripción más exacta para el presente inmediato sería "reorientar el deseo" o "redirigirlo” pues la constante reorientación de toda la naturaleza de deseo, en forma que se convierta finalmente en un estado habitual de la mente, es la clave para todos los procesos de trasmutación y del trabajo mágico efectivo.

A medida que se progresa en el sendero, los procesos mentales del aspirante son cada vez más potentes, y las formas mentales -creadas con propósito definido en la meditación- se hacen más efectivas, a fin de obtener resultados. Será evidente, por lo tanto, que en el trabajo mágico (que debe llevarse a cabo en el plano físico), existe siempre una tendencia hacia el "sendero de la izquierda", hasta establecer permanentemente la conciencia del alma, y convertir la pureza de móviles en un hábito mental.

Quisiera recordar a los lectores que para el aspirante al discipulado el requisito primordial es el establecimiento y la estabilidad de hábitos correctos. Quienes trabajan en el campo de la evolución planetaria buscan instrumentos de los cuales se pueda depender, y esto debe acentuarse enfáticamente. Los que buscan colaboradores no pueden depender, en una emergencia, de esas personas cuyos temperamentos y sentimientos emocionales son incontrolables, o que no poseen control físico. Las personas cuyas mentes están ofuscadas, y es inherente en ellas la incapacidad de mantener la mente "firme en la luz", no son trabajadores apropiados para las posiciones elevadas del esfuerzo mundial. Esta observación no debe detener a ninguno de los miembros que pertenezcan a estos grupos, porque el reconocimiento de un defecto es el paso preliminar para vencerlo. Estos grupos se hallan en entrenamiento y es necesario recordarlo, de lo contrario el desaliento imperará cuando el ideal sea enunciado. En la actualidad, la necesidad mundial y la oportunidad van de la mano. Se dice que los Grandes Seres, que se mantienen como una muralla entre la humanidad y el karma planetario, están muy apremiados por el tiempo, y puedo asegurarles que esta afirmación de la situación es inadecuada.

Desde mediados del período Atlante los pensamientos de los hombres han sido atraídos hacia el sendero destructor o de la izquierda, porque el egoísmo fue el móvil y el propio interés el factor dominante. Parte del trabajo de Cristo, cuando vino hace dos mil años, fue neutralizar esta tendencia, predicando mediante el ejemplo, los preceptos, el sacrificio, el altruismo y el espíritu de mártir (matizado frecuentemente por el histerismo y el autointerés celestial), uno de los resultados de tal esfuerzo. Observado desde el punto de vista de la Jerarquía el esfuerzo tuvo éxito, porque el espíritu cristiano representa la reorientación hacia las cosas celestiales. De allí que la pureza de móvil, el instinto de servicio y su nota clave, sean nuevos desde el punto de vista de las eternidades pasadas.

Sin embargo, a pesar de todo ello, la tendencia al interés egoísta es el factor más poderoso hoy en el mundo, de ahí la situación crítica existente entre la Jerarquía de la Luz y la jerarquía controladora del sendero izquierdo, sendero controlado por la forma y el deseo.

A pesar de todo, el desaliento no debe cundir, pues el pensamiento espiritual, resultado del trabajo mágico de un hermano de intención pura, tiene más y mayor poder que el de muchos hermanos que siguen la tendencia de la personalidad. Todo verdadero aspirante, cuando comprende la magnitud del Plan y contempla las fuerzas alineadas en su contra, quizás se sienta abatido por la aparente futilidad de su esfuerzo y la ínfima parte que él desempeña, entonces debe recordar que existe un creciente grupo de personas similares a él y que esto constituye un esfuerzo grupal. De acuerdo a la Ley, los Grandes Seres actúan a través de Sus discípulos de todos los países, y nunca hubo tantas personas que se esfuercen por capacitarse en el desempeño de la fusión de "Trasmisores del Propósito", y tampoco ha existido una integridad interna y relación subjetiva tan fuertes entre los trabajadores de todos los campos en las distintas actividades del mundo. Por primera vez en la historia, existe un grupo coherente a disposición de los Maestros. Sólo tuvieron hasta ahora trabajadores solitarios y aislados o pequeños grupos separados, lo cual ha entorpecido grandemente el trabajo. Hoy esto ha cambiado.

Quisiera exhortarlos a todos a comprender esto y trabajar para sustanciar tal integridad grupal, desarrollando el poder de reconocer a dichos trabajadores en cualquier parte, bajo cualquier nombre u organización, y cooperar con ellos cuando sean reconocidos. No resulta fácil hacerlo y presupone lo siguiente:

1. Sensibilidad interna al Plan.
2. Capacidad para reconocer principios que rigen la conducta y la administración.
3. Capacidad para despreocuparse de lo no esencial y acentuar lo esencial.
4. Subordinación de la ambición e interés personales al desarrollo de los ideales grupales.
5. Mantenimiento constante del contacto interno por medio de la meditación, sin preocuparse ni acentuar las reacciones de la personalidad.

Éstos son los requisitos fundamentales y deberían recibir la atención de los trabajadores y estudiantes de todos los grupos.

Sería de valor que todos los días a las cinco de la tarde, por medio de un acto volitivo, cada estudiante se una con este grupo de servidores, místicos y hermanos, que va integrándose rápidamente. Podría ser benéfico memorizar la breve dedicación siguiente, recitándola mentalmente a dicha hora, con la atención enfocada en la cabeza:

"Que el Poder de la Vida Una afluya a través de todos los grupos de verdaderos servidores.
"Que el Amor del Alma Una caracterice la vida de todos los que tratan de ayudar a los Grandes Seres.
"Que cumpla mi parte en el Trabajo Uno, mediante el olvido de mí mismo, la inofensividad y la correcta palabra."

Lleve entonces dicho pensamiento desde el grupo de servidores del mundo, que se está integrando rápidamente, hasta los Grandes Seres que respaldan nuestra evolución mundial.

Esto puede efectuarse en pocos segundos, dondequiera uno se encuentre y no importa con quien se halle; ello no sólo ayudará en el trabajo mágico de las fuerzas de la luz, sino que servirá para estabilizar al individuo, acrecentar su conciencia grupal y enseñarle el proceso de llevar adelante las actividades subjetivas internas, aunque actúe exotéricamente.


FORMAS FUNDAMENTALES

La sencillez de esta regla es tal que en pocas palabras se sintetiza todo el proceso de la evolución creadora. En el plano mental toma forma una idea. En el plano del deseo sensorio la energía compenetra esa forma. Bajo el proceso evolutivo, la forma "se dilata y crece". Mediante la correcta dirección y orientación de la forma en la dirección requerida, se cumple el propósito del pensador.

Toda vida es vibración, el resultado de la vibración es una forma densa o sutil, siendo cada vez más sutil a medida que asciende. Al progresar, la vida palpitante cambia su grado de vibración, y en este cambio está el secreto de la destrucción y de la construcción de las formas. En esta era, de la cuarta ronda, las formas son de cuatro tipos:

1. La Forma de la Personalidad, o ese vehículo de materia física, astral y mental, que proporciona los medios de contacto en los tres mundos. Es construida en cada vida, estableciéndose la clave de la vibración en la vida anterior. Esa forma resulta apropiada para el hombre común y le sirve hasta la muerte. Quien entra en el sendero esotérico lo hace con el vehículo que le fue proporcionado, pero durante la encarnación construye para sí un vehículo más nuevo y mejor, y cuanto más avanzado esté, tanto más conscientemente trabaja. De allí la constante agitación y frecuente mala salud del neófito en la vida esotérica. Percibe la ley, se da cuenta de la necesidad de elevar su tono y con frecuencia empieza cometiendo errores. Construye de nuevo su cuerpo físico por medio de la dieta y la disciplina, en vez de trabajar de lo interno a lo externo. En la cuidadosa disciplina de la mente, en la manipulación de la materia mental y en la trasmutación de la emoción, llega a desarrollarse en el plano físico. Agréguese a los dos anteriores, la pureza del plano físico referente al alimento y los modos de vivir, y en siete años el hombre habrá construido para sí tres nuevos cuerpos alrededor de los átomos permanentes.

2. La Forma del Medio Ambiente. Esto es en realidad la actuación evolutiva del alma grupal involutiva. No sólo se relaciona con nuestros contactos externos, sino también con los planos internos. De la similitud de vibración viene la coherencia. Por lo tanto, cuando un hombre eleva su vibración y construye nuevamente desde el principio, cambia en consecuencia su tono, dando como resultado una disonancia en su medio ambiente y la consiguiente discordancia. Por consiguiente, de acuerdo a la ley, al buscador de los Misterios y al manipulador de la ley, le llega siempre un período de soledad y tristeza, en que no tiene nadie a su lado y el aislamiento es su sino. En menor grado es lo que pasa a todos, y este total aislamiento es característico del arhat o iniciado del cuarto grado. Está a mitad de camino, entre la vida de los tres mundos y la del mundo de los adeptos. Antes de la iniciación, su vibración no sincroniza con la vibración de los dos grupos. De acuerdo a la ley él está solo. Pero solo temporariamente. Cuando el medio ambiente le es satisfactorio, ha llegado el momento de preocuparse; ello es señal de estancamiento. La aplicación de la ley causa una fundamental desorganización.

3. La Forma del Devoto. Sí, significa exactamente eso, pues expresa una idea abstracta. Todo tipo de persona tiene su devoción para la cual vive, y -en la ignorancia, en el conocimiento o en la sabiduría- aplica la ley hasta donde puede comprenderla. Tal devoción puede ser completamente física, centrada en la carne, en la codicia del oro, en las posesiones materiales. Emplea todas sus energías para satisfacer esa forma concreta, y así aprende. El objetivo del devoto puede ser totalmente astral -amor a su mujer y al hijo, a la familia, al orgullo racial, amor a la popularidad o codicia de alguna especie- y les dedica toda su energía, usando el cuerpo físico para cumplir el deseo del astral.

Pero la forma de su devoción puede ser más elevada aún -amor al arte, a la ciencia o a la filosofía, a la vida religiosa, científica o artística- y a ellas consagra sus energías física, astral y mental, y lo hace siempre con devoción. La vibración está siempre de acuerdo a la altura de la meta; descubre esa meta, la sobrepasa y se desintegra. El sufrimiento viene cuando se destruye la forma y se cambia el tono. Durante muchas vidas, ha pasado miles de años bajo vibraciones inferiores. A medida que la evolución progresa, el desarrollo es más rápido y el tono cambia vida tras vida, mientras que en las etapas primitivas podía emitirse una clave o tono durante varias vidas. A medida que el hombre se acerca al sendero, el sendero de probación queda sembrado de formas destruidas, y de un ciclo menor a otro cambia la meta y, con frecuencia, su vibración se eleva varias veces en una sola vida. Observen, si progresan con la rapidez deseada, que la vida de todos los aspirantes es de movimiento, cambios constantes y diferenciaciones, y de un continuo construir y destruir, planear y ver destruidos esos planes. Es una vida de incesante sufrimiento, de frecuentes choques con el medio ambiente, de innumerables amistades creadas y renovadas, de mutación incesante con su consiguiente agonía. Los ideales trascienden sólo para encontrar que son una pauta para otros caminos más elevados; se ven visiones, sólo para ser reemplazadas por otras; se sueña para realizar los sueños y luego eliminarlos; se hacen amigos, para quererlos y luego dejarlos, siguiendo después más lentamente los pasos del aspirante que lucha. Así es construida durante todo el tiempo la cuarta forma.

4. La Forma del Cuerpo Causal. Éste es el vehículo de la conciencia más elevada, el templo de Dios Inmanente, que es de una belleza tan rara y de una estabilidad tan firme, que cuando tiene lugar la destrucción final de esa obra maestra de muchas vidas, en verdad la copa que hay que apurar es bien amarga, pues la unidad de conciencia parece quedar totalmente despojada. Entonces consciente únicamente del inherente Espíritu Divino, consciente sólo de la Verdad de la Deidad, dándose cuenta de las profundidades de su ser, de la naturaleza efímera de la forma y de todas las formas, permaneciendo sólo en el vórtice de los ritos iniciáticos, despojado de todo sostén (amigo, Maestro, doctrina o medio ambiente), muy bien puede el iniciado clamar: "Yo soy Ése Yo soy y no existe nada más". Bien puede poner simbólicamente su mano en la de Su Padre en el Cielo, y tender la otra, en bendición, al mundo de los hombres, porque sólo las manos que han dejado deslizar todo lo que existe en los tres mundos, están libres para impartir la final bendición a la humanidad que lucha. Entonces construye para sí una forma tal como la desea -una forma nueva que no está sujeta a la destrucción, pero suficiente para sus necesidades, y puede ser desechada o utilizada, según lo justifiquen las circunstancias.

En la actualidad es necesario reflexionar sobre esta cuestión de las formas, porque con la entrada de un nuevo rayo y el comienzo de una nueva era, viene siempre un período de gran desorganización, hasta que las formas existentes se adapten a la nueva vibración. En esa adaptación, quienes han cultivado la flexibilidad y adaptabilidad, o la poseen como rayo de la personalidad, progresan con menos desorganización que aquellos que están más fijos y cristalizados.

Especialmente en estos momentos se debe cultivar la flexibilidad y procurar que la forma responda, porque cuando venga Aquel a Quien todos adoramos, ¿no creen que Su vibración causará desorganización si aún existe cristalización? Así sucedió antes, y así sucederá nuevamente.

Respondan a los Grandes Seres, procuren adquirir expansión mental y sigan aprendiendo. En lo posible piensen en términos abstractos o numéricos, y mediante el amor hacia todos, trabajen con la plasticidad del cuerpo astral. En el amor hacia todo lo que respira viene la capacidad de vibrar universalmente, y en esa plasticidad astral vendrá la respuesta a la vibración del Gran Señor.

Este resumen del proceso y de las formas es también verdad respecto a Dios y a Su trabajo cósmico creador; al alma, a medida que ésta construye su instrumento para expresarse, sea inconscientemente en las etapas primitivas o conscientemente en las posteriores; al discípulo, a medida que procura expresar su comprensión del trabajo a través del trabajo grupal y la organización de su vida; al hombre perfecto, a medida que aprende, por medio de la experiencia, a centrar sus fuerzas en el plano mental, y desde allí lograr su propósito de generar y producir esas formas mentales que moldean las mentes de los hombres y encarnan en sí mismas ese aspecto de la Mente Universal, necesario para la correcta producción de esa fracción inmediata del Plan que su era y generación requieren.

Estas distintas aplicaciones de la regla podrían ser dilucidadas y ampliadas. Sin embargo, este problema debe estar siempre claro en nuestra mente. Somos almas conscientes o estamos en proceso de serlo. Mediante nuestro trabajo de meditación y aplicación al estudio, comenzamos a trabajar en niveles mentales. Creamos formas continuamente, compenetrándolas con energía, y enviándolas a cumplir su función de acuerdo al propósito subjetivo comprendido.

Se debería acentuar la palabra comprendido del párrafo anterior. De acuerdo con la claridad de visión y la profundidad de la comprensión interna, así será la forma creada y la fuerza de la vida que le permitirá cumplir la función que le fue designada.

Hasta el momento actual, la mayoría de los aspirantes del mundo expresan los resultados de los pensamientos endebles y mezquinos, pero actúan rápidamente. La meta para los estudiantes debería ser en la actualidad pensamiento rápido y concentrado y acción lenta. Sin embargo, esa acción lenta será potente en sus resultados; no habrá movimientos superfluos ni reacciones demoradas, y tampoco vacilaciones. Cuando el pensador enfoca su atención en el plano mental, el progreso del pensamiento manifestado es seguro e inevitable. Cuando se capta la idea con toda claridad, con atención bien enfocada, y se aplica firmemente la energía o aspecto vida, da por resultado la inevitable e irresistible aparición y la acción poderosa en el plano físico.

Debe recordarse este pensamiento si se quieren evitar los peligros del sendero de la izquierda. Permítanme hacer algunas afirmaciones y clasificarlas brevemente, que darán una comprensión más verdadera de las palabras "el sendero de la izquierda”. Nos ocuparemos aquí principalmente de las formas mentales que el hombre crea:

1. El sendero de la izquierda concierne al aspecto materia, y la vida vertida en la forma sólo sirve para vitalizar los átomos de la sustancia. La potencia del aspecto amor, manejada por el alma, está ausente.
2. La forma creada está constituida por materia mental y astral y por sustancia física. Carece de la contribución del alma. Su propósito está de acuerdo al desarrollo de la forma, pero no a la expresión del alma.
3. El sendero de la izquierda, por lo tanto, es el sendero donde progresa la sustancia o la materia, y no es el sendero donde progresa el aspecto alma. Es el "camino del Espíritu Santo", pero no el del Hijo de Dios. Expreso esta verdad con tales palabras porque sirven especialmente para aclarar la diferencia y, no obstante, conservar la integridad de la sustancia-materia y su Unidad dentro de la Vida Una.
4. Todas las formas creadas en cada etapa están confinadas o abarcan el sendero de la izquierda, sin embargo, van más allá de él y siguen el camino de la derecha. Esta frase proporciona tema para reflexionar, y es difícil deducir su significado. Debe recordarse que todas las formas, ya sigan el camino de la derecha o el de la izquierda, son idénticas hasta cierto punto; atraviesan las mismas etapas progresivas, y en un momento dado parecen uniformes y similares. Se percibe la diferencia sólo cuando aparece su propósito, de ahí el entrenamiento del aspirante en el correcto móvil, como paso preliminar para el verdadero trabajo esotérico. Podría formularse la pregunta: ¿Qué significa este trabajo?

El verdadero trabajo esotérico involucra:

1. Contacto con el Plan.
2. Correcto deseo de colaborar con el Plan.
3. Trabajo de construir formas mentales, y limitar la atención del creador de dichas formas al plano mental. Es de naturaleza tan potente que las formas mentales creadas tienen un ciclo propio de vida y nunca dejan de manitar y efectuar su trabajo.
4. Dirección de la forma mental desde el plano mental, y la limitación de la atención a esa actividad específica, sabiendo que el recto pensar y la correcta orientación conducen a la correcta actuación y a evadir con seguridad el sendero de la izquierda.

Los aspirantes dan muy poca importancia a esta lección. Desean emocionalmente que aparezca su forma mental y se manifieste la idea. Dedican demasiado tiempo siguiendo los métodos ortodoxos de trabajo y las actividades del plano físico. Se desgastan identificándose con la forma creada, en vez de permanecer apartados de ella, actuando únicamente como agentes directivos. Ustedes aprendan a trabajar en el plano mental. Construyan allí su forma, recordando que si se sumergen en la forma de la cual son responsables, pueden ser obsesados y dominados por ella, entonces la forma será el factor dominante y no el propósito de su existencia. Cuando la forma controla, existe el peligro de que se desvíe en dirección equívoca y encuentre su camino en el sendero de la izquierda, aumentando el poder de la materia y su dominio sobre las almas sensibles.

Agregaré brevemente que todo lo que tienda a aumentar el poder de la materia y acrecentar la potente energía de la sustancia forma, produce una inclinación hacia el sendero de la izquierda y un paulatino alejamiento del Plan y del Propósito que éste vela y oculta.

Todo trabajo y todas las formas mentales creadas (ya sea que se materialicen, como una organización, una religión, una escuela de pensamiento, un libro o cualquier trabajo de toda una vida), que expresen ideales espirituales y acentúen el aspecto vida, caen bajo la categoría de magia blanca. Entonces forman parte de la corriente de vida que llamamos el sendero de la derecha, porque conducen a la humanidad fuera de la forma, hacia la vida, apartándola de la materia, hacia la conciencia.

No hace mucho, en el ashrama de uno de los Grandes Seres, cierto discípulo pidió a su Maestro que le expresara esta verdad en tal forma que, aunque en pocas palabras, su importancia mereciera continua consideración. Su Maestro respondió:

"Sólo los Hijos de los Hombres conocen la diferencia entre la magia de los caminos de la derecha y los de la izquierda, y cuando hayan logrado la realización, los dos caminos desaparecen. Cuando los Hijos de los Hombres sepan la diferencia que existe entre materia y sustancia, habrán captado la lección de esta era. Otras lecciones serán abandonadas, pero ésta deberá ser aprendida. La materia y la sustancia unidas, desarrollan el camino de la oscuridad. La sustancia y el propósito combinados, indican el camino de la luz."

REGLA DIEZ

A medida que las aguas bañan la forma creada, éstas son absorbidas y utilizadas. La forma acrecienta su fuerza; que el mago continúe hasta que su trabajo sea suficiente. Que los constructores externos cesen su trabajo y los constructores internos inicien su ciclo.



LA CONSTRUCCIÓN DE FORMAS MENTALES

En esta regla se exponen dos hechos acerca de la forma, que atañen a todas las formas, y se dan también tres importantes preceptos en los siguientes términos:

Los hechos son:
1. La forma absorbe y utiliza las aguas donde está sumergida.
2. Como resultado de esto acrecienta su fuerza.

Los tres preceptos son:
1. Que el mago continúe construyendo su forma hasta asegurar que su potencia es adecuada.
2. Luego, que los "constructores externos” cesen su trabajo.
3. Que los "constructores internos" inicien su ciclo.

En el proceso de construcción de la forma mental vimos que ésta tuvo que ser oportunamente orientada en la correcta dirección y encaminada en el sendero apropiado, a fin de desempeñar la voluntad y el propósito de su creador. Esto sucede al comenzar el trabajo, y después del proceso de orientación prosigue el trabajo de construcción, pues la forma mental aún, no está preparada para una vida independiente. Existe una verdadera analogía entre el período de gestación de una criatura y el de una forma mental. Un buen médico no descuida nunca la importancia de la correcta ubicación de la criatura dentro de la matriz y, análogamente, cuando hay una posición errónea en el sendero a recorrer para llegar a la existencia, con frecuencia sobreviene la muerte y el desastre. Como bien saben, esta analogía es muy exacta. El nacimiento va precedido por la "ruptura de las aguas" (en términos médicos); una reacción similar tiene lugar antes que la forma mental produzca los resultados en el plano físico; las aguas del deseo llegan a ser tan poderosas que causan la precipitación y la consiguiente aparición de la forma de expresión deseada.

Tomemos los hechos y analogías tal cual se presentan y estudiémoslos desde el punto de vista del macro y del microcosmos.

Observemos que la forma absorbe y utiliza la sustancia en que está sumergida. Nuestro sistema solar es uno entre muchos, y no el más grande. Constituye un fragmento de un todo mayor, el cual está formado de siete partes (o siete sistemas solares), está sumergido en las aguas del espacio, ha nacido del deseo y, en consecuencia, es hijo de la necesidad. Extrae su vida de aquello que lo circunda. De todas partes afluyen a nuestro sistema solar corrientes de fuerzas que emanan de "Aquel de Quien nada puede decirse" -como se lo describe en Tratado sobre Fuego Cósmico. Estas corrientes encarnan Su voluntad y deseo, expresan Su amor o capacidad de atracción y se manifiestan como esa gran forma mental que llamamos nuestro sistema.

Al margen de esto sería conveniente observar que a esta Existencia se la denomina "Aquel de Quien nada puede decirse", no por ser un secreto o misterio, sino porque es imposible describir Su vida y propósito hasta no haber completado el período de evolución en nuestro sistema solar. Observen que digo nuestro sistema solar, no simplemente nuestra existencia planetaria. Especular sobre la Existencia, que a través de Su vida da forma a siete sistemas solares, es desperdiciar energía. En nuestro planeta, sólo las grandes vidas como las de Buda, los Kumaras y el Logos planetario, comienzan a percibir el impulso dinámico del gran Todo y, aún ellos, siendo apenas sensibles a Él, tampoco pueden concebir su tendencia, pues está más allá de la mente, del amor y de la voluntad. Pone en actividad factores para los cuales no tenemos términos, y también tendencias que aún no han sido ni remotamente imaginadas en nuestro planeta.

Hemos creado un término que lo aplicamos al éter. Hablando esotéricamente, ésta es la forma moderna de expresar "las aguas del espacio", es decir, las aguas del deseo, en las cuales estamos sumergidos. Están en constante flujo y reflujo, y es la corriente de vida, constituida por cuarenta y nueve tipos de energía, que fluye a través del loto egoico cósmico y (irradiando de éste) nutre con medido sustento a la forma -solar, planetaria o humana- de la cual es responsable. Esto está dilucidado en Tratado sobre Fuego Cósmico.

El hombre se halla sumergido en las fuerzas que son para él lo que las aguas del espacio para nuestro sistema solar. Descubre que al igual que nuestro sol y sus planetas-satélites, forman parte de un todo y, así como nuestro sistema es sólo uno de siete sistemas unidos para formar el cuerpo o expresión manifestada de una vida, así también el reino humano, del cual el hombre constituye una parte infinitesimal, es uno de los siete reinos. Éstas son las analogías de los siete sistemas solares en la vida del Logos planetario. Cuando el hombre empieza a percibir la vida del Logos solar, al expresarse a través de los siete esquemas planetarios, se habrá puesto en contacto con la conciencia del Logos planetario de nuestro esquema especial, el cual percibe parcialmente las vibraciones unidas de las vidas de los siete Logos solares.

Para precisar más esta analogía, diré que el mismo reino humano se halla en un estado de conciencia similar al de la unidad humana, mediante la fuerza subjetiva de su existencia, y desde el punto de vista de la conciencia provee "las aguas del espacio", en las cuales el ser humano se reproduce y crece. Repito, enfrentamos en el cuarto reino las expresiones de las mismas siete fuerzas, y a medida que el hombre reconoce los siete rayos o tipos, y empieza a trabajar conscientemente con ellos, da los primeros pasos para trascenderlos y controlarlos dentro de su campo de acción. Esto es lo que actualmente está aconteciendo. El conocimiento de los siete tipos de rayo está comenzando a penetrar en los pensadores de la raza, y este conocimiento fue, en épocas pasadas, prerrogativa de los iniciados de entonces. En la presentación astrológica está latente esta información, que conducirá a los discípulos a la comprensión y los pondrá en relación con los siete esquemas planetarios. Sin embargo, no se puede esperar un verdadero desarrollo de la astrología, hasta no estar realmente con nosotros la nueva era y no haberse realizado la nueva orientación.

La forma de la humanidad ya se ha completado. El objetivo de la Jerarquía es ubicarla correctamente dentro de la matriz de la materia, con sus consiguientes implicaciones. Observen estas palabras. La necesidad en esta época es muy grande, pues el alma de toda la humanidad está en proceso de nacer. Hablando cósmicamente, si se lograra ahora la correcta orientación de las fuerzas del reino humano, la humanidad manifestaría en la tierra un propósito, una belleza y una forma, expresiones plenas de una realidad interna espiritual, en concordancia con el propósito egoico. Se presiente que surgirán otras eventualidades, y por desgracia pueden acontecer, pero no las consideraremos porque los Hermanos observadores esperan y creen que los hombres trascenderán todas las eventualidades indeseables y alcanzarán la meta. Diré una palabra y haré una insinuación. La Jerarquía del planeta es simbólicamente el centro coronario de la humanidad, y sus fuerzas constituyen las fuerzas del cerebro. En el plano físico existe un gran grupo de aspirantes, discípulos probacionistas y discípulos aceptados, que tratan de responder al "centro coronario", algunos conscientemente y otros inconscientemente. Son extraídos de todos los campos de expresión, pero en una forma u otra todos son creadores. Constituyen a su vez lo que se podría denominar simbólicamente la "glándula pineal" de la humanidad. Así como en el individuo ésta se encuentra generalmente inactiva y dormida, de la misma manera, en la humanidad, este grupo de células en el cerebro del cuerpo colectivo está aletargado, pero sensible a las vibraciones del centro coronario, la Jerarquía oculta. Algunas de las células están despiertas, y deben intensificar su esfuerzo para despertar a otras. Los precursores de la familia humana, los científicos, los pensadores y los artistas, constituyen el cuerpo pituitario. Expresan la mente concreta, pero carecen de esa percepción intuitiva e idealismo, que los ubicaría (hablando en forma simbólica) en la glándula pineal; no obstante son inteligentes, expresivos e investigadores. El objetivo de la Jerarquía (también simbólicamente) es hacer tan potente la glándula pineal y por consiguiente ejercer tanta atracción, que las vidas celulares del cuerpo pituitario puedan ser estimuladas para lograr una estrecha interacción. Esto traerá como resultado una acción tan poderosa que hará afluir una corriente de nuevas células a la glándula pineal y, al mismo tiempo, se producirá una reacción tan fuerte que afectará a todo el cuerpo, trayendo como resultado la ascensión de numerosas vidas estimuladas, que ocuparán el lugar de aquellas que hallaron su camino hacia el centro del esfuerzo jerárquico.

Las "aguas del espacio", donde tiene lugar esta reorientación y reversión de tendencias, están en violenta agitación. El torbellino de deseos contradictorios en que se encuentran sumergidos los hombres es hoy caótico y tan poderoso, que las aguas están agitadas hasta sus mismas profundidades. Los estudiantes de la historia moderna y del orden social, enfrentan una situación sin precedentes, la cual corresponde, en el cuerpo colectivo de la humanidad, a los trastornos en la vida del aspirante, que preceden siempre la entrada en el sendero del discipulado. Por lo tanto, no hay razón para sentir depresión o indebida ansiedad, sino ardiente deseo de que la transición pueda efectuarse a su tiempo y en debido orden, y sin demasiada rapidez -lo cual sería destructivo para los correctos vínculos y asociaciones- ni tan prolongada que vaya más allá de la tensión que puede soportar la urdimbre de la humanidad, que ha sido puesta a pruebas excesivas. Las nuevas manifestaciones en todos los reinos y épocas, deben venir a la existencia lentamente y sin peligro. Las nuevas formas, si finalmente han de soportar el peso y tomar el impulso necesario que las conduzca a través de su ciclo de vida, deben ser construida en silenciosa subjetividad, para que la construcción sea fuerte y sólida, y el contacto interno con el creador (humano o divino) y la fiel adaptación al canon, puedan ser sustanciales e inquebrantables. Esto es verdad respecto a un universo, un reino de la naturaleza o una forma mental, creada por un pensador humano.

Todas las técnicas de construcción de formas son fundamentalmente las mismas, y las reglas y realizaciones pueden resumirse en los aforismos siguientes:

Que el creador se conozca como el constructor, y no como lo construido.

Que desista de ocuparse de la materia prima del plano físico y estudie el canon y los anteproyectos, actuando como agente de la Mente Divina.

Que utilice dos energías y trabaje con tres leyes. Las energías son: la energía dinámica del propósito, de acuerdo al Plan, y la energía magnética del deseo, que atrae a los constructores al centro del esfuerzo.

Que imperen estas tres leyes: la ley de limitación sintética, de interacción vibratoria y de precipitación activa. La primera se relaciona con la vida, la segunda con la construcción y la tercera produce la existencia manifestada.

Que se ocupe primero con los constructores externos, enviando su llamado a la periferia de su círculo de influencia.

Que ponga en movimiento las aguas de la sustancia viviente por medio de su idea e impulso, sometiendo a los constructores a su propósito y plan.

Que construya con juicio y destreza, conservando siempre el "sitial del director" y que no descienda para establecer íntimo contacto con su forma mental.

Que proyecte su forma, en tiempo y espacio, mediante la visualización, la meditación y la destreza en la acción, y produzca aquello que su voluntad ordena, su amor desea y su necesidad crea.

Que retire los constructores de la forma externa, y que los constructores internos de fuerza dinámica la impulsen a la manifestación. Mediante el ojo del creador estos constructores internos son llevados a una actividad funcionante dirigida. Por la palabra del creador fueron guiados los constructores externos. Por el oído del creador el volumen de la Palabra mayor vibra a través de las aguas del espacio.

Que recuerde el orden del trabajo creador. Las aguas del espacio responden a la palabra. Los constructores construyen. El cielo de creación termina y la forma es adecuada para manifestarse. Le sigue el cielo de actuación, y su duración depende de la potencia de los constructores internos, los cuales constituyen la forma subjetiva y trasmiten la vida vitalizadora.

Que recuerde que la cesación de la forma sobreviene al lograrse el propósito, o cuando la impotencia de la voluntad hace fracasar el funcionamiento durante el ciclo de ejecución.

Los estudiantes harían bien en estudiar estos ciclos de construcción creadora, ejecución y su consiguiente desintegración. Rigen tanto para un sistema solar y un ser humano, como para las formas mentales del pensador creador. El secreto de toda belleza reside en el correcto funcionamiento de estos ciclos. El secreto de todo éxito, en el plano físico, reside en la correcta comprensión de la ley y del orden. Para el aspirante, la meta de su esfuerzo es la correcta construcción de formas en materia mental, recordando que "como el hombre piensa, así es él", que el control de la sustancia mental y su utilización para pensar con claridad es esencial para el progreso.

Esto se demostrará en la organización de la vida externa, en el trabajo creador de cualquier índole -ya sea al escribir un libro, pintar un cuadro, dirigir un hogar, conducir un negocio, sólida y honestamente, salvar una vida o cumplir con exactitud el dharma externo, mientras que los ajustes internos prosiguen en el silencio del corazón.

Para el discípulo el trabajo se acrecienta. Debe comprender el plan y propósito grupales y no simplemente su propio problema espiritual e individual. Debe tener conformidad con el propósito de su ciclo y período de vida inmediatos y subordinar sus ideas y dharma personales al servicio y necesidad de ese ciclo. Debe adquirir conocimiento, fortaleza y coordinación entre el yo personal y el alma, de lo cual obtendrá la capacidad de construir formas y grupos organizados en el plano físico, y mantenerlos coherentemente unidos. Esto no lo hará mediante la fuerza de su propio carácter y equipo, sino porque éstos le permiten actuar como transmisor de las energías principales mayores de la vida y servir como colaborador eficiente en un plan, del cual sólo percibe un fragmento. Sin embargo, trabaja fielmente en la construcción de ese aspecto del gran plan, y el día que esta construcción haya finalizado y perciba la totalidad, se dará cuenta que ha construido fielmente según el diseño y de acuerdo a los anteproyectos contenidos en las mentes de los arquitectos (losHermanos Mayores), que a Su vez, están en contacto con la Mente de la Existencia una.

La aplicación práctica de estas verdades es de suma importancia. No existe vida tan limitada ni persona que por su situación no pueda empezar a trabajar inteligentemente y construir formas mentales, con comprensión de acuerdo a la ley. No hay día en la vida de un hombre, especialmente si es aspirante o discípulo, que no pueda trabajar con materia mental, controlar el uso de su pensamiento, observar el efecto de sus procesos mentales sobre aquellos con quienes se pone en contacto, y manejar en tal forma su materia mental o "chitta" (como la denomina Patanjali) para que él sea cada vez más útil.


LOS CENTROS, LAS ENERGÍAS Y LOS RAYOS

Esta regla puede ser estudiada en dos direcciones y así se obtendrán resultados de valor práctico. Se la puede estudiar desde el punto de vista del trabajo que realiza el alma, en relación con su instrumento, el ser humano, y también desde el ángulo del trabajo de organización y construcción de formas que el discípulo lleva a cabo en relación con su servicio a la Jerarquía.

Detrás de la forma externa de un ser humano, como sabemos, está el alma, responsable de su creación, sostenimiento y utilización. Detrás de toda actividad para el progreso de la evolución humana, como también de otros procesos evolutivos, se encuentra la Jerarquía. Ambos representan centros de energía; trabajan en forma creadora de acuerdo a la Ley; pasan de la actividad subjetiva a la manifestación objetiva, y responden (en la gran serie de vidas graduadas) a la vitalización y estímulo de los centros más elevados de energía. Algunos de los factores que el discípulo debe aprender a reconocer, a medida que transcurre su serie particular de vidas, se clasifica en dos grupos principales, cada uno somete su aspecto forma bajo siete tipos de energía o influencia.

En primer lugar tenemos el grupo de fuerzas que concierne estrictamente al aspecto forma, trabajo de los Constructores externos y factores predominantes, hasta llegar a la etapa del sendero de probación. Éstas son las fuerzas inherentes a la materia misma; se ocupan de la naturaleza corporal y podrían enumerarse de la manera siguiente:

1. Fuerzas físicas. Provienen de la vida de las células que constituyen el cuerpo. Esta vida celular responde a la vida celular del medio ambiente. No debe olvidarse que el esotérico ve siempre la correlación de los factores dentro de él mismo y los correspondientes factores en su medio circundante. Vivimos en un mundo de formas, las cuales están constituidas por vidas, y estas vidas tienen su propia influencia emanante y contribuyente. A su vez constan de tres grupos principales:

a. Esas emanaciones, que al surgir de las células mismas y depender de su cualidad, producen efectos buenos o malos, y densifican o refinan, elevan o rebajan, debido a su influencia, la vibración física del unido cuerpo celular. Como bien sabemos, el efecto físico que produce el hombre de naturaleza burda, bruta y animal, será distinto a los efectos refinados y embellecedores producidos por el contacto con un alma madura, actuando en un cuerpo culto, aseado, disciplinado y purificado.
b. Esas emanaciones, esencialmente físicas, responsables de esa afinidad química entre un cuerpo animal y otro, producen la atracción de los sexos. Es un aspecto del magnetismo animal y la respuesta de las células al llamado de otras células, actuando de acuerdo a la Ley de Atracción y Repulsión. Es compartida por el hombre y los animales, y siendo instintiva, está libre de toda reacción mental.
c. Esas fuerzas o emanaciones, respuesta de las células a los ritmos armónicos, dependen, por lo tanto, de que la célula posea algo de aquello a lo cual responde. Dichas emanaciones son aún poco comprendidas, pero se evidenciarán acrecentadamente a medida que avance la raza. Este tipo de fuerza es ese algo misterioso que permite al cuerpo físico, por ejemplo, reconocer como armónico o congénito al medio ambiente físico circundante. Es esa reacción indefinible que hace que dos seres humanos (aparte de toda atracción sexual, porque las personas del mismo sexo lo sienten mutuamente) tengan un efecto físico armónico entre sí. Esto, en el plano externo, es la base esotérica de toda relación grupal, y la comprensión de estas emanaciones permite que se lleve a cabo el aislamiento y la segregación de razas de acuerdo al gran plan evolutivo.

Estas tres podrían describirse como la cualidad de las fuerzas celulares que actúan totalmente en el plano físico, produciendo un tipo especial de cuerpo físico, la atracción magnética, entre dos cuerpos físicos, y los tipos raciales. Estos tres factores guían al Manu de la raza en la construcción de una nueva raza e impresiona con Sus ideas a los Constructores externos. También guían a un Maestro de Sabiduría cuando construye voluntariamente Su cuerpo físico, para efectuar Su trabajo en cualquier momento o lugar. Estas emanaciones, en la misma medida deberían ser parcialmente comprendidas por quienes tratan de formar organizaciones y grupos para un servicio activo en el mundo. El discípulo tendría que formularse la pregunta: ¿cuál debería ser la cualidad vibratoria de las células de ese cuerpo y de los individuos que lo componen? y ¿cuál la cualidad de su forma atractiva y del efecto magnético que tendrá en el mundo? ¿Qué posee el grupo que, mediante sus unidades colectivas, se pone en relación con otros grupos para armonizarse en sus relaciones con ellos? Éstos son interrogantes que merecen cuidadosa atención y debieran ser considerados por quienes forman grupos.

2. Fuerzas vitales. A menudo son consideradas por los materialistas como intangibles, y por lo tanto absolutamente inmateriales. Pero el esotérico considera el medio etérico como una forma o aspecto de materia y relativamente tangible como la forma objetiva externa. Para él el éter del espacio, cuyo término necesariamente incluye la forma etérica de todos los cuerpos, el cuerpo astral o emocional sensorio y el mental, formados por materia mental, son todos materiales y también la sustancia del aspecto forma de la vida. Para una correcta comprensión, debería observarse que la vida celular, a la que nos hemos referido anteriormente, está coordinada, influida y vitalizada por la corriente sanguínea, ese sistema complicado que compenetra todas las partes del cuerpo, responsable de su bienestar, lo cual demuestra de una manera aún no bien comprendida, el hecho de que la "sangre es la vida". La sangre es un aspecto de la energía, como lo es la savia en el reino vegetal.

El sistema nervioso simpático, maravilloso mecanismo de sensación, está íntimamente relacionado con el cuerpo emocional o astral. El contacto se produce por intermedio del plexo solar, así como la vitalidad, que rige la cualidad de la corriente sanguínea, efectúa su contacto mediante el corazón. En el corazón reside el centro de la existencia del plano físico. El sistema cerebro espinal funciona en estrecha relación con la sustancia mental, "chitta", razón por la cual debemos considerarlo como sigue:

1. La vida celular ..... corriente centro
sanguínea .... cardíaco .....glándula timo.

2. La vida sensoria..... sistema nervioso centro plexo
simpático ..... solar ..... páncreas.

3. La vida mental ..... sistema cerebro
espinal ..... centro ajna ..... cuerpo pituitario.

4. La vida vital ..... siete centros ..... bazo.


Esto, según vemos, rige las manifestaciones del cuaternario pero hay otros aspectos de la humanidad que se manifiestan mediante la forma objetiva, completan al hombre y constituyen los siete de su múltiple existencia objetiva.

5. Autocondiencia ..... cerebro centro
superior .....coronario .... glándula pineal

6. Autoexpresión ..... cerebro centro
inferior .....laríngeo ..... tiroides.

7. Autoperpetuación ..... órganos órganosde sexuales ..... centro sacro ..... eproducción.

8. Autoafirmación ..... el hombre centro en la base
entero ..... de la columna vertebral. ...renales.

Observarán que se han enumerado ocho factores, y es aquí donde se equivoca la mayoría de las escuelas. La denominación: “vida vital" es comprensible, pero debe recordarse que se relaciona totalmente con la vitalización física del hombre, mediante el aspecto inferior de los centros. Esta vida vital del universo de materia, penetra en el organismo humano a través del bazo.

Los centros tienen tres funciones principales:

Primero, vitalizar el cuerpo físico.
Segundo, desarrollar la autoconciencia en el hombre.
Tercero, trasmitir la energía espiritual e impulsar a hombre a un estado de existencia espiritual.

El hombre comparte el aspecto vitalidad con los animales y con todas las formas creadas, y la realización más importante de ese aspecto es su aptitud para moverse libremente en un mundo tridimensional. El aspecto autoconciencia es prerrogativa de la familia humana. Cuando el hombre haya evolucionado, cuando todas las partes de su sistema nervioso, su sistema endocrino y sus centros, estén coordinados y funcionen con ritmo armónico, entonces el aspecto superior, el espiritual, hará sentir su presencia. La energía espiritual y no simplemente la conciencia o energía sensible, afluye a través del hombre, el instrumento de la Vida divina y custodio de las fuerzas, que deben ser retenidas y utilizadas en beneficio de los otros reinos inferiores de la naturaleza.

La enumeración anterior podría disponerse en el orden siguiente. Esta clasificación representa al hombre tal como está destinado a ser, y no cómo es ahora, mientras lleva a cabo su progreso evolutivo.

1. Autoafirmación .....el cuaternario centro en la base
(pleno desarrollo) coordinado ..... de la columna
cerebral ..... renales.

2. Autoexpresión ..... cerebro centro
(trabajo creador) inferior ..... laríngeo ..... tiroides.

3. Vida ..... cerebro centro
autoconsciente superior ..... coronario ..... glándula pineal.
(personalidad)

4. Auto- ..... órganos glándulas
perpetuación sexuales ..... centro sacro ..... sexuales.

5. Vida mental ..... sistema cerebro
espinal ..... centro ajna ..... pituitaria.

6. Vida sensorial ..... sistema nervioso
simpático ..... plexo solar ..... páncreas.

7. Vida celular ..... corriente centro
sanguínea ..... cardíaco ..... corazón.


El octavo punto corresponde a la vida vital, que actúa a través de los siete centros y de todo un sistema de chakras menores y de los nadis (que sirven de base a los nervios y son el origen de su existencia, como lo son los centros para las glándulas), constituye el medio de muchas fuerzas y energías -algunas esencialmente físicas, otras relacionadas con el Ánima Mundi, el Alma del Mundo, y aún otras desconocidas, que recién harán sentir su presencia, posteriormente, en el programa evolutivo. Entonces expresarán la divinidad, la energía del Padre o el aspecto superior.

Debería observarse que la clasificación anterior representa un desenvolvimiento de segundo rayo, y que al referirse a la autorrealización corresponde al yo del hombre espiritual. El aspecto inferior de la vida vital de Dios es la perpetuación de la especie, resultado de la vivencia de la Vida encarnada. El siguiente aspecto expresa simplemente la etapa en que domina la conciencia del "yo" y ha alcanzado su consumación al integrarse la personalidad. Entonces sobreviene la expresión del yo interno, oculto por la personalidad mediante una actividad creadora de carácter intangible. Tenemos, finalmente, la afirmación o plena manifestación, de la naturaleza divina. Esto sólo puede ocurrir cuando se ha despertado el centro inferior de la columna vertebral, cuando la energía de la naturaleza material es elevada al cielo por un acto de voluntad, y cuando la naturaleza material, sensible o psíquica, y el aspecto existencia, se han unificado y comprendido. Reflexionen sobre estas palabras porque significan la consumación en lo que a la humanidad concierne.

El aforismo oculto: querer, saber, osar y callar, tiene un significado especial aún no revelado y sólo me es posible dar una simple indicación. Las personas que poseen conocimiento interno lo comprenderán de inmediato.

Querer. Esta palabra se relaciona con la última realización, cuando por un acto de la voluntad del alma, combinada con la del hombre inferior, se produce la unificación y la comprensión. Implica el centro en la base de la columna vertebral.
Saber. Esta palabra concierne al centro ajna, el centro entre las cejas. Hay una insinuación en la frase "Que la Madre conozca al Padre". Se relaciona con la boda en los Cielos.
Osar. Esta palabra da la clave de la subordinación de la personalidad, y tiene una íntima relación con el plexo solar, el gran centro de distribución del deseo y de las fuerzas astrales y el principal centro del trabajo de transmutación.
Callar. Esta palabra concierne a la transmutación de la energía inferior creadora, en la vida superior creadora. El centro sacro debe permanecer en silencio.

Se podrá observar que para el discípulo son de suma importancia los centros siguientes:

1. El centro ajna, a través del cual se expresa la personalidad purificada.
2. El centro en la base de la columna vertebral, mediante el cual se obtiene completo y absoluto control y coordinación, a través del despertar del fuego purificador.
3. El centro sacro, donde la fuerza fundamental de nuestro sistema solar específico, la fuerza de atracción de una forma a otra, es trasmutada, y la fuerza atractiva del alma ocupa el lugar de la actividad material, creadora y reproductora.
4. El centro plexo solar, situado en el medio del cuerpo, por ser el órgano del cuerpo astral y del psiquismo inferior, reúne todas las fuerzas inferiores y -impulsado por el alma- las dirige nuevamente hacia sus custodios superiores.

Comprendo que esta enseñanza es tan profunda como abstracta, pero necesaria para algunos, y ellos aumentarán a medida que pasa el tiempo.

La complejidad del tema se acrecienta también por el hecho de que la enseñanza de cada rayo contiene un acercamiento y método diferentes para cada una de esas almas que responden a su impulso característico.

Aquí doy las siete claves para cada método de rayo. Se pueden estudiar en relación con las anteriores clasificaciones y en conexión con las cuatro palabras consideradas. Debe recordarse que "querer" es prerrogativa del espíritu, "saber" es función del alma, "osar" es el deber de la personalidad y "callar" es el dharma final o destino del aspecto materia, la naturaleza animal en su interacción con el alma.

Primer Rayo: -"Que se reúnan las Fuerzas. Que asciendan al Lugar Elevado, y desde esa cima, que el alma contemple un mundo destruido. Entonces que surjan las palabras: ¡«Yo persisto»!".

Segundo Rayo: -"Que sea atraída toda la vida al Centro, y penetre así en el Corazón del Amor divino. Entonces, desde ese punto de Vida sensible, que el alma reconozca la conciencia de Dios. Que surjan las palabras, resonando a través del silencio: ¡«Nada existe sino Yo»!”.

Tercer Rayo: -“Que las Huestes del Señor, sensibles a la palabra, cesen sus actividades. Que el conocimiento termine en sabiduría. Que el punto vibrante llegue a ser el punto pasivo y que todas las líneas se conviertan en Una. Que el alma reconozca el Uno en los Muchos, y que surjan las palabras con perfecta comprensión: «Yo soy el Trabajador y el Trabajo, el Uno que Es»".

Cuarto Rayo: -"Que la gloria externa desaparezca y la belleza de la Luz interna revele al Uno. Que la disonancia se convierta en armonía, y desde el centro de la Luz oculta, que hable el alma: Que resuene la palabra: «La Belleza y la gloria no Me velan. Permanezco revelado. Yo soy»”.

Quinto Rayo: -"Que las tres formas de energía eléctrica asciendan al Lugar de Poder. Que se mezclen las fuerzas de la cabeza, del corazón y de todos los aspectos inferiores. Que entonces el alma contemple un mundo interno de divina luz. Que surja la palabra triunfante: «Yo dominé la energía porque Soy la Energía Misma. El que domina y el dominado son Uno»”.

Sexto Rayo: -“Que cese todo deseo. Que la aspiración termine. La búsqueda ha terminado. Que el alma comprenda que ha alcanzado su objetivo, y desde ese portal que da a la Vida eterna y a la Paz cósmica, que resuene la Palabra: «¡Yo soy el buscador y el buscado. Yo descanso!»”.

Séptimo Rayo: -“Que los constructores cesen su trabajo. El Templo está terminado. Que el alma tome posesión de su herencia y desde el Santo Lugar ordene cesar todo trabajo. Que entonces en el silencio, entone la Palabra: «El trabajo creador ha finalizado. Yo Soy el Creador. Nada queda sino Yo»".

Las fuerzas vitales que atraviesan simplemente la envoltura externa del éter del espacio, en constante movimiento, son de muchos tipos. Uno de los conceptos, detrás de las teorías astrológicas, es que el cuerpo etérico de determinada forma constituye parte del cuerpo etérico del sistema solar y, por consiguiente, es el medio para la transmisión de las energías solares, las fuerzas planetarias y los impulsos extrasolares o cósmicos, llamados esotéricamente "alientos". Estas fuerzas y energías de los rayos cósmicos circulan constantemente, siguen senderos definidos, que a través del éter del espacio existen en todas partes, y atraviesan por lo tanto constantemente los cuerpos etéricos de toda forma exotérica. Ésta es una verdad fundamental y debe tenerse muy presente, porque son muchas y variadas sus implicaciones, pero todas conducen nuevamente a la idea de unidad, y a la unicidad de toda la manifestación, que se conocerá y comprenderá únicamente en el aspecto subjetivo.

La segunda idea fundamental es que la respuesta del vehículo etérico de todas las formas y su capacidad de apropiación, utilización y transmisión, depende de la condición de los centros, los chacras, según se los denomina en Oriente. Éstos incluyen no sólo los muy conocidos siete centros mayores, sino numerosos vórtices menores de fuerza, aún innominados y desconocidos en Occidente. Dependen además de la cualidad del vehículo etérico, de su vitalidad y también de la red entrelazada donde los centros tienen su lugar, llamada "red" o "cuenco dorado". Cuando está libre de impedimentos y sedimentos y sus canales no están obstruidos, entonces los rayos, las energías y las fuerzas, pueden fácilmente circular libremente por todo el cuerpo. Entonces les es posible utilizar esos centros que responden a sus vibraciones y trasferirlos a otras formas, a otros reinos o al mismo reino de la naturaleza. Aquí reside el secreto de toda curación científica y esotérica. Los sanadores experimentan con el cuerpo etérico, pero han adquirido escasos conocimientos. Poco o nada saben de los centros de su propio cuerpo, por donde las corrientes magnéticas o de otro tipo, deben fluir; ignoran la condición de los centros etéricos de las personas a quienes tratan de curar y la naturaleza de las fuerzas que desean emplear. Todo lo que pueden hacer es disciplinar sus vidas y controlar sus apetitos, para construir un cuerpo purificado y proveer canales libres para dar paso a las fuerzas a través de ellos y de allí a otros.

El tercer concepto a observarse es que, hasta ahora, las formas responden principalmente a las fuerzas que les llegan desde otras formas del planeta y también a las de los siete tipos básicos de energía que emana de los siete planetas, y además desde el rayo solar dador de vida. Las formas de los cuatro reinos responden a estas numerosas fuerzas, a estas siete energías y al rayo mencionado. También la familia humana responde a otras energías y rayos solares -sin embargo todos están matizados por la fuerza generada dentro del "círculo infranqueable" solar.

El trabajo del esoterista y del aspirante, es llegar a comprender estas fuerzas y aprender así su naturaleza y empleo, potencia y grado de vibración. Además debe aprender a reconocer su origen y a distinguir entre fuerzas, energías y rayos. El principiante puede hacer una clara diferenciación entre fuerzas y energías, reconociendo el hecho de que las personalidades nos afectan por medio de la fuerza que emana de su aspecto forma, pero estas mismas personalidades purificadas y alineadas, pueden ser transmisoras de las energías del alma.

Hablando en forma general, el trabajo del reino humano consiste en trasmitir energía a los reinos inferiores de la naturaleza, mientras que el de la Jerarquía, en su relación con el reino humano, es trasmitir energía desde el reino espiritual, otros centros planetarios y el sistema solar. Cuando se amortiguan estas energías para ser trasmitidas se diferencian en fuerzas.

Los estudiantes no deben confundirse con la complejidad del tema, sino aprender ciertas amplias generalizaciones y recordar que, a medida que extraen de la omniciencia del alma, ocupará paulatinamente su lugar el conocimiento más detallado.

Los otros tipos de energía que conciernen a los dos primeros grupos principales, con los cuales tiene que ver el aspirante, se relacionan totalmente con el aspecto forma. El tercer grupo y los siguientes, son:

3. Energía astral.
4. Energía de la mente concreta inferior, materia mental o "chitta".
5. Energía de la personalidad.
6. Energía planetaria.
7. Energía solar o Aliento de Vida.

Éstos se pueden subdividir de la manera siguiente:

3. Energía astral. Que emana de:
a. El cuerpo astral o sensible, del hombre mismo.
b. La familia humana como un todo.
c. El plano astral, en amplio sentido.
d. El "corazón del Sol”.

4. Energía mental. Que emana de:
a. La materia mental individual o "chitta”.
b. La mentalidad de:
1. Toda la familia humana.
2. La raza particular a la que pertenece el hombre.
c. El entero plano mental.
d. La mente universal.

5. Energía de la personalidad. Que emana de:
a. La forma coordinada del hombre.
b. Los seres humanos avanzados, los personajes que se destacan.
c. Los grupos, a saber:
1. La Jerarquía del planeta. Subjetivo.
2. El grupo integrante de Místicos. Objetivo.

6. Energía planetaria. Que emana de:
a. Los siete planetas. Ésta es la base de la práctica astrológica.
b. La Tierra.
c. La Luna.

7. Energía solar. Que emana de:
a. El Sol físico.
b. El Sol, actuando como transmisor de los rayos cósmicos.


LA ENERGÍA ASTRAL Y EL TEMOR

El tema a considerarse es de aplicación sumamente práctica, por tratarse del cuerpo astral -cuerpo en que el hombre está más polarizado y del que es más potentemente consciente. En realidad el cuerpo etérico está bajo el umbral de la conciencia. Los seres humanos son inconscientes del paso de las fuerzas a través de este vehículo, pero se acercan más a su reconocimiento cuando hablan en términos de vitalidad o carencia de ella. El cuerpo físico hace sentir su presencia cuando algo anda mal o desea satisfacer uno de sus apetitos. Sin embargo, la situación cambia respecto al cuerpo astral, porque es el vehículo de experiencia para la mayoría, y la mayoría pasa gran parte de su vida consciente, registrando las reacciones de dicho cuerpo y vibrando entre dos polos, la felicidad y el sufrimiento, la satisfacción y el descontento, la seguridad y la duda, el valor y el temor. En verdad esto significa que la fuerza inherente y la vida del vehículo emocional sensorio rigen la expresión de la vida y moldean la experiencia del alma encarnada. Por lo tanto, es de valor comprender algo respecto a estas fuerzas, de dónde proceden y cómo actúan y reaccionan en el hombre. Allí está su campo de batalla y también su campo de victoria.

Para comenzar conviene tener presente que toda energía astral es parte de la energía astral del sistema solar y que, por consiguiente:

1. El cuerpo sensorio de un ser humano es un átomo de sustancia en el cuerpo sensorio del Logos planetario.
2. El cuerpo sensorio (término que prefiero al de astral, y que continuaré empleando) del Logos planetario, es un aspecto -no un átomo- del cuerpo sensorio del Logos solar,
3. Éste a su vez es un canal para las fuerzas sensorias que emanan de grandes centros de energía totalmente fuera de nuestro sistema solar y bajo su influencia.

Si se tiene presente lo anterior, se evidenciará que el hombre, por ser sólo un diminuto fragmento de una totalidad mayor, que a su vez está incorporada a un vehículo aún más vasto, es el campo donde se encuentran fuerzas mayores y más diversificadas de lo que su cerebro puede reconocer. De allí la complejidad de su problema y todas las posibilidades que surgen de esas expansiones de conciencia que llamamos iniciación. Toda corriente de energía que pasa por su cuerpo de deseos y reacción sensoria, es sólo un sendero que lo conduce a contactos y conocimientos cada vez más amplios. Ello constituye también una protección para la mayoría de los seres humanos, debido a que poseen aún un mecanismo inadecuado para el registro y la impresión de ese sinnúmero de posibilidades que ofrecen los canales de la comprensión. Hasta no estar el mecanismo mental suficientemente despierto y controlado, no le será posible al hombre interpretar y utilizar correctamente la información que su cuerpo sensible de respuesta podría trasmitirle, y afortunadamente aún no lo hace.

Aparte de la constante circulación, a través de su cuerpo astral, de energías planetarias, solares y cósmicas, todo ser humano ha extraído del gran Todo mayor la energía astral necesaria para construir su cuerpo astral individual separado, que responde a su nota específica, matizado por su cualidad particular y, limitado o no, de acuerdo al punto alcanzado en la etapa de evolución.

Esto constituye su “círculo infranqueable" astral, que define los límites de su respuesta emotiva a la experiencia de la vida, e incorpora a su cualidad la amplitud de su vida de deseo, pero al mismo tiempo es capaz de una enorme expansión, desarrollo, ajuste y control, por el impulso del cuerpo mental y del alma. También está sujeto a la actividad vibratoria, como resultado de la interacción entre el "círculo" y la experiencia de la vida en el plano físico; así se pone en movimiento la gran rueda de la experiencia que persistirá hasta ser conocidas y comprendidas las cuatro Nobles Verdades del Buda.

Este cuerpo astral contiene en sí la contraparte de los centros etéricos, o laya, y a través de ellos las fuerzas y energías tratadas anteriormente pasan al cuerpo etérico. Estos centros llevan, a cada parte del organismo astral, energías de los siete planetas y del sol, poniendo así al hombre en relación con todas las partes del sistema solar, y dando por resultado la determinación del destino del hombre, hasta el momento en que se da cuenta de su herencia inmortal y llega a ser sensible a las fuerzas que hasta ahora la mayoría no conoce. Dichas fuerzas emanan de la forma. Ésta es la razón por la cual un horóscopo frecuentemente es exacto en su pronóstico para quienes no han evolucionado ni están aún despiertos, siendo completamente erróneo y falso respecto al hombre altamente evolucionado. El hombre, en su conjunto, es producto de su cuerpo de deseos. Después, "como el hombre piensa, así es él". El cuerpo astral con sus anhelos, apetitos, modalidades, sentimientos y vehementes deseos, moldea el cuerpo físico mediante las fuerzas atractivas que fluyen a través de él, y lo llevan infaliblemente a satisfacer sus deseos. Si los apetitos de la naturaleza sensoria son predominantemente animales en su objetivo, tenemos al hombre de fuertes apetitos, dedicando su vida a satisfacerlos. Si sus deseos son de bienestar y felicidad, tenemos a un hombre sensual, amante de la belleza y las diversiones, regido casi completamente por el egoísmo. Lo mismo sucede con los innumerables tipos de deseo, buenos, malos y comunes, hasta tener lugar esa reorientación que reenfoca en tal forma las energías astrales, que las encamina hacia otra dirección. Así el deseo se convierte en aspiración y el hombre se libera de la rueda de nacimientos y de la necesidad de reencarnar. Entonces, el horóscopo, tal como se lo conoce, resultará fútil, falso e inútil, y la frase empleada comúnmente, aunque errónea, "el horóscopo del ego o alma" carece de sentido. El alma no tiene un destino individual, sino que está sumergida en el Uno. Su destino es el del grupo y el del Todo, su deseo es la elaboración del gran Plan, y su voluntad, la glorificación del Logos encarnado.

Quisiera sugerir a los estudiantes que procuren leer, si es posible, La Ciencia de las Emociones, de Bhagavan Das. Es un buen tratado sobre los cuerpos astral y sensorio y trata de los factores que conciernen más de cerca al aspirante, a medida que enfrenta el problema de comprender y controlar su naturaleza emocional, dominar la técnica del desarrollo, reorientarse hacia una experiencia más amplia y prepararse para las pruebas y expansiones de la segunda iniciación mayor -la del bautismo, hasta entrar finalmente en la corriente. Metafóricamente hablando, la experiencia que tiene por delante en el sendero, está descripta en las siguientes frases esotéricas:

"Cuando la corriente entra en el Río de la Vida, su paso puede ser visto durante un breve instante, luego se pierde. Cuando las corrientes de la vida sensoria se encuentran donde el río circunda la base maciza de la montaña, entonces es vista una sola y vasta corriente que fluye hacia el norte."

Es evidente esta simbología, y también se la puede aplicar para representar la afluencia de las dos corrientes -Ida y Pingala- y su fusión en el río de la energía que asciende hacia la cabeza. Allí está el lugar de encuentro, y también el sacrificio consumado en el Monte del Gólgota (el lugar de la calavera).

Al considerar el cuerpo sensorio de un ser humano, probablemente será de mayor utilidad si lo hago en términos de temperamento y expresiones comunes, porque sólo al tratar sus efectos y procurar dominarlos, el hombre llega al conocimiento de sí mismo y se convierte en Maestro. Las manifestaciones más comunes de la actividad astral son:

I. Temor.
II. Depresión o su polo opuesto, regocijo.
III. Deseo de satisfacer los apetitos animales.
IV. Deseo de felicidad.
V. Deseo de liberación. Aspiración.

Éstas resumen prácticamente la mayoría de las experiencias sensorias del hombre, y las consideraremos cada una desde los siguientes ángulos:

1. La causa.
2. El efecto.
3. El método de dirección.

Observarán que digo "método de dirección", no método de control. Los aspirantes deben comprender que trabajan con las fuerzas y dentro de ellas, y que la actividad correcta o errónea del plano físico se debe simplemente a una buena o mala dirección de las corrientes de fuerza, y no a algo bueno o malo de las energías mismas.

I. Temor. Es una de las manifestaciones más comunes de la energía astral, y se la enumera primero porque constituye, para la mayoría, el Morador en el Umbral y, en último análisis, el mal astral básico. Todo ser humano conoce el temor; el alcance de las vibraciones del temor abarca desde los temores instintivos del hombre salvaje, basados en su ignorancia de las leyes y fuerzas de la naturaleza, y en su terror a la oscuridad y a lo desconocido, hasta los temores, tan prevalecientes hoy, de perder a los seres queridos, los amigos, la salud, la riqueza, el dinero, la popularidad, y así sucesivamente hasta los últimos temores del aspirante -temor al fracaso, temor arraigado en la duda, o al último rechazo o aniquilamiento, temor a la muerte (que comparte igualmente con toda la humanidad), temor a la gran ilusión del plano astral, a la fantasmagoría de la vida misma y además temor a la soledad en el sendero, hasta temer al temor mismo. Esta lista podría extenderse, pero es suficiente para indicar la prevalencia de toda índole de temores. Dominan la mayoría de las situaciones y oscurecen muchos momentos felices. Reducen al hombre a un tímido y atemorizado átomo de vida sensoria, atemorizado ante los enormes problemas de la existencia, consciente de su insuficiencia como hombre para resolver todas las situaciones, e incapaz de abandonar sus temores y dudas y heredar la libertad y la vida. A menudo está tan embargado por el temor, que hasta teme perder la razón. Nunca podrá ser suficientemente descrito este panorama sombrío, porque el temor es la energía astral que predomina en la actualidad, y la sensible humanidad sucumbe demasiado fácilmente a él.

Se preguntarán: ¿Cuáles son las causas fundamentales del temor? Esta pregunta, si la llevamos retrospectivamente hasta los orígenes de la historia esotérica del sistema solar, no tiene respuesta inteligible. Sólo el iniciado avanzado puede comprenderla. El temor tiene sus raíces en la trama y urdimbre de la materia misma, y es por excelencia la formulación o efecto del principio mente y resultado de la actividad mental. El hecho de que las aves y los animales conozcan el temor, ubica el tema sobre una base más amplia que si sólo se tratara simplemente de la debilidad humana y el resultado de la actividad del funcionamiento de la mente humana. No es algo que proviene del poder de razonar del hombre, pero si empleara su razón en forma correcta podría eliminar el temor. Reside en lo que se denomina mal cósmico -frase altisonante, pero que nada dice. Es inherente a la realidad de la materia y a la acción de los pares de opuestos -alma y materia. Las almas sensorias de los animales y de los hombres se dan cuenta subconscientemente de factores tales como:

1. La inmensidad y, por lo tanto, la sentida opresión que ejerce el Todo.
2. La presión de otras vidas y existencias.
3. La actuación inexorable de la ley.
4. La sensación de aprisionamiento, limitación y su consiguiente incapacidad.

En estos factores, que surgen del mismo proceso manifestado, y persisten y aumentan en potencia durante épocas, residen las causas de todo el temor moderno y la base de todo terror, primordialmente el estrictamente psicólogo y no sólo el temor instintivo del animal.

No tendría ninguna utilidad concretar la cuestión con mayor claridad. ¿De qué sirve decir que el temor es una cualidad del mal (o sea de la materia), que colora fundamentalmente o caracteriza al cuerpo sensorio o astral de nuestro Logos planetario? ¿Qué se obtendría si explicara el problema de esa gran Vida en Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, a medida que Él, en Su propio plano cósmico, busca la liberación y encara Sus propias pruebas y experiencias peculiares? ¿Qué palabras adecuadas existen para describir la lucha cósmica entre esas Vidas de conciencias tan impersonales y excelsas, que las palabras “suyo, él o prueba” son irrisorias y no dan a entender ningún aspecto de la verdad ni de la realidad? El mal cósmico, la progresión cósmica o los problemas cósmicos, pueden muy bien dejarse para esa lejana época en que los aspirantes hayan recibido la tercera iniciación, perdido el sentido de separatividad y -identificados con el aspecto Vida y no con el aspecto forma- puedan penetrar hasta cierto punto en el estado de conciencia de nuestro Logos planetario, percibir Su destino y tener una visión fugaz de la maravilla de la consumación.

En consecuencia, limitemos nuestra atención al hombre y muy especialmente al hombre común, y veamos de dónde proceden las oleadas de temor que constantemente lo arrastran:

1. Temor a la muerte. Está basado en:

a. El terror, en el proceso final del desgarramiento en el acto de la muerte.
b. El horror a lo desconocido y a lo indefinido.
c. La duda respecto a la inmortalidad.
d. El pesar por tener que abandonar a los seres queridos o ser abandonado por ellos.
e. Las antiguas reacciones a las pasadas muertes violentas, arraigadas profundamente en el subconsciente.
f. El aferrarse a la vida de la forma, por estar principalmente identificados con ella en la conciencia.
g. Las viejas y erróneas enseñanzas referentes al cielo y al infierno, siendo ambas, perspectivas desagradables para cierto tipo de personas.

Como conozco el tema, tanto por la experiencia en el mundo externo como por la expresión de la vida interna, diré que: La muerte no existe. Como bien saben, hay una entrada en una vida más plena. Hay liberación de los obstáculos del vehículo carnal. El tan temido proceso de desgarramiento no existe, excepto en los casos de muerte violenta o repentina, entonces lo único desagradable es la sensación instantánea y abrumadora de peligro y destrucción inminentes, y algo que se parece a un shock eléctrico. Nada más. Para los no evolucionados, la muerte es un sueño y un olvido, porque la mente no está bastante despierta para reaccionar, y el archivo de la memoria está prácticamente vacío. Para el ciudadano común y bueno, la muerte es la continuidad en su conciencia del proceso de la vida, y lleva a cabo los intereses y tendencias de esa vida. Su conciencia y sentido de percepción son los mismos e invariables. No percibe mucha diferencia, está bien cuidado, y a menudo no se da cuenta que ha pasado por la muerte. Para el perverso y cruel egoísta, el criminal y esos pocos que viven únicamente para el aspecto material, se produce esa situación denominada "atados a la tierra". Los vínculos que han forjado con la tierra, y la atracción hacia ella, de todos sus deseos, los obliga a permanecer cerca de la misma y de su último medio ambiente terreno. Tratan desesperadamente por todos los medios posibles, de ponerse en contacto y volver a penetrar en él. En contados casos, un gran amor personal por quienes han dejado, o el incumplimiento de un deber reconocido y urgente, mantienen a quienes poseen bondad y belleza, en semejante situación. Para el aspirante, la muerte es la entrada inmediata en una esfera de servicio y de expresión a que está muy acostumbrado, percibiendo enseguida que no es nueva. En las horas de sueño ha desarrollado un campo de servicio activo y de aprendizaje. Ahora sencillamente funciona en él durante las veinticuatro horas (hablando en términos de tiempo del plano físico) en vez de las breves horas de sueño en la tierra.

A medida que pasa el tiempo y antes de finalizar el próximo siglo, se comprobará que la muerte no existe tal como se la comprende ahora. La continuidad de conciencia será tan ampliamente desarrollada y tantos hombres de tipo elevado actuarán simultáneamente en ambos mundos, que el antiguo temor desaparecerá y el intercambio entre el plano astral y el físico estará firmemente establecido y científicamente controlado, llegando a su fin, felizmente, la actuación de los médium de trance. La común y vulgar mediumnidad y las materializaciones controladas por los guías indios, son perversiones del intercambio entre los dos planos, como lo son las perversiones sexuales y la distorsión de la verdadera relación entre los sexos. No me refiero aquí al trabajo de los clarividentes por pobre que sea, ni a la posesión del cuerpo por entidades de alta calidad sino a los fenómenos desagradables de materialización, ectoplasma y al trabajo ciego e ignorante efectuado por antiguos y degenerados atlantes y almas aferradas a la tierra, tales como los guías comunes y el cacique indio. No hay nada que aprender de ellos, pero sí mucho que evitar. El reinado del temor a la muerte casi ha terminado, y entraremos pronto en un período de conocimiento y seguridad, que socavará la base de todos nuestros temores. Respecto al temor a la muerte, poco puede hacerse, excepto elevar el tema a un nivel más científico y, en este sentido, enseñar a las personas a morir. Existe una técnica de morir, así como existe una de vivir, pero se ha perdido en gran parte en Occidente y casi en Oriente, excepto en algunas agrupaciones en Oriente formadas por Conocedores. Quizás consideremos esto más adelante, y la idea de encarar este tema puede permanecer en la mente de los estudiantes que lo leen, y probablemente al estudiar, leer y pensar, quizás obtengan material de interés para ser recopilado y publicado.

2. Temor al futuro. Este es un temor que todavía demuestra una creciente tendencia a desarrollarse y causará mucha angustia en el mundo, antes de ser eliminado. Surge de tres facultades humanas:

a. Los hábitos de pensar, instintivos y psicólogos, profundamente arraigados en la naturaleza animal, y que se remontan al instinto primordial de autoconservación. Sin embargo, las razas primitivas tienen poco de esto. El estado mental que ve el futuro con anticipación es una característica predominantemente humana, siendo ese germen de la facultad imaginativa, ligado a los procesos mentales que, finalmente, se fusionarán en la meditación intuitiva, además de la visualización, verdadera base de todo trabajo creador. Por ahora es una amenaza y un obstáculo. Antiguos sufrimientos, recuerdos espantosos, tormentos obsesores, hondamente asentados en el subconsciente, surgen con frecuencia a la superficie y provocan una situación de temor y aflicción que ningún razonamiento es capaz de aquietar. Las facilidades de los medios de comunicación ponen a todo el mundo en relación con las tragedias, dolores y sufrimientos de sus hermanos, a miles de kilómetros de distancia. La catástrofe económica de la época actual ha producido una condición de terror colectivo, y cuanto más sensible es el individuo, mayor es su reacción a este estado mental. Por lo tanto, el temor al futuro es una mezcla dolorosa de recuerdo instintivo e imaginación premonitoria, y pocos escapan a esta amenaza. La preocupación y la ansiedad constituyen el destino de todo hombre, y no pueden ser ni serán contrarrestadas ni vencidas por ningún factor inferior al alma.

b. Los destellos de previsión, emanados del alma que mora en la conciencia del Eterno Ahora. Cuando se establece firmemente contacto con el alma y se estabiliza en el cerebro la conciencia del Conocedor, la previsión no nos causará terror. Entonces se verá el panorama en su totalidad, no como una vislumbre pasajera y fragmentaria, como sucede ahora. Aquí nuevamente el remedio es el mismo: el establecimiento de relaciones tan estrechas entre el alma y el cerebro, por medio de la mente entrenada y controlada, que la causa y el efecto se verán como uno y se podrán dar los pasos apropiados para solucionar las situaciones correctamente y en forma más ventajosa. La previsión raras veces anuncia felicidad, y la razón no hay que buscarla muy lejos. La raza se encuentra en el punto en que el hijo pródigo es consciente de la vacuidad y futilidad de la vida terrena, pues está ya preparado para considerar cuidadosamente el mensaje del Buda, debido a que durante siglos ha sido asolado por la guerra y el hambre, el deseo y la lucha económica. El panorama que tiene por delante parece ser desastroso y amenazador.

Sin embargo, si los hombres llevaran el concepto de la hermandad, con todas sus implicaciones, a la vida y al trabajo diarios, a las interrelaciones entre el capitalista y el obrero, el político y el pueblo, una nación y otra o una raza y otra, se obtendría esa paz en la tierra que nadie podría derribar. ¡Una regla tan sencilla y sin embargo tan lejos de la comprensión de la mayoría!

c. Un conglomerado, de sufrimientos y temores de otras personas pueden afectar a un individuo, sin que nada tengan que ver con él. Es muy posible que un individuo capte el temor que domina a otras personas, aunque no tema a nada. Se identifica tanto con los presentimientos de futuros desastres, que los interpreta en términos de su propia y futura experiencia. Es incapaz de desligarse de sus reacciones, y absorbe tanto veneno en sus auras mental y emocional, que lo arrastran a un torbellino de temor y terror. Sin embargo, debe saber que el futuro no oculta para él ningún desastre. Está simplemente bajo una ilusión, pero el efecto sobre su cuerpo astral y plexo solar es el mismo. Desgraciadamente esto ocurre en la actualidad, donde hay miles de almas sensibles que tienen aspiraciones, inexpertas en el manejo del karma mundial, abiertas al sufrimiento de los demás e incapaces de distinguir entre su propio destino y el ajeno, en su medio ambiente y en el futuro inmediato.

También es posible, para aquellos aspirantes más avanzados y quienes están en el sendero del discipulado, hacer contacto en el plano astral con antiguas vibraciones del mal y del dolor -males acontecidos y desaparecidos hace mucho tiempo; posiblemente puedan leer una pequeña fracción de los archivos akáshicos que conciernen a los futuros sufrimientos de un individuo o grupo, que probablemente no los verán cumplirse, no obstante adjudicarse para sí la información recibida, sufriendo las consecuencias.

3. Temor al dolor físico. En algunas personas este temor es la causa fundamental de todas sus ansiedades, aunque no lo reconozcan. En realidad es el resultado de los tres temores anteriores, de la presión ejercida sobre su cuerpo astral y de la tensión provocada por la imaginación y el raciocinio, en el sistema nervioso físico. El sistema nervioso llega a ser excesivamente sensible y puede producir intensos sufrimientos físicos. Las enfermedades y achaques, que para las personas comunes y flemáticas tienen importancia vital, se agravan hasta convertirse en verdadera agonía. Quienes cuidan de los enfermos deben reconocerlo y dar los pasos necesarios para aliviar la condición física mediante el empleo de sedantes y analgésicos, a fin de que no haya indebida tensión sobre el sistema nervioso, excesivamente forzado.

Me preguntarán si apruebo el empleo del éter, el cloroformo y las drogas sedantes, en las operaciones. Diré que como principio no, pero provisionalmente sí. Cuando el hombre haya hecho un firme contacto con su alma y desarrollado la facultad de entrar y salir a voluntad de su cuerpo físico, no será necesaria la ayuda de sedantes. Mientras tanto pueden considerarse como medidas de emergencia, necesarias para el karma mundial y el punto de evolución de la raza. Naturalmente que no me refiero al uso de narcóticos y drogas, por las personas desequilibradas e histéricas, sino al empleo sensato de lenitivos bajo la inteligente dirección de un facultativo.

4. Temor al fracaso. Afecta a la mayoría de las personas por muchas causas. El temor de no poder cumplir y de no lograr el amor y la admiración de los seres queridos, el temor al desprecio de otros y a que lo conceptúen inferior, y el temor de no ver ni aprovechar la oportunidad, son todos aspectos del complejo del temor que colora las vidas de tantas personas dignas. Puede estar basado en un medio ambiente desagradable e incomprensivo, en un instrumento inadecuado para la tarea, y muchas veces tiene su origen en el hecho de que el hombre es un discípulo o un alma elevada, ya preparada para hollar el sendero de probación.

Ha obtenido un leve contacto con su alma; ha percibido la visión y sus posibilidades; observa su personalidad, y la compara con el trabajo que debe realizar y la calidad de las personas con quienes se ha puesto en contacto, dando por resultado un complejo de inferioridad extremadamente fuerte, debido a que es nutrido por el descenso de verdaderas corrientes de fuerzas. Como sabemos, la energía sigue al pensamiento y está matizada por la calidad del pensamiento. El hombre analiza con desagrado su personalidad, nutriendo las mismas cosas que deplora y haciéndose más inadecuado para la tarea. Es el círculo vicioso del esfuerzo, pero debe ser contrarrestado por la plena comprensión de la verdad contenida en las palabras: "Como el hombre piensa, así es él". A medida que reflexiona sobre la naturaleza de su alma omnisciente, se hace a semejanza de esa alma. Su pensamiento está enfocado en la conciencia del alma y se convierte en esa alma en manifestación, por intermedio de la personalidad.

Esto sólo es un breve resumen de los principales temores que afligen a la humanidad, y únicamente sirve para entrar en tema y tener la oportunidad de hacer unas pocas sugerencias prácticas.

II. Depresión y su polo opuesto, el regocijo. Cuando tocamos el tema de la depresión, tratamos algo tan difundido que muy pocos escapan a sus ataques. Es como un miasma, una niebla que cubre al hombre y le imposibilita ver con claridad, caminar con seguridad y conocer la realidad. Es parte de la gran ilusión astral, y si esto es comprendido, resultará evidente por qué existe la depresión y por qué su causa es astral o física, e incidental a una situación mundial o personal. Por lo tanto, estudiaremos la depresión en los individuos y buscaremos sus causas:

1. El espejismo mundial que arrastra a las profundidades de la reacción mundial a la unidad aislada, la cual está libre de esas condiciones individuales que producen depresión. Este espejismo mundial con sus resultados desvitalizadores y deprimentes, tiene sus raíces en diversos factores, que sólo describiré brevemente:

a. Los factores astrológicos que afectan al horóscopo planetario, y en consecuencia al individual o primordialmente racial, y éstos generalmente son pasados por alto.

b. El recorrido del Sol en el firmamento. Su tránsito por el sur tiende a disminuir la vibración de su influencia, y los aspirantes deben tener en cuenta esto en otoño y en los primeros meses de invierno. (En el hemisferio sur sucede a la inversa. N. del T.)

c. La parte oscura de la Luna, el período final del menguante y las primeras fases de la Luna nueva, como bien saben, afecta el trabajo de meditación.

d. Factores psicológicos e inhibiciones en masa, sin duda debido a fuerzas externas a nuestro planeta y a planes cuya intención es desconocida para el ser humano común. Estas fuerzas que actúan sobre la raza humana afectan a los más sensibles, que a su vez afectan a su medio ambiente, estableciéndose paulatinamente un impulso que se precipita a través de una raza o nación, durante un período o ciclo de años, produciendo estados de profunda depresión y desconfianza mutua. Causa una triste autoabsorción, a la cual denominamos pánico u oleada de inquietud. Es casual el hecho de que su desarrollo sea militar, económico, social o político, o tome la forma de una guerra, una inquisición religiosa, restricciones económicas o desconfianza internacional. Las causas tienen su origen en los anteproyectos del proceso evolutivo y están regidos -aunque no sea comprendido- por la buena Ley.

2. Polarización astral. Mientras el hombre continúe identificándose con su cuerpo emocional, interpretando la vida en términos de caprichos y sentimientos y se deje llevar por el deseo, tendrá igualmente sus momentos de desesperación, oscuridad, duda e intenso sufrimiento y depresión. Esto se debe a la ilusión y al espejismo del plano astral, que distorsiona y engaña. No es necesario extendernos en esto. Si existe un factor que los aspirantes reconocen, es el de la necesidad de liberarse de la Gran Ilusión. Arjuna lo sabía y, sin embargo, sucumbió a la desesperación. Pero en la hora de la necesidad, Krishna no le falló, y plasmó en el Bhagavad Gita las sencillas reglas por las cuales pueden vencerse la depresión y la duda. Éstas pueden resumirse brevemente como sigue:

a. Conócete a ti mismo, como el Uno imperecedero.
b. Controla tu mente, pues por su intermedio puede conocerse al Uno imperecedero.
c. Aprende que la forma no es más que el velo que oculta el esplendor de la Divinidad.
d. Comprende que la Vida Una compenetra todas las formas, de modo que no existe la muerte ni el sufrimiento ni la separación.
e. Deslígate, por lo tanto, del aspecto forma y ven a Mí, y así morarás donde se encuentran la Luz y la Vida. Así se desvanece la ilusión.

La polarización astral pone al hombre a descubierto de sus innumerables reacciones emocionales y de las oleadas de sentimiento colectivo de cualquier tipo. Por esta causa su ser es arrastrado al vórtice de energías incontroladas y fuerzas emocionales mal dirigidas, que dan como resultado una guerra mundial, un pánico financiero, un despertar religioso o un linchamiento. Lo lleva también a las regiones de la hilaridad y la felicidad espuria, donde la "luz engañosa" del plano astral le descubre falsas fuentes de diversión, o la hilaridad colectiva -debido a su sensibilidad- lo arrastra a la histeria, que encuentra su desahogo en la diversión incontrolada, polo opuesto del llanto desenfrenado. No me refiero aquí al verdadero júbilo ni al sentido del buen humor, sino a esas expresiones histéricas de hilaridad, tan comunes en la mayoría de los humanos, que producen fatiga.

3. El debilitamiento del cuerpo físico. Se debe a diversas causas:

a. Un agotamiento del cuerpo etérico o vital.
b. Una enfermedad física, inherente o traída de otra vida, o accidental, por reacciones emocionales equívocas, o producidas como resultado del karma grupal, tal como una epidemia.
c. Una condición atmosférica. Esto a veces se pasa por alto, pero el clima, la densidad, la humedad o la sequedad, el calor o el frío, tienen un efecto definido sobre la perspectiva psicológica.

Encontrarán, si estudian, que todas las causas de depresión subsidiarias y temporarias y sus opuestos, pueden agruparse bajo uno de estos tres acápites, y cuando la causa se descubre, su curación es evidente.

Me he ocupado en forma algo extensa de las dos primeras manifestaciones de la fuerza astral -el temor-, temor a la muerte, al futuro, al sufrimiento, al fracaso y a los muchos temores menores a los cuales está sujeta la humanidad -y la depresión-, porque estos dos temores constituyen para el hombre el Morador en el Umbral en esta era y ciclo. Ambos indican que hay reacción sensoria a factores psicológicos y no pueden ser remediados mediante el uso de otro factor como el valor. Tienen que ser afrontados por la omnisciencia del alma, actuando a través de la mente -pero no por su omnipotencia. Esto oculta un indicio. No me ocuparé de los otros factores enumerados, tales como el deseo de felicidad, la satisfacción de los apetitos animales y la liberación, porque ellos, para la mayoría, no constituyen un problema como los dos primeros. Podría escribirse extensamente sobre la manifestación y causa de todos ellos, pero cuando el temor y la depresión sean vencidos, la raza tomará posesión de su herencia, la felicidad, la verdadera satisfacción (símbolos de los vehementes deseos indicados anteriormente) y la liberación. Consideraremos primero los males fundamentales. Una vez dominados, todo lo que resta es la correcta orientación, y la polarización en el alma.

Después consideraremos la subyugación de la vibración errónea en el cuerpo astral y el empleo de energía astral en la correcta dirección.

Hemos tratado extensamente el tema del cuerpo astral o sensorio, y considerado los diversos y erróneos modos en que éste hace sentir su presencia. La humanidad vibra principalmente de un modo u otro, y el cuerpo sensorio del ser humano común casi nunca está libre de algún estado de ánimo, temor y emoción. Esto ha traído el anormal desarrollo del centro plexo solar. En la mayor parte de la humanidad el centro sacro y el plexo solar rigen la vida, y debido a ello el deseo por las cosas materiales y la vida sexual están estrechamente fusionados. El plexo solar es el cerebro del animal y rige todas las reacciones instintivas, pero no se halla tan estrechamente aliado con la expresión puramente sexual como en el ser humano. Cuando el cerebro sea sensible a la mente que va despertando, y no esté tan ocupado con el mecanismo que registra la impresión sensoria, tendremos la orientación que finalmente elevará la conciencia hasta los centros situados arriba del diafragma. El plexo solar entonces será relegado nuevamente a su antigua función, como agente directriz de la vida animal, esencialmente instintiva. Para el discípulo mundial avanzado, el plexo solar es por lo general el órgano de sensibilidad psíquica, y permanecerá así hasta que los poderes psíquicos superiores reemplacen a los inferiores y el hombre actúe como alma. Entonces la vida sensoria descenderá bajo el umbral de la conciencia.


EL CORRECTO EMPLEO DE LA ENERGÍA

Al tratar la forma de vencer la vibración errónea y considerar la correcta dirección de la energía astral, podría ser de utilidad a esta altura, enumerar, muy brevemente, las energías mayores que impresionan al organismo humano y circulan por el cuerpo sensorio del hombre.

1. Energías que pasan y repasan por el cuerpo sensorio del planeta mismo. Esto, en otras palabras, es el cuerpo astral del espíritu de la tierra. Esta entidad no es el Logos planetario, sino un ser de gran poder, en el arco involutivo, que guarda la misma relación con el Logos planetario, como el elemental astral con el ser humano. En Tratado sobre Fuego Cósmico se hallarán datos sobre esta vida, la cual constituye el conglomerado de un vasto número de vidas, y esos pitris lunares o constructores menores, que constituyen la vida sensoria del aspecto personalidad del Logos planetario -una fuerza muy poderosa tanto para el bien como para el mal, en el sentido en que empleamos la palabra "mal". En sí, el mal no existe, como tampoco el bien, en el sentido de los pares de opuestos. Únicamente en tiempo y espacio existen diversos estados de conciencia que producen distintos efectos externos. La energía de esta vida involutiva tiene potente efecto sobre esa otra minúscula vida involutiva que constituye nuestro elemental astral. La individualidad del hombre y la potencia de su personalidad, que va coordinándose rápidamente, lo protege de la total identificación con esta vida mayor.

El hombre es un individuo. Es el resultado de varios factores que al combinarse lo protegen de la total absorción en la vida sensoria planetaria, como sucede con los animales. Al morir el hombre, su cuerpo astral se desintegra, y sus partículas constituyen nuevamente fragmentos no diferenciados de la gran totalidad.

2. Ciertas energías astrales emanan de algunas formas planetarias que no existen bajo la forma de planetas físicos, ni aún en el reino etérico, pero están encerradas en el "círculo infranqueable" de nuestro sistema solar. Representan, en sentido planetario, dos grupos de vidas: Primero, esos cascarones astrales de planetas en descomposición y desintegración, que puede percibir el iniciado, que aún giran alrededor de nuestro sol y, no obstante, están desapareciendo rápidamente. Nuestra luna se unirá a ellos cuando se haya producido la total desintegración de su forma externa. Segundo, las formas astrales de esas vidas solares menores en el arco evolutivo, que van tomando forma lentamente, pero todavía no tienen cuerpo etérico y que, en este período mundial, no tendrán cuerpo físico. Estos dos grupos son las analogías planetarias de esos tipos de hombres que reencarnar y los que pasaron al más allá y lentamente descartan sus cuerpos antes de renacer, o los que abandonaron sus cascarones por completo.

Dos de estas formas astrales están muy cercanas a nuestra Tierra, y se van "descomponiendo" muy rápidamente, si así puede decirse, ejerciendo, sin embargo, una influencia muy poderosa. Debido a esta estrecha relación, originan dos tipos de deseo o tendencia astral entre los hombres. Una, produce gran parte de esa tendencia instintiva a la crueldad que se observa en los niños y en ciertos tipos de hombres; la otra tiene efecto sobre la vida sexual, y produce la tendencia a las perversiones que actualmente causan tantas dificultades. Estas tendencias sádicas y perversiones sexuales, reciben mucha influencia fortalecedora, proveniente de esas moribundas emanaciones astrales. En los tiempos antiguos eran aún más poderosas, por estar más próximas a nuestra tierra, de allí las crueldades ritualísticas y los horrores, por ejemplo, de Sodoma y Gomorra. Su potencia está declinando rápidamente, y debe recordarse que no tendrían absolutamente ningún poder si no existieran en la humanidad ciertos instintos, sobre los cuales pueden actuar estas energías. También debe recordarse que su influencia fue constructiva en la época lemuriana, porque en esos días primitivos la lección del sexo y el registro inteligente del dolor tenían cabida en los proyectos de quienes trataban de llevar al hombre animal, al estado de conciencia humana -no a la conciencia del alma ni a la autoconciencia.

Cercana a nuestra tierra, y en camino hacia el renacimiento, hay una gran Vida que está en proceso de tomar forma etérica. Por estar en el arco evolutivo y no constituir la vida de un cascarón en descomposición, el efecto real de esta vida en la inauguración de la nueva era, es doble: mediante las emanaciones del cuerpo astral de esta gran Vida se efectúa el derrumbamiento de la muralla separatista del individualismo, que se demuestra en el hombre como egoísmo y en las naciones como nacionalismo. A través de este cuerpo etérico, que se va integrando rápidamente, dicha Vida conduce al cuerpo etérico de nuestro planeta, a un estado de acrecentada y rápida vibración. En Tratado sobre Fuego Cósmico se hace referencia a un avatar procedente de Sirio, que viene para producir ciertos efectos planetarios. Dicha Vida no es este avatar, sino algo así como un precursor -un San Juan Bautista, que "bautiza con agua (emanaciones astrales) y con el Espíritu Santo". No es posible dar mayor información a este respecto, pero lo menciono, pues hay que tener presente las energías provenientes de ambos factores.

3. Energías astrales que emanan del nuevo signo del zodíaco, Acuario, en el que estamos entrando ahora. Este signo del portador de agua, es viviente y emocional. Estimulará (mediante el efecto de su poderosa fuerza) los cuerpos astrales de los hombres en una nueva coherencia, en una hermandad humana, que ignorará las diferencias raciales y nacionales y llevará la vida de los hombres hacia la síntesis y la unidad. Esto significa una oleada de vida unificadora, de tal poder, que no podemos imaginarla ahora, pero que -dentro de mil años- habrá fusionado a todo el género humano en una perfecta hermandad. Su efecto emocional consistirá en "purificar" los cuerpos astrales de los hombres, de manera que el mundo material ya no ejerza una atracción tan poderosa y, en etapas posteriores, podrá llegar a una exageración sensoria tan excesiva como la que se experimentó en el materialismo. Las etapas finales de todos los signos producen un excesivo desarrollo del factor sobre el cual actúan más poderosamente. Este signo en la actualidad tiene un efecto constructivo en los precursores de la raza y destructivo en el vulgo. Es innecesario extenderme sobre el tema, pues la información y los datos referentes a la venidera era acuariana, se obtendrán en los libros actuales.

4. Débiles emanaciones desde el sagrado "Corazón del Sol", no reconocidas por la masa, pero que producen respuesta inmediata de los místicos de la raza, quienes afirman cada vez más, una integridad grupal realmente de gran importancia e interés. Estas emanaciones son demasiado elevadas para ser percibidas por casi toda la humanidad, pero los místicos, al percibir la nueva vibración, reaccionan y son atraídos recíprocamente. Su trabajo consiste en disminuir la vibración, de manera que, con el tiempo, los más avanzados de la raza puedan sentir sus efectos. El Trabajo de este grupo de místicos debe, por lo tanto, acrecentarse inevitablemente, pues el "corazón del Logos solar" palpita ahora con un ritmo más afín a nuestro planeta, lo cual no ha ocurrido antes, por no ser el nuestro un planeta sagrado. El amor y el pensamiento de esa Vida divina son dirigidos hacia esta "pequeña hija, de un hijo largo tiempo extraviado", como a veces se lo llama a nuestro planeta en los libros ocultos de los Grandes Seres.

5. Otra emanación en masa que arrastra el cuerpo astral del hombre a una actividad enérgica, es el impulsivo deseo del cuerpo astral del cuarto reino o humano, considerándolo como un todo, o como la expresión de una Vida. Este cuerpo sensorio de la humanidad responde, en forma incomprendida, a los cuatro tipos de energía astral mencionados anteriormente, y según la calidad del cuerpo astral individual y la etapa de desarrollo, así será la respuesta. Aquí es donde realmente tienen sus raíces la psicología de la masa y el predominio del vulgo. También se encuentran allí las raíces de la denominada opinión pública, pero pasará mucho tiempo antes de que los psicólogos de las escuelas académicas reconozcan estos cuatro factores. Quienes guían a los hombres tratan de trabajar con este tipo de respuesta sensoria, moldeando sus pensamientos, a fin de despertar el deseo de obtener algo. Trabajan con este tipo de materia sensoria sin tener la menor idea de la situación ni comprender los factores que enfrentan; si pertenecen al segundo rayo trabajan magnéticamente; si al primer rayo, trabajarán inspirando temor mediante la destrucción; si al tercero, se valen de la Ley de Conveniencia. Los tres rayos trabajan con los cuerpos astrales de los hombres, y su capacidad de triunfar depende en gran parte de su tipo de cuerpo astral y de su poder de atraer a quienes están suficientemente desarrollados como para responder con adecuada sensibilidad y luego llevar a cabo un buen trabajo. Por consiguiente, el hombre de la calle es la víctima de la potencia astral de quienes lo impulsan, ya sea para sus propios fines o para el bien de su alma -pues actúa en ambos sentidos.

6. La vida astral o las emanaciones sensorias, de la familia o amigos, que circundan al hombre, lo afectan mucho más de lo que cree, o puede por lo tanto afectarlos de acuerdo al lado positivo o negativo. Toda persona que conozcamos o con las que nos pongamos en contacto, aquellos con quienes vivimos o convivimos diariamente, nos afectan para bien o para mal. Conmueven nuestra naturaleza emocional en un sentido bueno y elevado y ayudan así a reorientarla, o disminuyen su calidad, de modo que el progreso es obstaculizado, llevándose a cabo el descenso al materialismo. Esto es bien sabido, por lo tanto innecesario extenderme sobre ello.

7. El equipo emocional (astral sensorio) con el que viene a la vida el hombre, es utilizado y construido a medida que progresa en la vida. Muchos son víctimas de un cuerpo emocional que construyeron cuando respondían a las energías de los grupos ya enumerados. El cuerpo astral reacciona de tres maneras, a todas las emanaciones sensorias:

a. Emocional. El cuerpo astral es impelido a responder a algún tipo de emanación de los cuerpos astrales -grupales o individuales- de quienes lo circundan. Esta frase merece cuidadoso estudio.
b. Sensorio. Todas las impresiones se registran en el cuerpo astral sensorio, aunque se carezca de respuesta emocional, y los discípulos deben aprender a diferenciarla con cuidado. Cuando se carece de reacción emocional, como se entiende generalmente, se registra no obstante la causa originadora que trató de producir un efecto en el cuerpo emocional.
c. Reacción simple. Registro o negación a registrar o a responder a un impacto, a una impresión emocional. Esto puede ser bueno o malo.

En los tres casos, se elige uno de los pares de opuestos; la selección depende de la calidad del mecanismo astral del hombre afectado. Un cuarto método involucra el completo desapego del cuerpo emocional y la plena capacidad de aislarse voluntariamente de toda impresión sensoria -a fin de servir con mayor eficiencia y amar más inteligentemente. No debe olvidarse que, en último análisis, amor y emoción no son lo mismo.

Surge ahora la pregunta práctica: ¿Cómo se puede vencer la vibración errónea?

Primero: es necesario reconocer la vibración errónea y ser capaz de registrar la reacción. Una vibración, un impulso, una emoción, un deseo, se originan en el aspecto inferior de la forma. Difieren de la emanación proveniente del alma. Se debe reconocer que los dos impactos sobre el cuerpo sensorio son diferentes. Deben preguntarse: ¿Esta reacción es una respuesta a la vida de la personalidad o una respuesta a la conciencia del alma? ¿Este impulso que trata de arrastrar a mi cuerpo sensorio a la actividad, viene de la Vida divina dentro de mí, o procede del aspecto forma en alguna de sus manifestaciones? ¿Permite a mi cuerpo astral ser activo hasta el punto de ser perjudicados quienes se relacionan conmigo? ¿Son obstaculizados o auxiliados?

Un estudio esmerado de nuestras reacciones emocionales nos lleva a la consideración de esa característica básica que nunca se llega a recalcar bastante, en vista de la actual situación del mundo: Inofensividad. Diré que el logro de la inofensividad en el sentido positivo, no en el negativo, significa dar el paso que conduce definidamente al Portal de la Iniciación. Cuando se menciona por primera vez esta palabra, parece insignificante y ubica todo el tema de la iniciación, en un nivel tan insignificante que pierde toda su importancia. Pero quien piensa así, que trate de practicar esa inofensividad positiva que se manifiesta en el correcto pensar (por estar basado en el amor inteligente), en el correcto hablar (por estar regido por el autocontrol), en la correcta acción (por estar fundada en la comprensión de la ley), y descubrirá que tal tentativa exigirá todos los recursos de su ser y tomará mucho tiempo para realizarlo. No es la inofensividad que proviene de la debilidad y de una disposición sentimental y afectiva, que rehuye las molestias, porque trastorna la establecida armonía de la vida y conduce a la consiguiente incomodidad. No es la inofensividad del hombre o mujer negativos, impotentes y poco evolucionados, que no tienen el poder de perjudicar, por estar mal equipados para hacer daño.

Al contrario, la inofensividad brota de la verdadera comprensión y control de la personalidad por el alma, la que lleva inevitablemente a la expresión espiritual en la vida diaria. Emana de la capacidad de penetrar en la conciencia y en la comprensión de nuestro hermano, y cuando se ha logrado, todo se perdona y se pierde de vista en el anhelo de ayudar y auxiliar.

La respuesta a la vibración errónea no será impedida tan fundamentalmente por los métodos de "construir una envoltura” o por el "aislamiento", mediante el poder de los mántram y la visualización. Ambos métodos son provisorios, y a través de ellos tratan de protegerse quienes aún tienen algo que aprender. Como bien lo saben, la construcción de una envoltura lleva a la separatividad, y es necesario vencer oportunamente el hábito de construirla, además de destruir y quemar las ya construidas. Hacer esto último es más fácil que vencer el hábito. Automáticamente continúa el proceso de construcción hasta que finalmente el aspirante ha erigido tantas barreras a su alrededor que ya no puede salir ni puede hacerse contacto con él. El proceso de aislarse, siendo una práctica más avanzada, demanda mayores conocimientos de magia; consiste en la emanación de ciertas energías del cuerpo vital, en determinada dirección, lo cual sirve para mantener alejadas otras energías, por medio de lo que se denomina impactos. Mediante este impacto sobre las energías que se acercan, se las hace retroceder y seguir otra dirección. Pero éstas deben ir a alguna parte, y si perjudicaran a otra persona ¿no sería responsable quien invirtió su dirección en el deseo de protegerse a sí mismo?

La práctica de la inofensividad es, para el aspirante, el más fácil y mejor modo de trabajar. Nada en él perjudica la vida de cualquier forma y, por lo tanto, atrae hacia sí únicamente lo benéfico. Utiliza las fuerzas benévolas así atraídas, para ayudar a otros seres. Éste es el primer paso; la disciplina que encierra y la constante supervisión de todas las actividades en los tres planos de la evolución humana y en todas las reacciones, ponen al cuerpo emocional bajo el dominio de la mente iluminada, llevando también comprensión a nuestros semejantes.

Segundo: en una etapa posterior, el discípulo aprende a absorber y trasmutar las vibraciones erróneas y las energías destructivas. No tiene envolturas ni barreras. No se aísla ni se aparta de sus hermanos. Mediante la inofensividad ha aprendido a neutralizar todas las emanaciones malignas. Ahora actúa con otro tipo de positividad. Definidamente y con plena conciencia de lo que hace, atrae hacia sí todas las emanaciones malignas (energías destructivas y fuerzas erróneas), las desintegra en sus partes componentes y las envía de retorno a su lugar de origen, neutralizadas, impotentes e inofensivas, pero intactas en su naturaleza. Quizás creerán que esta enseñanza es difícil e imparte muy poco al aspirante común. El método de la enseñanza esotérica es así, pero quienes saben lo comprenderán, y hablo para ellos.

Hay otro método más avanzado que emplea el iniciado. Mediante el conocimiento de la ley y de ciertas Palabras de Poder, puede ordenar el retroceso de las energías y el regreso a su centro de origen, pero con este método nada tenemos que hacer. Deben aún practicar mucho la inofensividad y vigilar cuidadosamente su aplicación en la vida diaria.

La correcta dirección de la energía astral está resumida en sus tres aspectos en el antiguo Libro de las Reglas, dado a los chelas en los grados de ingreso. Todas las verdaderas escuelas esotéricas comienzan por el control del cuerpo astral, y el chela debe memorizar y practicar estas tres reglas después de haber efectuado algún verdadero progreso al expresar la inofensividad.

Regla Uno. Penetra en el corazón de tu hermano y ve su dolor. Entonces habla. Que las palabras pronunciadas le impartan la poderosa fuerza que necesita para soltar sus cadenas. Pero tú no las sueltes. Tuya es la tarea de hablar con comprensión. La fuerza que él reciba lo ayudará en su trabajo.

Regla Dos. Penetra en la mente de tu hermano y lee sus pensamientos, pero sólo cuando sean puros los tuyos. Entonces piensa. Que los pensamientos así creados penetren en la mente de tu hermano y se mezclen con los de él. Sin embargo, mantente desapegado, porque ninguno tiene el derecho de influir en la mente de un hermano. El único derecho que existe le hará exclamar: "Él ama. Me acompaña. Sabe. Piensa conmigo y yo soy fuerte para hacer lo correcto". Aprende a hablar así. Aprende a pensar así.

Regla Tres. Fusiónate con el alma de tu hermano y conócela tal cual es. Sólo en el plano del alma puede efectuarse esto. En cualquier otra parte, la fusión alimenta el combustible de su vida inferior. Entonces concéntrate en el plan. De este modo verás la parte que él y tú y todos los hombres desempeñan. Así penetrarás en la Vida y conocerás el trabajo realizado. Una nota adjunta a estas tres reglas dice:

"Con estas tres energías -la palabra, el pensamiento y el propósito- cuando son manejadas con comprensión por el chela y combinadas con fuerzas incipientes del hermano a quien trata de ayudar, trabajan todos los adeptos."

Es casi imposible traducir estas antiguas fórmulas en términos apropiados, pero la inadecuada fraseología anterior dará una idea a los iluminados; estas reglas resumen unas pocas ideas que el aspirante común necesita captar, respecto a la correcta dirección de la energía, para lo cual está preparado.